PSB Eindoven, Holanda. Un país frío, un idioma que no hablaba, una cultura que no entendía. Romario llegó con 22 años, una maleta y una reputación. El mejor goleador de Brasil en Holanda, Romario explotó no solo como jugador, como estrella. 3 años en PSB, 165 goles en 167 partidos. 165. Números imposibles.
Números que nadie había visto desde Pelé. Números que nadie había visto desde Pelé. El PSB ganó dos ligas. Romario fue el máximo goleador tres años seguidos, pero no todo era fútbol. Romario descubrió la vida nocturna europea, las discotecas de Ámsterdam, las fiestas que duraban hasta el amanecer, las mujeres, el alcohol.
Romario entrenaba a las 9 de la mañana después de haber dormido 2 horas”, dijo un compañero del PSB. Llegaba oliendo a alcohol, se ponía las botas y metía tres goles. Su entrenador, Gus Hiing lo llamó a su oficina. Tienes que parar. Vas a destruir tu carrera. Destruir. Méteme más goles que nadie.
Ahora sí, pero esto no dura para siempre. No me importa para siempre. me importa ahora. Y esa era la verdad. Romario vivía en el ahora, sin pensar en el mañana, sin pensar en las consecuencias. En 1990, Romario fue convocado al mundial de Italia. Su primer mundial, Brasil tenía un equipo increíble. Bebeto, Dunga, Careca, Alema y Romario.
Pero Romario no jugó. El entrenador, Sebastián Lazaroni, decidió dejarlo en el banco. No confío en él, dijo. Es indisciplinado. Brasil fue eliminado en octavos por Argentina. Maradona los humilló. Romario vio el partido desde el banco. Furioso, humillado. Me dejaron afuera por hablar, dijo después.
No fue por fútbol, fue porque no me callo. Y tenía razón. 1992, Barcelona, el dream team de Johan Cruff, el mejor equipo del mundo. Cruff quería un delantero. Necesito alguien que meta goles. No me importa nada más. Solo goles le ofrecieron a Romario. 5 millones de dólares. Un contrato de 4 años. Es un problema le dijeron.
Sale de fiesta, no entrena bien, es conflictivo. Me importa una dijo CF. Mete goles más que nadie. Tráiganlo. Romario llegó al Barcelona en julio de 1993, 26 años. El fichaje más caro del club en ese momento. Su primer entrenamiento con el Barcelona fue legendario. Romario llegó tarde. 20 minutos tarde.
Cruif lo esperaba en el campo. Brazos cruzados. Serio. ¿Por qué llegas tarde? Me perdí. ¿Te perdiste? Sí. No conozco Barcelona. La próxima vez sales más temprano. La próxima vez pongo el despertador más temprano. Los jugadores no podían creer la escena. Nadie le hablaba así a CF, pero CF no dijo nada más. Entrena.
Demuéstrame por qué te traje. Romario entrenó y en el primer ejercicio de definición metió 15 goles de 15 tiros. Cruif sonrió. Bienvenido al Barcelona. La temporada 93-94 fue la mejor de la vida de Romario. 30 goles en liga, Barcelona campeón. Romario Balón de Oro, el mejor jugador del mundo.
Pero lo más importante todavía no había llegado. El Mundial de Estados Unidos, 94. Romario llegó como el mejor del planeta, como el hombre que iba a devolver la gloria a Brasil y lo hizo. Pero casi no juega la final. Esto que te voy a contar ahora nadie lo sabe. Nunca se contó públicamente hasta que Romario lo confesó 20 años después.
Y es la segunda revelación que te prometí al principio. El mundial. 17 de julio de 1994. Rose Bowl, Pasadena. Final del Mundial. Brasil contra Italia. 94000 personas. 1000 millones viendo por televisión. Romario, el hombre que había llevado a Brasil hasta ahí, casi no juega ese partido. Y no fue por lesión, fue por algo mucho peor.
Retrocedemos 24 horas, 16 de julio, un día antes de la final. Brasil estaba concentrado en un hotel en Los Ángeles. Entrenamiento suave por la mañana, descanso por la tarde, charla táctica por la noche. Romario no apareció al entrenamiento de la mañana. Carlos Alberto Parreira, el entrenador, preguntó por él. No está en su habitación.
