¿Qué pasaría si en 9 días un solo Papa tuviera que enfrentarse simultáneamente al pasado financiero corrupto de la Iglesia, al presente institucional de toda la jerarquía mundial y a una ruptura doctrinal que llevaba 38 años amenazando con materializarse. Esa no es una pregunta hipotética, hermanos. Esa es la situación que León XIV va a vivir entre el lunes 22 de junio y el martes 30 de junio de este año. 9 días.
tres bombas, una sola persona en el centro de las tres. Y lo que voy a contarles esta noche es la radiografía de esa semana específica, la que va a marcar todo lo que venga después en este pontificado, la que ningún otro papa de la historia reciente habría elegido vivir así, concentrada, aplastante en 9 días seguidos, pero que León XIV va a tener que vivir de todas formas, porque los calendarios institucionales no esperan a que los papas estén listos.
Escúchenme bien, porque hay tres fechas que la audiencia de este canal tiene que conocer antes de que ocurran y vamos a verlas con el tiempo que merecen. La primera fecha es el 22 de junio. Ese día el cardenal Angelo Bechu vuelve al banquillo. El nombre, hermanos, lo conocemos en este canal. Bechu fue durante años el sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, el segundo cargo más poderoso de la Santa Sede después del propio Papa.
el hombre que firmaba, coordinaba, ejecutaba, que tenía acceso a los recursos y a las decisiones que muy pocos en la iglesia tenían. En 2023 fue condenado por un tribunal vaticano, 5 años y 6 meses de prisión, por fraude, abuso de cargo y malversación, por un caso que implica un edificio en Londres comprado con dinero que provenía del óvolo de San Pedro, las limosnas de los fieles del mundo entero, 200 millones de euros perdidos en operaciones que el tribunal calificó de fraudulentas.
fue el primer cardenal condenado por un tribunal eclesiástico en la era moderna y sin embargo, hermanos, esa condena no sobrevivió. La asignatura apostólica. El Tribunal Supremo del Vaticano declaró el juicio nulo, mistrial, anulación completa del proceso por errores procesales que incluyen, y aquí está el golpe que la audiencia tiene que registrar, decisiones tomadas por el propio Papa Francisco durante el desarrollo del juicio.
El Papa que había impulsado el juicio como prueba de transparencia terminó siendo identificado como uno de los causantes de los errores procesales que lo invalidaron. Y el 22 de junio empieza todo de nuevo. Bechu de vuelta al banquillo con la condena anterior anulada, con la imagen de Francisco comprometida, con León XIV heredando un caso que tiene dos posibles finales y ninguno cómodo.
La segunda fecha es el 29 de junio. Ese día, la solemnidad de San Pedro y San Pablo, la fiesta más importante del calendario vaticano, más de 250 cardenales llegan a Roma. todos los cardenales del mundo, de todos los continentes para el primer consistorio mundial que convoca León XIV. Un consistorio que solo se convoca cuando el Papa tiene algo crucial que decir o decidir.
El último equivalente fue en febrero de 2014 cuando Francisco anunció la mayor reforma curial del siglo. 11 años después León XIV convoca el suyo con la misma solemnidad, con el mismo peso institucional, con la diferencia de que este Papa llega al consistorio con un conocimiento del sistema que Francisco no tenía. Porque León XIV fue durante 2 años el prefecto del dicasterio para los obispos antes de ser elegido Papa.
conoce a esos 250 cardenales personalmente, sabe quién es quién y va a anunciarles el equipo de su pontificado, los nombramientos clave, las líneas estratégicas para los próximos años, la dirección que va a tomar la Iglesia bajo su liderazgo. La tercera fecha es el 30 de junio, el día siguiente al consistorio.
La fraternidad sacerdotal San Pío X tiene previsto consagrar a cuatro nuevos obispos sin autorización del Papa León XIV. Un acto que en términos canónicos produce la excomunión automática de los obispos consagrantes y de los nuevos obispos consagrados, sin necesidad de ningún decreto, sin necesidad de que el Papa firme nada.
Excomunión automática desde el momento mismo de la consagración. Y aquí, hermanos, está el paralelismo histórico que quiero que registren desde el principio de este video, porque no es coincidencia, 30 de junio de 1988. Hace exactamente 38 años, el arzobispo Marcel Le Febre consagró a cuatro obispos sin permiso del Papa Juan Pablo II en Ecón, Suiza.
El mismo acto, el mismo número de obispos, las mismas consecuencias canónicas. 30 de junio de 2026. Sus sucesores van a repetir el gesto. Mismo día del año. Mismo número de obispos. Mismo desafío al sucesor de Pedro. Solo cambia el Papa. Tres eventos, 9 días, una sola semana del primer año completo del pontificado de León XIV. Bienvenidos.
