años de mayor éxito de la serie. Entre mediados de los años 60 y principios de los 70 se estimaba por fuentes del sector televisivo de la época en el rango de los 15 a $25,000 por episodio para las figuras de primer nivel. Con 28 episodios por temporada, en sus mejores años Michael, Landon generaba entre 420,000 y 700,000 anuales solo de su salario como actor, en dólares de los años 60, equivalentes hoy a entre 4 y 7 millones de dólares anuales.
La tragedia golpeó dentro del set de Bonanza en mayo de 1972 cuando Dan Blocker, el actor que interpretaba Oscar Trit, el hermano mayor de Little Show, murió de un coágulo de sangre después de una cirugía de vesícula que se suponía era rutinaria. Blocker y Michael eran amigos reales, además de hermanos en pantalla. La pérdida fue devastadora para todo el elenco.
Y Michael, que había aprendido desde niño a procesar el dolor con humor, intentó mantener el ánimo del equipo durante las semanas que siguieron, pero el público sintió el vacío. La serie duró solo una temporada más antes de concluir. Bonanza terminó en 1973, pero para Michael Landon terminar era solo el prólogo de algo más grande. En septiembre de 1974 llegó La Casa de la Pradera.
La serie basada en los libros autobiográficos de Laura Ingoss Wier sobre la familia Inols en el Minnesota del siglo XIX fue la apuesta más importante de la carrera de Michael London. no solo como actor, como creador, productor y director. Michael Landon no era solo el actor que interpretaba a Pine Goss, era el hombre que controlaba cada aspecto de la producción, que escribía guiones, que dirigía episodios, que tomaba decisiones creativas y financieras que en el modelo de televisión americano de esa época le daban un nivel de control y de
participación en los ingresos que pocos actores de su generación podían igualar. La casa de la Pradera duró 9 temporadas de 1970 y 4 a 1983. 9 años de la familia Inols en las pantallas de todo el mundo. El salario combinado de actor, productor y director en los años de mayor éxito de la serie, superaba el millón de dólares anuales para Michael London.
Y los acuerdos de distribución y sindicación que firmó como productor le garantizaban porcentajes de los ingresos de reposición que seguirían generando dinero durante décadas. Décadas después de su muerte, los derechos de sindicación de la Casa de la Pradera seguían pagando a su patrimonio. Pero fue durante el rodaje de la Casa de la Pradera donde ocurrió la crisis más pública de su vida privada.
El escándalo que nadie quería creer de un hombre que predicaba los valores de la familia americana en cada episodio del que era autor, director y protagonista. Durante las temporadas de mayor éxito de la serie, Michael Landon inició una relación con Cindy Clerico, una joven de 22 años que había sido contratada como doble de Melissa su Anderson en la serie. Michael tenía 45 años.
Llevaba 19 años casado con Lino, su segunda esposa y madre de cuatro de sus hijos. La relación con Cindy no era un secreto bien guardado en el set. Las personas que trabajaban con él lo sabían. Sus actores lo sabían. Melissa Hilbert, que lo había admirado como una figura paterna desde que era niña y que había pasado 9 años a su lado en el set, lo supo también.
Y cuando lo supo, según ella misma relató años después, fue como si el mundo que creía conocer se derrumbara de repente. Él era tan especial y tan fundamentalmente bueno recordaría Melissa Gilbert en el funeral. Pero esa cualidad de bondad fundamental coexistía con una capacidad para causar daño que nadie que lo viera en pantalla podía imaginar.
El divorcio de Lin no en 1983 fue el evento que sacó a Michael Landon de la pantalla de televisión y lo puso en las portadas de las revistas de chismes con una intensidad que en ese momento todavía resultaba novedosa para un actor que había mantenido su vida privada razonablemente controlada durante dos décadas.
Lin y Michael habían estado juntos desde 1960, 19 años, cuatro hijos. La imagen pública de la familia perfecta que correspondía exactamente al personaje que Michael interpretaba en pantalla. El contraste entre Pine Goss y el hombre que abandona a su esposa de 19 años por una joven del set dos décadas menor, que él fue el tipo de contradicción que el público americano y latinoamericano de los años 80 encontraba difícil de procesar.
