En el vasto y a menudo controversial firmamento del cine mexicano, pocas etapas han sido tan polarizantes, masivas y económicamente redituables như la era de las denominadas “sexycomedias” o cine de ficheras. Durante las décadas de los setenta y ochenta, las salas de proyección de todo el país se abarrotaban no para presenciar solemnes dramas históricos o refinadas piezas de autor, sino para entregarse a la risa desparpajada, al doble sentido y a la picardía urbana. Y en la cúspide absoluta de ese fenómeno sociológico y cinematográfico, se erigía una figura inconfundible, dueña de un carisma popular inigualable: Alfonso Zayas. Bautizado por el público y la crítica como “El Rey de las Ficheras”—un término que a él personalmente le resultaba ofensivo y limitante—, Zayas se convirtió en el espejo en el que millones de hombres comunes querían mirarse: el gã astuto, el albañil ingenioso, el mecánico de barrio que, desprovisto de la musculatura de Hollywood o de la belleza de los galanes tradicionales, lograba conquistar a las mujeres más despampanantes de la pantalla grande.
Sin embargo, detrás del ingenio de sus albures, de las risas provocadas en los sets y de una filmografía que superó las 67 producciones de gran formato (además de una infinidad de cintas en formato videohome), la vida real de Alfonso Zayas estuvo salpicada de nubarrones oscuros, carencias extremas que marcaron su infancia, costosos divorcios que diluyeron su fortuna, y una tragedia familiar desgarradora que le partió el alma en dos y de la cual jamás logró recuperarse. El 8 de julio de 2021, el corazón del gran comediante se detuvo para siempre en la Ciudad de México, apagando una de las épocas más vibrantes del entretenimiento nacional. Con una mirada periodística profunda y humana, desnudamos los datos más impactantes, los mitos de sus romances y el enigmático destino de las musas que lo acompañaron en su ascenso a la gloria.
De la Miseria de la Carpa al Trabajo Tras Bambalinas
Nacido en Tulancingo, Hidalgo, el 30 de junio de 1941, Alfonso Zayas Inclán llevaba el arte en las venas, aunque en sus primeros años esa herencia fuera sinónimo de hambre y desesperación. Tulancingo no solo vio nacer a Zayas, sino también a otra leyenda monumental de la cultura pop mexicana: El Santo, el Enmascarado de Plata, un detalle geográfico que Alfonso siempre presumió con un profundo sentido de orgullo hidalguense. El joven Alfonso creció en el duro y ambulante ambiente de las carpas teatrales, un formato de entretenimiento popular donde su familia trabajaba de manera incansable.
Contrario a lo que el público pudiera imaginar, Zayas no quería ser actor. De hecho, detestaba la idea de subirse a un escenario. En crudas declaraciones ofrecidas en la madurez de su vida, el comediante confesó que en sus años de infancia “toda la familia se moría de hambre”, y que su inserción en el mundo de las carpas ocurrió “a la fuerza”, empujado por la necesidad imperiosa de sus
padres de sumar manos para ganarse unos cuantos centavos diarios. Su árbol genealógico estaba repleto de talento: era primo hermano de figuras de la talla de Rafael Inclán y Raúl Padilla “Chóforo”, e hijo de madres que compartían el mismo origen artístico. Su tío fue el legendario Miguel Inclán, una de las instituciones de la Época de Oro del cine mexicano, recordado eternamente por sus magistrales y despiadados papeles de villano.
Decidido a ganarse la vida lejos de la actuación, Alfonso ingresó a la televisión mexicana en sus años fundacionales, pero lo hizo desde las trincheras técnicas. Trabajó como microfonista, cargador de cables y técnico de iluminación en programas cómicos pioneros como Chucherías. Fue en ese ambiente donde los productores, al notar su gracia natural detrás de cámaras, comenzaron a darle pequeñas oportunidades como extra para que pudiera ganar un dinero extra. Su disciplina lo llevó a convertirse en floor manager de programas emblemáticos en Televicentro, destacando su labor en las primeras etapas de En familia con Chabelo. Zayas era un hombre técnico, un trabajador de la televisión que entendía el ritmo del medio desde atrás del lente, una experiencia que le otorgó unas tablas invaluables para cuando el destino lo forzó a dar el salto definitivo frente a las cámaras. Su gran oportunidad actoral llegó al formar parte durante 15 años del exitoso programa La criada bien criada, al lado de la inolvidable Blanca de Castrejón.
El Heredero de Tin Tan y el Halago de Gilberto Martínez Solares
El verdadero despegue cinematográfico de Alfonso Zayas ocurrió gracias a su encuentro con una de las mentes más brillantes de la dirección cómica en México: Don Gilberto Martínez Solares. Martínez Solares no era un director cualquiera; había sido el realizador, escritor y productor de las obras maestras de Germán Valdés “Tin Tan”, el pachuco de oro. El director vio en Zayas una chispa única, una naturalidad para el lenguaje popular y el albur que no había visto en ningún otro actor desde la época dorada de los años cuarenta.
La primera colaboración entre ambos fue la cinta Las suertes del campeón, un drama boxístico protagonizado por Jorge Rivero que el propio Zayas calificó textualmente como “una película malísima que no vio nadie”. Sin embargo, ese rodaje sirvió para consolidar un lazo indestructible entre el director y el actor. Alfonso era un ferviente admirador de Tin Tan, considerándolo el mejor cómico en la historia del país, y se había dedicado a estudiar minuciosamente su filmografía. Aprendió a replicar su gracia corporal, su cadencia al hablar y, sobre todo, su habilidad para besar a las actrices más bellas en pantalla. “Eso también se lo copié, lo ensayé muchísimo”, bromeaba Zayas con picardía.
