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SE DESTAPA el OSCURO SECRETO de SASHA MONTENEGRO… La Herencia que LÓPEZ PORTILLO OCULTÓ

El 12 de mayo de 2023, en una casa de la colonia Chimalistac en Ciudad de México, una mujer de 77 años murió sola en su cama, sin enfermera, sin familia, sin nadie que escuchara si necesitaba ayuda. Esta mujer había sido la amante más famosas de la historia política mexicana moderna, la actriz que sedujo a un presidente en pleno ejercicio del poder, la extranjera que se convirtió en primera dama, no oficial de uno de los sexenios más escandalosos del siglo XX y la viuda que durante 19 años peleó contra hijos, abogados y un sistema
entero por una herencia evaluada en más de 150 millones de dólares. repartidos entre propiedades en Cancún, Cuernavaca, Madrid y Suiza. Esa mujer se llamaba Sasha Montenegro y lo que ocurrió durante los últimos 10 días antes de que la encontraran sin vida es la parte de esta historia que nadie ha contado con nombre, fechas y testimonios cruzados, porque contar esa parte implica hacerse preguntas que en México todavía son peligrosas.


pregunta sobre quién ordenó reemplazar a su cuidadora de confianza tr semanas antes de que muriera, sobre qué despacho legal recomendó a la persona que llegó a cuidarla en su lugar, sobre por qué esa misma persona bloqueó el acceso de vecinos, médicos y periodistas durante los 10 días previos a su muerte, y sobre por qué los pleitos hereditarios que llevaban 19 años activos resolvieron en pocas semanas después de su funeral.
mediante un acuerdo silencioso que nadie impugnó. Hoy este expediente abre esa tumba con todos los documentos disponibles, con todas las versiones cruzadas, con todos los detalque que la prensa mexicana publicó en fragmentos dispersos, pero nunca ensambló en una sola narrativa porque hay historias que el periodismo convencional no puede armar completamente sin perder sus fuentes.
Este canal existe exactamente para eso, para armar lo que otros dejan en piezas sueltas. Antes de seguir avanzando, hay algo importante que decir sobre esta historia en particular y sobre por qué importa más allá del escándalo político que la rodea. Porque Sasha Montenegro no es solo la amante del expresidente más rico de México.
Sasha Montenegro es el nombre de un patrón que se repite en la historia política latinoamericana. El patrón de la mujer que acumula poder informal durante décadas al lado de un hombre con poder formal. que invierte su vida entera en esa relación, que construye un futuro dentro de ese vínculo y que cuando el hombre muere queda expuesta a todos los mecanismos que el sistema tiene para silenciar a las personas que saben demasiado sin tener el escudo institucional que las proteja.
El patrón de la mujer que durante décadas fue intocable porque él estaba vivo y que dejó de ser intocable exactamente el día en que él ya no pudo protegerla. Lo que vamos a documentar hoy es ese patrón con nombre y apellido, con fechas y testimonios, con la progresión exacta que convirtió a una actriz yugoslava refugiada que llegó a México siendo bebé en la protagonista.
involuntaria del escándalo patrimonial más largo y más caro de la historia política mexicana del siglo XX, para entender cómo una mujer de 77 años termina muriendo sola en su propia casa tras una herencia de 150 millones de centa dólares permanece congelada en tribunales. Hay que entender quién era Sasha Montenegro antes de ser la amante del presidente.
Y para entender quién era Sasha Montenegro, antes de ser la amante del presidente, hay que volver a 1947, a un barco, a una niña de 2 años que cruzaba el océano Atlántico con su familia, huyendo de una Yugoslavia que ya no podía garantizarles la vida. El nombre real de Sasha Montenegro era Alexandra Asimovic Popovic y nació el 11 de noviembre de 1940 de 5 en Pula, una ciudad portuaria de la costa croata que en ese momento formaba parte de la Yugoslavia comunista de Tito, un régimen que controlaba la prensa con mano de hierro y que hacía desaparecer
