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Cuando Pedro Infante peleó con un director, su hermano tomó una decisión que pocos conocen

 Imagínate la humillación. Pedro Infante, el actor más querido de México, siendo tratado como si fuera un principiante sin talento. El equipo de producción estaba incómodo. Los [música] técnicos, los camarógrafos, los sutileros, todos querían a Pedro. Lo habían visto trabajar en decenas de películas y sabían que era un profesional de primera.

 Ajo, pero nadie se atrevía a decir nada. Mendoza tenía el respaldo del productor, un hombre poderoso que había invertido mucho dinero en traer a este director español, convencido de que su estilo europeo elevaría el nivel del cine mexicano. Así que todos tragaban saliva y seguían trabajando mientras veían cómo maltrataban a su ídolo.

 Pasaron dos semanas de firmación y la tensión iba en aumento. Pedro llegaba a su casa agotado, no tanto por el trabajo físico, sino por el desgaste emocional de tener que aguantar los desplantes de Mendoza. Su esposa, María Luisa, lo veía llegar callado sin las ganas de platicar que siempre lo caracterizaban. Ella le preguntaba qué pasaba, pero Pedro solo decía que todo estaba bien, que eran los nervios normales de una filmación.

[música] No quería preocuparla. Además, Pedro era de esos hombres que creían que los problemas del trabajo se quedaban en el trabajo, pero [música] había alguien que sí notó que algo andaba mal. José Infante, el hermano menor de Pedro, también trabajaba en el mundo del espectáculo. Aunque nunca alcanzó la fama de su hermano.

 José era músico, tocaba en algunas orquestas y de vez en cuando conseguía pequeños papeles en películas gracias precisamente al apellido Infante. Pero más que envidiar el éxito de [música] Pedro, José lo admiraba profundamente. Para él, su hermano mayor era su héroe, [música] el ejemplo a seguir, el hombre que había sacado a la familia de la pobreza.

 Un día, José fue a visitar a Pedro al set de filmación. Llegó durante el almuerzo y se sorprendió al ver a su hermano comiendo solo, alejado del resto del equipo. Pedro siempre había sido sociable, siempre estaba rodeado de gente e y platicando haciendo reír a todos, pero ese día estaba callado con la mirada perdida.

 José se acercó, se sentó junto a él y le preguntó directamente qué pasaba. Pedro intentó quitar la importancia, le dijo que solo estaba cansado, pero José lo conocía demasiado bien. [música] Insistió hasta que Pedro finalmente le contó lo que estaba pasando con Mendoza. José se enojó, le dijo a Pedro que no tenía por qué aguantar eso, que él era Pedro infante, que ningún director tenía derecho a tratarlo así.

 Pero Pedro le respondió [música] algo que José nunca olvidaría. Le dijo que había firmado un contrato, que tenía que cumplirlo, que si renunciaba lo demandarían y podrían arruinar su carrera. Además”, agregó Pedro, “miles de personas dependían de su trabajo desde los técnicos del set hasta las familias que iban al cine [música] a verlo.

 No podía fallarles por un problema personal con un director.” [música] Esa tarde después del almuerzo, ocurrió lo que todos temían. Estaban filmando una escena crucial de la película donde el personaje de Pedro confrontaba al villano. Era una escena cargada de emoción donde Pedro tenía que mostrar rabia, dolor y dignidad. Al mismo tiempo, Pedro dio todo en la primera toma.

 Su voz tembló en los momentos justos. Sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas. [música] Su cuerpo entero transmitía la lucha interior de su personaje. Cuando gritó corte, todos en el set sabían que habían presenciado algo especial. Hubo un silencio reverente. Hasta el camarógrafo tenía los ojos húmedos.

 Pero Mendoza no estaba satisfecho. Ni siquiera dijo que la toma estaba mal o que era lo que quería diferente. Simplemente gritó que era basura, eh, que era lo peor que había visto en su vida, que Pedro estaba arruinando su película. Y entonces delante de todos dijo algo que cruzó la línea. Dijo que Pedro solo era famoso porque cantaba bonito, pero que como actor no valía nada, que cualquier galán de cuarta era mejor que él y remató diciendo que si por él fuera, Pedro Infante no volvería a pisar un set de filmación. Se hizo un silencio

sepulcral. Todos miraban a Pedro esperando su reacción y Pedro, con una calma que sorprendió a todos, se quitó el sombrero de charro que llevaba puesto, lo dejó sobre una silla y caminó hacia Mendoza. Los asistentes de dirección se pusieron nerviosos pensando que habría golpes, pero Pedro no levantó la mano, se paró frente a Mendoza, lo miró directo a los ojos y con voz firme pero controlada, le dijo que él siempre había respetado [música] a los directores con los que trabajaba, que siempre daba lo mejor de sí, pero que no

permitiría que nadie, absolutamente nadie, lo humillara de esa manera. le dijo que él era Pedro Infante, que había llegado hasta donde estaba gracias a su trabajo y su talento, no por favores ni por suerte, que había cargado bultos en los muelles, que había cantado en cantinas de mala muerte para ganarse el pan, que conocía el valor del esfuerzo y la dignidad, [música] y que si Mendoza no era capaz de dirigirlo con respeto, entonces era mejor que cada uno siguiera su camino.

 El set quedó paralizado, nadie se atrevía a moverse. Mendoza, sorprendido por la reacción de Pedro, [música] intentó recomponerse. Con una sonrisa burlona le dijo que si quería irse que se fuera, pues, pero que estaba violando su contrato y que se las vería con los abogados del estudio, [música] que lo demandarían por cada peso que se había invertido en la película, [música] que se aseguraría de que nunca más trabajara en el cine mexicano.

 Era una amenaza real. Los estudios tenían ese poder en aquella época. podían destruir la carrera de cualquier actor que se revelara. Pedro no respondió, simplemente dio media vuelta y caminó hacia su camerino. El equipo seguía en silencio. Algunos querían aplaudir, pero el miedo se lo impedía. Mendoza gritó que la filmación se suspendía por ese día, que al día siguiente esperaba que todos, incluyendo Pedro, estuvieran listos para trabajar como profesionales.

Pero en su voz había un temblor. Por primera vez alguien le había plantado cara. José había presenciado todo desde un rincón del set. [música] Vio la humillación. Muy escuchó las amenazas, no sintió el dolor de su hermano y en ese momento tomó una decisión. [música] esperó a que el set se vaciara y fue directamente a buscar al productor de la película.

 Sabía que era arriesgado, que probablemente no lo recibiría o simplemente lo echaría de ahí, pero José estaba dispuesto a intentarlo. Por su hermano, haría lo que fuera. Si esta historia te está tocando el corazón, suscríbete al canal para conocer más historias olvidadas de nuestros ídolos. Dale like si crees que Pedro Infante merece ser recordado con la verdad, no solo con la imagen perfecta que nos vendieron.

 Activa la campanita para no perderte ningún video. El productor don Rodolfo Echeverría, era un hombre mayor de los fundadores del cine mexicano. Había trabajado con todas las estrellas de la época dorada. Cuando le dijeron que José Infante quería hablar con él, al principio dudó. Pensó que venía a quejarse, a hacer un escándalo, pero algo le hizo recibirlo.

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