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MANUEL NEGRETE: SALE A LA LUZ TODO LO QUE LE HIZO A LA ACTRIZ DE ‘DANZÓN’ MARÍA ROJO

Finales de los años 50 era un pueblo polvoroso del estado de Guerrero, situado a 3 horas y media de la frontera con Michoacán, sin pavimento en la mayoría de las calles, sin agua corriente en las casas más pobres, con un solo equipo de fútbol amateur llamado los cocodrilos del Balsas, jugando los domingos en un campo de tierra rojiza al lado del río,  el niño Manuel aprendió a patear una pelota antes que a escribir su propio nombre.

A los 6 años corría descalzo por las calles del centro del pueblo, junto con los hijos de los comerciantes locales, persiguiendo una pelota de plástico desinflada que el padre les había comprado por 2 pesos en el mercado municipal. A los 10 años jugaba los domingos en el equipo Amateur del Barrio y a los 12 años, según los testimonios documentados de personas del entorno familiar de aquellos años, un casatalentos del Cruz Azul que pasaba por Guerrero en gira escolar lo vio jugando un partido de la Liga Infantil del  Estado y le dejó una

tarjeta al padre Leobardo Negrete con una propuesta inusual. La propuesta era llevarse al niño a Ciudad de México para probarlo en las divisiones inferiores del equipo profesional, sin contrato económico, sin garantías deportivas y sin posibilidades reales de regreso, si el muchacho no respondía dentro de los primeros 6 meses.

El padre Leobardo Negrete aceptó la propuesta esa misma semana. Esa decisión del padre Leobardo Negrete, tomada en la sala de la Casa Modesta de Ciudad Altamirano, una tarde de 1971, marcó el inicio del camino exacto que iba a llevar al muchacho regordete de provincia hasta el estadio Azteca 15 años después, una tarde de junio del 86, donde iba a anotar el gol que la FIFA calificaría oficialmente como el mejor de toda la historia de los mundiales de fútbol.

y también marcó el inicio del camino que iba a terminar 47 años más tarde en la alcaldía más corrupta de toda la ciudad de México. Manuel Negrete llegó a Ciudad de México a los 14 años, a finales del 73. Durante los siguientes 3 años jugó en las divisiones inferiores del Cruz Azul, viviendo dentro del internado del club para muchachos becados de provincia, ubicado en la zona sur de la capital.

A los 15 años jugaba en la cuarta división, a los 16 ascendió a la tercera y a los 17 en 1976, según los registros oficiales del fútbol mexicano,  fue cedido a préstamo al Pachuca de la Segunda División Profesional, dirigido por el entrenador argentino Víctor Renato Rufo durante la temporada 76 a  77. esa temporada de préstamo en Pachuca.

Según los testimonios posteriores, fue la primera vez que el muchacho de Ciudad Altamirano vio salir su nombre en una alineación profesional de fútbol mexicano. Tenía 17 años recién cumplidos. Pesaba 68 kg. Y según los cronistas deportivos locales de aquella temporada, ya mostraba dos cualidades que iban a definir toda su carrera profesional posterior.

La fuerza  brutal del disparo con la pierna derecha. y la coordinación atlética para los lanzamientos de tijera dentro del área grande. Al terminar la temporada con Pachuca, Cruz Azul lo cedió al Inter de Acapulco en 1977 en una segunda transferencia que duró menos de un año y en 1978,  según los archivos del Club Universitario, los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México pagaron al Cruz Azul la cifra necesaria para adquirir  definitivamente los derechos federativos del muchacho de Guerrero. El precio del traspaso quedó

registrado en los libros contables del Club Universitario como 800,000 pesos mexicanos de la época, equivalente  en dólares de aquel año a $0,000 americanos. A Pumas le iba a salir el negocio más rentable de la historia  del fútbol universitario mexicano, porque ese muchacho de 800,000 pesos iba a anotar durante los siguientes 20 años seguidos 112 goles oficiales con la camiseta blanca y dorada del club de la universidad, convirtiéndose en el máximo goleador histórico de la institución hasta el año

2019, cuando el francés André Pierre Hignacó su récord absoluto  y entre el debut con Pumas en el 79 y aquella tarde del Estadio Azteca del 86, donde el mundo entero iba a ver al muchacho de Ciudad Altamirano, anotando el mejor gol de la historia de los mundiales. Ocurrieron 7 años de carrera profesional que iban a forjar el carácter exacto del hombre que 42 años más tarde llegaría a la alcaldía de Coyoacán, Estadio Azteca de Ciudad de México.

