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CARLOS ” GULIT ” PEÑA : CUMPLIO 36 Años y como VIVE es Muy TRISTE

Lo apodaron Gullit por sus rulos y por cierto parecido físico con el legendario holandés Rut Gulit. El apodo era justo porque como el holandés tenía esa capacidad de hacer que el fútbol pareciera más sencillo de lo que es, de hacerlo difícil con una naturalidad [música] que te convencía de que no era difícil. Esa es la marca de los jugadores que marcan época.

Y en ese Apertura 2013 con 23 [música] años, Carlos Gullit Peña fue elegido en el 11 ideal del torneo, mejor mediocampista de la Liga AMX. Y aquí viene el dato que los medios nunca pusieron en portada con la misma fuerza con que pusieron el alcoholímetro. En ese momento, tres clubes europeos habían preguntado por él. Tres. No es un rumor, es información que circuló en el gremio y que personas cercanas a su representación confirmaron en conversaciones privadas.

Tres clubes europeos habían preguntado por un mediocampista [música] mexicano de 23 años. Eso no pasa seguido. Eso no le pasa a cualquiera. El león dijo que no era el momento, que el jugador valía más dentro que vendiéndolo ahí. Y en esa decisión no había nada malo, era [música] una decisión de negocio legítima.

El problema es lo que pasaron por [música] alto mientras tomaban esa decisión. Piensa en eso un momento. Tres clubes europeos preguntando [música] por un jugador mexicano de 23 años. Eso no le había pasado a casi nadie en la historia reciente del fútbol [música] mexicano. Eso era la ventana más grande que un jugador de esa generación había tenido para cruzar el Atlántico y la ventana estaba abierta, completamente [música] abierta.

Pero del otro lado de esa ventana, en el vestidor, [música] en los entrenamientos, en las noches después de los partidos, algo estaba pasando que la directiva del león prefirió no ver, porque verlo implicaba actuar y actuar implicaba costos, costos económicos, costos deportivos, el riesgo de perder al jugador más importante del equipo, justo en el momento en que el equipo estaba en su mejor nivel histórico.

Nadie quiere ese costo. Nadie en el fútbol mexicano toma esa decisión. Porque en el fútbol mexicano, si el jugador rinde en la cancha, lo que pase fuera de ella es su responsabilidad. No la del club, no la del sistema, la suya. Y en ese [música] momento Carlos Gulit Peña seguía rindiendo, seguía ganando partidos, seguía siendo [música] el diferente.

Por lo tanto, las señales podían esperar porque en ese mismo momento, a finales de 2013, las señales ya estaban [música] ahí y nadie las quiso ver. Aquí hay algo que los medios contaron mal cuando contaron esta historia. Contaron [música] que la caída del Gullit Peña empezó después del Mundial de Brasil. No es verdad.

La caída empezó en 2013, en pleno bicampeonato, en el momento en que todo parecía perfecto. Las señales estaban ahí. Los que estaban dentro del león en esa época lo sabían. Los compañeros lo sabían, el cuerpo técnico lo sabía. Hay algo importante que entender sobre el alcoholismo en el fútbol [música] mexicano.

No aparece de un día para otro. No es un jugador que un martes decide empezar a beber en exceso. [música] Es un proceso. Es gradual. Es invisible para el público durante meses, a veces durante años. Empieza con cosas pequeñas que solo ven los que están cerca. Una llegada tarde al entrenamiento [música] que se explica con cualquier cosa.

Un rendimiento inconsistente [música] que se atribuye a la carga de partidos. una actitud diferente en el vestidor que se interpreta como carácter. Y el sistema tiene dos opciones cuando [música] empieza a ver esas señales. La primera es intervenir, parar, preguntar, buscar ayuda profesional, poner al hombre por encima del negocio por un momento.

La segunda [música] es mirar hacia otro lado mientras el jugador sigue rindiendo en la cancha. El león eligió la segunda, no con maldad, con la lógica fría del negocio que dice que mientras el jugador rinda en la cancha, lo que hace fuera de ella es su problema. Y el Gulit Peña [música] seguía rindiendo, seguía marcando diferencia, seguía llenando estadios.

Por lo tanto, el problema no existía hasta que dejó de rendir. Y entonces el problema existió de [música] golpe, como si hubiera aparecido de la nada, como si nadie lo hubiera visto venir. En 2014, el León ganó el Clausura. bicampeones, el mejor equipo de México, dos torneos seguidos, y Carlos Peña convocado al Mundial de Brasil.

El cielo parecía no tener límite, pero el cielo tenía límite y ese [música] límite estaba más cerca de lo que nadie quiso ver. Brasil, 2014. México llegaba con ilusión. [música] El Piojo Herrera había construido un equipo sólido y entre sus piezas estaba Carlos Gulit Peña, el mejor futbolista de la Liga MX [música] de los últimos 2 años, convocado con el mundo por delante.

Pero el Gullit que llegó a Brasil no era el mismo que había ganado dos campeonatos con el león. Era físicamente el mismo hombre, el mismo cuerpo, los mismos rulos, la misma sonrisa para las cámaras, pero en la cancha algo faltaba. Esa chispa, ese [música] instinto, esa capacidad de hacerlo inesperado en el momento exacto no estaba.

participó [música] 10 minutos en toda la Copa del Mundo. 10 minutos. Para el mejor jugador de México, 10 minutos en un mundial no es una decisión táctica, es una declaración, la declaración más clara posible de que el técnico de la selección nacional veía algo que no cuadraba, que el jugador que había convocado no era el jugador que esperaba tener.

El piojo lo sabía, los directivos lo sabían, el país entero lo vio, pero nadie dijo en voz alta lo que todo el mundo pensaba en voz baja, que ese jugador llegó al torneo más importante de su carrera en condiciones que no eran las adecuadas, que las señales que habían ignorado en 2013 habían cobrado el precio más alto posible en el peor momento posible.

México eliminado en octavos por Holanda. El gulit sin haber mostrado nada. Y de regreso a México, el silencio cómodo de un sistema que prefiere olvidar rápido para seguir vendiendo. Nadie en la federación hizo una sola declaración pública preguntándose qué había pasado. ¿Qué había pasado entre diciembre de 2013, cuando era el mejor de México, y junio de 2014 cuando jugó 10 minutos en el torneo más importante del mundo.

6 meses, se meses en que algo se rompió de manera visible y documentada y el sistema miró hacia otro lado, porque el sistema siempre mira hacia otro lado hasta que ya no puede. Lo que pasó después del mundial es la parte más reveladora de esta historia. No porque el Gulit cayera más, sino porque el sistema siguió apostando por él como si nada hubiera pasado.

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