Posted in

Frida Kahlo: Diego Rivera la traicionó con su propia hermana. Ella lo pintó todo

Ese autobús, el azul y amarillo, que en menos de una hora ya no existirá. Suben, se sientan cerca de la ventana. Alejandro saca un libro. Frida mira por la ventana a las calles húmedas y no sabe, no puede saber que la Frida que existe en este momento va a morir en 45 minutos. Que lo que sobreviva será otra cosa, algo hecho de dolor y de la decisión de no dejarse matar por ese dolor.

El autobús avanza despacio, repleto, gente de pie, gente colgando de las puertas, como siempre en los autobuses de 1925. Y entonces en esa esquina el tranvía gira demasiado rápido o el autobús no se detiene o ambos conductores cometen ese error que cometes mil veces sin consecuencias hasta que sí las hay. El impacto destroza el autobús.

Metal contra madera. Un sonido que se escucha a tres calles. Los pasajeros salen despedidos. Gritos, vidrios, sangre. Alejandro es arrojado fuera. Aterriza en la calle, golpeado pero vivo. Se levanta aturdido, busca a Frida y cuando la encuentra entiende que algo fundamental acaba de romperse. No solo huesos, el futuro.

Un mes en el hospital, acostada, sin poder moverse. El dolor no era como el dolor que conoces. No era el dolor de un golpe que duele y luego pasa. Era absoluto, constante, como si su cuerpo fuera una alarma que nunca se apagaba. No había morfina suficiente y cuando finalmente pudo ir a casa, no mejoró. Meses en cama, con un corsé de yeso cubriendo todo el torso para que los huesos soldaran.

Si es que soldaban. Alejandro la visitaba al principio, cada semana, luego cada dos semanas, luego una vez al mes. Es difícil amar a alguien que está siempre sufriendo, que nunca puede caminar contigo, ir al cine, bailar, ser joven. eventualmente dejó de venir sin pelea, sin ruptura dramática, solo silencio que se fue haciendo más largo hasta que se tragó todo.

Frida le escribió cartas, según sus biógrafos, docenas de cartas, algunas suplicantes, algunas furiosas, algunas solo tristes. prometía que mejoraría, que volvería acla de antes, pero ambos sabían que eso era imposible. La Frida de antes había quedado en esa esquina, aplastada entre metal y madera. ¿Has sentido alguna vez que tu vida se partió en dos? Que hay un antes y un después tan claros que podrías señalar el momento exacto en que todo cambió.

Y fue entonces sola en esa cama, mirando el techo blanco día tras día cuando su padre tomó una decisión. Le regaló pinturas, óleos, pinceles, un caballete especial que funcionaba acostada. Y su madre mandó poner un espejo en el techo sobre la cama para que Frida tuviera algo que mirar además del yeso. Y Frida empezó a pintar.

No porque quisiera ser artista, no porque tuviera un don especial esperando salir, sino porque cuando estás sola con tu dolor durante meses, cuando tu cuerpo te ha traicionado, cuando la gente que amabas ya no viene, necesitas hacer algo con tus manos, algo que te recuerde que todavía existes, que no eres solo un cuerpo roto en una cama.

Y lo primero que pintó fue su propio rostro mirándola desde el espejo. El primer autorretrato de más de 50 que pintaría en su vida. Porque cuando todo lo demás desaparece, lo único que realmente tienes eres tú. y el espejo y la pregunta de qué haces con lo que ves. Pero hay algo que nadie te dice sobre convertir tu dolor en arte que funciona, que alivia hasta que te das cuenta de que ahora necesitas el dolor, porque sin él, ¿qué pintarías? Y eso no fue lo peor.

Lo peor vino después. 1927. 2 años después del accidente, Frida finalmente puede caminar otra vez cojeando, con dolor, pero caminar. Y toma una decisión. Va a buscar a Diego Rivera. No de forma casual, con un plan. Diego está pintando murales en el Ministerio de Educación. Frida sube al andamio, le muestra sus pinturas y le pregunta directamente si tiene talento o si está perdiendo su tiempo.

Diego las mira en silencio por varios minutos que deben sentirse eternos. Y luego dice, “Hay algo aquí.” Y entonces mira a Frida. Realmente la mira. Ya no es la muchacha molesta de la preparatoria, es una mujer 22 años, delgada, frágil, pero con ojos que han visto cosas. Diego Rivera, mujeriego compulsivo, casado en ese momento con otra mujer, se enamora.

Oh, lo que Diego llama enamorarse. ¿Qué es más obsesión que amor? Se casan el 21 de agosto de 1929. Frida 22. Diego 43. La madre de Frida dice que es como ver a un elefante casarse con una paloma y algo de razón tiene, pero no de la forma que piensa, porque Diego es enorme en todos los sentidos, físicamente, emocionalmente, profesionalmente, ocupa todo el espacio en cualquier habitación.

Y Frida, pequeña, todavía recuperándose, tiene que aprender a hacerse espacio, a no dejarse aplastar. Diego era genio. Eso nadie lo discutía. Sus murales eran magistrales. Pintaba la historia de México en paredes públicas con una maestría técnica que pocos en el mundo igualaban. Pero también era mentiroso, infiel, compulsivo, egocéntrico, hasta niveles que rozaban lo patológico.

Para Diego, el arte era lo más importante, más que cualquier persona, más que cualquier promesa. Se acostaba con sus modelos, sus estudiantes, amigas de Frida, desconocidas. Todo el mundo lo sabía. Frida lo sabía. Y aquí está la pregunta incómoda. ¿Por qué se quedó? No es tan simple como lo amaba, aunque sí lo amaba, pero había algo más.

Diego la veía como artista, no como la esposa del gran muralista, no como la muchacha que tuvo ese accidente terrible, sino como creadora, como alguien con algo que decir. Y eso era algo que nadie más le había dado. Además, está el detalle que pocos mencionan. Frida no podía mantenerse sola. Sus cuadros no se vendían en los años 30.

Diego ganaba dinero mucho y Frida necesitaba ese dinero para médicos, medicinas, tratamientos. A veces nos quedamos en lugares que nos destruyen, no porque seamos débiles, sino porque las alternativas son peores o inexistentes. 1930. Se mudan a San Francisco. Diego tiene comisiones, murales para la bolsa de valores.

Frida va como la esposa, lo cual la irrita profundamente. Pero es en San Francisco donde pasa algo que lo cambia todo. Frida queda embarazada. Por primera vez el accidente siente esperanza real. Tener un hijo, ser madre. Crear vida. Imagina todo. La habitación que preparará, los colores, el nombre. Se permite soñar, pero su cuerpo dice que no.

La pelvis fracturada en el accidente nunca sanó correctamente. Los huesos soldaron de forma irregular, dejando el espacio pélvico estrecho, deformado. La columna no puede soportar el peso. A los tr meses empieza a sangrar. Primero un poco, luego más. Luego no puede parar. Hospital Henry Ford Hospital en Detroit.

Read More