Lo apodaron Gullit por sus rulos y por cierto parecido físico con el legendario holandés Rut Gulit. El apodo era justo porque como el holandés tenía esa capacidad de hacer que el fútbol pareciera más sencillo de lo que es, de hacerlo difícil con una naturalidad [música] que te convencía de que no era difícil. Esa es la marca de los jugadores que marcan época.
Y en ese Apertura 2013 con 23 [música] años, Carlos Gullit Peña fue elegido en el 11 ideal del torneo, mejor mediocampista de la Liga AMX. Y aquí viene el dato que los medios nunca pusieron en portada con la misma fuerza con que pusieron el alcoholímetro. En ese momento, tres clubes europeos habían preguntado por él. Tres. No es un rumor, es información que circuló en el gremio y que personas cercanas a su representación confirmaron en conversaciones privadas.
Tres clubes europeos habían preguntado por un mediocampista [música] mexicano de 23 años. Eso no pasa seguido. Eso no le pasa a cualquiera. El león dijo que no era el momento, que el jugador valía más dentro que vendiéndolo ahí. Y en esa decisión no había nada malo, era [música] una decisión de negocio legítima.
El problema es lo que pasaron por [música] alto mientras tomaban esa decisión. Piensa en eso un momento. Tres clubes europeos preguntando [música] por un jugador mexicano de 23 años. Eso no le había pasado a casi nadie en la historia reciente del fútbol [música] mexicano. Eso era la ventana más grande que un jugador de esa generación había tenido para cruzar el Atlántico y la ventana estaba abierta, completamente [música] abierta.
Pero del otro lado de esa ventana, en el vestidor, [música] en los entrenamientos, en las noches después de los partidos, algo estaba pasando que la directiva del león prefirió no ver, porque verlo implicaba actuar y actuar implicaba costos, costos económicos, costos deportivos, el riesgo de perder al jugador más importante del equipo, justo en el momento en que el equipo estaba en su mejor nivel histórico.
Nadie quiere ese costo. Nadie en el fútbol mexicano toma esa decisión. Porque en el fútbol mexicano, si el jugador rinde en la cancha, lo que pase fuera de ella es su responsabilidad. No la del club, no la del sistema, la suya. Y en ese [música] momento Carlos Gulit Peña seguía rindiendo, seguía ganando partidos, seguía siendo [música] el diferente.
Por lo tanto, las señales podían esperar porque en ese mismo momento, a finales de 2013, las señales ya estaban [música] ahí y nadie las quiso ver. Aquí hay algo que los medios contaron mal cuando contaron esta historia. Contaron [música] que la caída del Gullit Peña empezó después del Mundial de Brasil. No es verdad.
La caída empezó en 2013, en pleno bicampeonato, en el momento en que todo parecía perfecto. Las señales estaban ahí. Los que estaban dentro del león en esa época lo sabían. Los compañeros lo sabían, el cuerpo técnico lo sabía. Hay algo importante que entender sobre el alcoholismo en el fútbol [música] mexicano.
No aparece de un día para otro. No es un jugador que un martes decide empezar a beber en exceso. [música] Es un proceso. Es gradual. Es invisible para el público durante meses, a veces durante años. Empieza con cosas pequeñas que solo ven los que están cerca. Una llegada tarde al entrenamiento [música] que se explica con cualquier cosa.
Un rendimiento inconsistente [música] que se atribuye a la carga de partidos. una actitud diferente en el vestidor que se interpreta como carácter. Y el sistema tiene dos opciones cuando [música] empieza a ver esas señales. La primera es intervenir, parar, preguntar, buscar ayuda profesional, poner al hombre por encima del negocio por un momento.
La segunda [música] es mirar hacia otro lado mientras el jugador sigue rindiendo en la cancha. El león eligió la segunda, no con maldad, con la lógica fría del negocio que dice que mientras el jugador rinda en la cancha, lo que hace fuera de ella es su problema. Y el Gulit Peña [música] seguía rindiendo, seguía marcando diferencia, seguía llenando estadios.

Por lo tanto, el problema no existía hasta que dejó de rendir. Y entonces el problema existió de [música] golpe, como si hubiera aparecido de la nada, como si nadie lo hubiera visto venir. En 2014, el León ganó el Clausura. bicampeones, el mejor equipo de México, dos torneos seguidos, y Carlos Peña convocado al Mundial de Brasil.
El cielo parecía no tener límite, pero el cielo tenía límite y ese [música] límite estaba más cerca de lo que nadie quiso ver. Brasil, 2014. México llegaba con ilusión. [música] El Piojo Herrera había construido un equipo sólido y entre sus piezas estaba Carlos Gulit Peña, el mejor futbolista de la Liga MX [música] de los últimos 2 años, convocado con el mundo por delante.