Soy el padre Samuel y esto es lo que no les van a decir en ningún otro lado. Antes de meternos en cada uno de los tres eventos con la profundidad que merecen, déjenme decirles algo sobre por qué cubrimos estas historias en este canal de la manera en que las cubrimos. Cubrimos esto porque la audiencia que nos ve desde México, desde Colombia, desde Argentina, desde España merece entender lo que está pasando en su iglesia con la profundidad que le permita tomar decisiones informadas sobre su propia fe. No sensacionalismo, no titulares
fáciles. la historia completa, con sus complejidades, con sus matices, con sus consecuencias reales para los fieles ordinarios, que cada domingo van a la misa de su parroquia sin saber exactamente qué está ocurriendo en los niveles más altos de la institución que dirige esa parroquia. Ese, hermanos, es el trabajo que hacemos aquí y esta semana de finales de junio es el momento más importante para hacerlo bien.
Vamos por partes. Antes de entrar en cada uno de los tres eventos por separado, hermanos, quiero que entiendan algo que la prensa internacional todavía no ha articulado con suficiente claridad, algo que hace que la concentración de estas tres fechas en 9 días sea más que una coincidencia del calendario. Las tres fechas no son accidentales, representan los tres frentes de la misma crisis estructural que la Iglesia Católica lleva décadas arrastrando.
Y León XIV va a tener que responder a los tres en paralelo, no en secuencia. El 22 de junio representa el pasado, la corrupción financiera que durante décadas operó en los niveles más altos de la administración vaticana. El caso Bechu no es solo un caso aislado, es el síntoma más visible de un sistema que durante años permitió que cientos de millones de euros de las donaciones de los fieles del mundo entero se gestionaran con criterios que un tribunal eclesiástico terminó calificando de fraudulentos.
Cuando el 22 de junio Becub vuelva al banquillo, León XIV no va a estar solo mirando un caso judicial, va a estar mirando el espejo de todo lo que la reforma financiera, que él mismo impulsó hace pocas semanas está intentando prevenir. El 29 de junio representa el presente, la estructura institucional de la iglesia tal como existe ahora mismo.
250 cardenales en una sala escuchando al nuevo Papa anunciar quiénes van a ser los hombres de su pontificado, qué reformas va a impulsar, qué tipo de iglesia quiere construir. El consistorio no es una ceremonia, es el momento en que un pontificado se define ante la jerarquía mundial y lo que León XIV anuncia el 29 de junio va a marcar el ritmo de su gobierno durante los próximos años y el 30 de junio representa el futuro.
La pregunta sobre qué tipo de catolicismo va a sobrevivir en el siglo XXI. La fraternidad San Pío X no es un grupo marginal. Son 733 sacerdotes que durante décadas han mantenido una posición doctrinal específica sobre el Concilio Vaticano Segundo y sobre las reformas que ese Concilio produjo. Su decisión de consagrar obispos, sin permiso del Papa, el 30 de junio es una declaración sobre dónde piensan que está la continuidad de la fe.
Y la respuesta institucional de León XIV a ese acto va a definir en parte la relación de la Iglesia con los movimientos de restauración tradicional durante los próximos decenios. pasado financiero corrupto, presente institucional incierto, futuro doctrinal en disputa. Las tres fechas, hermanos, son la radiografía completa de los tres frentes que cualquier papa moderno tiene que enfrentar simultáneamente y a León XIV le toca enfrentarlas todas en 9 días.
Por eso, hermanos, cuando los medios cubran los tres eventos por separado durante las próximas semanas, cuando traten a Bechu como un caso judicial aislado y al consistorio como un evento institucional rutinario y a los lefebristas como un drama eclesiástico marginal, van a estar perdiendo lo que más importa, que las tres cosas están ocurriendo al mismo tiempo, que son aspectos de una sola crisis más profunda y que la respuesta papal a cualquiera de ellas va a afectar inevitablemente la respuesta papal.
a las otras dos. Ese, hermanos, es el análisis que este canal puede ofrecer que otros no ofrecen y es el que vamos a desplegar ahora, yendo a cada uno de los tres eventos con la profundidad que cada uno merece. Angelo Bechu, 77 años, sardo, ordenado sacerdote en 1972. Una carrera eclesiástica que lo llevó por las nunciaturas de Angola, Cuba, Francia, Estados Unidos.
Los itinerarios que la Santa Sede diseña para sus diplomáticos más brillantes, las rutas que producen los hombres que después van a ocupar los cargos más altos de la administración vaticana. Ibechu siguió esa ruta hasta el final. En 2011 fue nombrado sustituto de la Secretaría de Estado, el cargo más técnicamente poderoso del Vaticano después del secretario de Estado y del Papa.
El hombre que coordina, que firma en nombre del Papa cuando el Papa no firma directamente, que tiene acceso a la información, a los recursos, a los contactos que muy pocos en la Santa Sede tienen. Durante 7 años en ese cargo, Bechu gestionó operaciones financieras que después terminarían en el centro del mayor escándalo vaticano de décadas.
El corazón del caso, hermanos, es un edificio en Londres, una propiedad en el barrio de Slone Avenue en Chelsea, un inmueble que en el mercado londinense valía cientos de millones de euros y que el Vaticano compró en varias etapas usando fondos que provenían de una fuente muy específica, el óvolo de San Pedro.
