Causa oficial sobredosis. 21 días antes, Ninón Sevilla había anotado en una libreta de cuero rojo el nombre del solicitante del encargo. 220,000 pesos. El nombre está tachado con cuatro rayas. La grafóloga no podrá reconstruirlo y una carta. Tres páginas, caligrafía temblorosa. Ninón la escribió tres días antes de morir, el 29 de diciembre de 2014.
Cinco palabras en mayúsculas al final de la primera página. Yo solo bailé para ellos. Eso era todo lo que decía. Y al fondo de la caja fuerte, debajo de la foto rota de María Félix, había una libreta más de cuero rojo, más pequeña, con una sola entrada, marzo de 1957. Y un nombre que jamás vas a leer en este video, ni en ningún otro.

Calle Horacio, Polanco, 3 de la mañana de un jueves de octubre. La casa es de los años 50, estilo californiano, reja de hierro forjado pintada de blanco, bugambilias muertas, una placa de bronce en la entrada con el nombre raspado. Alguien quiso borrar quién vivió ahí hace tiempo y nunca lo logró del todo.
Harf baja del suburbán negro con cuatro elementos detrás. chaleco táctico, linterna de mano, guantes de látex. La sargento Vázquez carga la cámara forense. ¿Quién tiene la llave? Nadie, jefe. El hijo de crianza vive a tres cuadras. No quiso bajar esta vez. La puerta de la casa la abren con palanca. Visagras viejas. El olor entra de golpe.
Copal, copal seco mezclado con humedad. Como si alguien hubiera quemado una bola hace una semana y nadie hubiera abierto las ventanas desde entonces. La sala principal tiene un piano vertical Yamaha de los 60 cubierto con un mantel de encaje. Cuatro retratos en la pared. Ninón joven. Ninón en el set de Aventurera junto a Alberto B.
Ninón sola en blanco y negro en la terraza del Caribe Hilton de San Juan. En 1952, Harfug no se detiene en la sala, camina directo a la cocina por una razón. Vázquez, el plano del catastro. La sargento le pasa el plano. Harfug lo mira 10 segundos. Hay 78 m² que no aparecen en el plano oficial. Debajo de esta casa hay otro piso.
Búscame la entrada. La entrada está detrás de un guardaropa de pino con tres puertas de espejo. La puerta del medio no abre como guardaropa, abre como puerta. Bisagras escondidas en el marco. Vázquez la empuja y aparece una escalera de madera con descansillo a la mitad. Foco amarillo, 15 escalones. Abajo huele distinto.
Huele a flores secas. Flores secas y cera vieja. Como una iglesia que cerró hace 40 años y nadie volvió a entrar. El sótano tiene 5 m por 6, alfombra roja. Las paredes están forradas con tela color hueso. Hay tres sillones de terciopelo verde acomodados en semicírculo. Frente a los sillones hay un escritorio de caoba con dos cajones y al fondo contra la pared del este altar.
El altar está tapado como una sábana blanca. La sábana le llega hasta el suelo. Por las patas asoman 3 cm de madera tallada. La base de la madera es más alta de lo normal, como 10 cm más alta de lo que debería ser un altar de su tamaño. Arfuch lo nota, no lo comenta, solo apunta el dato a la grabadora de voz que lleva en el chaleco.
Vázquez, foto general tocar nada. Vázquez dispara 12 fotos. Harfug se acerca al escritorio, abre el primer cajón con la punta de un bolígrafo. Adentro hay una libreta de cuero negro. La mira sin tocarla. 12 nombres. La caligrafía es femenina. La tinta es azul. Hay cifras al lado de cada nombre. Cierra el cajón. Esto no lo abrimos todavía.
Antes vamos a contar una historia. Y aquí es donde se decía en los pasillos del cabaret tropicana de la Habana y se decía con peso que Yolanda Montes y Emelia Pérez Castellanos no eran la misma persona, que una bailaba en el escenario y la otra cobraba en el camerino. que cuando Emelia llegó a México en 1946, llegó con un pacto firmado en una servilleta del bar Floridita, un pacto que un hombre llamado santo traficante guardó en una caja fuerte de Tampa Florida durante 40 años hasta que ese hombre murió en 1987
y la servilleta apareció en el inventario de su patrimonio y luego desapareció antes del juicio. La familia traficante lo desmintió en 1992. Nunca se probó, pero la versión se quedó. Eso lo sabía Pepe Babun. Eso jamás se lo dijo a Ninón. Antes de que sigamos, escúchame bien. Lo que Harfush encontró en el segundo cajón de ese escritorio cambia todo lo que crees que sabes de Ninón Sevilla.
Una libreta de cuero negro. 12 nombres de mujeres que en 1956 eran las dueñas del cine mexicano y una cifra al lado de cada uno en los próximos minutos. Pero antes esto, hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre Ninón Sevilla. Hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre Ninón Sevilla. Y te voy a avisar cuando llegue cada una.
Primero, ¿cómo llegó realmente Ninón Sevilla a México en 1946? ¿Quién pagó el barco? ¿Quién la recibió en el puerto de Veracruz? ¿Por qué la tía Fira nunca volvió a hablar con ella? Eso lo tienes en los próximos 4 minutos. Segundo, ¿quién fue el padrino italiano que le entregaba sobres mensuales a Ninón durante 12 años? ¿Cuántos dólares? ¿En qué cabaret arrancaba el pago? ¿Y qué pasó la noche en que Pepe Babun encontró uno de esos sobres en la cómoda de su esposa? Eso te lo cuento entre los minutos 18 y 22.
Tercero, las 12 divas del cine mexicano que bajaron a este sótano entre 1952 y 1968. María Félix encabeza la lista y al lado de cada nombre hay una cifra. La cifra más alta está al lado de un nombre que tú conoces de memoria. Eso te lo cuento alrededor del minuto 30. Y cuarto, ¿qué había debajo del altar tapado con la sábana blanca? Porque Ninón le pidió a su hijo de crianza en diciembre de 2014 que jamás entrara a este sótano.
¿Qué encontró Harf cuando levantó la sábana esta madrugada? Eso lo tienes pasado el minuto 40. Te voy a pedir una sola cosa. Acuérdate del barco. Acuérdate de los sobres mensuales. Acuérdate de las 12 divas. Acuérdate del altar y acuérdate de cinco palabras que Ninón escribió en mayúsculas tres días antes de morir.
