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El Final Solitario de un Dios del Fútbol: Negligencias, Traiciones y la Oscura Batalla por los Millones de Maradona

El 25 de noviembre de 2020 a las doce del mediodía, el silencio en una casa alquilada en Benavídez, a las afueras de Buenos Aires, se volvió ensordecedor. Diego Armando Maradona, el hombre que hizo rugir a estadios enteros y que paralizó corazones con una pelota atada a su botín izquierdo, llevaba doce horas apagándose. Al otro lado de la puerta, un equipo de enfermeros privados, contratados para velar por su vida, escuchaba ruidos extraños pero dudaba. Discutían entre ellos, evaluaban si debían entrar, si debían llamar a un médico o si era mejor esperar. Y esperaron. Cuando finalmente giraron el picaporte y entraron a la habitación, el pulso del mayor ídolo de la historia del deporte argentino se había desvanecido. Había muerto completamente solo.

La autopsia reveló una insuficiencia cardíaca aguda en el contexto de una miocardiopatía dilatada. Era el diagnóstico forense para un corazón que llevaba décadas de abusos, excesos y sufrimiento silencioso. Pero la verdadera causa de su muerte es mucho más profunda y escabrosa. Apenas unas semanas antes, Maradona había sobrevivido a una delicada cirugía por un hematoma subdural en el cerebro. En lugar de ser derivado a un centro de rehabilitación especializado, con el equipo necesario para una recuperación crítica, fue enviado a una internación domiciliaria improvisada. En esa casa no había tanque de oxígeno, no había desfibrilador, ni siquiera una cama con barandas de contención. No había absolutamente nada de lo que requiere un paciente que acaba de

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