Le dijeron, “¿Dónde está? Nadie sabía.” Dos horas después, Romario apareció sonriendo. Tranquilo. ¿Dónde estabas? Le preguntó Parreira. Por ahí, por ahí. Mañana es la final del mundo y tú andas por ahí. Tranquilo, profe. Voy a jugar, voy a meter gol. Todo bien. Parreira casi lo saca del equipo, casi lo manda al banco, casi.
Pero Bebeto, el otro delantero, lo detuvo. Si sacas a Romario, no ganamos. Es así de simple. Parreira lo pensó. 10 minutos en silencio mirando a Romario, midiendo. Si mañana llegas tarde, no juegas. No me importa quién seas. No voy a llegar tarde. Y no llegó tarde, pero lo que pasó esa mañana, horas antes de la final, casi destruye todo.
Romario estaba en el lobby del hotel. 9 de la mañana, faltan 8 horas para el partido. Un hombre se le acercó. Brasileño, traje, gafas de sol. Lo conocía de Brasil, Romario. Tenemos que hablar ahora. Hoy es la final, hermano, por eso es importante. Se sentaron en un rincón. El hombre sacó un sobre. Dentro había fotos.
Fotos de Romario en una discoteca de Los Ángeles dos noches antes con mujeres con copas en la mano. ¿Qué es esto?, preguntó Romario. Esto es lo que va a salir mañana en todos los periódicos de Brasil si pierdes hoy. Romario lo miró sin parpadear. Me estás amenazando no te estoy amenazando. Te estoy avisando.
Hay gente que quiere que pierdas. ¿Qué gente? Gente poderosa, gente que no le gustó lo que dijiste sobre la CBF, sobre la corrupción. Romario agarró las fotos, las rompió, las tiró al piso. Ah, publica lo que quieras, yo voy a ganar hoy y mañana todos van a estar hablando de eso, no de tus fotos de El hombre se levantó, sonrió, ojalá tengas razón. Y se fue.
Romario se quedó sentado solo pensando. Por primera vez en su vida entendió algo. No importaba cuántos goles metiera, no importaba cuántos títulos ganara, siempre habría alguien tratando de destruirlo porque Romario no se callaba. Y eso en el fútbol brasileño era imperdonable. La final fue un desastre. Brasil 0, Italia 0.
90 minutos, 30 minutos extra. Nada, penales. Romario metió el suyo. Perfecto. Esquina, imposible de atajar. Brasil ganó 3 a 2 en penales. Romario campeón del mundo, pero lo que nadie vio fue lo que pasó después en el vestuario. Cuando las cámaras se fueron, Romario agarró su teléfono, llamó a un periodista de confianza en Brasil.
Quiero que investigues algo. Hay un tipo que me amenazó antes de la final. Quiero saber quién es. Quiero saber para quién trabaja. Romario, acabas de ganar el mundial. Disfruta. No puedo disfrutar sabiendo que hay gente tratando de joderme. Investiga. Dos semanas después, el periodista le dio la respuesta.
El hombre trabajaba para una empresa de apuestas, una empresa con vínculos a mafias brasileñas, mafias que manejaban las apuestas ilegales en Brasil. Habían apostado contra Brasil en la final, millones de dólares. Si Brasil perdía, ganaban fortunas. Y Romario con su bocota, con sus declaraciones sobre corrupción se había convertido en un objetivo.
“Te quieren callar”, le dijo el periodista. “Y si no te callas, te van a Que lo intenten”, respondió Romario. Y lo intentaron. Esta es la primera revelación que te prometí al principio. Las amenazas de muerte que recibió por denunciar la corrupción. Volvemos a 1994. Romario, recién campeón del mundo, el héroe de Brasil, el ídolo de millones, pero detrás de la gloria había algo oscuro.
Romario empezó a recibir llamadas, llamadas anónimas a su casa en río, a su familia, deja de hablar o tu familia lo va a pagar. Sabemos dónde viven tus padres. La próxima vez que vayas a la favela no vas a salir. Romario no les hizo caso. Siguió hablando. Siguió denunciando. En 1995 dio una entrevista explosiva. Habló de la corrupción en la Confederación Brasileña de Fútbol.
Nombró a directivos, nombró a empresarios, dio cifras, dio detalles. “Están robando el dinero del fútbol brasileño,”, dijo. “Y nadie hace nada porque todos están comprados.” La entrevista salió en todos los periódicos, en todos los noticieros y dos días después apareció un coche quemado frente a la casa de sus padres en Río. Dentro del coche, una nota.