Michael respondió con la misma claridad directa que caracterizaba su estilo público en una entrevista con la revista People en 1985. Explicó que su matrimonio con Lane había terminado por diferencias irreconciliables que venían de mucho antes de que Cindy apareciera en su vida, que la relación había perdido su sustancia mucho tiempo antes de que él tomara la decisión de dejarla.
Line, por su parte habló de sentirse perdida en los últimos años del matrimonio, de una relación que había ido vaciándose de contenido mientras Michael se volcaba completamente en el trabajo. La verdad, como siempre, estaba en algún lugar entre las dos versiones, pero el daño a la imagen pública de Michael Landon fue real y duradero.

Su hija Cheril, que lo adoraba, describió cómo el comportamiento de su padre cambió durante el periodo de la aventura. Estaba atrapado viviendo una mentira, dijo. Y esa mentira lo cambió de maneras que las personas que lo conocían de cerca podían percibir, aunque el público general todavía viera al héroe de la pradera. En 1983, Michael Landon y Cindy Cléri se casaron.
Ella tenía 28 años, él 46. Y juntos se embarcaron en la construcción del hogar más ambicioso que Michael había tenido en toda su vida en las cañadas de Malibú, California. Compraron 11 acres de tierra con vistas a las montañas de Santa Bárbara y a los cañones que descienden hacia el océano Pacífico, 11 acresc de California, y Michael, que durante 30 años había interpretado a personajes que vivían en tierra y entre animales y que sabían el valor de lo que construían con sus propias manos. diseñó el rancho que
siempre había soñado. El rancho de Michael Landon en las Cañadas de Malibú fue descrito por el Los Angeles Tees en un artículo de enero de 1990 como uno de los proyectos residenciales más ambiciosos construidos por una figura del entretenimiento en él. Sur de California. En esa década, la casa principal era una mansión de estilo Misión de Santa Bárbara de 10,000 pies cuadrados, equivalentes a 929 m², con ocho dormitorios, techos de viga de madera expuesta, pisos de piedra travertino y esas ventanas enormes con
vista a los cañones que Michael había especificado personalmente porque quería que en cualquier habitación de la casa siempre hubiera naturaleza visible. Había construido ese rancho pensando en la vida que quería vivir en él. Una vida con caballos, con espacio, con la misma escala humana que había encontrado en los sets del oeste, donde había pasado su carrera y que nunca había podido reproducir de él.
Todo en las casas anteriores de Malibu Coloni, donde vivía demasiado cerca de los vecinos y demasiado lejos de la naturaleza. Michael invirtió en la construcción y los acabados de esa propiedad una cantidad que sus colaboradores de la época estimaban en más de 4 millones de dólares. 4 millones de dólares de principios de los años 90 en la construcción de un rancho que era también su declaración definitiva de cómo quería vivir los caballos porque Michael Landon sin caballos sería como Pine Gold sin la pradera, incompleto.
La pasión de Michael por los caballos venía de los años de Bonanza cuando aprender a montar no era opcional, sino parte del trabajo. Pero con el tiempo, esa obligación profesional se convirtió en amor genuino. El tipo de amor que hace que un hombre que ya ganó suficiente dinero para nunca montar a caballo, a menos, que quiera hacerlo, siga eligiendo levantarse a las 6 de la mañana para revisar los corrales.
En el rancho de las cañadas de Malibú, Michael mantenía una caballada de entre 8 y 12 ejemplares cuarto de milla y pura sangre americanos que sus cuidadores atendían con el mismo nivel de cuidado con que un cirujano atiende a sus pacientes. El ejemplar más valioso de su caballada, un pura sangre de carreras que había adquirido en las subastas de Kentucky a finales de los años 80 y que en los círculos del Turf del sur de California era conocido como uno de los mejores ejemplares de su generación.
fue evaluado en los seguros de la propiedad en más de $400,000 de la época, $400,000 por un caballo, los demás ejemplares de la caballada con valores individuales entre los 80 y los 250,000 cada uno dependiendo de su pedigrí y su entrenamiento. Representaban un patrimonio combinado que sus asesores financieros estimaban en más de millones dó solo en caballos los automóviles.
