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SE REVELA El SECRETO más OSCURO de Raúl Velasco que Televisa ocultó durante años…

 Raúl Velasco Gómez nació el 24 de  abril de 1933 en Celaya, Guanajuato. Creció en una familia de clase media. Estudió  derecho, aunque nunca ejerció, y llegó a la radio primero como tantos  comunicadores de su generación. La televisión llegó después y cuando llegó ya no la soltó.

 Su programa Siempre en domingo  se estrenó el 26 de octubre de 1969 y lo que ocurrió en  los siguientes 27 años cambió para siempre el mapa del entretenimiento en América Latina, como un programa de variedades  de domingo por la noche se convirtió en el árbitro absoluto del éxito musical en todo un continente.

 La respuesta  está en el poder que Televisa le fue cediendo a Velasco sin que nadie lo discutiera públicamente. Y ese poder  que empezó siendo artístico, con el tiempo se convirtió en algo mucho más difícil  de nombrar. Siempre en domingo llegó a transmitirse en más de 20 países al mismo tiempo.

 En el  momento de su mayor audiencia congregaba frente al televisor a más de 100  millones de espectadores cada domingo. 100 millones. Para ponerlo en perspectiva, era más  gente la que veía a Velasco cada semana que la población completa de México en ese entonces.

 Eso significa que  una sola decisión de Raúl Velasco, una sola vez que él dijera sí o no a un artista, podía construir una carrera o  hundirla. Y él lo sabía mejor que nadie. Lo que ocurrió después fue construyéndose despacio a lo largo de años en camerinos y conversaciones privadas, en llamadas que nadie grabó y en favores que  nadie documentó, pero las consecuencias están ahí.

Visibles para quien quiera mirar. Artistas que pasaron por siempre  en domingo y explotaron de la noche a la mañana. Artistas que  también pasaron por siempre en domingo y no volvieron a aparecer jamás. Y en muchos  de esos casos la diferencia entre unos y otros no estuvo  en el talento.

 Entonces, ¿en qué estuvo? Para entenderlo, hay que meterse adentro  de cómo funcionaba ese programa. Siempre en domingo no era solo un show, era el mecanismo central  de distribución de fama en América Latina. Los disqueros lo sabían, los  managers lo sabían y sobre todo los artistas que empezaban lo sabían.

Aparecer en ese programa era la diferencia entre que tu sencillo sonara en toda la región o que se quedara en el cajón de una discográfica local. Velasco  tenía el control de esa puerta y la decisión de abrirla o cerrarla dependía de factores que muy pocos se animaban  a cuestionar en voz alta.

 Hay testimonios de artistas, algunos dados décadas después, cuando ya sentían que podían hablar  sin consecuencias, que describen un sistema de favores y compromisos que rodeaba al programa. El acceso a siempre en domingo no siempre se conseguía por el camino que uno supondría.  Y lo que se pedía a cambio tampoco siempre era lo que aparecía en los contratos.

  Pero hay un episodio específico que marcó un antes y un después. Un episodio que Televisa intentó borrar de los registros que los medios  de la época cubrieron con guantes y que, sin embargo, llegó hasta  las cortes, hasta los archivos judiciales y hasta las declaraciones de personas que vivieron  lo que ocurrió desde adentro. Y eso es lo que vamos a contar.

Antes de eso,  hay que entender quién era Raúl Velasco para el México de los 70 y los 80. Porque si no  entiendes el tamaño de su figura, no puedes entender el tamaño de lo que vino después. Velasco construyó una imagen pública meticulosamente  limpia. Familia estable, vida ordenada, imagen de hombre de bien, católico practicante, según sus declaraciones públicas, respetuoso con  los mayores, generoso con los artistas que arrancaban, severo pero justo,  según el relato oficial,

era el tipo de figura que los anunciantes adoraban y que Televisa necesitaba para darle a su producto  estrella del domingo una apariencia de solidez moral y funcionó durante años. El público  le creyó, los artistas le sonreían y nadie o casi nadie se atrevía  a contar otra versión.

 Pero en los camerinos la otra versión circulaba desde  mucho antes. Los artistas de los 70 y 80, que actuaron en Siempre en Domingo, forman una generación que aprendió  muy pronto las reglas no escritas del programa. No se escribían porque no se podían escribir, pero se transmitían.  de artista en artista, de manager en manager, de representante en representante.

 El sistema funcionaba como un código  que todos conocían y nadie nombraba. ¿Qué decía ese código? Básicamente,  si quieres entrar, tienes que pasar por Velasco. Y pasar  por Velasco significaba aceptar sus términos. Los términos artísticos, sí,  pero también los otros. El año que más se repite en los testimonios que fueron saliendo con el paso de las décadas es  1991.

Ese año algo que había funcionado  en silencio durante años empezó a fisurarse y la fisura llegó desde donde Velasco menos la esperaba. Una cantante  joven, cuyo nombre aparece en documentos judiciales de la época, aunque nunca fue el centro de una cobertura  mediática amplia, presentó una denuncia formal en la que describía  una dinámica que, según ella, había vivido en el contexto del programa.

 La denuncia  describía presiones para mantener una relación personal con Velasco a cambio de aparecer en el show, presiones  que, según el documento, habían comenzado cuando ella tenía 19 años. La denuncia llegó a manos de la fiscalía y ahí fue donde Televisa  desplegó lo que la empresa sabía hacer mejor en esos años.

 Contener cómo se contiene una denuncia  judicial en el México de 1991. con abogados, con influencias,  con el peso de ser la empresa más poderosa de comunicación del  país. El caso se diluyó en los meandros del sistema. La cantante  desapareció del mapa mediático en cuestión de meses y el programa siguió al aire con Velasco  al frente como si nada hubiera ocurrido.

 Pero algo había ocurrido  y las personas que estaban adentro lo sabían. Lo que vino  después fue un ajuste de comportamientos. Velasco siguió conduciendo  siempre en domingo. Siguió siendo el hombre de traje y sonrisa amplia que el público veía  cada semana. Pero en los pasillos de Televisa algo cambió.

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