Hermanos, para los que no lo conocen con exactitud, el óvolo de San Pedro es la colecta anual que la Iglesia Católica realiza en todo el mundo, normalmente el domingo más cercano a la festividad de San Pedro para que los fieles puedan hacer donaciones directamente al Papa, no para la parroquia local, no para la diócesis, directamente al Papa, para que él las use en las obras de caridad y en las necesidades de la Iglesia Universal que él considere más urgentes.
Son las limosnas de millones de fieles ordinarios, las que pone la señora de 70 años que cada año aparta algo de su pensión para esta colecta. Las que pone la familia que vive con lo justo, pero que decide que una parte de lo poco va al Papa. Las que ponen los fieles de todo el mundo bajo la confianza de que ese dinero va a ir exactamente donde se dice que va a ir.
Parte de ese dinero terminó en el edificio de Londres y la operación fue desde sus inicios un desastre. La propiedad fue comprada a precios inflados, la intermediación involucró comisiones opacas. Las negociaciones para venderla eventualmente produjeron más pérdidas. Cuando el Vaticano finalmente vendió el edificio en 2022, las pérdidas totales superaban los 200 millones de euros.
200 millones de euros de las limosnas de los fieles del mundo entero perdidos en operaciones especulativas en el mercado inmobiliario de Londres. En 2023, después de un juicio que duró meses y que fue seguido por la prensa internacional con una intensidad que raramente se produce en los asuntos internos vaticanos, Angelo Obechu fue condenado, 5 años y 6 meses de prisión.
Inhabilitado de por vida para ejercer cargos en la Iglesia. El primer cardenal condenado por un tribunal eclesiástico en la era moderna. Una sentencia histórica. Hubo otros imputados. Cecilia Maroña, una analista que Bechu había contratado y que cobró sumas importantes supuestamente para negociar el rescate de una monja secuestrada en Mali, Sorgloria Cecilia Narváez.
También fueron juzgados financieros y asesores que participaron en distintas etapas de la operación del edificio de Londres y surgió en el proceso el dato de un pago de 1 millón de euros a una organización vinculada a grupos extremistas autorizados según Bechu para facilitar el rescate de la religiosa con conocimiento del propio Francisco.
Fue un juicio que sacó a la luz décadas de operaciones financieras en los niveles más altos del Vaticano que el sistema interno de controles no había impedido. Y la condena de Bechu fue presentada en su momento como la señal de que la Iglesia podía juzgar a sus propios miembros con rigor, sin importar su rango, excepto que esa señal, hermanos, no sobrevivió.
La asignatura apostólica, que es el Tribunal Supremo del Vaticano, el equivalente a un Tribunal Supremo o a una Corte Constitucional en términos civiles, revisó el proceso y declaró el juicio nulo, mistrial completo. La condena de Bechu quedó invalidada. Todo el proceso anulado. ¿Por qué? por errores procesales. Y aquí, hermanos, está el punto más difícil de este caso para el legado del pontificado anterior.
Entre los errores procesales identificados por la asignatura apostólica, hay modificaciones al Código Procesal Vaticano que el propio Papa Francisco autorizó durante el desarrollo del juicio. Cambios en las reglas del proceso mientras el proceso estaba en curso. Lo que en derecho procesal es una de las infracciones más graves posibles porque compromete las garantías del debido proceso para todos los acusados.
Es decir, el Papa que había impulsado el juicio como demostración de transparencia terminó siendo identificado por el Tribunal Supremo como uno de los responsables de los errores que lo invalidaron. Eso, hermanos, no tiene precedentes recientes en la historia vaticana y deja a León XIV en una posición muy difícil, porque él hereda el caso con todas sus implicaciones, con la imagen de Francisco golpeada, con la condena anterior anulada, con la presión de los fieles que esperan justicia por los 200 millones de sus limosnas y con la
responsabilidad de dejar que el nuevo proceso siga su curso sin las interferencias que comprometieron el anterior. El 22 de junio empieza ese nuevo proceso. Si Bequio es absuelto, el caso quedará en la historia como un episodio del hinchamiento institucional bajo Francisco. Una condena injusta que el sistema terminó corrigiendo, pero a un costo de credibilidad enorme.
Si Bechu es condenado nuevamente, el caso se convierte en confirmación definitiva de la corrupción sistémica que durante años operó en los niveles más altos del Vaticano. con la pregunta inevitable de cuántos casos similares no llegaron nunca al banquillo. En cualquier de los dos resultados, hermanos, León 14 pierde, porque cualquiera de los dos pone en cuestión el sistema institucional que él tiene la responsabilidad de reformar.
Y porque la reforma que él mismo impulsó hace pocas semanas, las auditorías laicas externas, la transparencia financiera, el fin del monopolio del IOR sobre las inversiones vaticanas, toda esa reforma necesita poder demostrar que los errores del pasado han sido corregidos. Y el caso Bechu, reabierto con un proceso nulo de fondo, es el recordatorio más brutal de que esa demostración todavía no es completa.
