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🛑LAS TRAGICAS MUERTES DE 5 GLORIAS DEL DEPORTE MEXICANO – NADIE LOS OLVIDA 🛑

¿Puedes imaginarlo? Cinco veces representar a tu país en el torneo más grande del mundo. Cinco veces cruzar el Atlántico cargando la bandera de México en el pecho. Cinco veces pararte en ese arco sabiendo [música] que todo un país te estaba mirando. Carvajal lo hizo como si fuera lo más natural del mundo, con la sencillez de los que son verdaderamente grandes, porque no necesitan que nadie les explique lo que son.

¿Cuántos de [música] los que están viendo esto recuerdan haberlo visto jugar? ¿Cuántos tienen en la memoria la imagen de ese portero de León que fue el emblema de la selección mexicana durante [música] dos décadas? Los hombres de 50 y pico que están viendo esto quizás lo conocieron ya retirado como leyenda, como referencia, como el nombre que sus padres o [música] sus abuelos pronunciaban con reverencia cuando se hablaba de fútbol mexicano, porque ese es el tipo de legado que dejó Carvajal, uno que se transmite de generación [música] en generación, no a

través de videos, sino a través de conversaciones, [música] de historias contadas en la sobremesa, de ese respeto instintivo que la gente mayor le tiene a alguien que hizo algo que nadie más hizo. Se retiró del fútbol profesional y vivió [música] muchos años más siendo un embajador permanente del deporte mexicano, apareciendo en eventos, [música] siendo reconocido, recibiendo homenajes con esa sonrisa tranquila de alguien que sabe exactamente cuánto vale su historia.

murió el 14 de septiembre de 2023 en León, Guanajuato, a los 93 años. Cuando se fue, la selección mexicana emitió un comunicado. Los clubes pusieron mensajes en sus redes, los periodistas escribieron columnas, pero nada de eso captura lo que realmente era Antonio Carvajal para el fútbol de este país.

El hombre que durante 20 años se paró solo entre los [música] postes y le dijo al mundo que México también tenía un guardián. Número [música] tres, Raúl el ratón Masías. En el otoño de 1954, la plaza de toros México en la ciudad de México reunió 55,000 personas para ver a un solo hombre pelear. No a un equipo, no a una selección, a un hombre solo de 1,61 [música] cm y 53 kg que había nacido en Tepito, el barrio más bravo de la capital y que había llegado hasta ahí a base de correr 15 km cada madrugada.

de entrenar sin fallar un [música] solo día, de nunca tomar alcohol, de irse a dormir temprano [música] mientras sus compañeros salían a celebrar las victorias. 55,000 personas, el número más alto que ese recinto había reunido jamás para ver a un deportista. No porque fuera el más grande físicamente, porque era el más grande en todo lo demás.

Raúl Masías nació en Tepito en 1934. [música] El cuarto de seis hijos de una familia que sobrevivía como sobrevive [música] la gente de Tepito, con trabajo, con orgullo y con la convicción de que la pobreza es una condición, [música] no un destino. Su padre remendaba zapatos en la acera. Su madre vendía lo que podía [música] en el mercado.

Raúl trabajó desde los 12 años lustrando botas, [música] voceando periódicos, haciendo mandados, ganando lo que podía para poner algo en la mesa antes de que oscureciera. Y fue en esas calles del centro donde un hombre que lo vio pelear contra alguien que lo quería robar, cruzó la calle y le preguntó, “¿Tú boxeas?” “No, señor”, respondió Raúl.

Pero puedo aprender. Ese hombre se llamaba Luis Andrade y lo que vio en ese niño flaco y rápido fue una inversión. Lo que no sabía era que estaba mirando [música] a un futuro campeón del mundo. Entró al gimnasio Jordán de Tepito, el lugar donde entrenaban los mejores boxeadores de la capital. Y desde el primer día [música] mostró algo que los entrenadores no habían visto en mucho tiempo.

Una disciplina que no necesitaba ser impuesta porque venía de adentro. Una voluntad de trabajo que asustaba a [música] los más veteranos. Se levantaba a las 5 de la mañana, corría, desayunaba ligero, regresaba al gimnasio, trabajaba tres horas, hacía abdominales hasta que perdía la cuenta y al día siguiente repetía exactamente lo mismo.

Nunca alcohol, nunca tabaco, nunca excusas. Los demás boxeadores salían a celebrar después de las victorias. Raúl se iba a dormir. ¿Por qué no vienes? Porque mañana entrenó igual. El 9 de marzo de 1955 [música] en San Francisco, California, Raúl Macías enfrentó a un peleador tailandés por el título mundial de peso [música] gallo vacante. Tenía 20 años.

Estaba en suelo extranjero [música] con una esquina de dos personas mientras el rival llegaba rodeado de 10. En el undécimo round, después de haber estudiado al rival durante los primeros [música] asaltos con una paciencia que no tenía que ver con la edad, sino con la inteligencia, Masías fintó con la izquierda.

El tailandés siguió el movimiento y en ese décimo de segundo soltó una derecha limpia con toda la cadera detrás. El rival cayó y no se levantó. Knockout técnico. Raúl Masías, campeón mundial 20 años, cayó de rodillas en el centro del ring y lloró. No celebró, no levantó los brazos, solo cayó de rodillas y lloró. Por ellos fue todo lo que dijo.

En México la radio transmitía [música] en vivo. Cuando el locutor confirmó el resultado con la voz quebrada, las calles de Tepito se encendieron como si fuera año nuevo y día de muertos al mismo tiempo. Su madre, que había [música] escuchado cada golpe por radio rezando en silencio, prendió una vela frente a la Virgen de Guadalupe y se hincó.

Tres días después llegó al aeropuerto de [música] la ciudad de México con el cinturón en la cintura y la bandera sobre los hombros. 15,000 personas [música] lo esperaban. Las calles aledañas al aeropuerto colapsadas lo sacaron del avión como a un rey. Esa noche llegó a Tepito, entró a su casa, le dio el cinturón a su madre.

Lo gané para que nunca más tengas que limpiar casas ajenas”, le dijo. “Para que nunca [música] más duermas preocupada por el dinero.” Ella lo miró, tomó el cinturón entre sus manos y lloró. Raúl Masías se retiró del boxeo en 1957 con 24 años en la cima de su carrera porque había hecho una promesa a su madre que pesaba más que cualquier cinturón del mundo.

Tuvo 41 [música] victorias, 25 por knockout y una sola pelea en la historia del deporte mexicano que nadie que la vivió pudo olvidar jamás. murió el 26 de diciembre de 2019 a los 85 años. México lo despidió como lo que fue. No solo un campeón de boxeo, sino el retrato más honesto y más hermoso de lo que este país puede producir cuando un hombre de barrio decide que la pobreza no va a ser su historia completa.

Número dos, Salvador Sánchez. El 12 de agosto de 1982, a las 4 de la mañana en la carretera federal México Querétaro, un Porsche 928 se estrelló contra un camión que circulaba en sentido contrario. El conductor del Porsche murió en el acto. Tenía 23 años. era el campeón mundial de peso pluma del Consejo Mundial de Boxeo, el mejor peleador libra por libra del planeta en ese momento, según los expertos más respetados del deporte.

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