Michael Landon tenía una colección de automóviles clásicos que sus vecinos de Malibu describían con la misma mezcla de admiración y sorpresa con que se describe cualquier cosa que uno no esperaba que existiera. El actor que interpretaba a Pine Goss en una carreta tirada por caballos en la pradera de Minnesota era en su vida real uno de los coleccionistas de coches clásicos europeos más apasionados del sur de California.
La pieza más preciada de su colección era un Jaguar XK10 del año 1956, el año considerado por los puristas como el mejor año de producción de ese modelo icónico. un descapotable de color plateado con interiores en cuero carmesí con el motor de 3,4 L de línea 6 que en los años 50 producía 190 caballos de potencia y que en el mercado actual de automóviles de colección alcanza valores entre los 140 y los $220,000 dependiendo del estado de conservación.
Michael lo tenía en condiciones perfectas. Lo conducía él mismo por las carreteras costeras de Malibu en los fines de semana en que no había rodaje, con la capota abajo y el pelo al viento, con esa libertad de movimiento que el hombre que había pasado 30 años en sets de televisión necesitaba con la misma urgencia con que otros necesitan el silencio.
Había también un Chevrolet Corbetta del año 1963, el modelo Sting Ray, considerado por los coleccionistas americanos como el Corbeta más bonito de la historia de la marca. Un automóvil que representa la culminación del diseño americano del muscle car clásico y que en el mercado actual tiene valores entre 80 y 120,000 por un ejemplar de esa generación en buen estado y varios automóviles adicionales de uso cotidiano que sus colaboradores describen como camionetas de lujo americanas que Michael usaba para los traslados al trabajo y los fines de semana en el rancho. El valor
combinado de su colección de automóviles superaba holgadamente el 1200,000. Después de la Casa de la Pradera, Michael creó Camino al cielo una nueva serie en la que interpretaba Jonathan Smith, un ángel que ayuda a personas en dificultades. Camino al cielo duró cinco temporadas de 1980 y 4 a 1989. Cinco temporadas más de Michael Landon como productor, director y actor principal.
Cinco temporadas más de ingresos multimillonarios. cinco temporadas más de una carrera que a los 50 años seguía siendo tan relevante como cuando había empezado. Pero en 1989, el compañero de Víctor French, quien interpretaba al ángel compañero de Jonathan Smith en la serie, fue diagnosticado con cáncer de pulmón. Murió 3 meses después.
Para Michael, la pérdida de French fue un golpe que sus cercanos describen como devastador. Era su segundo amigo cercano y compañero de trabajo que perdía a causa de una muerte prematura. Después de Dan Blocker 17 años antes en el set de Bonanza. La serie concluyó. Michael tomó un año de descanso que para un hombre que llevaba 30 años sin parar fue casi tan difícil como cualquier otra cosa que había enfrentado en su vida.
Hablemos ahora de los números del patrimonio, porque Michael Landon no fue solo un actor que gastó lo que ganó, fue también un inversor inmobiliario que entendía el mercado de bienes raíces del sur de California con la misma intuición con que entendía el gusto del público televisivo. La propiedad en las Cañadas de Malibú, construida entre 1988 y 1990, con una inversión de más de 4 millones de dólares en construcción y acabados sobre un terreno de 11 acres adquiridos separadamente.
Tenía en el momento de su muerte un valor estimado de entre 12 y 16 millones dó. Hoy considerando el crecimiento del mercado inmobiliario de Malibu en las últimas tres décadas. Una propiedad de esas características y esa ubicación tendría un valor que supera con facilidad los 40 millones de dólares. 40 millones de dólares. En una sola propiedad había además una casa en Malibu Coloni, la colonia playera más exclusiva de la zona, construida directamente sobre la arena con acceso privado al océano Pacífico, que Michael había comprado en los años 70 y que
mantuvo durante su matrimonio con Lino. una propiedad que representaba en esa época una inversión de entre 800,000 y ,200,000 y que en el mercado actual de Malibu Coloni tiene un valor entre 8 y 12 millones dó. El portal Celebrity Networth estimó la fortuna total de Michael London en el momento de su muerte en 40 millones de dólares actuales, equivalentes a más de 700 millones de pesos mexicanos.