“La próxima vez es tu casa.” Romario contrató seguridad, guardaespaldas, cámaras, todo, pero no se cayó. Si me callan, ganan ellos, dijo en otra entrevista. Y yo no vine de la favela para que unos tipos de traje me digan qué puedo decir. En 1996, la policía brasileña abrió una investigación, no sobre la corrupción en el fútbol, sobre las amenazas a Romario.
La investigación no llegó a nada. Se cerró por falta de pruebas, pero documentos filtrados años después mostraron conexiones. Empresarios del fútbol con vínculos a carteles, apuestas ilegales, lavado de dinero y romario en el centro de todo. No como culpable, como testigo, como el único que se atrevió a hablar.
Mientras todo eso pasaba, Romario seguía jugando en el Barcelona, pero la relación con el club se estaba pudriendo. La razón, Romario no aceptaba reglas. Llegaba tarde a entrenamientos. Se iba temprano de concentraciones. Pedía permisos para volar a Brasil cada dos semanas. Tengo familia allá. Tengo que ir. Romario, eres profesional.
No puedes estar volando a Brasil cada semana. Mira, o me dejas ir o me voy para siempre. Tú decides. Cruif lo bancaba. Romario hace lo que quiere fuera del campo, pero dentro del campo me gana partidos. Eso es lo que importa. Pero en 1995, Cru se fue del Barcelona y llegó un entrenador nuevo, Bobby Robson.
Robson era inglés. Disciplina, orden, reglas. La primera reunión con Romario fue un desastre. A partir de ahora llegas a tiempo, entrenas completo, te quedas en concentración o qué o no juegas. Prueba, no me callo. No te estoy pidiendo que te calles. Te estoy pidiendo que seas profesional. Soy el mejor jugador de este equipo.
Soy profesional donde importa. En el campo, Robson lo mandó al banco. Tres partidos seguidos. Tres. El Barcelona perdió los tres. Los hinchas protestaban. Queremos a Romario. Devuélvanos a Romario. Robson no tuvo opción, lo puso otra vez. Romario metió dos goles, pero la relación estaba rota. Y entonces llegó Mónaco.
La noche que cambió todo, esto que te voy a contar ahora es la segunda revelación que te prometí. La pelea que lo sacó del Barcelona. 19 de marzo de 1996. Barcelona jugaba contra el Mónaco. Champions League, partido importante, Romario estaba en el banco. Robson decidió no ponerlo de titular. En el minuto 60, Barcelona perdía 1 a0.
Robson miró al banco. Romario, calienta. Romario no se movió. Romario, te dije que calientes. No quiero entrar. ¿Qué? No me pusiste de titular. Ahora que estás perdiendo, ¿quieres que te salve? No. Robson explotó. O calientas o te vas del estadio. Me voy entonces. Y se fue. Se levantó, agarró su bolso y se fue del estadio.
El Barcelona perdió y al día siguiente la prensa destrozó a Romario. Romario abandona a su equipo, el rebelde que no tiene salvación. Barcelona tiene que venderlo ya. Y el Barcelona lo vendió un mes después al Flamengo de Brasil por 3 millones de dólares, menos de lo que habían pagado por él 3 años antes.
Romario tenía 30 años, el mejor delantero del mundo, y lo vendieron como si fuera basura. ¿Le importó? No, no quiero estar donde no me quieren dijo. Y el Barcelona ya no me quería. Pero lo que Romario no sabía es que esa decisión le iba a costar mucho más de lo que imaginaba. Volver a Brasil en 1996 significaba volver al centro de la tormenta.
Las amenazas, la corrupción, los carteles, todo. Y Romario, en lugar de esconderse, se metió de lleno. Si me quieren callar, que vengan. Estoy aquí. Siguió dando entrevistas, siguió denunciando, siguió siendo Romario. En 1997 recibió la amenaza más seria, un sobre en su casa. Dentro, una foto de sus hijos y una nota.
Sabemos dónde van a la escuela. Romario casi se vuelve loco, fue a la policía, pidió protección. Lo sentimos, señor Romario. No podemos hacer nada sin pruebas. pruebas. Tengo la foto de mis hijos con una amenaza. Cualquiera puede enviar una foto. No sabemos quién la envió. Romario entendió algo ese día. Estaba solo. Nadie lo iba a proteger.