Yo solo bailé para ellos. Y aquí llega la primera cosa que te prometí. 1946, 17 de octubre, Puerto de La Habana, muelle 4. El barco se llamaba Florida, 440 pasajeros. Ruta Habana, Veracruz, saliendo a las 11 de la noche. Emia Pérez Castellanos tenía 17 años. Bailaba en el Souziy de La Habana desde hace dos.
La descubrió Rod Neira, el coreógrafo cubano que enloquecía a Frank Sinatra cada vez que Sinatra bajaba a Cuba. Rodney la llamaba la flaca. La flaca tenía piernas de molata blanca y una sonrisa que no se parecía a la de nadie. Rodney la trataba como una hija. El que firmaba los sobres del camerino era otro. El Sans Souziy pertenecía oficialmente a un cubano.
En la práctica lo manejaba un hombre con apellido italiano. Cuatro pisos casino arriba, cabaret abajo y un sótano que tenía contabilidad doble. la de los impuestos y la de los sobres. Ese hombre del apellido italiano se llamaba Santo Traficante Junior, hijo del jefe de Tampa, Florida. Y el padrino de la operación entera era Meyer Lansky, el contador judío de la mafia de Nueva York.
Lansky vivía en La Habana medio año. Tenía oficinas en el hotel nacional. Traficante Junior dependía de Lansky. Lansky pagó el boleto del Florida. Eso lo dice el manifiesto del barco que sigue archivado en el muelle 4 de La Habana con una entrada manuscrita a tinta verde que dice ML paga. El historiador cubano Enrique Cirules lo publicó en 1998 en un libro que la familia Lansky intentó parar en tribunales de Florida.
y no pudo. Pero Lansky no la recibió en Veracruz. En Veracruz la recibió un cubano libanés de 30 años que se llamaba José Babun Selem. Pepe Babun. Pepe trabajaba para Lansky desde 1942. Manejaba importaciones de cigarros y textiles entre Tampa, La Habana y Veracruz. tenía dos hoteles pequeños en la zona costera y la conexión con productores del cine mexicano.
Pepe Babun recogió a Emelia Pérez Castellanos del Muelle de Veracruz el 18 de octubre de 1946 a las 4 de la tarde. La metió en un Cadada negro modelo del 42. Manejó 9 horas hasta la Ciudad de México. La instaló en una habitación del Hotel Reforma. y la presentó al día siguiente con un director que se llamaba Juan Orol.
3 meses después, Emelia ya era Ninón Sevilla. 11 meses después debutó en una película llamada Pecadora. 14 meses después, Pepe Babun la pidió en matrimonio. Le entregó un anillo de oro con un diamante de medio kilate. Se casaron en el registro civil de Coyoacán el 4 de marzo de 1948. Una boda mínima, sin fotos, sin invitados, sin familia presente.
La familia Pérez Castellanos se enteró por una carta que Emelia mandó dos semanas después a su tía Cira en Camawei. Esa tía Cira es la que jamás volvió a hablar con ella. ¿Por qué? Porque la familia Pérez Castellanos sabía perfectamente quién era Pepe Babun y sabía perfectamente para quién trabajaba Pepe Babun.
Y la tía Cira le mandó una sola carta de respuesta, cuatro líneas, una sola frase importante. Niña, ese barco no era para venir a México, era para huir de algo. Pregúntate qué te dejaron firmar. Esa carta apareció también en este cateo doblada en cuatro partes dentro de un sobre amarillo en el primer cajón del escritorio del sótano.
Ninón la había guardado 68 años. Y aquí llega lo del cassette. Pepe Babun juró tres veces en una entrevista a Excelor en 1989, que él jamás había grabado a Ninón hablando de traficante. Lo juró en 1993 en una nota de proceso. Lo juró en 2005 frente a un periodista cubano americano del Miami Herald, que llegó a tocarle la puerta.
El cassette estaba en el segundo cajón del escritorio. Etiqueta blanca, una sola letra escrita con plumón negro. P. La grabación dura 32 minutos. Vázquez, la fotografía, no se reproduce hoy, va al laboratorio. Pero Vázquez nota algo, hay una segunda etiqueta al reverso, más pequeña, casi borrada, dice una palabra, Florida, el barco, el que pagó, Lansky.
Pero todavía falta lo de los 12 nombres en la libreta y falta lo del padrino italiano. Y falta lo del altar. Meyerlanski solo pagó el barco, el que entró por la puerta de la casa de Polanco tres décadas seguidas, todos los segundos viernes del mes, sin que la prensa mexicana lo supiera, sin que el FBI mexicano lo registrara, sin que la propia esposa del dueño de la casa de al lado lo identificara.
Ese hombre tiene otro nombre. Y lo que ese hombre le entregaba a Ninón en cada una de esas visitas hasta hoy no estaba documentado. En los próximos minutos lo abres conmigo. La Habana de 1946 era una sucursal de Nueva York con palmeras. Laki Luciano salió de la cárcel federal en febrero del 46. La condición de su excarcelación era que dejara Estados Unidos.
Luciano se mudó a La Habana en octubre del 46, el mismo mes en que Emelia Pérez Castellanos subió al Florida. Luciano se hospedó en el Hotel Nacional. Habitación 246. Convocó a una reunión que la historia llama la conferencia de la Habana. 22 capos. 4 días del 22 al 26 de diciembre del 46 acordaron tres cosas: la división de territorios en Estados Unidos, el precio del tráfico de heroína y el control de los casinos cubanos.
El gerente operativo de los casinos cubanos era Meyer Lansky. Lansky tenía cuatro hombres reportándole directamente. Uno de ellos era Santo Traficante Junior. Esa escena nadie la presenció, pero quienes los conocían imaginaban que pudo haber sido así. 28 de marzo de 1947. Sans Susi de la Habana. 2 de la mañana. Camerino del fondo.
Emelia Pérez Castellanos lleva un quimono de seda granate sobre el sostén del último número. Está sentada frente al espejo del tocador, desmaquillándose con una bola de algodón. Un hombre de traje cruzado entra sin tocar. Pone un sobre amarillo del tamaño de un libro de bolsillo sobre el tocador. No la mira. Sale. No dice nombres. No firma nada.
La bola de algodón se queda quieta en la mano de Emelia 17 segundos. Después la guarda en el cajón. Sigue desmaquillándose. La familia traficante negó esto en 1990. Nadie la pudo probar, pero la versión se quedó. Traficante junior. Tenía 30 años. Hablaba español. Tenía esposa y dos hijas en Tampa. En La Habana vivía solo.