4 días después del inicio del nuevo juicio de Bechu, hermanos, ocurre algo de una escala institucional completamente diferente. 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, la fiesta más importante del calendario vaticano después de la Pascua y la Navidad. El día en que el Papa como sucesor de Pedro recibe simbólicamente el palio que representa su autoridad pastoral universal, el día en que la Iglesia Católica celebra explícitamente la continuidad apostólica que la vincula con los primeros discípulos.
Y ese día León XIV convoca a Roma a todos los cardenales del mundo, más de 250 de todos los continentes, cardenales electores menores de 80 años que tienen voto en futuros cónclaves, cardenales mayores sin voto, pero con voz y con décadas de experiencia institucional, cardenales de las grandes arquidiócesis de América Latina, Europa, África, Asia, cardenales de los organismos centrales de la curia romana.
la cúpula completa del catolicismo mundial reunida en un solo espacio para escuchar al nuevo Papa. Quiero que la audiencia entienda con precisión qué es un consistorio extraordinario y por qué su convocatoria no es rutinaria. Los papas convocaron consistorios durante siglos para los asuntos más importantes del gobierno de la iglesia, pero en la Iglesia moderna, el consistorio ordinario se ha convertido principalmente en el espacio para la creación de nuevos cardenales.
El consistorio extraordinario, en cambio, el que reúne a todos los cardenales del mundo para deliberar sobre asuntos de máxima importancia es una herramienta que los papas usan con mucha cautela, porque convocarlo implica reconocer que hay decisiones de tal magnitud que el Papa no las puede tomar sin el consejo y el respaldo formal de la totalidad del colegio cardenalicio.
El último consistorio extraordinario, verdaderamente significativo, fue el de febrero de 2014. Francisco lo convocó para anunciar la reforma del gobierno central de la Iglesia, la creación del Consejo de Cardenales, la reestructuración de la curia romana. Fue el comienzo formal de lo que durante años se llamó el programa reformador del pontificado de Francisco.
Ahora, 11 años después, León XIV convoca el suyo y la fecha elegida, el 29 de junio, no es neutra. Al vincular el consistorio con la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa está diciendo algo sobre el tipo de evento que quiere que sea, no solo una reunión administrativa, una renovación del compromiso apostólico, una declaración de que las decisiones que se van a tomar en esos días están enraizadas en la misión que comenzó con los primeros apóstoles.
¿Qué se espera que ocurra en el consistorio? Los nombramientos clave del pontificado, el equipo definitivo de León XIV, los hombres y mujeres que van a acompañarlo en los cargos más importantes de la curia romana durante los próximos años. El cargo más seguido, hermanos, es el de secretario de Estado. Pietro Parolín, el actual secretario, lleva 12 años en el cargo bajo Francisco.
Es una figura de peso con credenciales diplomáticas indiscutibles, que ha sido el interlocutor principal de la Santa Sede con los gobiernos del mundo durante más de una década y que cumple 71 años este año. Una edad que en el contexto vaticano no es la de la jubilación, pero que en términos de una renovación de pontificado puede justificar un relevo.
Si León XIV anuncia un nuevo secretario de Estado en el consistorio, ese nombramiento será la señal más clara del tipo de política exterior que quiere desarrollar su pontificado. Pero además del secretario de Estado, hay docenas de cargos clave en los dicasterios, en los tribunales, en las comisiones, que en este momento están siendo ocupados por personas nombradas por Francisco o por Benedicto y que León XIV necesita ir renovando con personas que compartan su visión.
El consistorio del 29 de junio es el momento para hacer esos anuncios con la solemnidad que merecen. ¿Qué se juega León 14 ese día? Se juega el control real de la curia, no el formal que ya lo tiene, sino el operativo, el control de las personas que van a ejecutar sus decisiones en cada uno de los organismos que componen el gobierno central de la iglesia.
Se juega su mandato como reformador. Si los cardenales responden con entusiasmo a las líneas que él presente, las reformas pueden avanzar rápido. Si hay reservas significativas, la velocidad se reduce y se juega algo más personal. Es el primer Papa norteamericano. Vino de un contexto misionero en Perú.
Su perfil pastoral es diferente del de los papas europeos que lo precedieron. Hay cardenales en el colegio que lo conocen bien desde sus años en el dicasterio para los obispos. Hay otros que lo conocen menos. El consistorio es el momento en que León XIV se presenta ante toda la jerarquía mundial, no como el recién elegido del cónclave, sino como el Papa, con un año de pontificado y con un proyecto claro para los años siguientes.