Nadie iba a defenderlo. Si quería sobrevivir, tenía que pelear. Y peleó. La guerra. 1998 al 2009. 11 años donde Romario dejó de ser solo un futbolista. se convirtió en un símbolo, en una amenaza, en un enemigo. Romario jugó en ocho clubes diferentes en esos 11 años. Flamengo, Valencia, Fluminense, Vasco, otra vez, Qatar, Miami, Australia, cualquier lugar que le pagara.
¿Por qué tanto movimiento? Porque ningún club quería los problemas que venían con Romario. Es un dolor de cabeza, decían los directivos. Juega bien, pero te trae problemas. ¿Qué clase de problemas? En 1999, Romario jugaba en el Flamengo. Dio una entrevista donde acusó al presidente del club de desviar dinero.
Están robando el dinero que debería ir a los jugadores. Se lo están metiendo en el bolsillo. 48 horas después, Romario recibió una citación judicial. El presidente del Flamengo lo demandó por difamación. El caso duró 2 años. Romario tuvo que pagar $50,000, pero no se retractó. Prefiero pagar 50,000 y decir la verdad que callarme y ser cómplice.

En el 2000, Romario fue al Valencia de España. 6 meses, 12 goles, problemas con el entrenador. Lo vendieron. En el 2001 volvió a Fluminense. Más problemas, más peleas, más denuncias. Romario no puede estar en paz”, dijo un periodista brasileño. No sabe vivir sin conflicto, pero no era que Romario buscar conflicto.
El conflicto lo buscaba a él porque Romario representaba algo peligroso, un jugador que no se dejaba controlar. Y en el fútbol brasileño de los 2000 eso era inaceptable. Esta es la tercera revelación que te prometí al principio, lo que realmente pasó en la final del Mundial 94. Durante 20 años, Romario guardó el secreto, pero en el 2014, en una entrevista privada que se filtró después, lo contó todo.
Antes de la final, me amenazaron. Me dijeron que si ganábamos mi familia iba a pagar. No eran amenazas vacías, eran de gente seria, gente peligrosa. ¿Por qué te amenazaban? Porque apostaron contra Brasil. Millones de dólares. Y yo era la figura del equipo. Si me sacaban del partido, Brasil perdía.
¿Se lo dijiste a alguien? A Bebeto. Solo a él me dijo que jugara igual, que no les diera el gusto de joderme. ¿Y por eso casi no juegas? No, casi. Yo jugué, pero llegué al partido pensando que si metía gol alguien iba a pagar. Mi familia, mis padres, alguien. Y como lo manejaste, metí mi penal.
Ganamos y contraté seguridad para mi familia durante 6 meses. No dormí tranquilo hasta que arrestaron a uno de los tipos. ¿Arrestaron a alguien? Sí. Dos años después, un empresario brasileño, vínculos con apuestas ilegales, lavado de dinero, salió en los periódicos, pero nadie conectó los puntos. Nadie dijo, “Este tipo amenazó a Romario, se enterró.
Esta confesión nunca se publicó oficialmente. Romario pidió que no saliera. No quiero que mi familia reviva eso”, dijo. Pero la grabación circuló. Y ahora, ¿sabes la verdad? Romario no casi no juega la final por indisciplina, casi no juega porque lo amenazaron de muerte y aún así jugó y aún así ganó. Eso es Romario. En el 2005 con 39 años, Romario volvió a Vasco da Gama, el club donde empezó todo.
Ya no era el depredador de los 90, ya no tenía la velocidad, ya no tenía la explosión, pero seguía teniendo el olfato, el instinto, la capacidad de meter goles cuando nadie más podía. En el 2007, Romario llegó a los 1000 goles. Sí, 1000 goles en toda su carrera contando profesionales, amistosos, juveniles. Todo Pelé lo había hecho.
Romario también. La prensa mundial cubrió el evento. El depredador llega a 1000. Romario celebró en el Maracaná 80,000 personas, camisetas, banderas. Lágrimas. Pero en la conferencia de prensa después, Romario no habló de los goles, habló de la corrupción. He metido 1000 goles, pero lo más importante que he hecho es no callarme.
He denunciado, he peleado, he arriesgado mi vida por decir la verdad. Tu vida. Sí, mi vida. Me han amenazado, me han perseguido, pero sigo aquí. Y voy a seguir hablando. Los periodistas se miraron incómodos. Nadie. quería tocar el tema, pero Romario no paró. Ustedes saben lo que pasa. Ustedes escriben en los periódicos, pero nadie dice los nombres.