Manejaba el Sans Sofi, el Tropicana y dos cabarets más pequeños. Cobraba comisión sobre las cifras netas y manejaba el sobre. El sobre. El sobre era el método de pago paralelo a los artistas que la mafia consideraba estratégicos. El método era simple. Dólares en billetes pequeños, una vez al mes, sin recibo y sin que nadie hiciera preguntas.
¿Cuánto? Si alguna vez en tu vida quisiste saber cuánto palaría una mafia internacional a una bailarina de 20 años por mantener la boca cerrada sobre quienes pasaban por su camerino, quienes le susurraban al oído entre número y número, quienes le pedían que cargara un sobrecerrado en su bolso de mano al cruzar la frontera de callo hueso. Piensa un número.
Te lo cuento en cuatro frases. 000 al mes.000 al mes en 1947 eran 16,000 de hoy, más de 300,000 pesos mexicanos mensuales de poder adquisitivo actual. Eso entró todos los meses sin un solo mes de salto durante 12 años, de 1947 a 1959, hasta que Fidel Castro entró a La Habana el 8 de enero del 59, expropió los casinos y echó a la mafia.

12 años, $,000 al mes. Total bruto, $14,000. de 1959, equivalente actual, aproximadamente 1,600,000. Eso es solo el flujo mensual. No incluye los pagos especiales, los favores, los encargos, mientras tú, si naciste en los 50 y tu mamá juntaban para los frijoles esa semana de febrero del 52, mientras tu papá entraba al turno de la fábrica a las 6 de la mañana, en una mesa del cabaret San Sousi de La Habana, un hombre de traje cruzado le entregaba a una bailarina de 23 años un sobre del tamaño de un libro de bolsillo. Dentro del sobre iban 10
fajos, $ cada fajo, 10 veces lo que tu papá ganaba en un mes entero, sin recibo, sin firma y sin que nadie hiciera preguntas. Eso lo cobraba Ninón Sevilla y de eso vivió Ninón durante 12 años, más el sueldo del cine mexicano, más los contratos de los cabarets de Acapulco, más lo que le pagaban en Caracas y en San Juan.
El sobre dejó de cobrarse en la Habana después del 48, cuando Ninón ya vivía en la ciudad de México, el sobre la silló. La pregunta era, ¿cómo? La respuesta tiene nombre. El nombre es Pepe Babun. Pepe Babun viajaba a Tampa cada segundo viernes del mes. Eso aparece documentado en 32 manifiestos de aeronaves de México entre 1949 y 1959. Pepe entraba a Tampa el segundo viernes.
Salía el lunes siguiente. Siempre regresaba con una maleta de cuero café con iniciales grabadas en oro. La maleta entraba por aduana mexicana sin revisión gracias a un permiso especial firmado por un secretario de estado, cuyo nombre la familia Babun jamás reveló. Esa maleta de cuero café también apareció hoy en el sótano de Polanco.
Estaba debajo del escritorio. Vázquez, la fotografía sigue cerrada. va al laboratorio. Hay quien dice todavía hoy y se dice con peso que esa maleta llegaba con 80,000 cada viaje en los años 50, que Pepe Babun se quedaba con la mitad y que la otra mitad llegaba al sótano de Polanco en una caja de plomo que entraba por la cocina los lunes en la noche.
La familia Babun lo desmintió en 1990. traficante lo negó hasta su muerte en 1987. Nunca se probó en tribunal, pero la versión se quedó. Y aquí viene la cadena. La primera versión de la historia, la que ya sabías, dice esto. Ninón Sevilla cobraba su sueldo del cine y su sueldo del cabaret. Eso fue lo que dijo Ninón en cuatro entrevistas a Excelsior, una a siempre en domingo en 1979 y dos al Heraldo de México.
Esa es la versión que la prensa cubrió durante 68 años. La segunda versión, la que no salió en prensa, la que se susurraba en los pasillos del estudio churubusco entre productores de los años. Dice que Ninon cobraba además un breteiner mensual de traficante junior por servicios de mensajería. 12 años seguidos.
000 al mes. Pepe Babun era el correo. Las maletas entraban por Tampa. El sótano de Polanco funcionaba como caja registradora. Eso se contaba a puerta cerrada. La familia Babun lo desmintió. Pero todavía hay algo más oscuro, una versión que solo se cuenta a medias. Hay quien dice todavía hoy que el sobre mensual de traficante no era pago corriente, era anticipo.
Anticipo por encargos específicos que se cobraban cuando se ejecutaban. que cada cierto tiempo Ninón recibía una llamada en la madrugada, que la persona del otro lado de la línea solo decía un nombre y una fecha, que Ninón bajaba al sótano, encendía las velas del altar y al día siguiente, en algún punto de la geografía cubana, mexicana o caribeña, una persona que conocía a Ninón aparecía muerta o desaparecía.
La familia Babun negó esto en 1992. Traficante Junior murió sin que nadie le preguntara directamente. La grabación del cassette P, según dos personas que afirman haberla escuchado en los años 80, contiene 5 minutos en los que Ninón le grita a Pepe que ella solo baila, que el altar lo puso él, que los nombres los pide él.
Esa grabación nunca se reprodujo en público. Sigue intacta. Va al laboratorio. Nadie la pudo probar nunca, pero la versión se quedó. Y aquí cumplo la segunda promesa que te hice. El padrino italiano del sobre mensual, el que pagó el barco Florida, el que entró por la puerta de la casa de Polanco tres décadas seguidas, todos los segundos viernes del mes.
Ese hombre se llamaba Santo Traficante Junior, hijo del jefe de Tampa, Florida. Muerto en marzo de 1987 en el hospital Mount Shiny de Miami Beach, sin haber pisado una cárcel nunca. Traficante solo abrió la puerta del sótano. El que entró por esa puerta tres semanas antes del 25 de marzo de 1957 tiene otro nombre.
Y lo que ese hombre se llevó del sótano esa noche todavía no aparece. Hay tres testigos. una empleada doméstica, un chóer y una segunda bailarina del foliesberger mexicano. Dos murieron, una sigue viva. Y antes de que termine esto, ¿sabes lo que dijo? Y aquí llega la tercera cosa que te prometí, la libreta de cuero negro.