periodistas opositores de manera sistemática y discreta, el padre de Alexandra era uno de esos periodistas un hombre con formación universitaria que había publicado artículos críticos del gobierno en los meses previos a la gran purga de 1946 y que cuando la presión se volvió insostenible tomó la única decisión que le quedaba para proteger a su familia, salir clandestinamente, cruzar Italia, llegar a un puerto y abordar el primer barco disponible con destino a América.
El barco se llamaba Conte Biancamano. Partía hacia Veracruz y la familia subió sin saber exactamente qué encontraría al otro lado, solo sabiendo que lo que dejaban atrás era peor que cualquier incertidumbre. La llegada a México no fue accidental y este es un detalle que la mayoría de las biografías de Sasha Montenegro pasan por alto sin notar su importancia.
Porque el presidente mexicano de aquella época, Miguel Alemán Valdés, había firmado un decreto que perpía la entrada de refugiados europeos huyendo del comunismo y del fascismo, con una categoría específica para familias de profesionales con formación universitaria. Y el padre de Alexandra calificaba perfectamente en esa categoría, lo que significaba que la familia no llegó como inmigrante irregular, buscando colarse por una grieta del sistema, sino como refugiados con visas permanentes, con papeles firmados y sellados, con el estatus
legal que el gobierno mexicano en ese momento consideraba un acto de política exterior estratégica, la recepción de europeos educados y anticomunistas. que podían contribuir al proyecto modernizador del régimen. La pequeña Alexandra, sin saberlo, había llegado al país que 30 años después iba a cambiar su nombre, su historia y el rumbo completo de su vida.
El país donde iba a nacer Sasha Montenegro, la actriz, la amante, la primera dama no oficial, la viuda peleadora y eventualmente la mujer que moriría sola en Chimalistac. Mientras un sistema decidía en silencio que ya no era necesaria. El padre, sin embargo, no duró mucho después de la llegada. murió en 1955 cuando Alexandra tenía 10 años en circunstancias que la familia nunca explicó públicamente con detalle, aunque las versiones que han llegado a través de testimonios indirectos apuntan a una combinación devastad de alcoholismo
severo y una depresión profunda nacida de la imposibilidad de regresar a su tierra, de reconstruir su carrera periodística en un idioma que nunca nunca dominó completamente y de aceptar que Yugoslavia, el país que amaba, se había convertido en el lugar que quería matarlo. El padre murió dejando a su esposa y a sus hijos sin ingresos en una ciudad de México de los años, 50 donde una familia de inmigrantes, yugoslavos, sin fluidez en el idioma y sin red de contactos, era prácticamente invisible para el mercado laboral formal.
Alexandra creció rápido porque no tuvo otra opción. Empezó a trabajar a los 14 años en una tienda de ropa del centro. A los 16 hacía model para anuncios de prensa y a los 18 empezó a recibir propuestas de la industria cinematográfica, que en aquella época buscaba activamente mujeres con rasgos extranjeros llamativos, altas, voluptuosas, con un aire de exotismo europeo que el cine popular mexicano de los años 60 consideraba comercialmente valioso.
Alexandra cambió su nombre, se convirtió en Sasha Montenegro, donde Sasha era una versión más comercial y reconocible de Alexandra. Y Montenegro era un apellido inventado que sonaba aristocracia balcánica sin serlo, un nombre que sonaba a otro lugar, a otro mundo, a algo más grande y más misterioso que la realidad concreta de una hija de refugiados que había crecido sin dinero en la periferia de la ciudad.
Sasha Montenegro como identidad pública nació alrededor de 1968 y desde ese año se convirtió en figura central de un género cinematográfico específico que la cultura popular mexicana hoy recuerda bajo el nombre de cine de ficheras, un género de comedia erótica ligera que durante los años 70 vendía millones de boletos en

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