Nadie señala a los culpables porque tienen miedo. ¿Y tú no tienes miedo? Claro que tengo miedo, pero tengo más miedo de callarme, de ser cómplice, de mirar para otro lado. Esa conferencia de prensa duró 40 minutos y cambió todo, porque Romario no solo habló de corrupción en general, dio nombres, dio detalles.

Acusó directamente a tres directivos de la CBF de desviar fondos públicos. Están robando dinero que debería ir al fútbol de base, dinero del gobierno, dinero del pueblo. 48 horas después, la Fiscalía de Brasil abrió una investigación, no contra los directivos, contra Romario, por difamación, por calumnia, por atentar contra el honor de funcionarios públicos.
Romario tuvo que contratar abogados, presentarse ante jueces, defenderse. La investigación duró 3 años. Al final se cerró sin cargos, sin condenas, pero el mensaje estaba claro. Cállate o la próxima vez no te va tan bien. En el 2009, Romario se retiró del fútbol. 43 años, 20 años como profesional, más de 700 goles oficiales.
Su último partido fue con Vasco contra Sport Recife. Entró en el segundo tiempo, ovación de pie, 80,000 personas gritando su nombre. No metió gol. No importó. Salió en el minuto 88. Otra ovación. Lágrimas en los ojos. Gracias por todo les dijo a los hinchas con el micrófono. Ustedes me dieron todo y yo les di todo lo que tenía y se fue sin despedida grande, sin partido especial internacional, solo un partido más en Vasco.
La prensa esperaba que Romario se fuera tranquilo, que se dedicara a disfrutar su retiro, que abriera una escuela de fútbol, que hiciera comerciales. Pero Romario no era ese tipo de persona. 3 meses después de retirarse anunció que se postulaba para diputado federal. Política Romario iba a entrar a la política y ahí empezó lo peor.
Esta es la cuarta revelación que te prometí al principio. ¿Por qué se convirtió en político y qué descubrió que lo convirtió en un hombre marcado? En el 2010, Romario se presentó como candidato a diputado federal por Río de Janeiro. Su campaña era simple, sin promesas vacías, sin discursos elaborados. Voy a hacer lo mismo que hice en el fútbol.
Voy a meter goles, pero esta vez contra la corrupción. Los políticos se rieron. Un futbolista en la política. Qué ridículo. Los medios lo trataron como broma. Romario no entiende nada de política. No va a durar. Romario ganó con 146,000 votos. El segundo diputado más votado de Río de Janeiro. 146,000 personas que creyeron que Romario iba a hacer algo diferente y lo hizo.
Su primer día como diputado, Romario pidió acceso a los documentos de gastos de la Cámara. Quiero ver en qué se gasta el dinero. Eso es información privada. privada es dinero público. Yo quiero verlo. Le negaron el acceso. Romario fue a los medios. No me dejan ver los documentos. ¿Por qué? Porque están escondiendo algo. La presión pública obligó a la cámara a abrirle los documentos.
Romario pasó tres meses revisándolos. Línea por línea, gasto por gasto, lo que encontró fue escandaloso. Diputados gastando 50,000 reales al mes en asesoría, asesoría que no existía. Viajes oficiales a Europa con familia, con parejas, pagados con dinero público, contratos con empresas fantasma, sobre facturación, desvío de fondos.
Esto es un robo organizado, dijo Romario en su primer discurso en la cámara. Y todos lo saben, todos son cómplices. El silencio en la cámara fue sepulcral. Ningún diputado se atrevió a responder. Pero después, en los pasillos, empezaron las advertencias. Romario, estás jugando con fuego. Hay cosas que no se tocan. Cuidado, la política es más peligrosa que el fútbol.
Romario no hizo caso, siguió investigando, siguió denunciando. En el 2011, Romario presentó su primer proyecto de ley, la ley de transparencia en el deporte. El proyecto obligaba a todos los clubes de fútbol que recibían dinero público a publicar sus cuentas completas, sin excepciones. Si un club recibe dinero del gobierno, el pueblo tiene derecho a saber en qué se gasta.
El proyecto generó una guerra. Clubes grandes, federaciones, patrocinadores, todos en contra. Esto va a destruir el fútbol brasileño, dijeron. No, respondió Romario. Esto va a limpiar el fútbol brasileño, que es diferente. El proyecto tardó 3 años en aprobarse, 3 años de peleas, de amenazas, de intentos de bloqueo.