Vázquez la levanta del primer cajón con guantes, la fotografía página por página. Hay 12 nombres. Caligrafía femenina, tinta china azul. La pluma era una Mont Blan que Pepe le había regalado en 1953 por su cumpleaños número 24. Los nombres están en orden cronológico. Cada nombre con una fecha. Cada fecha con una cifra al lado.
Primero, María Félix. 15 de marzo de 1954. 70,000 pesos. 70,000 pesos en 1954 eran 3 años de sueldo de un médico general, una casa en la colonia Roma, un Lincoln continental modelo 50. Segundo, Dolores del Río, 19 de junio de 1954, 40.000 pesos. Tercero, Silvia Pinal, 12 de noviembre de 1955, 25,000 pesos y así sucesivamente.
12 nombres, 12 fechas, 12 cifras. La cifra más baja, 8000 pesos. La cifra más alta 105,000 pesos. Al lado de un nombre que jamás se hizo público hasta ahora. y que está al pie de la libreta con un signo de interrogación grande dibujado por la propia Ninón en otro momento posterior con una pluma distinta.
¿Para qué bajaban estas 12 mujeres al sótano de Polanco? La respuesta oficial, la que se sostuvo durante décadas en círculos privados era que Ninón Sevilla era santera, iniciada en La Habana a los 17 años por una mujer llamada Belén Castro, que vivía en el barrio de Marianao. Belén Castro era santera de Babalué y Nón fue iniciada en una ceremonia que duró 7 días.
Salió de ahí con derecho a montar altar propio y cuando se mudó a México instaló su altar primero en una recámara del Hotel Reforma, después en una casa rentada en la colonia Cuautemoc y finalmente desde 1952 en el sótano de la propiedad que Pepe le regaló en Polanco, las divas iban por limpias, limpias, una limpia en Anería es una ceremonia de purificación.
Se usan flores, agua bendita, herbolaria, cantos, animales pequeños. En algunos casos se le pasa al cliente un atado de hierbas por el cuerpo. Se reza, se quema copal, se termina. Una limpia normal cuesta hoy entre 1000 y 5000 pesos. 70,000 pesos en 1954 alcanzaban para algo más oscuro que una limpia.
Esa cifra compraba otro tipo de servicio. ¿Y de qué tipo dependía de quién lo pedía y a quién apuntaba? Las 12 mujeres de la libreta no estaban pidiendo limpias para sí mismas, estaban pidiendo trabajos contra otras personas. Eso es lo que se susurraba en los camerinos de Estudios América. Eso es lo que dos productores ya fallecidos comentaron en privado en los años 80.
La familia de María Félix lo desmintió cuando el tema asomó por una columna de Aurora Verdejo en el Heraldo en 1992. Ninón jamás dio una entrevista sobre el tema. Murió sin que nadie le preguntara directamente. Nadie la pudo probar. Pero la versión se quedó. Acuérdate, María Félix pagó 70,000 pesos en 1954 y María Félix bajó a este sótano la noche del 25 de marzo de 1956 a las 3 de la mañana sin maquillaje con un pañuelo negro en la cabeza.
Esa noche, la única foto sobreviviente del sótano antes del cateo de hoy, alguien la tomó y se rompió en cuatro pedazos. Pero hay quien dice todavía hoy que esa foto no se rompió por accidente, se rompió a propósito por la propia Ninón 30 años después. Si alguna vez en tu vida creíste que tu mejor amiga te estaba ayudando y resultó que llevaba años cobrándote por encargos que tú no entendías que estabas pidiendo, ¿entiendes lo que sintió María Félix la primera vez que bajó a ese sótano? 1954.
Marzo, tú si naciste antes del 50, estabas en la escuela primaria mirando por la ventana. La televisión apenas llegaba a México. Tu mamá oía radio. Cri cri por las mañanas, la exeseu por las noches, la voz de Pedro Vargas. Y mientras tú comías un sándwich de jamón en el recreo, María Félix entraba por la puerta trasera de una casa de la calle Horacio con 70,000 pesos en una bolsa de mano.
Bajaba 15 escalones y le entregaba esa bolsa a una mujer de 25 años que había llegado a México en un barco que pagó Meyerlandski. Ninón tenía un papel y una pluma listos en el escritorio. Pepe Babun estaba en Tampa esa noche. Ese viernes era segundo viernes del mes. La rutina, lo que pasó en ese sótano la noche del 15 de marzo de 1954 entre María Félix y Ninón Sevilla.
Durante 47 minutos exactos, Vázquez calcula el tiempo a partir del registro de Copal Quemado. Es uno de los secretos mejor guardados del cine mexicano. Hay tres versiones. Las tres son verosímiles. Si no me crees, busca el contrato laboral del chóer de María Félix de 1954. En el archivo del SAR vas a encontrar que ese chóer pidió permiso de ausencia el 15 de marzo y el 16 y el 17 3 días seguidos volvió al trabajo el 18.
Eso es información de dominio público. Ahora te voy a contar quién era Ninón Sevilla antes de bajar a este sótano. Te lo voy a contar rápido porque lo que pasó tres días antes del estreno de aventurera es más importante que cualquier biografía. Emelia Pérez Castellanos nació en La Habana el 10 de noviembre de 1929.
padre empleado del ferrocarril privado de la United Fright Company en Camawei, madre cubana. Cinco hermanos, casa de dos cuartos y un patio de tierra. La descubrieron a los 14 en un concurso de aficionados del cabaret tropicana. A los 15 ya estaba en el Sans Sou Sea. A los 17 subió al barco Florida. Pero esto no te lo cuentan en ninguna parte.
La noche antes de subir al Florida, Emelia firmó un papel en una mesa del bar del hotel Inglaterra de La Habana. Frente a ella había tres hombres, uno cubano, dos italianos. El papel tenía cinco párrafos en inglés que ella no leyó. La pluma con la que firmó tenía la tapa dorada y el cuerpo negro. una mon blanc idéntica a la que Pepe Babom le regalaría 6 años después por su cumpleaños.
La empleada del bar que sirvió los tragos esa noche, Rosita Valdés, contó la escena 40 años después a un sobrino suyo en Miami. Dijo que Emelia salió del bar caminando despacio. Dijo que la flaca esa noche ya no se reía. La familia traficante lo desmintió. El papel jamás apareció, pero la versión se quedó. La versión oficial mexicana arranca el 18 de octubre de 1946.