Esa presentación, hermanos, tiene consecuencias que van mucho más allá del 29 de junio. Y entonces, hermanos, llegamos al tercer evento, el que ocurre el día siguiente al consistorio, el 30 de junio. Quiero que antes de hablar de lo que va a ocurrir ese día les dé el contexto que necesitan para entenderlo. Porque sin entender quiénes son los lefebristas, sin entender de dónde vienen, sin entender qué es lo que realmente está en juego en la consagración que han anunciado, el 30 de junio va a aparecer un episodio más de
los conflictos litúrgicos internos de la iglesia que la mayoría de los fieles no terminan de comprender. Y no lo es, es algo más profundo. Marcel Le Febre nació en Francia en 1905. Fue misionero en África, fue arzobispo, fue un hombre que vivió la transición del Concilio Vaticano Segundo con una angustia creciente.
El concilio que se desarrolló entre 1962 y 1965 bajo Juan 23 y Pablo 6, produjo reformas profundas en la iglesia, la misa en lenguas vernáculas en lugar del latín, una nueva forma de relacionarse con las otras religiones, una apertura al diálogo con el mundo moderno que Lefebre consideró una traición a la fe tradicional. En 1970 fundó la fraternidad sacerdotal San Pío X.
un seminario, una comunidad, un proyecto formativo para sacerdotes que quisieran preservar las formas litúrgicas y doctrinales anteriores al concilio. Un proyecto que durante los años 70 y 80 fue creciendo hasta convertirse en una estructura con presencia en muchos países. Las tensiones con Roma fueron aumentando durante esa época.
Varios intentos de negociación, protocolos de acuerdo que se firmaron y se rompieron. Y finalmente, el 30 de junio de 1988, Lefebre tomó la decisión que cambió todo. Consagró a cuatro obispos sin autorización del Papa Juan Pablo II. Juan Pablo Segund respondió con la excomunión automática para Lefebre y para los cuatro nuevos obispos.
La primera ruptura canónica formal significativa de la Iglesia Católica en décadas. Lefebre murió en 1991 sin haber sido rehabilitado, aunque la excomunión de los cuatro obispos fue levantada por Benedicto XV en 2009 como gesto de apertura. Pero la fraternidad siguió existiendo, siguió creciendo y hoy tiene 73 sacerdotes, 264 seminaristas, comunidades en decenas de países y dos obispos en activo.
Esos dos obispos en activo, hermanos, son el corazón del problema actual. están envejecidos y sin obispos que puedan ordenar sacerdotes, confirmar fieles y celebrar los sacramentos que solo los obispos pueden celebrar, la fraternidad vería interrumpida su cadena sacramental en un plazo de años. Por eso, el 2 de febrero de 2026, la fraternidad San Pío X anunció públicamente su intención de consagrar a cuatro nuevos obispos el 30 de junio sin solicitar la autorización de León 14.
La respuesta vaticana llegó el 12 de febrero. El cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del dicasterio para la doctrina de la fe, advirtió formalmente que la consagración episcopal, sin consentimiento del Papa, produce consecuencias canónicas graves y que ese consentimiento papal es esencial para la sucesión apostólica válida, no en términos de validez del sacramento en sí, que técnicamente podría ser válido, aunque ilícito, sino en términos de la comunión eclesial que el cargo episcopal requiere para ejercerse.
legítimamente dentro de la Iglesia Católica. El 18 de febrero, la fraternidad confirmó que seguía adelante. En mayo se hicieron públicos los nombres de los cuatro sacerdotes que van a ser consagrados obispos. Y el 30 de junio está marcado en el calendario como el día en que la historia va a repetirse. 38 años después del 30 de junio de 1988.
El mismo día del año, el mismo número de obispos, el mismo desafío al sucesor de Pedro. Solo cambia el Papa. Esa elección de fecha, hermanos, no es coincidencia, es una declaración. Al elegir exactamente el mismo día del año que el febre usó en 1988, los responsables actuales de la fraternidad están vinculando explícitamente su acto con el acto del fundador.
Están diciendo que lo que el efebre hizo en 1988 estaba justificado, que ellos lo están continuando, que la ruptura no fue un error histórico que lamentan, sino una decisión que validan y que ahora repiten. Y eso, hermanos, le crea a León XIV un problema pastoral de una naturaleza específica, porque cuando responda al acto del 30 de junio, no va a estar respondiendo solo a la fraternidad actual, va a estar respondiendo a la línea doctrinal completa que va desde la fundación de la fraternidad hasta hoy.
Va a estar tomando posición sobre una herida eclesial que tiene más de medio siglo de profundidad. Las consecuencias canónicas del acto del 30 de junio son automáticas, no requieren ninguna decisión adicional del Papa. El Canon 1382 del Código de Derecho Canónico establece que quien consagra obispos sin mandato pontificio, quien es consagrado de esa manera, incurre en excomunión la tae sentie.