Pero en el 2014 la ley de transparencia en el deporte fue aprobada. Romario ganó. Los clubes tuvieron que publicar sus cuentas y lo que salió a la luz fue devastador. Presidentes de clubes desviando millones. empresarios fantasma, contratos falsos, arrestos, investigaciones, escándalos y romario en el centro de todo.
Como el que destapó la olla, pero con cada victoria, los enemigos de Romario crecían. En el 2013, Romario recibió otra amenaza, esta vez más directa. Un sobre en su oficina del Congreso, dentro una bala y una nota. La próxima va dentro del sobre con tu nombre. Romario fue directo a la prensa. Me están amenazando y quiero que todos sepan quién me amenaza.
Los mismos que roban, los mismos que no quieren transparencia. La policía federal abrió una investigación. Esta vez sí, porque amenazar a un diputado federal es delito grave. Tres meses después arrestaron a dos hombres. Uno era un expolicía, el otro un empresario con vínculos a clubes de fútbol.
¿Quién los contrató?, preguntó Romario en una entrevista. Eso no lo pudieron probar, dijo su abogado. Pero todos sabemos quién fue. Romario sabía, el mundo del fútbol sabía, pero sin pruebas no había condenas. En el 2014, Romario fue elegido senador, no diputado, senador. El cargo más alto al que un político brasileño puede llegar sin ser presidente.
Romario ganó con 3 millones de votos. 3 millones. El pueblo confía en mí porque sabe que no me vendo, dijo en su discurso de victoria. He rechazado sobornos, he rechazado presiones y voy a seguir rechazando. Y lo hizo. En el 2015 estalló el escándaloajato, la investigación de corrupción más grande de la historia de Brasil. Políticos, empresarios, jueces, todos involucrados.
Romario fue uno de los pocos senadores que no fue investigado porque era el único que no tenía nada que esconder. “Romario es incorruptible”, dijo uno de los fiscales. “No porque sea santo, porque no le interesa el dinero de esa manera.” Pero Romario no se quedó callado. Usó su posición para presionar por más investigaciones, más arrestos, más condenas.
“Esto es solo la punta del iceberg”, decía. Hay que seguir cabando. Y siguieron cabando y siguieron encontrando. En el 2016, Romario hizo algo que nadie esperaba. Presentó un proyecto de ley para legalizar el cannabis medicinal en Brasil. ¿Por qué? Por su hija. Romario tiene una hija con síndrome de Down. Ivy nació en 1995 y Romario la adora.
Mi hija me enseñó más que el fútbol, ha dicho. Me enseñó lo que realmente importa. Durante años, Romario investigó tratamientos para mejorar la calidad de vida de personas con síndrome de Down y descubrió que el cannabis medicinal ayudaba en varios casos, pero en Brasil era ilegal, completamente ilegal. Esto es una estupidez, dijo Romario.
Hay estudios, hay evidencia, pero por moralismo estúpido le negamos tratamiento a miles de personas. El proyecto de ley generó controversia. Iglesias, grupos conservadores, medios tradicionales, todos atacando a Romario. Romario quiere drogar a Brasil, el senador que promueve las drogas. Romario no se doblegó. No estoy hablando de drogas recreativas.
Estoy hablando de medicinas, de tratamientos, de ayudar a gente que sufre. Sí. Y por egegar guras, barcar guras, bargurase. El proyecto se aprobó en el 2019. Cannabis medicinal legalizado en Brasil. Otra victoria de Romario. Otra pelea ganada. Pero no todo fueron victorias. En el 2018, Romario fue acusado de desvío de fondos.
Alguien filtró documentos falsos que sugerían que había usado dinero público para gastos personales. La noticia explotó. Romario, el anticorrupción es corrupto. Romario negó todo. Son documentos falsos. Alguien los plantó. Alguien los plantó. La investigación duró un año. Al final se comprobó que los documentos eran falsos.
Alguien los había fabricado para destruir a Romario. ¿Quién? Nunca se supo. Pero Romario tiene sus sospechas. La gente poderosa a la que jodí durante años me la devolvió. Dijo. Trataron de destruirme con mentiras. No funcionó. Pero el daño a mi reputación ya estaba hecho y tenía razón. Aunque se comprobó su inocencia, muchos todavía creen que Romario es corrupto.