Hotel Reforma. Habitación 412. Emelia con un vestido de seda crema y una bata de baño. Pepe Babun sentado en el lobby esperándola. Juan Orol firmando un contrato de tres películas a las 4 de la tarde. Emelia se cambió el nombre dos meses después por sugerencia de Pepe. Ninón porque Pepe había leído un libro francés con ese nombre.
Sevilla porque sonaba español y vendía mejor en taquilla. Pecadora se estrenó el 23 de febrero de 1947. Un éxito. Aventurera se estrenó el 16 de noviembre de 1950 bajo la dirección de Alberto Gat. Una bomba aventurera quedó como la película de rumberas más recordada del cine mexicano. Hoy todavía se exhibe en cinetecas.
Lo que jamás se contó es lo que pasó tres días antes del estreno de aventurera. Tres días antes del estreno, Pepe Babun recibió en el hotel Reforma a un hombre que viajaba con pasaporte estadounidense bajo un nombre que después se comprobó falso. Ese hombre subió a la habitación 412, salió 40 minutos después, cargaba un portafolios negro de piel española con cierre dorado.
Esta misma noche, Ninón Sevilla canceló el corte de cabello que tenía agendado para la mañana siguiente. Pidió que la dejaran sola hasta el estreno. Pasó dos días sin comer, sin hablar con nadie, solo esperando. El portafolios negro de piel española con cierre dorado, apareció hoy también en el segundo cateo del sótano, debajo de la maleta de cuero café.
Sigue cerrado, va al laboratorio y todavía hay algo más sobre Pedro Armendari. Pedro Armendari, el galán más respetado del cine mexicano de los 50. Compañero de reparto de Ninón en dos películas, Padre de familia, casado con Carmelita Bor, católico apostólico romano. Pedro Armendarid se pegó un tiro en el pecho en una cama del hospital UCICL Medical Center de Los Ángeles el 18 de junio de 1963.
La causa oficial fue cáncer terminal de riñón en fase avanzada. Lo que casi nadie sabe es que 3 meses antes, en marzo del 63, Pedro Armendari bajó al sótano de Polanco. Lo recibió Ninón. le pagó 18,000es en efectivo. La cifra aparece en una página adicional de la libreta original, fuera de la lista de las 12 divas, con una sola palabra escrita al lado, Pedro, y una frase atribuida a él que un mesero del salón Riviera, ya fallecido, dijo haber escuchado en una sobremesa con Ninón en 1959 la frase, “Esa mujer me limpió el alma
una vez.” Hay versiones que sostienen que Pedro fue por una limpia tradicional, atormentado por su diagnóstico. Hay versiones más oscuras que sostienen que Pedro fue a pedir otra cosa. Sus tres hijos lo desmintieron en 1987 cuando un periodista de ovaciones lo sacó a colación. Pedrito Armendarizo, murió en 2011 sin haber comentado el tema en público.
Y hay una tercera versión, una versión que solo dos personas vivas han escuchado completa. Esa versión dice que Pedro Armendari no bajó al sótano para pedir una limpia. bajó para pedir que Ninón quemara grabación, una grabación que un productor que ya no se nombra había hecho en una habitación del hotel Hilton de la Ciudad de México una noche de 1959.
La grabación habría podido destruir la carrera de Pedro y la reputación de su familia. Ninón se comprometió a quemarla. Pedro se pegó un tiro tres meses después y la grabación, según la tercera versión jamás se quemó. Está en el sótano. La familia Armendari lo desmintió rotundamente en 2015 a través de un comunicado del abogado familiar.
Nadie la pudo probar, pero la versión se quedó. Ahora viene lo del altar. Pepe Babun juró que nadie había abierto el altar desde la muerte de Ninón, pero Vázquez encontró tres polvos distintos en la sábana blanca. Polvo viejo, polvo de hace 5 años y polvo fresco de hace 7 días.
Alguien levantó esa sábana antes que Harfuch y la volvió a tapar. Y antes de que termine esto, ¿sabes quién? Pero todavía falta lo que estaba debajo de la sábana. Lo que pesa no es lo que se ve. Lo que pesa es lo que Pepe Babun clavó con clavos de cobre en 1962 para que nadie lo abriera nunca. Y este dato te va a doler más cuando Harf levante la sábana en 30 segundos.
Pero antes de cerrar este recorrido, quédate con tres cosas. El altar lleva 69 años en ese sótano. Ninón Sevilla pidió expresamente por escrito en una carta del 29 de diciembre de 2014 que ese altar no se moviera. Y el hijo de crianza, único poseedor de la llave, jura que jamás bajó por su propia cuenta.
Tres datos y los tres están a punto de quebrarse en 30 segundos. Vázquez fotografía la sábana antes de tocarla, 12 ángulos. Después se acerca con guantes, levanta la sábana por una esquina. El polvo se levanta y queda suspendido en el aire del sótano como una nube color hueso. Vázquez tose una vez detrás del cubrebocas. Harf da dos pasos atrás para no contaminar la evidencia.
La linterna de mano baña el altar de abajo hacia arriba. El altar es de madera de cedro tallado a mano 70 cm de alto, 50 cm de ancho, cuatro niveles. En el nivel más alto hay tres figuras de yeso, una negra, una azul, una roja. Babalú, ay, yemayá, Chango. Las tres tallas tienen 60 años. La pintura está descascarada en los bordes.
En el segundo nivel hay siete copas de cristal con agua estancada. El agua tiene color verde, olor a podredumbre. En el tercer nivel hay un cuenco de barro con cenizas viejas y un mechón de pelo negro atado con un listón rojo. En el cuarto nivel, la base, la que Harfuch notó desde el primer momento que era más alta de lo normal.
Hay una tapa de madera disimulada como parte del altar. Vázquez la encuentra al palpar con guantes. La tapa tiene dos clavos de cobre. Vázquez los saca con pinzas. Debajo de la tapa hay una caja fuerte empotrada de acero. Combinación numérica. Harf se acerca. Combinación. Tres días antes de morir, Ninón le dio la combinación al hijo de crianza por carta cerrada, con instrucción de abrirla solo si el sótano se cateaba.
El hijo de crianza nos la entregó esta mañana. Harfook teclea seis números. La caja fuerte cde. Adentro hay cuatro cosas acomodadas con cuidado en el orden en que Ninón quería que se encontraran. La primera es una carta. Tres páginas. Caligrafía temblorosa de mujer mayor. Fecha 29 de diciembre de 2014. Tres días antes de la muerte de Ninón está firmada Emelia Pérez Castellanos con el apellido real, no con el de cine.
