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Desapareció y todo apunta a su exnovio: Esta es la cronología del caso de Jaqueline Guzmán

Desapareció y todo apunta a su exnovio: Esta es la cronología del caso de Jaqueline Guzmán

De acuerdo con la información obtenida por la Fiscalía Mexiquense a través de las cámaras de videovigilancia, Jaqueline abordó un mototaxi y se trasladó a la casa de quien fuera su pareja sentimental. Desde ese punto, su paradero se consideró desconocido. Esto que vas a escuchar no es una historia de cárteles.

 No hay rifles calibre 7.62. No hay narcobloqueos. No hay un capo escondido en la sierra. Lo que hay es una bolsa negra, una sola bolsa negra de plástico, de esas que cuestan unos cuantos pesos, de esas que ves todos los días en tu cocina, en tu basura, en la esquina de tu calle. Una bolsa negra que un hombre bajó de un Nissan versa blanco en una calle de Chimaluacán, frente a una cámara de videovigilancia que nadie pensó que estaba grabando.

 Recuerda esa bolsa, porque esa bolsa lo es todo en esta historia. Una mujer de 31 años salió de su casa el 4 de junio y no volvió. Eso es lo que dice la ficha de búsqueda. Eso es lo que repitieron los noticieros que le dedicaron 30 segundos antes de pasar al clima. Pero hay algo que esos 30 segundos no te contaron.

 Algo sobre a quién fue a ver. Algo sobre lo que esas cámaras grabaron y algo sobre dónde estaba ese hombre cuando finalmente le cayó la ley. Espera, porque eso último te va a helar la sangre. Vamos a poner las cosas en orden con nombre, fecha y lugar. La mujer se llama Jaqueline Guzmán Contreras, 31 años. Vivía en el barrio de Plateros en Chimaluacán, Estado de México.

 Esa franja del oriente mesiquense que se confunde con Nesaualcoyotlón de las casas se trepan unas sobre otras y las avenidas no duermen nunca. El 4 de junio de 2026, Jaqueline sale de su domicilio. Es lo último que su familia sabe de ella. por voluntad propia. A partir de ese momento, su rastro lo tienen que reconstruir las autoridades cuadro por cuadro, cámara por cámara.

 Y aquí entra la primera pieza dura de esta historia, porque Jacqueline no se esfumó en la nada. Las cámaras de videovigilancia de la zona la captan, la graban con vida, caminando, subiéndose a un mototaxi. Uno de esos mototaxis que recorren las calles de Chimaluacán a toda hora, llevando gente de un punto a otro por unas cuantas monedas.

 Ese mototaxi no la lleva a cualquier lado, la lleva directo a un domicilio muy específico, la casa de su expareja sentimental, un hombre que la fiscalía identifica solo como Juan Carlos N. Jqueline entra a esa casa y en esa casa su paradero se pierde. Las cámaras la vieron llegar. Ninguna cámara la vio salir.

 Eso es lo que los noticieros te dijeron a grandes rasgos. Desapareció una mujer. Detuvieron a un hombre. Caso cerrado. Siguiente nota. Lo que no te dijeron es cómo se cae esa casa. Lo que no te dijeron es que encontraron adentro. Lo que no te dijeron es que el hombre al que ahora se le investiga por su desaparición ya estaba tras las rejas por algo completamente distinto antes de que se complementara esta orden.

 Y lo que no te dijeron sobre todo, es lo que esta historia revela sobre el lugar más peligroso para una mujer en México, que no es la sierra, que no es la frontera, que es demasiadas veces la casa de alguien que dijo quererla. Ojo a esto, porque aquí la versión fácil y la versión responsable se separan. Algunos titulares ya salieron a decir que el hombre mató a su exnovia, que encontraron su cuerpo y entiendo la rabia que mueve esos titulares.

 Pero en este canal no te vamos a vender una conclusión que las autoridades todavía no han confirmado. Lo que la Fiscalía General de Justicia del Estado de México confirmó por la vía oficial es muy concreto y muy duro. En ese inmueble se hallaron prendas manchadas de sangre y diversos restos humanos. Restos humanos que en este momento están en el servicio médico forense de Chimalhuacán esperando los estudios genéticos que dirán a quién pertenecen.

 La fiscalía no ha dicho que esos restos sean de Jacqueline. Lo correcto, lo honesto, es decirlo así, restos humanos por identificar, porque mientras el laboratorio no hable, nadie tiene derecho a cerrar esa puerta. Ni los noticieros ni nosotros. Atención, porque para entender esto hay que retroceder unos días hasta el 10 de junio.

 6 días después de que Jacqueline desapareciera, su familia ya no podía más. No iban a esperar a que un escritorio se llenara de polvo con su nombre encima. Así que salieron a la calle. Familiares y allegados se manifestaron de forma pacífica sobre la avenida a bordo de Sochaca, esa arteria enorme que conecta Chimaluacán con Nesaualcoyot y por la que pasan miles de autos cada día.

 Llevaban lonas, llevaban su ficha de búsqueda, llevaban su cara impresa pidiendo que alguien quien fuera dijera dónde estaba. Es la imagen que se repite en todo el país. Una familia parada en una avenida sosteniendo el rostro de la persona que les falta, exigiéndole a un sistema que reacciona tarde, que por una vez reaccione a tiempo.

 Y déjame que te lo describa bien, porque esos detalles importan. La avenida a bordo de Soiaca no es una calle cualquiera. Es una de las arterias más transitadas del oriente del Valle de México. Un río de metal y motor que no se detiene ni de madrugada. Pararse ahí en medio de ese tráfico con una lona en las manos y la voz quebrada es un acto de desesperación pura.

 Es gritarle a miles de extraños que se llevan tu dolor por delante. A 80 km porh. La familia de Jacqueline lo hizo. Plantó su rostro frente a esa avenida porque cuando un caso no avanza por los canales formales, a veces lo único que queda es volver lo imposible de ignorar. Y esta vez algo se movió.

 Ese mismo 10 de junio, un juez autoriza un cateo. Y aquí es donde la bolsa negra regresa a la historia, porque cuando los agentes revisan lo que las cámaras de la zona habían registrado en los días previos, encuentran una secuencia que no se puede ignorar. Un hombre llega a ese domicilio en un Nissan versa blanco, se baja y del vehículo descarga bolsas negras.

 Bolsas negras que entra a la casa. ¿Qué llevaban esas bolsas? El cateo iba a responder esa pregunta y la respuesta fue la que nadie en esa familia quería escuchar y todos temían. Prendas con sangre, restos humanos, una escena que los peritos empezaron a documentar centímetro por centímetro. Y aquí vuelve a aparecer ese objeto que te pedí que recordaras al principio, la bolsa negra.

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