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KATY JURADO: La Mujer Más Fuerte De Hollywood… Hasta Que Sonó esa Llamada

Duró apenas 3 años y cuando se rompió, el marido hizo algo que dice mucho. Desapareció. Según se cuenta, al volver a casarse hizo un trato con su nueva mujer y cortó por completo con Katy y con sus propios hijos. Se borró. Así que ahí está Katy con poco más de 20 años, divorciada, sola, con dos criaturas que mantener y una familia de apellido que la veía como la oveja descarriada, la que arruinó el buen nombre, la que le salió rana.

¿Y qué hizo? Lo de siempre. No se hundió, no volvió arrastrándose a pedir perdón a su familia, se arremangó y se puso a trabajar en todo lo que cayera. Fue actriz, sí, pero también fue periodista, columnista de cine y agárrate crítica de toros, crítica taurina de las que escribían en los periódicos juzgando a los toreros, diciéndoles a la cara si habían estado bien o mal.

Una mujer joven, sola en el México de los años 40, metida de lleno en el mundo durísimo y machista de los toros, donde una opinión de mujer no valía nada. Y ella ahí firmando sus crónicas, ganándose el respeto a pulso. Y fíjate en el detalle, porque tiene gracia y tiene destino. Fue precisamente ese mundo de los toros el que sin que ella lo buscara le iba a cambiar la vida para siempre.

Pero a eso llegamos en un momento, de momento, quédate con la imagen. La niña rica que iba para abogada, convertida en madre soltera, que se busca la vida entre redacciones y plazas de toros, sin pedirle nada a nadie. Fíjate qué cosa. La niña rica que iba para abogada, la que su familia quería de señorita de salón, acabó siendo una madre soltera que se buscaba la vida entre redacciones, sets de cine y plazas de toros.

Lo había perdido todo, el apellido, el dinero, la seguridad y en vez de hundirse se reinventó de cero ella sola, sin pedirle nada a nadie. Y funcionó. El cine empezó a llamarla, empezó a sonar y llegó a trabajar al lado del ídolo máximo de México, el más grande de todos, Pedro Infante, en nosotros los pobres. Esa película que vio el país entero Katy hacía de mala, de seductora, de la mujer peligrosa que trae problemas.

Y fíjate en el cartel que le colgaron desde el primer día, porque la perseguiría toda la vida. La mujer fatal, la villana, la de los ojos peligrosos, la mala de la película. ¿Por qué? Por su físico, por esa mirada intensa, por esa presencia que imponía a las actrices dulces y rubias les daban de novias buenas. A Katy, con su carácter y sus ojos negros, la encasillaron de mala desde el principio.

Tendría que pelear toda su carrera para que la dejaran ser algo más que la villana de turno. La misma pelea de siempre, demostrar que era más de lo que veían en ella a primera vista. Pero su historia, la de verdad, la que nadie le veía venir a esta mexicana que no hablaba ni una palabra de inglés, estaba a punto de dar un salto que no daba nadie.

¿Cómo acabó una niña de Guadalajara que hablaba solo español parada en un set de Hollywood al lado de Gary Cooper? Y aquí viene una de esas cosas que cuando las oyes no te las crees. Imagínate la escena porque es de película, una plaza de toros en México llena hasta arriba. El sol, el gentío, el ruido.

Katy está ahí trabajando, pero ojo, no como actriz. No va arreglada para que la vean, no va buscando que la descubran. va como periodista, como cronista taurina, haciendo su trabajo, escribiendo sobre la corrida una más entre la multitud a lo suyo. Y a unos metros en esa misma plaza hay dos hombres, un director de Hollywood llamado Bot Boeticher y el actor John Wayne, uno de los más grandes de la historia del western.

están viendo los toros y de repente uno de ellos se fija en una mujer entre el público y le da un codazo al otro y los dos se quedan mirándola. No saben quién es, no saben que es actriz, no saben que ya es una estrella en el cine mexicano, no saben absolutamente nada de ella, solo ven una cara, unos ojos, una presencia que en una plaza con miles de personas les resulta imposible de ignorar.

La plaza entera mirando a los toros y esos dos hombres de Hollywood mirándola a ella. Mira tú qué cosas. Los descubridores acababan de ser descubiertos por unos ojos. Se acercaron y le ofrecieron una película en Hollywood. Así de repente una mexicana que estaba ahí escribiendo de toros y de pronto Hollywood tocándole el hombro.

Pero aquí va un detalle que pinta a Katy de cuerpo entero. Ni siquiera le interesaba. ¿Te lo puedes creer? le ofrecen Hollywood, el sueño de cualquier actor del mundo, y a ella le daba bastante igual. Solo aceptó esa primera película por una razón muy práctica, porque se iba a rodar en México, en su tierra, sin tener que moverse.

No fue detrás de Hollywood con la lengua fuera, fue Hollywood el que tuvo que ir detrás de ella. Esa era Katie. Ni el cine más poderoso del mundo la impresionaba lo suficiente como para perder la dignidad. Antes de eso, ojo, en México ya era grande, no era una principiante. Había trabajado con el mismísimo Luis Buñuel, uno de los directores más geniales de la historia del cine en el bruto.

Había ganado premios Ariel, los Ócar mexicanos varios. Era una actriz hecha y derecha, respetada, con oficio. Por eso, cuando llegó a Hollywood no llegó como una novata deslumbrada, sino como una profesional que sabía lo que valía y que no pensaba dejar que nadie se lo regateara. Hay un problema del tamaño de una montaña. Katy no hablaba inglés, nada, ni una palabra.

Fíjate qué papeleta. Te ofrecen la oportunidad de tu vida entrar a Hollywood y resulta que no entiendes ni una sola palabra de lo que tienes que decir delante de la cámara. Cualquiera habría dicho que no, que es imposible. Y sabes lo que hizo Katy? Lo que haría toda su vida. En vez de rendirse, se sentó con el guion y se lo aprendió entero de memoria, pero no entendiendo las palabras, aprendiéndose los sonidos, sílaba por sílaba, como un loro, repitiendo ruidos que para ella no significaban absolutamente nada una y otra vez, hasta que sonaran exactamente

igual que los de un americano de nacimiento. Párate a pensar el trabajo, que es eso. decir un parlamento entero con emoción actuando en un idioma que no entiendes, solo confiando en que el sonido salga perfecto. Es de las cosas más difíciles que puede hacer un actor y ella lo hizo en su primera película americana y le salió tan bien que nadie notó que no hablaba inglés.

¿Te imaginas la escena, no? Katie en el set sonriendo, diciendo sus frases en un inglés impecable, dándole la mano a los productores y sin entender ni la mitad de lo que le contestaban. Por dentro, pensando en español, por fuera una estrella de Hollywood. Hay que tener un descaro y una sangre fría a tremendos para eso.

Y Katy los tenía a montones. Y cómo era capaz de aprenderse páginas y páginas de diálogo en un idioma que no entendía por una cosa que la acompañó toda la vida. tenía una memoria prodigiosa de las que asombran. Le bastaba leer un guion un par de veces para tenerlo grabado. Esa memoria que de niña le habría hecho una abogada brillante, que era para lo que la criaron, acabó siendo el arma secreta que le abrió Hollywood.

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