Esto aplica tanto a los dos obispos consagrantes como a los cuatro nuevos obispos consagrados. Seis personas excomulgadas en el momento de la consagración, pero la dimensión pastoral del acto va mucho más allá de esas seis personas, porque la fraternidad tiene 733 sacerdotes, tiene comunidades de fieles en muchos países, tiene seminaristas que han pasado años en formación, tiene familias enteras que durante décadas han participado de sus liturgias y de sus sacramentos, creyendo que estaban dentro de la Iglesia Católica, aunque en una situación
canónica irregular. Todo ese mundo, hermanos, va a verse sacudido por lo que ocurra el 30 de junio y León 14 va a tener que encontrar la manera de responder institucionalmente al acto canónico, sin cerrar para siempre la puerta pastoral hacia los fieles ordinarios que están dentro de ese mundo, sin haber tomado ellos las decisiones que los pusieron ahí.
Eso, hermanos, es gobernar en tormenta. Y eso es exactamente lo que León XIV va a tener que hacer en los días que siguen al 30 de junio. Hasta aquí les he contado los hechos, las tres fechas, los nombres, las consecuencias institucionales y canónicas. Ahora quiero hablarles desde otro lugar. En mis casi 30 años como sacerdote, hermanos, he visto pasar a tres tipos de hombres dentro de la iglesia.
tres tipos que ahora le toca enfrentar a León XIV en una sola semana y que durante mis tres décadas de ministerio he visto repetirse en distintas escalas, en distintas diócesis, en distintos contextos. No estoy describiendo a personas específicas, estoy describiendo patrones, tipos pastorales, los que cualquier sacerdote ordinario que haya pasado tiempo suficiente en el ministerio reconoce inmediatamente cuando los ve.
El primero es el que roba con manos sagradas. No siempre empieza con intención fraudulenta, a veces empieza con decisiones que parecen razonables, una inversión que parece prometedora, un préstamo a una organización cercana, una operación financiera que en su contexto interno parece tener justificación, pero la lógica se desplaza y donde empezó como gestión termina como apropiación.
Lo que me parece más perturbador de los casos como el de Bechu, hermanos, no es la magnitud del dinero, es la distancia que el hombre tiene que haber puesto entre sí mismo y los fieles que donaron ese dinero para llegar a gestionarlo como si fuera suyo, porque ese dinero no era abstracto. Era el euro que ponía la señora de 70 años en la colecta del óbvolo de San Pedro, el que el trabajador migrante en España apartaba de su salario mínimo para enviarlo al Papa.
el que la familia campesina de Michoacán depositaba en la canastilla de la Iglesia Rural el domingo de San Pedro. Para gestionar ese dinero en operaciones especulativas de bienes raíces en Londres, hay que haber olvidado completamente de dónde venía. Hay que haber construido una burbuja institucional tan gruesa que las caras de los donantes ya no lleguen al interior de esa burbuja.
Yo no conocí a Bechu, pero conocí en mi escala mucho más pequeña a personas que pasaron por procesos análogos, sacerdotes que llegaron a cargos administrativos y que poco a poco fueron perdiendo la frontera entre lo que era de la institución y lo que era suyo. La mayoría no llegaron a los niveles del caso Vaticano, pero el patrón, hermanos, era reconocible y la primera señal siempre fue la misma.
El momento en que la persona dejó de hablar de los fieles cuando tomaba decisiones administrativas. El segundo tipo es el que manda sin amar. No es corrupto, cumple las normas, es competente, tiene las credenciales correctas, ha pasado por los puestos correctos y cuando llega a un cargo de poder institucional lo ejerce con la eficiencia técnica del funcionario.
Firma documentos, preside reuniones, toma decisiones que afectan a comunidades enteras. responde a los medios con la ecuanimidad del experto institucional, pero si uno se acerca a él buscando acompañamiento espiritual, lo dirige hacia los canales correspondientes. Si una parroquia de su jurisdicción está en crisis pastoral, recibe un informe sobre la situación y elabora una respuesta administrativa.
Si hay un sacerdote joven que necesita orientación, lo cita en despacho y le da 15 minutos. No es mala persona, genuinamente no es mala persona, pero en algún momento del ascenso institucional, sin darse cuenta, dejó de saber cómo hacer lo que hacían los pastores ordinarios de las parroquias rurales, donde quizás empezó su ministerio.
Ese tipo de hombre, hermanos, va a estar representado en el consistorio del 29 de junio. No todos los 250 cardenales pertenecen a esa categoría. Muchos son pastores extraordinarios, pero algunos sí. y León XV, que los conoce a todos personalmente, va a tener que discernir entre ellos a la hora de elegir su equipo.
El tercer tipo es el que se aferra al pasado hasta romperse. Este tipo, hermanos, frecuentemente es la persona más piadosa de las tres, con una vida de oración seria, con un compromiso pastoral genuino, con un amor profundo por las formas de la fe que aprendió en su formación y que reconoce como las formas en que la fe se transmitió durante siglos.
Pero hay un punto en que ese amor por la tradición empieza a definirse no por lo que es, sino por lo que rechaza. Cuando la fidelidad al pasado se convierte en oposición al presente, cuando el amor a las formas antiguas se transforma en acusación de traición contra las formas nuevas. He conocido sacerdotes así. La mayoría no llegan a las consecuencias que la fraternidad San Pío X representa, pero algunos sí.
