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HUGO SANCHEZ : CONFESÓ LO QUE LE HIZO AZCÁRRAGA Y TELEVISA

Si Televisa no transmitía tus partidos, tu equipo moría. Así de simple. Y los dueños de todos los equipos lo sabían. Por eso existía el pacto de caballeros. Los jugadores no podían negociar libremente con otros clubes. Cuando terminaba tu contrato, el equipo seguía siendo dueño de tus derechos. Sin sindicato, sin representación legal real, eras propiedad.

  Así funcionó el sistema durante décadas. El que hablaba se quedaba sin trabajo y el que se quedaba sin trabajo en México se quedaba sin trabajo en todos lados. Nadie habló hasta que llegó Hugo, el regreso. Hugo Sánchez llevaba 11 años en Europa cuando Televisa lo llamó. Atlético de Madrid primero, Real Madrid después, cinco pichichi consecutivos entre 1984 y 1990.

208 goles con la camiseta blanca, una bota de oro europea compartida con Stoutkov en 1990. El tercer máximo goleador extranjero en la historia de la liga detrás solo de Messi y Cristiano Ronaldo. Números que ningún mexicano había hecho, que pocos en la historia del fútbol mundial han hecho.

 En España, Hugo era Dios. En México una leyenda enorme, pero lejana. Grande, admirada, pero lejana. Azcárraga lo veía y pensaba lo mismo que pensaba con todo lo que valía dinero. Eso tiene que ser mío. En 1992, los ejecutivos de Televisa volaron a Madrid. La oferta, el club América, el equipo más poderoso de México, el salario más alto de la historia del fútbol mexicano.

2 millones de dólares al año. Hugo escuchó y puso sus condiciones. Tres. Primera,  el sueldo que pedía. Segunda, control sobre su imagen. Televisa podía usarlo en publicidad, pero Hugo tenía que aprobar cada proyecto. Tercera, libertad para hablar públicamente sobre el fútbol, sobre la liga, sobre lo que quisiera.

 Los ejecutivos aceptaron las tres. No entendían con quién estaban tratando. Julio de 1992, Hugo Sánchez aterrizó en el aeropuerto de la Ciudad de México. 200 periodistas, es cámaras encendidas, aficionados con pancartas. Bienvenido a casa. El pentapichichi es nuestro. La conferencia de prensa fue en Televisa San Ángel. Emilio Azcárraga, hijo del tigre, presentó a Hugo ante la prensa.

Este es un día histórico para el fútbol mexicano. Hugo tomó el micrófono. Regreso a México no solo para jugar, regreso para cambiar cosas. Silencio en la sala. ¿Cambiar qué? El fútbol mexicano tiene mucho talento, pero los jugadores no tienen derechos. Los contratos son injustos. Eso tiene que cambiar. Azcárraga hijo sonrió desde el estrado.

Era una sonrisa tensa.  Después de la conferencia lo buscó en privado. ¿A qué te referías con cambiar cosas, Hugo? A que los jugadores necesitamos organizarnos como en Europa. Hugo, aquí las cosas funcionan diferente. Sí, y por eso México no crece. Ese fue el primer choque. Silencioso, educado, pero real.

La rebelión. La primera temporada de Hugo en el América fue exactamente lo que Televisa había comprado. 26 goles, campeón de goleo. El Azteca lleno cada fin de semana, 80,000 personas gritando su nombre, comerciales en todos los canales. Pero Hugo hablaba en entrevistas  después de los partidos. En conferencias de prensa, en columnas  de periódicos, los jugadores en México firmamos contratos que nos perjudican.

En Europa existe la libertad de agencia.  Cuando termina tu contrato, eres libre. Aquí el club es dueño de tus derechos para siempre. Y entonces usó una palabra que nadie había pronunciado antes en ese contexto. Eso se llama esclavitud  moderna. La frase explotó. Los directivos de media liga llamaron a Televisa furiosos.

 Televisa llamó a Hugo. Estás causando problemas. Los dueños están molestos. Todo lo que digo es verdad. Puede ser verdad, pero no tienes que decirlo en público. ¿Por  qué no? Porque eres jugador del América y el América es de Televisa. Hugo entendió el mensaje y hizo exactamente lo contrario. 1993, un año después de su regreso, Hugo empezó a reunirse con jugadores en privado, no en el  América.

 Eso hubiera sido demasiado obvio en casas, en restaurantes cerrados al público.  Los primeros en llegar Luis García del Atlante, Carlos Hermosillo del Monterrey, el otro máximo goleador de la selección. Alberto García Aspe, Jorge Campos, Ramón Ramírez, Claudio Suárez, los mejores jugadores de México, todos con las mismas quejas.

Uno,  mi club me debe tr meses de salario. No puedo irme porque soy su propiedad. Otro, me prometieron una prima por clasificar a liguilla. Nunca me la pagaron. Otro más. Me  multaron 50,000 pesos por llegar 5 minutos tarde. Ni siquiera está en mi contrato. Hugo tomaba notas, documentaba todo.

 Vamos a crear la Asociación de Futbolistas Profesionales de México, un sindicato reconocido legalmente. No es una huelga. No vamos a dejar de jugar, solo vamos a organizarnos. La propuesta era razonable. En cualquier liga seria del mundo hubiera sido completamente normal, pero alguien habló. Uno de los jugadores de las reuniones le contó todo a  su directivo, no por traición, por miedo. El directivo lo había amenazado.

Si sigues en esto, te corto  y me aseguro de que ningún equipo te contrate. La noticia llegó a oídos de Emilio Azcárraga Milmo. El tigre convocó una reunión de emergencia. con los dueños de los equipos grandes de la liga. América, Guadalajara, Cruz Azul, Pumas, Monterrey, Atlante,  Necaxa, todos ahí, todos nerviosos.

Si permitimos que los jugadores se organicen, perdemos  el control. Van a exigir salarios más altos, contratos protegidos. El pacto de caballero se acaba y con él nuestro negocio. Silencio. ¿Y qué hacemos con Hugo? No podemos cortarlo directamente. Es demasiado famoso, demasiado querido. La gente se voltearía contra nosotros.

Entonces, Azcárraga encendió un puro. Lo aislamos. Presionamos a los otros jugadores para que se alejen de él y esperamos la oportunidad perfecta. para mandarle un mensaje que nunca olvide. Esa oportunidad llegó un año después en Estados Unidos, en el partido más importante del fútbol mexicano en una década.

 El Mundial junio de 1994, Copa del Mundo, Estados Unidos, México llegaba con esperanza real. Miguel Mejía, varón como técnico, una generación buena y Hugo Sánchez, 36 años en la convocatoria como el referente histórico. Desde el primer día de concentración algo estaba raro. Hugo entrenaba, Hugo corría, Hugo llegaba primero, pero Mejía varón casi no le hablaba, no le daba indicaciones específicas, no lo incluía en las charlas tácticas.

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