Pero el Gullit que llegó a Brasil no era el mismo que había ganado dos campeonatos con el león. Era físicamente el mismo hombre, el mismo cuerpo, los mismos rulos, la misma sonrisa para las cámaras, pero en la cancha algo faltaba. Esa chispa, ese [música] instinto, esa capacidad de hacerlo inesperado en el momento exacto no estaba.
participó [música] 10 minutos en toda la Copa del Mundo. 10 minutos. Para el mejor jugador de México, 10 minutos en un mundial no es una decisión táctica, es una declaración, la declaración más clara posible de que el técnico de la selección nacional veía algo que no cuadraba, que el jugador que había convocado no era el jugador que esperaba tener.
El piojo lo sabía, los directivos lo sabían, el país entero lo vio, pero nadie dijo en voz alta lo que todo el mundo pensaba en voz baja, que ese jugador llegó al torneo más importante de su carrera en condiciones que no eran las adecuadas, que las señales que habían ignorado en 2013 habían cobrado el precio más alto posible en el peor momento posible.
México eliminado en octavos por Holanda. El gulit sin haber mostrado nada. Y de regreso a México, el silencio cómodo de un sistema que prefiere olvidar rápido para seguir vendiendo. Nadie en la federación hizo una sola declaración pública preguntándose qué había pasado. ¿Qué había pasado entre diciembre de 2013, cuando era el mejor de México, y junio de 2014 cuando jugó 10 minutos en el torneo más importante del mundo.
6 meses, se meses en que algo se rompió de manera visible y documentada y el sistema miró hacia otro lado, porque el sistema siempre mira hacia otro lado hasta que ya no puede. Lo que pasó después del mundial es la parte más reveladora de esta historia. No porque el Gulit cayera más, sino porque el sistema siguió apostando por él como si nada hubiera pasado.
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A finales de 2015, Chivas de Guadalajara anunció su fichaje. 8 millones de dólares. Ocho. La transferencia más cara en la historia del club hasta ese momento. Detente un segundo con ese número. millones de dólares por un jugador que había llegado al mundial de su vida en condiciones cuestionables por un jugador cuyo problema era conocido dentro del gremio, por un jugador que en los meses previos a ese fichaje ya había protagonizado episodios que circulaban en el ambiente del fútbol mexicano, aunque no habían llegado a los
medios masivos. El gremio del fútbol mexicano es pequeño. Las noticias viajan rápido entre directivos, representantes y cuerpos [música] técnicos. Lo que pasa en un vestidor llega al siguiente en semanas. Alguien en la directiva de Chivas sabía y firmaron el cheque de 8 millones de dólares igual porque el Gullit Peña seguía siendo un nombre, seguía generando expectativa en la afición.
seguía prometiendo ser el jugador diferente que el rebaño necesitaba. Y en el fútbol mexicano, cuando el nombre vende, el problema puede esperar. El paso de Carlos Peña por Chivas fue exactamente lo que cualquiera que hubiera leído las señales podría haber predicho. Un desastre, [música] no inmediato. El fútbol siempre da destellos y el Gulit tuvo destellos en el rebaño.
Momentos donde el talento asomaba la cabeza y recordaba al mundo por qué habían pagado 8 millones de dólares. Un partido brillante aquí, un gol que hacía recordar al león aquí, destellos que le daban oxígeno a la esperanza de que el jugador que había sido podía volver a ser. Pero los destellos se espaciaban [música] cada vez más y entre destello y destello llegaron los episodios.
El escándalo de la infidelidad con una joven de 19 años mientras estaba casado. Los videos circulando en el ambiente del jugador, en situaciones que nadie quería ver, en un fichaje de 8 millones. Y el momento que definió para siempre su historia en Chivas no fue ninguno de esos, fue un penalti. Cuartos de final del Clausura 2016.
El partido empatado. Tiempo extra. El Gulit Peña caminando al punto de penalti. El estadio Chivas en silencio y el balón yéndose lejos del marco. Chivas eliminado. Carlos Peña marcado para siempre en la memoria de la afición del rebaño con la imagen más dolorosa que puede tener un jugador, el que falló cuando más importaba.
Chivas lo dejó ir. 8 millones de dólares invertidos, perdidos y el sistema siguió adelante sin asumir ninguna responsabilidad, sin preguntarse nada. El problema era del jugador, siempre había sido del jugador. Lo que vino después del Chivas es la parte que más duele contar, no porque sea dramática, sino porque es una caída sin momento definitivo.