Pero esa cifra, como ocurre siempre con los patrimonios de esta magnitud, no captura la totalidad de lo que había construido. Los derechos de sindicación de sus series, los acuerdos de producción que seguirían generando ingresos durante décadas, las propiedades en Malibu que han multiplicado su valor con el tiempo. El patrimonio real de Michael Landon fue probablemente mayor, mucho mayor.
Pero antes de hablar del testamento y de la herencia, hay que hablar de algo que ocurrió en la primavera de 1991. Algo que convirtió el césped verde del Rancho de las Cañadas de Malibú en el escenario de una de las declaraciones más memorables de la historia de la televisión americana. En abril de 1991, Michael Landon recibió un diagnóstico que sus médicos describieron como definitivo.
Cáncer de páncreas, inoperable, ya extendido al hígado. Y Michael Landon hizo lo que siempre había hecho cuando tenía algo importante que decir. Lo dijo él mismo en sus propios términos, sin esperar a que los demás lo contaran por él, se sentó en el céspedan de Malibú, con el sol de California sobre la melena, que lo había acompañado durante 30 años de televisión con el Pacífico al fondo entre los cañones, sorprendentemente bronceado y de aspecto saludable, para ser un hombre que acababa de recibir una sentencia de muerte y le contó al mundo lo que le
estaba pasando, no para ganar compasión, no para manejar su imagen pública, sino porque que era suyo y tenía derecho a contarlo cuando y como quisiera. Los médicos le daban meses, pocos. Michael respondió con la misma frase con que había respondido a todos los desafíos de su vida.
Voy a pelear con todas mis fuerzas. Las últimas semanas de Michael Landon en el rancho de Malibu fueron, según los testimonios de quienes lo visitaron, una mezcla de dolor físico y una serenidad que ninguno de sus personajes de televisión había sabido representar tamban bien. Sus nueve hijos lo visitaban. la mayoría de ellos, pero su hija Cheril en el libro Prometí a mi papá reveló uno de los secretos más dolorosos de esas semanas finales.
La falta de comunicación entre Cindy y los hijos del primer matrimonio sobre los horarios de visita significó que algunos de ellos perdieron tiempo precioso con su padre en los días en que todavía era posible tenerlo. Una pérdida que Cheril describió con la honestidad y el dolor de alguien que no pudo remediarla a tiempo en esos últimos días.

Los que estaban en la habitación con él relatan que Michael habló con sus padres fallecidos, que sonó como si viera algo que los demás no podían ver. Sus últimas palabras reportadas por varios de sus hijos que estaban presentes fueron: “Tienen razón, es hora. Los amo a todos. El primero de julio de 1991, Michael Landon murió en el rancho de Malibú. Tenía 54 años, la herencia.
Porque Michael Landon había trabajado toda su vida para que ese dinero llegara a donde tenía que llegar. y no estaba dispuesto a que los conflictos familiares arruinaran lo que había construido antes de morir. Con la misma precisión estratégica que había aplicado a todos los aspectos de su vida profesional, Michael grabó un video personal dirigido a sus herederos.
En ese video les explicó exactamente cómo estaba distribuida la herencia y les dijo algo que revelaría después la revista Gruns. Cualquier heredero que contestara el testamento perdería automáticamente su parte. Era la frase definitiva de un hombre que había pasado toda su vida en el negocio de la televisión y que sabía que los conflictos entre herederos son el tipo de drama que destruye en meses lo que se construye en décadas.
Cada uno de sus nueve hijos recibió entre 8 y 10 millones de dólares de la herencia directa, entre 8 y 10 millones de dólares por hijo, nueve hijos más los derechos de sindicación que seguirían pagando, más las propiedades, más los automóviles, más los caballos, más los acuerdos de producción vigentes. El funeral fue privado, 500 personas en un parque conmemorativo de Los Ángeles.