Harf la lee en voz baja a Vázquez. Empieza con un saludo dirigido al hijo de crianza. Continúa con un párrafo en el que Ninón habla de Pepe, de cuándo lo conoció, de cómo lo amó, de cuándo dejó de creerle. La carta sitúa ese momento en 1962, el año en que Pepe clavó el altar con los dos clavos de cobre. Eso, según Minón, fue el aviso.
El aviso de que Pepe sabía que ella sabía y de que ninguno de los dos iba a hablar nunca del tema en voz alta. El segundo párrafo de la carta es sobre los 12 nombres de la libreta. Ninón pide perdón, pero no perdona las divas que pagaron. Pide perdón a las personas contra quienes esas divas pagaron. La carta menciona específicamente tres apellidos.
Dos pertenecen a actrices secundarias del cine mexicano de los 50 que tuvieron carreras truncadas sin explicación pública aparente. La tercera es una mujer de la sociedad capitalina que perdió a su esposo en un accidente de carretera en 1957 y que jamás volvió a casarse. El tercer párrafo explica por qué el altar tiene cuatro niveles.
Ninón escribe, “El primer nivel era para los orishas, el segundo era para el agua que recoge lo que no se dice, el tercero era para las cenizas de lo que no se quema, el cuarto era para Pepe, lo que Pepe pidió que nadie viera.” Pero al final de la primera página, en mayúsculas, hay cinco palabras: “Yo solo bailé para ellos”.
Eso lo escribió Ninón con la pluma Mont Blanc que Pepe le había regalado. Y eso es exactamente lo que Pepe Babun se llevó como confesión final a la tumba en 2003, cuando murió en una cama del hospital español sin que nadie lo grabara. La segunda cosa que sale de la caja es la libreta de cuero negro. La de los 12 nombres, la libreta que Vázquez fotografió arriba en el escritorio, no era la original, era una copia que Ninon hizo en 1993.
La original estaba en la caja fuerte y la original tiene 12 páginas más, una página por nombre, con detalle de lo que cada diva pidió. Las fechas exactas y los pagos parciales. Vázquez la fotografía página por página. María Félix pagó 70,000 pesos en marzo del 54 por una limpia. Pagó otros 40,000 en agosto del mismo año por una segunda limpia y en marzo del 56 pagó 105,000es por algo que en la libreta no se llama limpia. La palabra está borrada.
Solo queda el resto del trazo. La grafóloga del laboratorio de la fiscalía dirá después que la palabra original era trabajo. Dolores del Río pagó 40,000 pesos en 1954 y un pago adicional de 15,000es. En 1962, el año en que su tercer marido empezó a perder dinero en una serie de inversiones fallidas.
El detalle de la página de Dolores incluye una nota al margen escrita por Ninon que dice, “Ella no pidió contra él, pidió contra los abogados. Silvia Pinal pagó tres peces. La última, en 1968. La cifra acumulada llegó a 62000 pesos. La nota al margen, esta vez en pluma roja, dice tres palabras. No quiso pagar.
Las nueve páginas restantes detallan a las otras nueve divas. Vázquez las fotografía todas. Las nueve van al laboratorio y todas tienen la misma estructura. Una cifra, una nota al margen y un signo, una pequeña cruz al pie de la página. Cuando el encargo se ejecutó 11 de las 12 páginas tienen la cruz, la página 12 no la tiene.
La tercera cosa es un cassette de carrete. Marca Bas FF, 32 minutos, etiqueta blanca, una palabra escrita con plumón negro. Acapulco. El cassette no se reproduce hoy. Va al laboratorio, pero Vázquez nota algo en la cubierta del estuche. Una anotación a lápiz muy borrada que dice marzo 57. 1957. La cuarta cosa es la foto.
La foto está rota en cuatro pedazos. Los cuatro pedazos están dentro de un sobre amarillo con cera roja. En el cierre, Vázquez la reconstruye en una bandeja con la cara hacia arriba. Es una foto en blanco y negro. Cámara fija, flash duro. Una mujer subiendo unas escaleras de espaldas a la cámara. Lleva un pañuelo negro en la cabeza, un abrigo largo de paño oscuro, tacones bajos.
La toma está hecha desde dentro del sótano, mirando hacia las escaleras. Quien tomó la foto estaba debajo. La hora aproximada, según el grano del negativo y la posición del foco amarillo está entre las 2 y las 4 de la mañana. Vázquez voltea la foto reconstruida. Al reverso, en una de las cuatro piezas rotas hay una fecha escrita a lápiz.
25 de marzo del 56. Esa noche, María Félix, según el diario personal del director Roberto Gabaldón, que se publicó póstumamente en 1995, canceló una cena que tenía agendada en su casa de la calle Lago de Chalco con Jorge Negrete Junior y Diana Bracho. La cancelación llegó por teléfono a las 6 de la tarde.
La razón oficial, una migraña terrible. A las 2:47 de la madrugada del 26, una vecina de Polanco, Hortensia López Rarza, salió a su balcón a recoger una toalla que se había caído. Vio a una mujer con pañuelo negro saliendo por la puerta trasera de la casa de los babun y subiéndose a un coche que la esperaba en la esquina de la calle.
El coche era un cadilac, probablemente el mismo 42 que Pepe había usado en Veracruz. Una década atrás, Hortensia López Garza contó esa anécdota en una entrevista a un periódico de barrio en 1982. La anécdota se perdió en el archivo de ese periódico hasta que un investigador la rescató en 2010. Eso era lo que Pepe Babun clavó en 1962 con clavos de cobre. Cuatro cosas.
Y aquí está la cuarta promesa cumplida. Lo que había debajo del altar tapado con la sábana blanca era una caja fuerte con la confesión escrita de Ninón, la libreta original de los 12 nombres y los pagos completos. Una grabación de 32 minutos del mes de marzo de 1957 y una foto rota en cuatro pedazos de María Félix saliendo del sótano una noche de marzo de 1956.
Eso es lo que Pepe Babun juró durante 40 años que no existía. Eso es lo que Ninón, Sevilla guardó 70 años. Eso es lo que nadie en la familia Pérez Castellanos, ni en la familia Babun, ni en la familia Félix había. Y aquí estaba el sobre y la libreta y la foto rota. Pero lo más impactante no era la foto.
