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Por esta razón desaparecieron a Agostina Vega – Documental.

Por esta razón desaparecieron a Agostina Vega – Documental.

¿Había sospechado alguna vez de él, de este sujeto? No. Yo hubiese sospechado alguna vez de él que él era así, yo mi hija no se lo hubiese dejado cerca. Una adolescente de 14 años salió de su casa un sábado por la noche y nunca volvió. La última persona que estuvo con ella fue un hombre conocido por su familia.

Primero dijo que no la había visto, después cambió su versión y entonces apareció una historia extraña sobre un auto rojo que nadie termina de confirmar. Pero hay un detalle que convirtió este caso en una pesadilla. Las cámaras muestran a Agostina entrando, nunca saliendo. Y mientras pasan los días, Córdoba entera se sigue haciendo la misma pregunta.

¿Qué pasó realmente con Agostina Vega? Y en este video vamos a tratar de responder a esa pregunta. ¿Por qué desapareció? Quédate hasta el final. Porque los detalles de este caso son tan extraños que parecen imposibles de creer. ¿Quién era Agostina? Agostina Vega era la típica adolescente argentina de 14 años.

de esas chicas que todavía estaban descubriendo quiénes querían ser, pero que ya tenían una personalidad marcada, amistades cercanas y toda una vida por delante. Le gustaba pasar tiempo con sus amigas, salir, hablar por el celular, reírse por cualquier pavada y vivir esa etapa donde todo parece intenso y enorme al mismo tiempo.

Como cualquier chica de su edad, tenía sueños, inseguridades, planes [música] y esa mezcla rara entre inocencia y ganas de crecer rápido. Las personas que la conocían la describían como una chica alegre, sociable y bastante cercana a su familia, especialmente a su mamá. No era la imagen de una adolescente problemática ni conflictiva.

Al contrario, todo lo que se sabe de ella muestra a una chica común de barrio, con una vida normal. Entre las amistades que tenía Agostina estaba Claudio Gabriel Barrelier, un hombre que principalmente era amigo de la mamá de Agostina, pero poco a poco también se ganó la confianza de la joven. Entró en su entorno con confianza, carisma y esa facilidad que tienen algunas personas para integrarse rápido en una familia.

El entorno en el que conoció a la mamá de Agostina fue principalmente deportivo, hablando de fútbol y compartiendo en actividades barriales. Con el tiempo, el hombre se volvió muy cercano a la familia, al punto de actuar casi como un familiar más. En algunas ocasiones incluso llevaba y recogía a Agostina cuando ella necesitaba movilizarse.

Y justamente esa confianza terminaría saliéndole muy cara a Agostina. Barrelier era empleado municipal y estaba vinculado a actividades barriales, es decir, trabajos y espacios relacionados con la comunidad y la integración del barrio en actividades comunales, deportivas y [música] sociales. El tipo parecía completamente normal, el típico hombre que nadie miraría dos veces por la calle.

Pero esa apariencia de normalidad no duraría demasiado, porque poco a poco empezarían a aparecer contradicciones, mentiras y comportamientos que harían que muchos comenzaran a preguntarse si detrás de esa imagen de hombre amable y cercano en realidad se escondía otra persona completamente distinta. La reconstrucción de esa noche parece sacada de una película incómoda.

Agostina sale de su casa y toma un remis hacia el barrio Cofico. Hasta ahí todo parece cotidiano. La deja el remisero. Claudio Barrelier la espera en una esquina. Él paga el viaje. Los dos caminan juntos y las cámaras de seguridad registran exactamente eso. Ese momento probablemente se convirtió en uno de los fragmentos de video más importantes de toda la investigación porque representa el último instante conocido donde Agostina aparece visible y aparentemente tranquila.

Y después, oscuridad total. El teléfono deja de emitir actividad. No hay más movimientos confirmados, no hay mensajes. No hay registros claros, nada. Y acá es donde uno empieza a hacerse preguntas inevitables, porque desaparecer completamente en una ciudad no es fácil, mucho menos hoy. Hay cámaras por todos lados, antenas, registros digitales, tránsito, testigos, movimiento constante.

Entonces, si una persona desaparece sin dejar rastros, normalmente significa que alguien hizo un esfuerzo importante por romper esa cadena de evidencias. Y eso es exactamente lo que vuelve tan alarmante este caso, porque cuanto menos rastros aparecen, más organizada aparece la situación, la versión de Barrelier. Y acá es donde la historia empieza a hacer agua por todos lados, porque cuando Claudio Gabriel Barrelier habló sobre lo ocurrido esa noche, su versión parecía una de esas historias improvisadas que alguien arma mientras intenta recordar

qué fue lo que dijo 5 minutos antes. Primero, el hombre aseguró que no había visto a Agostina. Nada, cero contacto, como si la chica jamás hubiese aparecido esa noche. Pero claro, apareció el remisero y ahí, mágicamente, la memoria volvió. Entonces, ya no era que no la había visto, ahora sí había estado con ella.

Según su relato, Agostina lo llamó porque necesitaba ayuda para pagar el remis y él, como el gran ciudadano ejemplar que aparentemente era, decidió ayudarla. Hasta ahí, raro, pero posible. El problema viene después, porque según Barrelier, él acompañó a Agostín a unas cuadras y de repente apareció un misterioso Volkswagen Gol Rojo, una especie de vehículo fantasma que cayó del cielo justo en el momento perfecto para sacarlo a él de la escena.

Demasiada casualidad junta. Es casi cinematográfico. La adolescente desaparece. Él es la última persona confirmada con ella y justo aparece un auto salvador que nadie termina de ubicar claramente. Conveniente, bastante conveniente. Y encima la historia sigue empeorando cuando uno analiza cómo fue cambiando todo, porque si realmente no tenía nada que ocultar, ¿por qué negar desde el principio que había estado con Agostina? Ese detalle destruye muchísimo de su credibilidad porque una persona inocente normalmente dice desde el

minuto uno, “Sí, estuve con ella, pasó esto y esto.” Pero Barrelier no hizo eso. Primero [música] ocultó el encuentro, después lo reconoció y más tarde apareció el famoso gol rojo, que a este punto parece más personaje secundario que automóvil. Y hay otro detalle bastante llamativo. Según su versión, Agostina simplemente decidió irse con otra persona. Así no más.

en plena noche. Y él aparentemente no preguntó nada, no se preocupó por nada y siguió su vida como si fuese la situación más normal del mundo. Todo demasiado raro, porque incluso desde el sentido común la historia no termina de cerrar. Además, mientras él sostenía esa versión, la investigación avanzaba y las cámaras seguían mostrando algo incómodo para su relato.

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