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¡Ningún hombre estaba preparado para ella! La escalofriante historia de Dena Thompson

En las frías calles del norte de Londres, durante el año 1960, llegó al mundo Dina Thompson. Lo que nadie podía imaginar es que esta niña, que creció en un hogar aparentemente común, se convertiría con el tiempo en uno de los nombres más inquietantes del crimen británico. Para cuando los medios comenzaron a hablar de ella, ya era conocida como la viuda negra, un apodo que sintetizaba a la perfección su oscura especialidad.

 Tejer relaciones sentimentales para luego destruir a quienes se atrevían a amarla. Su historia, que estalló en la opinión pública a comienzos del Nuevo Milenio, es un laberinto de mentiras, maniobras financieras y muertes que aún hoy generan más preguntas que respuestas. Los primeros años de Dina no presagiaban en absoluto el monstruo que se ocultaba tras su sonrisa.

 Su padre se desempeñaba como guardia en un centro penitenciario, aunque su verdadera pasión era el deporte. Competía con frecuencia tanto en territorio británico como en otros países y siempre llevaba a su pequeña hija a los entrenamientos y torneos. La niña pronto se sintió atraída por la gimnasia y bajo la tutela de su padre desarrolló una disciplina férrea.

Quienes la conocieron en aquella época la describen como una criatura vivaz, sociable y carismática, con una habilidad casi intuitiva para conectar con los demás. Esa facilidad para relacionarse, que en la infancia era simplemente una virtud, se convertiría años más tarde en su arma más letal. Tras culminar sus estudios escolares, ingresó a la universidad y más tarde encontró trabajo en una entidad bancaria de su ciudad natal.

 Fue a los 22 años cuando su vida dio un giro que, en apariencia la encaminaba hacia la felicidad doméstica. Un primo de Lee Wyatt organizó una cita a ciegas entre ambos y la química fue instantánea. Dos años después de aquel encuentro fortuito, la pareja selló su amor ante el altar y puso rumbo a Jaapton, un pequeño municipio de apenas 3,000 armas.

Pronto nació su primer hijo y con la llegada del bebé, los Wyatt decidieron emprender un negocio artesanal de peluches, creando ellos mismos los diseños. Dina, además, trabajaba como cajera en una compañía de construcción. Para los vecinos eran la familia modelo, trabajadora, unida y próspera. Sin embargo, Le solía estar fuera por largas temporadas debido a compromisos laborales y cuando estaba en casa rara vez interactuaba con la comunidad.

 Dina, en cambio, era todo lo contrario. Se ganaba a la gente con su simpatía y no pasaba inadvertida para los hombres del pueblo. Ya entrada a la década de los 90, Dina comenzó un romance con Julian Web, un periodista local que la había contactado para ofrecerle trabajo como modelo en anuncios de moda y electrodomésticos.

 A ella le fascinaba posar frente a las cámaras y sus imágenes empezaron a adornar las páginas de periódicos y revistas de la zona. Para entonces, Lee Wyatt llevaba meses sin aparecer por el hogar y nadie tenía la menor idea de su paradero. Su esposa, en lugar de angustiarse, se sumergía de lleno en su relación con Julian.

 Apenas transcurridos tres meses desde su primer encuentro, Julian ya había presentado a Dina ante sus progenitores y les había anunciado su intención de casarse. La madre del joven, según confesaría más adelante, sintió un extraño malestar ante la rapidez de la decisión. Y la futura nuera mayor que su hijo, no le inspiraba la menor confianza.

 Cuando los vecinos de Japton se enteraron de los planes de boda, la perplejidad fue mayúscula. Todos sabían que Dina seguía legalmente casada con Lee Wyatt, pero el marido seguía en paradero desconocido y nadie podía confirmar su situación. Lo que ignoraban por completo es que le se había instalado en New, una localidad en el otro extremo del país, donde vivía bajo una identidad falsa, con documentos trucados y absolutamente convencido de que escapaba de la mafia.

 En realidad, era víctima de un engaño orquestado por su propia esposa. Dina le había asegurado que el duende de peluche que habían creado, llamado Sean, había despertado el interés de Disney, que ofrecía una fortuna de 50 millones de libras esterlinas por dos derechos. Sin embargo, según su relato, el AMPA se había enterado del negocio y exigía un jugoso rescate a cambio de no masacrar a toda la familia.

 La única alternativa, según Dina, era que Lee desapareciera del mapa. Antes de huír, ella lo convenció de que redactara cartas de contenido amenazante y grabara mensajes de audio en los que manifestaba su odio hacia ella, supuestamente para que los criminales creyeran que el vínculo se había roto y así la dejaran en paz. lee cegado por la confianza, cumplió al pie de la letra cada instrucción y se esfumó.

 En una ciudad extraña, sin amigos ni recursos, aceptó cualquier empleo que apareciera y destinó cada libra ganada a su esposa y a su hijo. Irónicamente, esa huida probablemente le salvó la vida porque la amenaza genuina no venía de unos gangsters imaginarios, sino de quien compartía su apellido. En noviembre de 1991, Dina contrajo nupsias con Julian Web utilizando el dinero que el engañado Lee le había estado enviando.

 Julian, profundamente enamorado, creía haber hallado a su alma gemela. Pero los vecinos empezaron a notar algo extraño. Mientras el esposo trabajaba, Dina recibía visitas de otros hombres. Además, le comunicó a Julian que padecía una enfermedad terminal y que a causa de ello la habían despedido de su empleo. Era una mentira de principio a fin.

 Lo peor estaba por descubrirse. En la empresa donde Dina trabajaba se había reportado la desaparición de una suma considerable de dinero y todas las miradas apuntaban hacia ella. Para desviar las sospechas, señaló a su primer esposo, Lee Wyatt como el responsable de haberla forzado a robar bajo coacción. Como pruebas, presentó las cartas y grabaciones que ella misma lo había convencido de producir.

 Lee, al saber que su esposa se había vuelto a casar, regresó a Japton, pero el escándalo se diluyó en una violenta discusión. Aunque Dina denunció haber recibido golpes, no existían pruebas feacientes y el detective asignado al caso optó por creer su versión, por lo que Lee tuvo que abandonar el pueblo una vez más. A Julian, en cambio, ni los rumores ni las acusaciones parecían afectarle.

 entregó todos sus ahorros para costear el tratamiento de la supuesta enfermedad de su esposa, pero con el paso del tiempo el dinero se agotaba y Julian comenzó a preguntar con insistencia sobre su evolución médica. Fue entonces cuando descubrió que Dina no poseía un solo documento que respaldara su diagnóstico. La relación se volvió tóxica y las peleas eran tan sonadas que los vecinos podían oírlas desde sus casas.

 En junio de 1994, un día después de haber festejado el 3er cumpleaños de Julian, él falleció de forma abrupta. La noche anterior su madre había telefoneado y Dina le informó que su esposo no se encontraba bien y no podía atender la llamada. La madre le suplicó que solicitara una ambulancia, pero Dina hizo caso omiso.

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