Lo más impactante estaba debajo de la foto. Una segunda libreta de cuero rojo, más pequeña, con un solo nombre. En los próximos 10 minutos lo entiendes todo. Pero adentro había algo que yo no te había dicho que ibas a ver, algo que estaba debajo de la foto rota de María Félix. Y esto cambia todo lo anterior. Vázquez levanta los cuatro pedazos de la foto.
Debajo, en el fondo de la caja fuerte hay otra cosa. Una libreta más pequeña que la negra. Forrada en cuero rojo, tamaño de un cuaderno de notas de la SEP de primaria, pero forrada en cuero. Cinco páginas amarillas, cuatro páginas en blanco, una página con escritura. Antes de leerla, Vázquez levanta también el cassette etiquetado Acapulco. Lo pesa en la mano.
32 minutos de grabación. Año 57. La cinta tiene una pequeña anomalía en el centro, un corte y empalme hecho con cinta adhesiva transparente que se ha amarillado con los años. Alguien editó esa grabación, alguien quitó un fragmento. Vázquez calcula por el desplazamiento de la cinta que el fragmento eliminado dura entre 4 y 6 minutos.
4 a 6 minutos de los 32 originales quitados a mano con tijeras y cinta. Posiblemente por la propia Ninón, posiblemente por alguien más. Vázquez devuelve el cassette al sobre de evidencia y vuelve a la libreta roja. La página tiene una sola entrada. Caligrafía femenina igual que la de la libreta negra. Tinta china azul.
Mismo trazo, misma pluma Monblanc. Fecha 4 de marzo de 1957. Solicitante. Un nombre que está tachado con cuatro rayas horizontales tan apretadas que la grafóloga del laboratorio no podrá reconstruirlo después. Lo único que se lee debajo de las rayas es una sílaba parcial. Tres letras. Bar podría ser barragán, podría ser cualquier cosa que arranque con bar, podría también ser un fragmento intermedio de un nombre más largo.
No se sabe. Cifra del encargo, 220,000 pesos. 220,000 pesos en 1957 eran el doble del pago más alto registrado en la libreta de cuero negro. Más del triple del pago promedio. Equivalente actual, aproximadamente 10 años del sueldo de Pedro Vargas en la XXM. Objeto del encargo. Dos palabras, una está borrada. La otra dice bailarina.
Fecha de ejecución. 25 de marzo de 1957. Resultado, una sola palabra escrita por la propia Ninón meses después con otra pluma y otro color. La palabra es hecho. 21 días después del 4 de marzo, una bailarina de 21 años que trabajaba en el foliver berger mexicano apareció muerta en una habitación del hotel del Prado de la Avenida Juárez.
La causa oficial de la muerte fue sobredis accidental de barbitúricos. El acta de defunción está archivada en el registro civil de la Cuautemoc. La bailarina se llamaba Y aquí el guion no va a decir su nombre, ni hoy ni nunca, porque tiene familia viva en Veracruz y porque hay un solo testigo de aquella época que sigue vivo y que jamás dio una declaración pública.
Pero hay quien dice todavía hoy y se dice con peso, que esa bailarina del folies bergeró de sobredosis accidental. Se decía en los pasillos del teatro lírico en los años 60. Se decía en las escenas privadas de productores del cine mexicano. Se contaba a puerta cerrada que el barbitúrico que apareció en su sangre era de una marca que no se vendía en México, que la marca era cubana, que el frasco lo tenía Pepe Babun en una vitrina del despacho de Polanco, que el frasco apareció vacío al día siguiente, que Pepe Babun viajó a Tampa el viernes
inmediato siguiente y no volvió hasta tres semanas después y que durante esas tres semanas Ninón Sevilla no salió de la casa de Polanco. Bajó al sótano todos los días, encendió las siete copas con agua del altar y no recibió a nadie. Eso lo cuentan tres personas. Dos están muertas.
La tercera, que era empleada doméstica de un productor cuya casa quedaba enfrente de la de los babun, sigue viva. Tiene 89 años. vive en una casa de retiro en Iztapalapa, cuando un periodista del semanario Proceso le tocó la puerta en 2018, preguntando por aquel marzo del 57. La mujer cerró la puerta sin decir una sola palabra, pero hay una cosa que la empleada de Iztapalapa sí dijo, una sola.
En 1972, después de una misa en la parroquia del Espíritu Santo de la colonia Roma, se lo dijo a otra empleada doméstica que trabajaba en una casa de la calle Lago de Chalco. La frase fue corta. La frase fue, “Esa bailarina no se mató, la mataron desde Polanco. La empleada que escuchó la frase la repitió a su patrona 41 años después, en 2013.
Y a muy mayor y poco antes de morir. La patrona la consignó en una carta que enviaron a Proceso en 2015. Después de la muerte de Ninón, Proceso la archivó, no la publicó. Es la primera vez que se cita en un guion. Una versión que la familia Babun desmintió en su momento. Una versión que traficante Junior se llevó a Mount Sinai en 1987.
sin pronunciar una versión que Ninón Sevilla guardó en una libreta de cuero rojo debajo de una foto rota durante 58 años. Eso es lo que la familia Pérez Castellanos en Camawei debió haber intuido cuando la tía Cira escribió aquella carta a su sobrina en 1948. Pregúntate qué te dejaron firmar y quién fue el solicitante, quién pagó la cifra más alta en la historia del sótano de Polanco para que una bailarina de 21 años apareciera muerta en una habitación del Hotel del Prado en marzo de 1950.
Siete. El nombre está tachado. Las cuatro rayas horizontales sobre el nombre son tan apretadas que la grafóloga concluirá después que fueron hechas por dos personas distintas. La primera capa de tachones fue hecha por Ninón Sevilla con la misma tinta china azul, probablemente en algún momento entre 1960 y 1965.
La segunda capa de tachones fue hecha 40 años después por una mano más pesada y con una pluma de bolígrafo azul más oscura. La grafóloga estima que la segunda tachadura es de los años 2000, posiblemente de la propia Ninón en su vejez, posiblemente de otra persona que tuvo acceso al sótano.
El hijo de crianza, único poseedor de la llave del altar, fue interrogado en la mañana siguiente al cateo. Dijo que él nunca abrió el altar. dijo que la combinación se la habían dado por carta cerrada tres días antes de la muerte de Ninón, que él guardó la carta en una caja fuerte de su propia casa, sin abrirla hasta que Harfus lo llamó.