Así funciona. Dijo, “La mentira viaja más rápido que la verdad. El legado 2024. Romario tiene 58 años. Sigue siendo senador, sigue peleando, sigue siendo Romario. Su último gran proyecto es una ley de protección para denunciantes de corrupción. Whistle Blowers, la gente que denuncia corrupción queda desprotegida.
Los echan, los amenazan, los matan. Eso tiene que cambiar. El proyecto está en el Congreso. Todavía no se aprobó, pero Romario no se rinde. He peleado 20 años por esto. Puedo pelear 20 más, pero no todo es política. Romario también tiene una fundación, la fundación Romario de Souza Safaria. La fundación trabaja con niños con discapacidades, especialmente con síndrome de Down, como su hija.
Este es mi verdadero legado. Dice, “No los goles, no las leyes. Esto, la fundación ha ayudado a más de 5000 familias. Terapias, tratamientos, educación, todo gratis. El dinero que gané en el fútbol podría haberlo gastado en yates y mansiones. Preferí gastarlo en esto. Y es cierto, Romario no vive en una mansión.
Vive en un departamento normal en Río. Maneja su propio coche. No tienes équito. Vine de la favela. Sé lo que es no tener nada. No necesito lujos para ser feliz. ¿Qué piensan de Romario en Brasil hoy? Depende a quién le preguntes. Para los hinchas del fútbol es una leyenda. El mejor delantero brasileño después de Pelé y Ronaldo.
Como perdonto segundo Fertarial, pero escondo estarlo segundo de Limerre con Momento Ferdonto segundo de Licon bere. Para los políticos es un dolor de cabeza el que no se calla, el que no se deja comprar. Para la gente común es un héroe, el único político que realmente pelea por ellos.
Romario es de los pocos que no se vendió, dice un taxista de Río en una entrevista reciente. Pero también hay los que lo odian, los que dicen que es un populista, un oportunista, un payaso. Romario solo busca cámaras, dicen. No le importa la gente, le importa la fama. Romario responde simple. Si busco cámaras es para que todos vean lo que denuncio.
Si no hay cámaras todo en tierra. Hay una entrevista de Romario en el 2022 que resume toda su vida. Le preguntaron, “¿Te arrepientes de algo? De muchas cosas, de haber sido tan bocón cuando era joven, de haber quemado puentes con clubes que me querían, de no haber aprovechado mejor mi carrera en Europa? ¿Te arrepientes de haberte metido en política? Nunca.
Fue lo mejor que hice en mi vida, aunque te hayan amenazado, aunque casi te destruyan, aunque todo. Porque si no lo hubiera hecho, ¿quién lo hubiera hecho? ¿Quién hubiera peleado? Nadie. ¿Volverías a hacerlo? Mil veces. Prefiero vivir con amenazas por decir la verdad, que vivir tranquilo siendo cómplice.
Romario nunca ganó un segundo mundial. Se quedó afuera de Francia 98 por lesión. Lo sacaron de la lista. Lloró en televisión nacional. Ese fue el momento más duro de mi vida, confesó. Más duro que las amenazas, más duro que todo. Brasil ganó ese mundial sin Romario. Ronaldo fue la estrella. ¿Te dolió? Claro que me dolió, pero también me alegré por ellos, por Brasil.
En el 2002, Romario fue convocado para el mundial de Corea y Japón. Tenía 36 años. No jugó un solo minuto, se quedó en el banco. Brasil ganó. Romario campeón sin jugar. Fue agridulce, dijo, “pero me quedo con lo dulce. Tengo mi estrella. El legado de Romario en el fútbol es indiscutible.
1000 goles, un mundial, un Balón de Oro, tres Copas Américas, decenas de títulos con clubes, pero su legado fuera del fútbol es más importante. Romario abrió la puerta, mostró que un futbolista puede hablar, puede denunciar, puede pelear. Después de Romario, otros jugadores empezaron a hablar, a denunciar, a no callarse. “Romario nos enseñó que podemos tener voz”, dijo Ronaldinho en una entrevista, “que no somos solo jugadores, somos ciudadanos.
” Aspiro hoy, cuando un futbolista brasileño denuncia corrupción, cuando habla de injusticias, cuando pelea por sus derechos, está siguiendo el camino que Romario abrió. Existe un video de Romario en el 2020, plena pandemia. Brasil colapsando, miles de muertos. Romario desde su casa grabó un video dirigido al presidente. Esto es tu culpa, tu negligencia, tu incompetencia y no nos vamos a callar.