Y cuando llegan, hermanos, lo hacen siempre por la misma combinación. amor sincero a la tradición, disconformidad creciente con las reformas, sentimiento de haber sido traicionados por la institución y eventualmente la decisión de actuar fuera de la comunión visible para preservar lo que ellos consideran la verdadera fe.
Ese tercer tipo es el que va a hacer la consagración el 30 de junio. No estoy juzgando sus motivaciones personales. Las motivaciones de las personas que están dentro de la fraternidad San Pío X incluye elementos genuinamente religiosos que merecen respeto pastoral. Pero la consecuencia de su acto, hermanos, es la que el derecho de la Iglesia establece claramente y esa consecuencia no la puede evitar León XIV, aunque quisiera.
Mi abuela Consuelo tenía una frase que aplica a las tres situaciones, hermanos. Decía, “Mi hijo, el oro de la iglesia no son las paredes, son las almas que rezan en ella. Yo era niño cuando ella me lo dijo. No entendí entonces toda la profundidad de esa frase. La entiendo ahora después de 30 años de ministerio.
El cardenal Bechu olvidó que el oro de la iglesia no son las paredes. Lo gestionó como si fueran sus paredes y perdió de vista las almas que habían donado ese oro, confiando en que iba donde la iglesia decía que iba. Algunos de los cardenales que estarán en el consistorio del 29 de junio pueden olvidar durante las deliberaciones que el oro de la iglesia son las almas y pueden discutir cargos, nombramientos, organigramas, como si fueran las paredes lo que se está distribuyendo.
Y los obispos que van a consagrar a los nuevos obispos lefebristas el 30 de junio están afirmando con su acto que ciertas paredes doctrinales de cierta época histórica valen más que la comunión visible con el sucesor de Pedro. Están priorizando las paredes sobre las almas que durante décadas han vivido dentro de esas paredes sin poder participar plenamente de la Iglesia Universal.
León XIV tiene en sus manos, hermanos, la responsabilidad de recordar a la Iglesia lo que mi abuela sabía sin haberlo aprendido en ningún seminario, que el oro de la iglesia son las almas y que cualquier decisión institucional, financiera, doctrinal que pierda de vista ese principio, termina produciendo desastres como los tres que van a estallar en esos 9 días de finales de junio.
Antes de cerrar este bloque, hermanos, déjenme decirles algo. Si están pasando por momentos difíciles en estos tiempos donde la iglesia atraviesa tantas crisis simultáneas, sienten que las noticias que cubrimos en este canal pesan más de lo que las palabras del análisis pueden procesar, en el primer enlace de la descripción tienen el libro El escudo de Dios.
Lo escribimos junto con las hermanas que me han acompañado en este trabajo pastoral. No es un libro de análisis, es un libro de oraciones. Para los momentos en que hace falta otra cosa, además de entender lo que está pasando, tiene una oración para cada momento del día, para cuando uno se levanta y siente el peso de todo esto, para cuando las noticias dejan una tristeza que no sabe dónde colocar, para cuando uno quiere terminar el día en paz, a pesar de todo.
Si sienten que les puede servir, está ahí en la descripción. Y si conocen a alguien que esté preocupado por todo lo que está pasando en la iglesia, también pueden compartírselo. Llegamos al final de este video, hermanos, y quiero que el final sea claro sobre algo importante. Lo que León 14 va a enfrentar entre el 22 y el 30 de junio no es un fracaso del pontificado, no es la señal de que algo está saliendo mal, es exactamente lo opuesto.
Es la señal de que las crisis que durante décadas se acumularon en silencio dentro de la iglesia están saliendo a la luz. Y que salgan a la luz, aunque sea doloroso, es mejor que el silencio cómplice que durante décadas las mantuvo ocultas. Bechu vuelve al banquillo porque el sistema de justicia vaticano, aunque imperfecto, está funcionando.
El consistorio se convoca porque León XIV quiere gobernar con el respaldo explícito de la totalidad del colegio cardenalicio y la fraternidad San Pío X anuncia su consagración con meses de anticipación, porque al menos en este caso la ruptura va a ocurrir a la luz del día, con nombres conocidos, con consecuencias canónicas claras, en lugar de la manera silenciosa e indefinida en que durante décadas se desarrolló la situación irregular de esas comunidades.
Eso, hermanos, no es comodidad, pero es honestidad institucional. Y la honestidad institucional, aunque duele más en el corto plazo que la gestión discreta de las crisis, produce mejores resultados a largo plazo. León 14 lo sabe y va a enfrentar los 9 días con las herramientas que tiene, con la experiencia de sus años en el dicasterio para los obispos, con el conocimiento personal de los cardenales que van a estar en el consistorio, con la reforma financiera que ya impulsó como respaldo doctrinal para el caso Bequ, con el aparato canónico que la Iglesia tiene
para responder a la consagración del 30 de junio. Ahora les pido que pongan las manos sobre el pecho, que cierren los ojos los que puedan, que se queden un momento en silencio. El silencio que merece una semana que va a marcar todo lo que venga después. Señor, Dios de la Iglesia, que has prometido acompañar hasta el fin de los tiempos, hoy venimos ante ti con el peso de tres tormentas que se aproximan y de un hombre que va a tener que enfrentarlas todas en una sola semana.