Una serie interminable de pequeños pasos hacia abajo. Cruz Azul, Necaxa, Rangers de Escocia, en Cruz Azul protagonizó el episodio que mejor resume todo. Un día después de entrenar con la máquina, fue captado comprando un six de cervezas. No en la noche, no en su día libre, después del entrenamiento con la ropa del club puesta a plena luz del día, las imágenes circularon en redes sociales y el [música] club tuvo que emitir un comunicado.
Un jugador de primer nivel comprando cervezas al salir del entrenamiento como si las reglas no existieran para él. como si nadie pudiera verlo o como si ya le daba igual que lo vieran. Esa es la señal más preocupante de todas. No el que te ven, el que ya no te importa que te vean. Un intento fallido en Europa.
En 2019, el club polaco GKS Tichi lo anunció como fichaje. Lo anunció, pero Carlos Peña nunca llegó a Polonia. El club explicó que el patrocinador mexicano retiró su apoyo y Peña se negó a ir sin garantías económicas. Un jugador que había valido 8 millones de dólares negociando condiciones con un club de segunda división polaca, sin que nadie en México se preguntara cómo se llega de 8 millones a esa negociación en 6 años.
Correcaminos [música] en el ascenso, Faes en El Salvador, Antigua en Guatemala, cada paso más lejos del lugar donde había sido el mejor de México. Y en cada uno de esos lugares el mismo patrón, destellos al principio, problemas después, salida inevitable. siguiente equipo [música] hasta que no hubo siguiente equipo en ninguna liga profesional y llegó la talacha.
Exadores profesionales en equipos amateurs a cambio de un pago por partido, un equipo de fútbol rápido en Tijuana. Eso fue lo último que se supo de su carrera como jugador antes del video del Mini Cooper. Eso es lo que quedó del mejor mediocampista de México en 2013 y [música] 2014. Hay un video que resume esta historia mejor que cualquier estadística.
No es el del alcoholímetro, es uno anterior. Un video donde aparece mandando un saludo a petición de una aficionada. La aficionada le pidió unas palabras para su papá. El Gulit da el saludo, pero en medio del saludo, sin que nadie [música] lo esperara, le planta un beso en la boca. La aficionada retrocede sorprendida.
El gulit sonríe como si no hubiera pasado nada, como si ese comportamiento fuera completamente normal, como si los límites que cualquier persona entiende [música] no aplicaran para él. Ese video recorrió las redes sociales durante días. Muchos lo compartieron riéndose, pero no es gracioso. Es el retrato de un hombre que había perdido la capacidad de leer el mundo que lo rodeaba.
Un hombre que en su mejor momento tenía la inteligencia de leer un partido en tiempo real, de anticipar movimientos con segundos de anticipación, de encontrar espacios donde no lo sabía. [música] ese mismo hombre sin la capacidad de entender que no puedes besar a una desconocida que solo quería un saludo para su papá.
Eso hace el alcoholismo cuando no se trata. No solo destruye la carrera, destruye al hombre y el sistema que rodeó a ese hombre durante [música] 10 años, que cobró con él, que lo vendió y lo compró y lo descartó y lo volvió a comprar más barato, ese sistema nunca respondió por esa destrucción. Nunca. Aquí viene la parte que incomoda, porque es más fácil decir que el Gulit desperdició su carrera que preguntar [música] quién lo vio caer y no hizo nada.
En 2013, cuando las señales aparecieron, el león tenía dos opciones: intervenir o ignorar. eligió ignorar porque ganaban [música] campeonatos, porque el negocio funcionaba, porque el problema del jugador era el problema del jugador. En 2015, cuando Chivas pagó 8 millones de dólares, alguien en esa directiva sabía el historial y firmaron el cheque igual porque el nombre vendía.
La selección mexicana lo llevó al mundial con señales visibles de que algo no estaba bien. Y cuando jugó 10 minutos y no rindió, nadie en la federación hizo una sola declaración [música] preguntándose si debían haber actuado antes. La narrativa oficial fue simple. El jugador [música] no rindió. El jugador decepcionó.
El jugador desperdició su oportunidad. [música] El jugador, siempre el jugador, el sistema que lo contrató, lo vendió, lo compró y lo descartó, nunca apareció en esa narrativa. Porque el sistema no tiene cara, el sistema no da declaraciones, el sistema no aparece en el video viral de las 2 de la tarde en León. Solo aparece el jugador.
Solo aparece el hombre con los ojos perdidos. Y México lo juzga y el sistema sigue. Hay una escena que ocurre cada vez que un jugador como el Gulit Peña desaparece del mapa. Es la reunión de directivos a puerta cerrada, sin cámaras, sin grabaciones, sin declaraciones después. Alguien dice que el jugador ya no funciona, que el rendimiento no justifica el salario, que hay que buscar una salida limpia.