El parecido en el estilo cómico era tan evidente que en tres ocasiones distintas, Don Gilberto Martínez Solares llamó a Alfonso por el nombre de “Germán” en pleno set de filmación, confundiéndolo de manera inconsciente con su antiguo maestro. Para Zayas, lejos de ser una ofensa, aquello representaba el honor más grande de su trayectoria. El director llegó a disculparse con él por los lapsus, a lo que el comediante respondió: “No, señor, para mí es un orgullo inmenso pensar que puedo recordar en algo al gran Germán Valdés”. Las películas que realizaron juntos se convirtieron en verdaderos “golpazos” en la taquilla nacional, consolidando el fenómeno de la sexycomedia.
El Mito de Angélica Chaín y su Misteriosa Desaparición
A medida que el éxito de las películas de Alfonso Zayas crecía de manera exponencial, el público y la prensa rosa comenzaron a tejer mitos en torno a su vida sentimental. La química que proyectaba en la pantalla con las actrices más deslumbrantes de la época era tan orgánica que la opinión pública asumía que los romances traspasaban la ficción. El rumor más extendido de la época afirmaba de manera categórica que Zayas mantenía una relación extramarital con la mítica vedette y actriz Angélica Chaín.
Alfonso se encargó de desmentir el mito de manera contundente en sus años de madurez, revelando detalles inéditos sobre la verdadera personalidad de la actriz. Aseguró que Chaín era una mujer “muy especial, muy orgullosa, que no hablaba con nadie en el set” y que jamás mantuvieron un romance en la vida real. De hecho, Zayas reveló el origen oculto del nombre artístico de la diva: explicó que la actriz trabajaba originalmente en un bar ubicado a la vuelta del Teatro Principal en la ciudad de Puebla, un establecimiento situado en la calle 10 Poniente. El local colindaba con el Hotel Señorial, una propiedad que pertenecía a los influyentes hermanos Pepe y Pedro Chaín. Fueron estos empresarios hoteleros quienes descubrieron a la joven, la apadrinaron y le otorgaron el apellido artístico que la consagró en el cine.
Pero el misterio más grande en torno a Angélica Chaín radica en su abrupta, repentina y definitiva desaparición de la faz de la tierra en la cúspide de su carrera. Alfonso Zayas relató con lujo de detalles la última vez que supo de ella. El comediante se encontraba llegando al aeropuerto de Nueva York para cumplir con un compromiso laboral cuando se topó con un empleado de una aerolínea que conocía su trayectoria. El trabajador le preguntó de manera directa: “Oye, Alfonso, ¿vienes con tu vieja, con Angélica Chaín?”. Sorprendido, Zayas respondió que ella no viajaba en ese vuelo comercial. El empleado le reveló entonces una información confidencial: “Acaban de salir de México ella y su esposo, un ejecutivo de apellido Molina que se echó a correr con un chorro de lana de la Pepsi-Cola de aquí de México. Llegaron en su avión particular”.
Aquel escape cinematográfico motivado por un fraude multimillonario marcó el fin de la carrera de la diva. Angélica Chaín se esfumó de los sets de filmación, cortó todo lazo con el mundo del espectáculo y nunca más volvió a ser vista por ninguno de sus compañeros del cine de ficheras. El silencio sepultó su leyenda, dejando su misterioso paradero como uno de los enigmas más grandes de la farándula mexicana.
El Vencedor de Stallone y los Siete Matrimonios
El impacto comercial del cine de Alfonso Zayas es un fenómeno que los analistas de taquilla contemporáneos miran con asombro. En una época donde el cine mexicano competía directamente en las salas con las superproducciones de Hollywood, Zayas logró una hazaña que parecía imposible: se convirtió en el único actor mexicano capaz de derrotar en la taquilla nacional al mismísimo Sylvester Stallone en la cúspide de su popularidad con la saga de Rambo. “Le ganamos en la taquilla, aunque bueno, él estaba más fuerte que yo”, comentaba el comediante entre risas. Su arrastre popular lo llevó a trabajar durante 16 años consecutivos en el famoso programa internacional Sábado Gigante bajo la batuta de Don Francisco, viviendo durante ocho años en Santiago de Chile para realizar los pequeños e ingeniosos sketches cómicos que fascinaban a la audiencia sudamericana.
Sin embargo, los inmensos ingresos económicos que Zayas percibió gracias a su arrollador éxito en el cine y los videohomes batiendo récords de venta, se esfumaron con la misma rapidez con la que ingresaban a sus cuentas bancarias. El motivo de su debacle financiera no fueron los vicios ni los casinos, sino su turbulenta vida amorosa. Alfonso era un hombre sumamente enamoradizo; contrajo matrimonio en siete ocasiones distintas y procreó un total de nueve hijos. “Gracias a Dios era muy bien pagado, pero también era muy bien divorciado”, confesó el actor con su característico sentido del humor, reconociendo que la mayor parte de su fortuna se diluyó en los costosos juicios de separación, pensiones alimenticias y acuerdos de divorcio con sus seis exesposas, antes de encontrar la estabilidad definitiva con su última pareja.