Octavos de final de la Copa Mundial de Fútbol organizada en territorio mexicano. 3:30 de la tarde, hora del centro de México. México contra Bulgaria. Partido de eliminación directa. Más de 114,500 personas en las gradas del Azteca esa tarde. Más de 40 millones de espectadores frente a la televisión mexicana. Más de 600 millones de personas viendo el partido completo en transmisión internacional a través de las cadenas oficiales de la FIFA y un mediocampista mexicano  de 27 años vestido con la camiseta verde número 10 del tricolor, parado en la

frontera del área grande de Bulgaria, esperando un centro de Carlos Hermosillo desde la banda izquierda. A los 35 minutos del primer tiempo del partido, el centro de Hermosillo cruzó el área grande búlgara desde la banda izquierda, pasando por arriba de tres defensores búlgaros y cayó exactamente sobre la frontera del área grande,  donde Manuel Negrete esperaba con el cuerpo de espaldas a la portería.

Manuel Negrete saltó hacia  atrás, giró el cuerpo en el aire, conectó la pelota con el empeine de la pierna derecha en una tijera media, completamente de espaldas al arco, sin posibilidad técnica de ver al portero búlgaro  Borislav Mikilov, parado a 12 m de distancia debajo de los tres palos.

El balón viajó por el aire en línea recta  durante exactamente 17 met 42 cm. Cruzó la zona alta del  área chica. pegó en la malla izquierda de la portería búlgara y a las 4:07 de la tarde del domingo 15 de junio del 86 dentro del Estadio Azteca de Ciudad de México, ese gol de tijera media del mediocampista mexicano de 27 años entró  a la historia oficial del fútbol mundial como uno de los goles más importantes jamás anotados durante una Copa del Mundo.

La FIFA lo calificaría oficialmente décadas después como el quinto mejor gol de toda la historia de los mundiales. El Estadio Azteca colocaría una placa conmemorativa en la pared norte del recinto deportivo años  después, marcando el punto exacto del campo donde Manuel Negrete había anotado aquella tijera de media vuelta.

Y México vencería a Bulgaria por dos goles a cero esa misma tarde, pasando a los cuartos de final del Mundial, donde sería eliminado por Alemania Federal en partido de tanda de penales el 15 de junio. Esa tarde del Estadio Azteca, el muchacho de Ciudad Altamirano se convirtió en figura histórica del fútbol mexicano.  Su carrera profesional, sin embargo, no se detuvo ahí.

Los siguientes 10 años seguidos arriba del montículo del fútbol profesional iban a llevarlo de Pumas a Sporting de Lisboa, de Sporting de Gijón al Atlante, del Atlante al Monterrey, del Monterrey a los Toros Nesa hasta el retiro definitivo en el  96. Y solo entonces, según los registros de la prensa política mexicana,  comenzó el verdadero camino que iba a terminar 22 años más tarde  dentro de la alcaldía de Coyoacán.

en condiciones que ningún periodista deportivo se atrevió a investigar a fondo.  Manuel Negrete se retiró del fútbol profesional en 1996 vistiendo la camiseta del Atlante durante  un partido contra los Pumas de la Universidad en el estadio azul de Ciudad de México a los 37 años de edad, sin homenaje oficial de la selección mexicana, sin retiro de número en ninguno de los equipos donde había jugado, sin contrato pendiente con ninguna organización deportiva profesional dentro del país.

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