Y nadie en esa mesa pregunta qué pasó realmente. Nadie pregunta si el club hizo lo suficiente. Nadie pregunta si había señales antes que se ignoraron. Nadie pregunta si debería existir un protocolo para esto. [música] Solo se busca la salida más económica, la que cause menos ruido. Dar OS y el jugador sale por esa puerta sin un diagnóstico real, sin un plan de recuperación, sin que el sistema que lo usó durante años asuma ninguna responsabilidad.
sale [música] solo con su problema sin resolver a buscar el siguiente equipo. Y el ciclo empieza de nuevo porque el fútbol mexicano tiene memoria para los campeonatos, [música] para los goleadores, para las transferencias millonarias, pero no para los jugadores que cayeron mientras el sistema los usaba. Para esos la narrativa oficial dice siempre lo mismo.
Indisciplina, excesos, falta de profesionalismo. El jugador, [música] siempre el jugador, nunca el sistema. buscando al siguiente Gullit Peña, al siguiente jugador diferente que llene [música] estadios y genere expectativa para hacer exactamente lo mismo. Hay algo que el Gulit dijo en una entrevista [música] que nadie amplificó con la misma fuerza con que se amplificaron los videos del alcolímetro.
Habló del fraude que sufrió en la Liga de Balonpié Mexicano junto a Gustavo Matosas. habló de jugadores jóvenes que se habían quedado sin cobrar, jugadores que habían abandonado otras oportunidades para [música] estar ahí y dijo que no le importaba el dinero que le debían a él, [música] que ya tenía su colchón, que lo que le dolía eran los jóvenes, los que no tenían colchón, los que habían apostado [música] todo.
Ese momento nadie lo puso en portada porque no genera el morbo que genera el alcoholímetro. Porque México prefiere al Gulit Peña cayendo [música] que al Gullit Peña preocupándose por otros. También fundó la Gulit Academy, una academia de fútbol para niños. la llevó fuera de México porque aquí era demasiado criticado.
Porque en México el pasado [música] te persigue más rápido de lo que puedes correr. Un hombre que había dado [música] todo lo que tenía a un sistema que nunca le devolvió lo suficiente intentando dar algo a los que [música] vienen después. Eso tampoco apareció en portada. ¿Qué quedó? Quedaron [música] 8 millones de dólares que alguien cobró y nadie devolvió.
Quedaron 10 minutos en un mundial [música] que debieron haber sido 90. Quedó un penalti fallado que Chivas no olvida. Quedaron videos en redes sociales [música] que México comparte cada vez que necesita recordarse que hay alguien que cayó más bajo que él. Quedó una academia de fútbol para niños fuera de México porque dentro ya no lo dejaban trabajar en paz.
Quedó un hombre de 35 años jugando fútbol rápido en Tijuana, ex mundialista en la Talacha. Y quedó algo más que nadie [música] menciona cuando habla del Gullit Peña. Quedó la pregunta de cuántos jugadores están pasando ahora mismo por lo que él pasó en 2013. ¿Cuántos vestidores de la Liga MX tienen hoy a un jugador con señales visibles que el cuerpo técnico prefiere no ver porque el jugador sigue rindiendo? ¿Cuántas directivas están tomando la misma decisión que tomó el león? mirar hacia otro lado mientras el negocio
funciona. La respuesta es que no lo sabemos porque el sistema no habla de eso. El sistema habla de campeonatos, de fichajes, de contratos, de los números del domingo. Y cuando el jugador cae, el sistema habla del jugador, nunca de sí mismo. Y quedó una pregunta que el sistema no quiere responder. ¿Qué hubiera pasado si en 2013, [música] cuando las señales eran claras, alguien en el león hubiera parado el partido? No el partido de fútbol, el otro, el que se juega fuera de la cancha.
¿Qué hubiera pasado si alguien hubiera dicho, “Este jugador necesita ayuda antes de que podamos seguir usando su talento?” No lo sabemos, nunca lo vamos a saber, porque el sistema no funciona así. El sistema funciona mientras el jugador rinde y cuando deja de rendir, el sistema busca el siguiente, sin cambiar nada, sin aprender nada.
Carlos Gullit Peña tenía 24 años cuando era el mejor de México. Tenía 25 cuando ya no era el mismo. Un año. Un año fue todo lo que el sistema necesitó para exprimir lo que quedaba y pasar a la siguiente página. y hoy tiene 35 años y México lo juzga en videos que dan la vuelta a redes sociales y el sistema ya encontró al siguiente.
¿Tú recuerdas al Gulit Peña del León? El de los rulos, el de los golazos de media distancia, el que hacía cosas con el balón que nadie más hacía en México. Ese jugador existió, fue real y lo que le pasó a ese jugador no fue inevitable. fue [música] evitable y eso es lo más difícil de cargar de esta historia, no la caída, [música] lo evitable de la caída.
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