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Pedro Infante: Por ESTO Ninguna de Sus Tres Esposas Pudo Heredar… Todas Murieron Peleando

Fue ella la que lo convenció de mudarse a la ciudad de México. Fue ella la que lo apoyó económicamente mientras él buscaba oportunidades. Fue ella la que insistió en que tenía madera para triunfar cuando nadie más lo veía. El 19 de junio de 1939 se casaron. Él tenía 21 años, ella alrededor de 30.

era su primera y única esposa legal. Nunca se divorciaron. Recuerda ese dato, nunca se divorciaron. Vas a necesitarlo para entender todo lo que viene después. María Luisa no podía tener hijos, era estéril. Y en el México de los años 40, para una mujer casada eso era una condena social. Pero ella tenía algo que muchas mujeres de su época no tenían.

visión o sabía que Pedro era especial y lo empujó hacia arriba con todo lo que tenía. Cuando él consiguió sus primeras presentaciones en la XB y en la XW, las estaciones de radio más importantes de México, María Luisa estaba ahí cuando le dieron su primer papel en el cine en 1939. Ella estaba ahí cuando su carrera explotó con películas como Nosotros los pobres en 1948 y él se convirtió en el hombre más famoso de todo el país.

Ella seguía ahí esperándolo en casa, sabiendo que el hombre que México adoraba era el hombre que ella había sacado de una orquesta de pueblo. Imagínate el México de 1948. Tú llegas de trabajar, te sientas en tu sillón, prendes la radio y suena esa voz, esa voz que te hacía sentir que todo iba a estar bien, aunque no fuera cierto.

Pedro Infante cantando 100 años. Pedro infante cantando amorcito corazón. Pedro infante cantando las mañanitas como nadie las ha cantado antes ni después. Y si no lo escuchabas en la radio, lo veías en el cine. Porque en esos años ir al cine era un ritual, era lo que hacías el domingo con tu familia, era tu ventana al mundo.

Y Pedro estaba ahí en esa ventana todas las semanas con una película nueva. Su filmografía es asombrosa por su volumen y por su variedad. Filmó más de 60 películas en menos de 20 años de carrera. Nosotros los pobres en 1948 lo convirtió en el símbolo del mexicano humilde que lucha con dignidad. En esa película era Pepe el Toro, un carpintero que vive en una vecindad y enfrenta la pobreza con la frente en alto.

La gente lloraba en las salas de cine, se identificaban a porque Pedro Infante en la pantalla era ellos mismos. Era el papá que trabaja de sol a sol, el amigo que te echa la mano, el vecino que te presta para la renta. Era México en su versión más noble y más dolorosa. Después vinieron ustedes, los ricos, la secuela, y Pepe el Toro y los tres García y a toda máquina y escuela de vagabundos.

En cada una, Pedro demostraba algo que ningún otro actor de su generación podía hacer. ser al mismo tiempo cómico y trágico, romántico y rudo del pueblo y de la pantalla grande. Jorge Negrete era el charro elegante, la voz imponente, el galán inalcanzable. Pedro era el de al lado, el que tú sentías que podía ser tu hermano, tu novio, tu compadre.

Y esa cercanía, esa capacidad de hacerte sentir que lo conocías personalmente, aunque nunca lo hubieras visto en persona, es lo que lo hizo inmortal. En 1956 filmó Tizo junto a María Félix. Esa película le ganó el oso de plata al mejor actor en el festival internacional de cine de Berlín. Era el reconocimiento máximo que un actor mexicano podía recibir en esa época, pero Pedro nunca supo que lo ganó porque el premio fue anunciado después de su muerte.

La industria del cine internacional reconoció su genio cuando ya era tarde para que él lo supiera. María Félix sí vivió para recibir los aplausos. Pedro se quedó con la placa de platino en el cráneo y un avión que no levantó el vuelo. Su popularidad era de una escala que hoy es difícil de imaginar. No existían las redes sociales, no existía el internet, no existía la televisión en la mayoría de los hogares mexicanos.

Todo era radio y cine. Y en esos dos medios, Pedro Infante era el rey absoluto o se estima que grabó más de 300 canciones. Se presentaba en la XW, la estación de radio más potente de Latinoamérica. Hacía giras por todo el continente. Llenaba plazas en Colombia, en Venezuela, en Cuba, en Centroamérica. No era solo un ídolo mexicano, era un ídolo continental.

Y todo eso a los 30 y pocos años, con una educación limitada, sin un agente de Hollywood, sin un equipo de marketing, solo con su voz, su cara y su talento natural. Tú conoces a una mujer así. Quizá es tu mamá, quizá es tu abuela, quizá eres tú misma. La mujer que apostó todo por alguien, que lo levantó cuando no era nadie, que creyó en él cuando el mundo no lo veía, y que después, cuando él llegó a la cima, se quedó sola en la sala viéndolo brillar desde lejos, porque eso es exactamente lo que le pasó a María Luisa León. El éxito de Pedro no

la acercó a él, la alejó. Y la primera señal de lo que venía llegó en la forma de una bailarina de 14 años que trabajaba en el teatro Folisberger y a la que le decían la muñequita que baila. Su nombre era Guadalupe Torrentera Lupita. Y su historia con Pedro Infante es una de las más tristes y más silenciadas de toda la época de oro del cine mexicano.

Lupita Torrentera era apenas una niña cuando conoció a Pedro Infante. Tenía 14 años, él tenía 28. Se conocieron alrededor de 1945, cuando ella era una pequeña estrella del mundo del espectáculo nocturno. Bailaba en los teatros más famosos de la Ciudad de México. Era guapa, era talentosa y no tenía la menor idea de que el hombre que la cortejaba tenía una esposa esperándolo en casa.

Don Pedro se le declaró en un baile en el teatro Minuit y Lupita, que tenía 14 años y el hombre más famoso de México, le estaba diciendo que la amaba, se fue a vivir con él. Su madre intentó separarlos, no pudo. Pedro Infante era Pedro Infante. Nadie le decía que no. Guarda ese nombre, Lupita Torrentera, porque va a aparecer otra vez y cuando aparezca todo va a cambiar.

Juntos tuvieron tres hijos. La primera fue Graciela Margarita, nacida el 26 de septiembre de 1947. Murió a los 10 meses de vida de poliomielitis. El segundo fue Pedro Infante Torrentera, nacido el 31 de marzo de 1950. La tercera fue Guadalupe Infante Torrentera. Nacida el 3 de octubre de 1951. Lupita Infante, como la conocerían después, ah, sería la guardiana del legado de su padre durante décadas.

Mientras tanto, María Luisa no sabía nada o si lo sospechaba, callaba hasta que una llamada telefónica lo cambió todo. Fue después de su octavo aniversario de bodas. María Luisa contestó una llamada que Pedro no quería que contestara. Al otro lado de la línea había una mujer que le confirmó que su esposo tenía otra casa, otra vida y otra familia con Lupita Torrentera.

María Luisa hizo lo que muchas mujeres de su generación hacían. Confrontó a la otra, buscó a Lupita, le dijo la verdad y Lupita, según su propio testimonio, años después se quedó helada. No sabía que Pedro estaba casado. Intentó dejarlo, pero Pedro insistió. Les prometía amor eterno a las dos. A las dos les decía que eran la única y las dos, por razones diferentes, le creían o necesitaban creerle.

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