Melissa Gilbert llegó, la joven que había sido Laura in Golds durante nueve temporadas y que durante años había mantenido distancia del hombre que la había decepcionado con su aventura. La mujer que finalmente lo había visitado una semana antes de su muerte y lo había encontrado tan frágil, tan diferente del pine gols robusto y vital que había conocido, que el dolor de verlo así se le instaló en el corazón con la misma permanencia con que se instalan las pérdidas que no tienen reemplazo.
Él era tan especial y tan fundamentalmente bueno dijo en el funeral. Con él siempre se sabía exactamente dónde se estaba parado. Esas palabras, tan cuidadosamente elegidas decían todo y también todo lo que callaban. El rancho de Malibú sobrevivió a Michael Landon durante décadas. Cindy clérico lo habitó durante años después de la muerte de su esposo, manteniendo la propiedad con el mismo cuidado que Michael había puesto en construirla cuando finalmente decidió venderlo.
La transacción generó los titulares que merece cualquier propiedad de esa magnitud en esa ubicación. una propiedad de exactor vendida por más de 40 millones de dólares en el mercado de Malibú. 40 millones de dólar. Por el rancho donde Michael London se sentó en el césped a contarle al mundo que se estaba muriendo por el rancho donde los caballos pura sangre pastaban en los corrales mientras su dueño dirigía episodios de televisión en el estudio de producción que había construido en la misma propiedad, por el rancho donde el Jaguar XK10 plateado esperaba en la
cochera los fines de semana. sin rodaje para recorrer las carreteras costeras de Malibu con la capota abaja y el pelo al viento por el rancho donde terminó la historia de Yugí Maoris Oowitz, el niño acosado de Colinswood, Nueva Jersey, que eligió un nombre de la guía telefónica y se convirtió en el hombre más querido de la televisión americana.
Michael Landon fue así seguirá siendo una de las historias más complejas y más conmovedoras que Hollywood ha producido en el siglo XX. Llegó de la pobreza y el acoso. Se reinventó desde cero. Construyó tres de las series más exitosas de la historia de la televisión americana. generó una fortuna que se estimó en 40 millones de dólares y que dejó a cada uno de sus nueve hijos con entre 8 y 10 millones de dólares individuales.
Construyó en Malibu el rancho que cualquier niño que creció viendo Bonanza hubiera soñado tener, con caballos pura sangre valuados en millones, con automóviles clásicos europeos en la cochera, con 11 acresa de California, que cuatro décadas después valían más de 40 millones. y al mismo tiempo fue un hombre que predicó valores de familia en pantalla y que destruyó la propia con sus decisiones personales, que actuó con una generosidad genuina hacia sus hijos y sus colaboradores y que también causó daños que las personas que más lo querían tardaron años en procesar. una
contradicción perfecta, la misma contradicción que hace que 34 años después de su muerte, cuando la gente ve un episodio de la Casa de la Pradera en alguna plataforma digital, siga sintiéndose como si estuviera viendo a un familiar, porque Pine Goss era demasiado real para ser solo un personaje y Michael Landon era demasiado humano para ser solo un icono.
Antes de despedirnos, necesitamos preguntarte algo. ¿Cuál fue el detalle de la vida de Michael Landon que más te sorprendió hoy? El rancho de 11 acres en Malibú, que valía 40 millones de dólares. El escándalo que destruyó 19 años de matrimonio mientras predicaba valores de familia en pantalla. Los 8 a 10 millones de dólares que le dejó a cada uno de sus nueve hijos o esas últimas palabras en el rancho de Malibú antes de cerrar los ojos para siempre.
Cuéntanoslo en los comentarios. Y si este video te hizo recordar esas tardes de infancia cuando la familia entera se reunía alrededor del televisor para ver a Pine Goss y a Laura Inols cruzar la pradera, entonces haz una sola cosa. Dale click al botón de suscribirse, activa la campanita para que ningún video de este canal se te escape y comparte este video con alguien que todavía recuerde la música de la casa de la pradera como si fuera parte de la banda sonora de su infancia.
Nos vemos en el próximo video. Los que construyeron algo real nunca desaparecen del todo, solo se vuelven leyenda.