Te pedimos por León 14, por el Papa que entre el 22 y el 30 de junio va a vivir los nueve días más densos de su pontificado. Que la sabiduría que necesita para gobernar la herede de quienes lo precedieron. Que la firmeza que necesita para reformar le venga del Espíritu Santo. Que la prudencia pastoral que necesita para acompañar a los que se alejan le venga de tu amor por los rebeldes que durante toda tu vida pública estuviste dispuesto a alcanzar.
Y que en los momentos en que la cruz pese más de lo soportable, encuentre el descanso que solo tú puedes dar. Te pedimos por el cardenal Angelo Bechu, por el hombre que vuelve al banquillo el 22 de junio, sea cual sea el resultado del nuevo juicio, que en el proceso encuentre lo que durante años no pudo encontrar, la verdad sobre sí mismo, la paz sobre lo que hizo o no hizo, y que el caso que su nombre representa sirva para la Iglesia entera, como recordatorio de que las estructuras institucionales necesitan controles que ningún sistema puede saltarse
impunemente. Te pedimos por los más de 250 cardenales que van a llegar a Roma para el consistorio del 29 de junio. Por los que vienen con corazón pastoral y los que vienen con cálculo institucional. Por los que apoyan al Papa convicción y los que tienen reservas sobre su dirección. Que el Espíritu Santo trabaje durante esos días en cada uno de ellos.
Que las decisiones que se tomen sean elecciones pastorales más que elecciones políticas. Te pedimos por los sacerdotes y obispos de la fraternidad San Pío X, por los que el 30 de junio van a participar en una consagración que va a producir las consecuencias canónicas que el derecho de la Iglesia establece, sin juicios personales sobre su fe, que en muchos casos es genuina y profunda, pero con la certeza pastoral de que la comunión con el Papa no es optativa, que en algún momento, antes o después del 30 de junio, encuentren el camino de regreso a
la comunión visible. Y que las familias de fieles ordinarios que durante décadas han crecido en sus comunidades, sin haber elegido ellas la situación irregular, encuentren la guía pastoral que necesiten. Te pedimos por los fieles ordinarios del mundo entero que durante los próximos días van a escuchar noticias confusas y frecuentemente sensacionalistas sobre lo que está pasando en la Iglesia, que sepan distinguir lo esencial de lo accidental.
Que mantengan la fe en lo que es de Cristo y no se desconcierten por lo que es de los hombres. Y que recuerden, como decía mi abuela Consuelo, que el oro de la Iglesia son las almas que rezan en ella, no las paredes que la rodean. Y Señor, te pedimos por nosotros. por los que esta noche hemos escuchado este análisis y nos preguntamos cómo acompañar lo que viene.
Que no caigamos en el sensacionalismo que reduce realidades complejas a titulares fáciles. Que no caigamos en el desánimo que pretende convencernos de que la Iglesia está al borde del derrumbe, pero también que no caigamos en el triunfalismo ingenuo que minimiza la gravedad de los desafíos que la Iglesia enfrenta.
Que sostengamos al Papa con nuestra oración durante los 9 días que vienen. Que la Iglesia después de la tormenta de junio sea más fuerte de lo que entró y que cada uno de nosotros en la pequeña escala que nos toca sea instrumento de la unidad que estas tres crisis simultáneas amenazan con debilitar. Recén conmigo, no por ellos, por nosotros. Amén.
Hermanos, antes de cerrar voy a seguir esta historia durante todo el mes de junio. El día después de cada uno de los tres eventos, voy a estar aquí para contarles lo que ocurrió y lo que significa. Cuando empiece el nuevo juicio de Bechu, cuando el consistorio termine y conozcamos los anuncios, y cuando hayamos visto lo que ocurra el 30 de junio con la fraternidad San Pío X.
Si este video llegó hasta ustedes, compártanlo con alguien que necesite entender lo que va a pasar en la iglesia durante los próximos días. Con alguien que esté siguiendo las noticias sin terminar de conectar los puntos. con alguien que sobre todo esté dispuesto a rezar por León XIV durante los 9 días más densos de su pontificado. Y si tienen seres queridos que necesiten oraciones para acompañar todo lo que está ocurriendo, recuerden que en el primer enlace de la descripción tienen el libro El escudo de Dios.
Escriban amén en los comentarios si son parte de esta familia. Que Dios los bendiga y los proteja siempre. Que León 14 reciba durante estos 9 días la fuerza que solo el Espíritu Santo puede dar y que cada uno de nosotros en la escala pequeña que nos toca sostenga con oración al Papa que está cargando una cruz que pesa más de lo que cualquier análisis institucional puede capturar.
Los quiero, familia.