El video se viralizó. Millones de visitas, miles de comentarios. El gobierno respondió con amenazas legales. Romario está difamando al presidente. Romario no borró el video. No se disculpó, subió otro. Me pueden amenazar todo lo que quieran. No me voy a callar nunca. Ese es Romario. A los 54 años, igual de bocón que a los 20.
¿Por qué Romario es así? ¿Por qué no se calla? La respuesta está en la favela de Jacareiño. En su infancia, Romario vio a su padre romperse el cuerpo por un salario miserable. Vio a su madre llorar porque no alcanzaba para comer. Vio como los poderosos abusaban de los débiles, como los políticos robaban, como los empresarios mentían.
Y decidió que él no iba a ser así, que él iba a pelear. Pude haberme quedado callado. Pude haber disfrutado mi dinero y mi fama. ¿Pero para qué? Para vivir tranquilo mientras otros sufren. Yo salí de la favela, pero la favela nunca salió de mí. Y en la favela o peleas o te joden. Esa es la respuesta.
Romario pelea porque viene de abajo, porque sabe lo que es no tener voz y ahora que la tiene no se va a callar. Hay una foto de Romario que resume toda su vida. Es del 2019. Romario está en el Senado, en su escritorio, solo revisando documentos. Son las 11 de la noche, todos se fueron. Romario sigue trabajando.
La foto la tomó un guardia de seguridad, la subió a redes sociales. Esto es compromiso, escribió. Esa foto se viralizó. Miles de comentarios. Este es el político que Brasil necesita. Pero también hubo comentarios negativos. Es puro show, lo hace para las cámaras. Romario respondió en Twitter. No hay cámaras a las 11 de la noche, solo hay trabajo.
Romario tiene enemigos, muchos enemigos, empresarios que perdieron contratos por sus denuncias. Políticos que fueron investigados por su presión. Directivos de fútbol que fueron arrestados por sus revelaciones. ¿No tienes miedo de que alguno se vengue? Le preguntaron todo el tiempo, pero si vivo con miedo, ellos ganan. ¿Qué haces con ese miedo? Lo convierto en rabia y esa rabia la uso para seguir peleando.
Romario todavía tiene seguridad. Guardaespaldas. No por paranoico. Por precaución he recibido amenazas serias. Gente que me quiere muerto no es joda, pero no se esconde. Sale a la calle, habla con la gente, sigue siendo accesible. Si me matan, me matan. Pero no voy a vivir encerrado, que viene para Romario.
A sus 58 años todavía tiene energía, todavía tiene fuego. Me gustaría ser gobernador de río, ha dicho. Hay mucho por arreglar en mi ciudad. Postularse para presidente, no sé, tal vez. Pero primero quiero terminar lo que empecé en el Senado. Isan Fingal. Lo que está claro es que Romario no se va a jubilar en silencio, no va a desaparecer, no va a callarse, voy a morir peleando.
Esa es mi naturaleza. El legado de Romario no es solo los goles, no es solo las leyes, el ejemplo. El ejemplo de que se puede salir de la favela y no olvidarse de dónde vienes. El ejemplo de que se puede tener dinero y fama y seguir siendo honesto. El ejemplo de que se puede pelear contra los poderosos y no rendirse.
Si mi vida sirve de algo, dijo Romario, es para mostrarle a los niños de la favela que pueden ser lo que quieran, pero que nunca olviden de dónde vienen y que nunca dejen de pelear. Mil goles, un mundial, balón de oro, pero también leyes aprobadas, corruptos arrestados, vidas cambiadas. Ese es Romario, no solo un futbolista, un luchador.
Y la pelea no ha terminado. Mientras tenga voz voy a hablar, mientras tenga fuerza, voy a pelear. Mientras esté vivo, no me van a callar. Romario de Souza Faría, Baiño, el depredador, el senador, el incorruptible. Un hombre que pudo haber elegido el camino fácil, pero eligió el camino correcto.
Y eso al final es lo único que importa. Si la historia de Romario te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes por qué es más que un futbolista, si ahora ves al hombre detrás de los goles, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por Romario, para que su historia completa, no solo los goles, llegue a más personas para que la próxima vez que alguien diga Romario el bocón, alguien más pueda decir no, Romario, el valiente. Okay.
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