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Era pastor anticatólico con 450 miembros: una palabra griega destruyó 18 años de argumentos

A los 22 ingresé al seminario teológico bautista. A los 29, con el apoyo del pastor Guerrero y de un grupo de familias que habían crecido conmigo en la fe, fundé la palabra eterna de Dios. El ministerio antiatólico fue desde el principio una parte central de lo que yo hacía. No lo considero algo accidental. era parte de mi formación teológica y de la cultura de nuestro círculo.

 El catolicismo era la distorsión histórica del Evangelio. La reforma era el regreso a la fe original del Nuevo Testamento y los pastores, que se tomaban en serio su responsabilidad tenían el deber de advertir a sus congregaciones sobre los errores del catolicismo romano. Yo me tomaba esa responsabilidad en serio, muy en serio. Empecé el canal de YouTube en 2012, cuando los canales de apologética protestante en español empezaban a multiplicarse.

 Mi propuesta era la que yo consideraba más rigurosa. No ataques emocionales ni retórica anticatólica de baja calidad, sino argumentación bíblica seria con el texto original, con las referencias históricas, con la lógica del expositor que conoce bien lo que está refutando. pensaba yo, era lo que diferenciaba mi apologética de la del predicador de esquina.

 El video que más éxito tuvo en ese canal con casi 80,000 visualizaciones se llamaba Juan 6. ¿Por qué la eucaristía católica es un error bíblico? Lo había preparado con meses de investigación. Tenía los argumentos de Calvino, de Swinglio, de los comentaristas reformados modernos. tenía la explicación de por qué el discurso del pan de vida debía interpretarse en sentido figurado. Tenía todo.

 Hasta que en octubre de 2017, mientras preparaba la segunda parte de ese sermón, me hice una pregunta que no me había hecho antes. No porque fuera una pregunta difícil de formular, sino porque era una pregunta cuya respuesta yo tenía miedo de buscar sin saberlo todavía. La pregunta era, ¿cuál es el verbo exacto que usa Jesús en Juan 6:54? En español, todas las traducciones dicen algo como el que come mi carne.

 En griego, Jesús usa dos verbos diferentes a lo largo del discurso. Al principio del pasaje usa fago, que es el verbo griego ordinario para comer, el mismo que se usa en cualquier contexto normal de alimentación. Pero a partir del versículo 54, cuando el discurso se vuelve más específico y más difícil, Jesús cambia de verbo.

 Empieza a usar trogo. Trogo no es el verbo ordinario para comer. Trogo significa masticar, morder, comer físicamente de manera concreta y material. Es el verbo que se usa en griego para describir cómo los animales comen hierba. tiene una literalidad sensorial que Fago no tiene. No es un verbo que uno elegiría si estuviera hablando en sentido figurado.

Abrí el diccionario griego del Nuevo Testamento, busqué trogo, leí la definición, la leí de nuevo. Busqué los otros lugares del Nuevo Testamento donde aparece ese verbo. Aparece en Juan 13:18, donde Jesús dice que el que come pan con él lo traicionará, citando el salmo 41. Y en Mateo 24:38, donde aparece en el contexto de gente comiendo y bebiendo antes del diluvio.

En ambos casos, el sentido es completamente literal y físico. Me quedé mirando la pantalla durante un tiempo que no supe medir. Busqué entonces cómo los comentaristas protestantes más serios manejaban ese cambio de verbo. Encontré algo que me desconcertó mucho más que la definición del diccionario. Juan Calvino en su comentario sobre Juan 6 reconoce que el cambio de fago a trogo es significativo y que Jesús lo usa deliberadamente para enfatizar la realidad de lo que está describiendo.

Calvino termina llegando a una conclusión diferente a la católica, lo cual es esperable. Pero su punto de partida es reconocer que el texto griego no facilita la interpretación puramente simbólica. Calvino, el padre del calvinismo, el pilar del protestantismo reformado. Reconociendo que Juan 6:54 es lingüísticamente difícil de leer como pura metáfora, yo había estado predicando durante años que la interpretación simbólica era la evidente, la natural, la que cualquier lector honesto del texto llegaba sin esfuerzo. Pero ahí estaba Calvino, el

hombre cuya teología yo enseñaba en mi seminario informal de la iglesia diciéndome que el texto mismo empuja en una dirección diferente. Cerré el computador, me quedé sentado en la oscuridad de mi oficina durante un rato. Era la 1:15 de la mañana. Patricia dormía, los niños dormían y yo estaba sentado con el peso de una pregunta que no tenía respuesta sencilla y que si la tenía esa respuesta iba a costar un precio que todavía no quería calcular.

[música] Me fui a la cama sin contarle nada a Patricia. Dormí mal. Al día siguiente, en lugar de continuar con el sermón que estaba preparando, tomé una decisión que cambió todo lo que vino después. Decidí leer los argumentos católicos sobre Juan 6 directamente [música] en sus propias fuentes, sin el filtro de la refutación protestante, no para convertirme, para conocer exactamente lo que estaba refutando.

 Porque si yo iba a seguir haciendo apologética con integridad, necesitaba conocer el argumento contrario en su versión más sólida. No en la versión conveniente para mis propósitos encontré los escritos de Scott Han, un ex presbiteriano que había sido exactamente lo que yo era, apologeta protestante y que había llegado al catolicismo precisamente por el mismo recorrido bíblico que yo estaba empezando.

 No estaba de acuerdo con sus conclusiones, pero el rigor con que argumentaba desde el texto me obligó a tomarlo en serio. Encontré a Brant Petre y su libro sobre Jesús y los orígenes de la Eucaristía. que argumentaba Juan 6 desde el contexto del maná en el desierto y la Pascua judía, con una profundidad exegética que no era fácil de desestimar.

 Y luego encontré los textos que cambiaron todo, los padres de la iglesia, los documentos de los primeros siglos del cristianismo, escritos por hombres que habían conocido a los apóstoles o a los discípulos directos de los apóstoles y que describían la fe cristiana original en sus propias palabras. La didag, probablemente el documento cristiano más antiguo que existe fuera del Nuevo Testamento, escrito a finales del siglo i primero o principios del segundo, habla de la Eucaristía con una especificidad que no encaja con una

interpretación meramente simbólica. San Inacio de Antioquía en el año 107 escribe que quienes se apartan de la comunidad lo hacen porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la carne real. [música] En el año 107, 3 años antes, el apóstol Juan todavía vivía. San Justino Mártir en el año 155 describe la celebración eucarística de los domingos con una precisión que es idéntica a la misa católica actual y dice expresamente que ese pan y ese vino son la carne y la sangre del mismo Jesús

encarnado, no símbolo, no memorial, la carne y la sangre. San Juan Crisóstomo, en sus homilías sobre el evangelio de Juan, dedica varias páginas al pasaje del capítulo 6 y argumenta desde el griego original que la literalidad del texto es exactamente lo que Cristo quería transmitir. Que el escándalo de los discípulos, que yo siempre había interpretado como evidencia de que ellos mal entendían una metáfora, era exactamente lo contrario.

 era la reacción natural a algo que Cristo estaba diciendo con toda la literalidad y que ellos entendían perfectamente. Eso me detuvo durante varios días. La interpretación que yo había enseñado durante años era esta. Los discípulos se escandalizaron porque malentendieron una metáfora como si fuera literal.

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