El hijo de crianza tiene 63 años, es contador, vive a tres cuadras de la casa. Si te crees al hijo de crianza, la segunda tachadura la hizo Ninón en sus últimos años. Si no te lo crees, alguien más bajó a ese sótano en los años 2000. Alguien que sabía dónde estaba el altar. Alguien con la combinación. Pregúntate por qué Pepe Babun nunca dejó memorias.
Y aquí volvemos a la frase que Ninón Sevilla dejó escrita con la pluma Mont Blan en mayúsculas al final de la primera página de la carta del 29 de diciembre de 2014. Yo solo bailé para ellos. Eso es lo que escribió. Y debajo, en la última anotación de la libreta de cuero rojo, escrita con pluma de tinta azul más oscura, fecha aproximada a principios del año 2000, Ninon agregó nueve palabras más: “Yo solo bailé.
Lo demás lo firmó Pepe. Esa es la frase ancla en su versión completa, la que Pepe Babun se llevó a la tumba sin saber que existía, la que 12 divas del cine mexicano pararon para que nadie escuchara. La que un empresario anónimo, cuyo nombre nadie va a leer en este video ni en ningún otro, pagó 220,000es para borrar.
Y aquí queda la pregunta que Ninón Sevilla se llevó a la tumba el primero de enero de 2015. ¿Por qué murió sola con la libreta roja debajo del altar y no la quemó? Eso te lo cuento ahora mismo. A las 5:17 de la mañana del jueves, Harf ordena el sellado de la propiedad. Vázquez fotografía cada elemento en su posición original.
Etiqueta el cassette de carrete BASF de 32 minutos. Folía la libreta de cuero negro original. Folía la libreta de cuero rojo de cinco páginas. Empaqueta los cuatro pedazos de la foto rota dentro de una bolsa de evidencia. Reconstruye los tres niveles superiores del altar con guantes. Reposiciona la sábana blanca.
Reposiciona la tapa de madera con los dos clavos de cobre. Etiqueta la caja fuerte. Empaqueta el portafolio negro de piel española con cierre dorado. Cerrado. Empaqueta la maleta de cuero café con iniciales grabadas en oro, también cerrada. Levanta la carta de tres páginas que firmó Emelia Pérez Castellanos el 29 de diciembre.
Levanta el sobre amarillo con cera roja. levanta el cassette etiquetado P y el cassette etiquetado Acapulco. Documenta, tembala, traslada. A las 6:42 de la mañana, el último elemento del cateo sale por la puerta trasera de la calle Horacio en una furgoneta de la procuraduría. A las 7:06, los vecinos empiezan a salir a la calle a recoger el periódico.
Nadie en la cuadra sabe lo que pasó esa noche. Ninón Sevilla murió en la recámara del segundo piso de esa misma casa. El primero de enero de 2015, a las 8:47 de la mañana estaba sola. La televisión llevaba 6 horas encendida en mute en el canal 13. La cama estaba tendida. Ninón llevaba puesto un camisón blanco de algodón y un collar de mostacillas amarillas y verdes en el cuello.
El collar es del orisha Orula. El médico forense calculó la hora de la muerte por la temperatura corporal, causa paro cardiorrespiratorio por insuficiencia múltiple. El hijo de crianza la encontró a las 11 de la mañana cuando vino con un termo de café. Dijo que la cara de Ninón estaba en paz. Dijo que en la mesita de noche había tres cosas: un vaso con agua, una foto de Pepe Babun y un sobre cerrado con el nombre del hijo escrito a mano.
El sobre cerrado contenía la combinación de la caja fuerte que Harf abrió esta madrugada. Ahora tú sabes lo del barco Florida. Ahora tú sabes lo de Meyerlandski parando el boleto. Ahora tú sabes lo de Pepe Babun recogiéndola en Veracruz. Ahora tú sabes lo de los sobres mensuales de Santo Traficante Junior durante 12 años.
Ahora tú sabes lo de las 12 divas del cine mexicano bajando al sótano. Ahora tú sabes lo del altar de cuatro niveles con la caja fuerte empotrada. Ahora tú sabes lo de la libreta roja debajo de la foto de María Félix. Ahora tú sabes lo de la bailarina de 21 años del foliesberguer en marzo de 1957. Ahora tú sabes lo del nombre tachado en cuatro líneas.
Ahora tú sabes lo de la frase que Pepe Babun se llevó a la tumba sin saber que existía. El 97% del país no lo sabe. Y todavía hay cuatro preguntas que se quedan sin respuesta esta noche. ¿Quién tachó por segunda vez el nombre del solicitante? Si fue Ninón en sus últimos años, ¿por qué? Si no fue Ninón, ¿quién bajó al sótano entre 2000 y 2014? El hijo de crianza dice que él no.
La empleada de Iztapalapa cerró la puerta cuando le tocaron. ¿Qué decía el cassette etiquetado Acapulco de 32 minutos? Si la grabación es de marzo del 57, si está completa, si es la voz de Ninón, sola o con alguien más, eso se sabrá en el laboratorio de la Procuraduria. Eso sí, te lo voy a poder contar.
¿Y por qué Ninon no quemó la libreta roja en 60 años? Esa pregunta no la responde el laboratorio. Esa pregunta solo la respondió Ninón parcialmente, oblicuamente, cobardemente. En la carta del 29 de diciembre de 2014. La respuesta, según lo poco que se ha podido leer de la última página, fue dos palabras. Por miedo.
¿Qué hizo Pepe Babun esa noche de enero de 2015 con la llave del altar que Ninón le entregó horas antes de morir? Eso es lo que te llevas a la cama esta noche, porque Pepe Babun llevaba muerto desde 2003. La llave no se la entregó a Pepe, se la entregó a otra persona. Y esa persona, sea quien sea, todavía no ha sido identificada.
El próximo martes a las 8:30 de la noche, Pedro Infante. 15 de abril de 1957. Una avioneta que se cayó sobre Mérida y dos relojes que jamás aparecieron en el inventario oficial. Uno era de oro, el otro era de mujer. Este contenido es una obra de docuficción creada con fines de entretenimiento. todos los pasajes del guion, incluidos los relativos al cateo, los documentos encontrados, las grabaciones, los objetos descubiertos, los diálogos atribuidos a personas reales, los rumores referidos y las circunstancias descritas, son reconstrucciones narrativas del
guionista y no deben interpretarse como afirmaciones de hechos. Ninguna afirmación constituye acusación de hechos reales contra ninguna persona viva o fallecida. Las opiniones expresadas son del narrador ficticio. Para información verificada, consulte fuentes periodísticas. Yeah.