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Huyó de Venezuela buscando seguridad… y la asesinaron en Estados Unidos

desesperadamente. El muchacho presentaba cortes en una mano y en las rodillas, tenía la ropa manchada de sangre y aseguraba haber sido víctima de un ataque con cuchillo. Los hombres lo auxiliaron y llamaron a los servicios de emergencia. Poco antes de las 5 de la mañana llegaron para médicos y agentes de policía.

 Mientras recibía atención médica, el joven identificado como Ryan Thorton, explicó que se encontraba fumando en una zona boscosa cuando un desconocido con capucha lo atacó y luego huyó entre los arbustos. La versión comenzó a generar dudas porque los oficiales recorrieron el sector con perros rastreadores, pero no encontraron rastros del supuesto agresor.

 Temiendo que alguien pudiera encontrarse en peligro, decidieron dirigirse al apartamento donde Ryan residía junto a otros inquilinos. Cuando le solicitaron las llaves para ingresar, el joven aseguró que ni siquiera había estado en la vivienda durante aquella madrugada. Los agentes entraron para comprobar que todo estuviera en orden. Mientras inspeccionaban el inmueble, les llamó la atención que la computadora portátil de Ryan permaneciera encendida.

En la pantalla se reproducían imágenes de un video con escenas sexuales violentas.  Continuaron revisando las distintas habitaciones hasta llegar al dormitorio de una de las residentes.  Llamaron a la puerta, pero nadie respondió. Al ingresar y encender la luz, descubrieron una escena aterradora.

 Las paredes y la ropa de cama estaban cubiertas de sangre.  Al levantar la frasada encontraron el cuerpo sin vida de una mujer. Había sido apuñalada múltiples veces y sobre un sillón cercano descansaba un cuchillo ensangrentado. La víctima era una compañera de residencia de Ryan, una venezolana de 34 años llamada Estela, quien apenas llevaba una semana viviendo en aquel apartamento.

para comprender como una joven venezolana terminó convirtiéndose en la víctima de uno de los crímenes más perturbadores ocurridos en Inglaterra durante aquel verano. Es necesario retroceder algunos años y conocer quién era la mujer que se encontraba detrás de aquella puerta cerrada. Estela Marisabel Domador Kuzma nació el 30 de junio de 1984 en el municipio Baruta, estado Miranda, Venezuela.

 A medida que la situación política y económica de su país se deterioraba, comenzó a contemplar la posibilidad de buscar oportunidades en el extranjero. Para mediados de 2014, con 30 años, tomó la decisión de emigrar. Su madre, Olga Kuzma, recordó que la noticia no la sorprendió. Conocía el carácter emprendedor de su hija y entendía que intentaba construir un futuro más estable, lejos de las dificultades que atravesaba Venezuela.

Aunque la  despedida fue dolorosa, estaba convencida de que tendría mejores oportunidades fuera de su país. Stela eligió  establecerse en Bornout, una ciudad costera ubicada en el sur de Inglaterra. Consideraba que era un lugar seguro, organizado y con buenas perspectivas laborales. Con esa esperanza dejó atrás a su familia y comenzó una nueva etapa en su vida.

 Los primeros años estuvieron marcados por el esfuerzo y la disciplina. Estela procuraba limitar al máximo sus gastos para ahorrar dinero y ayudar económicamente a sus familiares. Gracias a su preparación académica, su experiencia previa y su dominio del idioma, logró adaptarse con relativa rapidez a su nuevo entorno. Para 2018 trabajaba como cajera en una sucursal de banco.

 Fuera de sus obligaciones laborales, también dedicaba parte  de su tiempo como voluntaria en actividades deportivas destinadas a personas con discapacidad. Sus allegados la describían como una mujer amable, trabajadora y profundamente comprometida con ayudar a otros. Además, sentía una gran pasión por los animales y solía rescatar mascotas abandonadas para buscarles un hogar.

 Su personalidad abierta y amigable le permitió construir un sólido círculo de amistades durante los 4 años que llevaba viviendo en Inglaterra. Todo parecía indicar que el futuro finalmente  comenzaba a sonreírle. Durante sus primeros años en Bornout, Estela vivió de forma modesta y logró construir una vida estable.

 Sin embargo, la ubicación de su vivienda dificultaba que pudiera reunirse con frecuencia con sus amigos o desplazarse cómodamente hacia su trabajo. Por eso se interesó cuando surgió la oportunidad de mudarse a un edificio de apartamentos situado en Richmond Gardens. La nueva residencia tenía varias ventajas.

 se encontraba cerca del centro de la ciudad, de su lugar de trabajo y a poca distancia de la playa. Aunque debía compartir algunas áreas comunes con otros inquilinos, el ahorro en gastos le permitiría seguir enviando dinero a su familia en Venezuela. El domingo 1 de julio de 2018, amigos de Estela la ayudaron a instalarse en su nueva habitación.

Entre los otros residentes se encontraba una joven y un muchacho de 19 años llamado Ryan Thornton, un cocinero local que se había mudado al apartamento apenas unos días antes. El sábado 7 de julio fue un día especialmente cálido en el sector. Aprovechando el buen clima, Estela pasó gran parte de la jornada disfrutando de la playa junto a varios amigos.

 Se trataba de uno de los aspectos que más le gustaban de su nueva vivienda, la cercanía al mar y la posibilidad de compartir más tiempo con las personas que había conocido en Inglaterra. Al finalizar la tarde, regresó al apartamento cansada, pero satisfecha. Como acostumbraba a hacerlo, llamó por teléfono a su madre para contarle cómo había transcurrido el día y lo feliz que se sentía con su reciente mudanza.

Agotada por la jornada, Estela se preparó para descansar. Sin darse cuenta, dejó la llave colocada en la cerradura de la puerta de su habitación, sin asegurar completamente el acceso. Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Ryan Thorton celebraba su cumpleaños junto a varios amigos, una reunión que terminaría convirtiéndose en el preludio de una tragedia.

Ese mismo día era el cumpleaños número 20 de Ryan. Comenzó como una reunión común entre amigos. Pasó parte de la tarde en un pubieron, bebieron y siguieron el partido entre las selecciones de Inglaterra y Suecia correspondiente a los cuartos de final de la Copa Mundial de Fútbol. Después del encuentro, el grupo se trasladó a otra vivienda para continuar la celebración.

 Allí pasaron varias horas conversando, jugando videojuegos y consumiendo bebidas alcohólicas. Cuando la reunión terminó, Ryan decidió comprar más cerveza y ginebra antes de regresar al apartamento. Ya de madrugada llegó a su habitación. Además del alcohol, consumió parte del cannabis que guardaba en la vivienda. Bajo los efectos combinados de ambas sustancias, comenzó a alimentar una fantasía que llevaba mucho tiempo desarrollándose en su mente.

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