Posted in

El SECRETO del Magnate Japonés Hará que México Aplaste el Imperio de Donald Trump

Pero a pesar de todo ello, a pesar de todo ello, tu México, nuestro México es mucho más rico que el Japón. Para empezar es cinco veces más grande que el Japón, señores. Del susuelo japonés no sale una sola gota de petróleo ni de goterito para los ojos. Y eso que tenemos los ojos chiquitos, caraj. Y México te regala cerca de 3 millones de barrilotes diarios a los mejores precios internacionales y te atreves a decir que tienes gente pobre.

Del susuelo japonés no sale acero, hierro ni cobre. Y sin tener esos minerales, señores, es el mayor productor de automóviles en el mundo, de infinidad de electrodomésticos y de artículos que se encuentran por todos lados. Nuestro México, tu México, de sus entrañas te da cientos de toneladas de acero, de hierro, de cobre, de plata y hasta de oro.

Y dices que tienes gente pobre, Ocho mangos en Japón, señores, cuestan $100. Ocho mangos $100. Acá en Chiapas los mangos se pudren. Dices a los amigos chapanicos, “Oye, ¿por qué no recoges los mangos?” Te dicen, “¿Para qué?” “Pues para venderlos, amigos.” No, nadie compra, todos tienen. Y ocho mangos en Japón, $100. Cuando Japón está en invierno, diciembre, enero, febrero, marzo, bajo 2 m de nieve, señores, no se consigue un jitomate crudo, menos una papaya y un plátano.

Tu México, nuestro México, te lo da todos los días. Todos los días. Y quién le sabe agradecer a esta bendita tierra todo lo que México nos da. Somos pobres. El gobierno se todo. Nos merecemos que nos ayuden. ¿Y tú qué le has dado a tu México? Si quiere un sentimiento de agradecimiento por vivir en esta patria.

Por cada niño desnutrido que me presenten en México, yo les puedo presentar a 10 niños obesos. Primer lugar en obesidad. Pues, ¿dónde está el hambre? como que no le entiendo. Aún en su gente, México es mucho más rico que el Japón. No, no sé si alguien de aquí haya haya ido alguna vez al Japón que levante la mano. No hay nadie. Oye, ¿qué no gana un chingo de Les aseguro que el que vaya a Japón no va a encontrar a ninguna parejita besuqueándose en la calle, menos cachondeándose.

Y aquí en México, por donde quiera, es amor, hermano, donde quiera. Llegas aquí al al hotel Marquí y desde la entrada todo el mundo te sonríe, te saluda, se quieren tomar fotos contigo, te hacen sentir hasta Luis Miguel. Car, en verdad, me acuerdo la Navidad pasada, mi vecino que muy pocas veces puedo ver, ya con unas copitas encima, me agarró de la nuca, puso su frente con mi frente y me dijo, “Te amo, chino.

” Digo, “Oiga, yo no soy chino, pero también lo amo.” Así. Así de cariñoso en verdad. Así de cariñoso es tu país, tu México, tu gente. Señores de Chedague, tal vez no nos hayamos dado cuenta, pero tenemos la gran fortuna, la gran dicha de vivir en uno de los países más ricos de la tierra. ¿En dónde encuentran otro país como tu México donde por cientos de kilómetros puedas nadar todo el año? Nuestros amigos, los gringos, Florida y las pinches islitas de Hawaii, párenle porque en otros lados no hace mucho frío. De veras, ¿dónde encuentras otro

país que te dé petróleo, minerales, fauna y flora, como te da México? ¿Dónde encuentras otro país como tu México que tenga desiertos como tiene selvas? ¿Dónde encuentras otro país que tenga ruinas prehispánicas, hermosos monumentos coloniales y esplendorosos edificios del siglo XXI? ¿En dónde, jóvenes? ¿En dónde encuentran otro país como tu México con esta gastronomía? La comida yucateca, la oaqueña, la poblana, la veracruzana, la norteña, la michoacana, la jaliciense.

¿En dónde, señores? ¿En dónde se encuentra? En otro país como tu México, donde puedas escuchar mariachis como guapangos o tomar tequila como tepache, ¿sabes dónde? En tu México. Tienes la gran fortuna de vivir en uno de los países más ricos de la tierra. Entonces, ¿por qué ocupamos los últimos lugares en muchas cosas, en tecnología, en educación, en economía, sin crecimientos? ¿Por qué? ¿Saben por qué? Porque no se enseña en los hogares, en las escuelas ni en las empresas, que para triunfar tienes que entregar el alma, te

tienes que entregar todo. Quieres ir suavecito, light, con el menor esfuerzo posible y trabajar menos de 8 horas porque así lo dice la gente y de lunes a viernes nada más porque el sábado y el domingo juegan el América contra el Guadalajara. No, señores, la diferencia entre ser un ser ordinario y ser un ser extraordinario solo está en una palabra que se llama extra.

El extra que le des a la familia, el extra que le des al trabajo, el extra que le des a la sociedad, te hace extraordinario, porque de ordinarios están llenos los panteones en mi México. Y esa es la diferencia. Y todos debemos de pensar muy sencillamente que para que le vaya me vaya bien a mí, para que le vaya bien a Chedraudi, señores, primero le tiene que ir bien a México.

Si a México le va bien, a todos nos va a ir bien. Si a México le va mal, a todos nos va a ir mal. ¿Cómo le puede ir bien a México? trabajando más, señores, estudiando más, ahorrando más, gastando menos, desperdiciando menos, aprovechando más las cosas, teniendo nuestro lugar de vivienda y de trabajo cada vez más limpio. Si todos nos esforzamos en hacer este esfuerzo, recuerden siempre que viven en uno de los países más ricos de la tierra, que ya quisieran otros países tener la décima parte lo que tiene tu México.

En verdad, la décima parte. Dejemos ya de causar lástimas de ser pobres, de tener mentalidad de pobres. Si México es de gente triunfadora, de nos toca jugar una eliminatoria contra Brasil, no, ya perdimos, no, ya nos golearon, no, ya nos chingaron, no suena ni el silvatazo y ya perdimos. ¿Cómo es posible? ¿Cómo es posible? Y aquí mientras más pobres, más la gente te ayuda más desde el gobierno, en lugar de educarnos.

Entonces, todo el mundo corre para sentirse pobre y hacerse el pobre. Soy madre soltera y estoy llena de hijos y me tienen que ayudar y mientras más hijos, más me ayudan. Pero, ¿cómo te portas condenada? Pues no, ¿verdad? De eso no te acuerdas, ¿verdad? Esa es la diferencia. Ahora, miren, yo he tenido la fortuna y la gran dicha de viajar por toda la República Mexicana y conocer casi todos los pueblos y ciudades de la de esta bendita tierra mexicana.

Y créanme, señores de Charen, que es lo que me asombra, lo que me llama la atención es que en la mayoría de sus pueblos los empresarios son de origen extranjero. Son árabes, libaneses, judíos, franceses, arme, turcos, chinos y hasta japoneses. Y los empleados somos los mexicanos. Dije, “¿Por qué no hay más más empresarios en mi México? ¿Por qué no? Y créanme, señores, que cualquiera de esos inmigrantes que llegaron a México, no crean ustedes que llegaron con títulos universitarios, no crean ustedes que llegaron con dinero, no hablaban ni el

español como mis padres. Pero al pisar esta bendita tierra y al ver todas las oportunidades que México da, trabajaron 14, 16 horas diarias. sábados y domingos y se volvieron empresarios. También yo quisiera decirles que desde México al Japón se hacen 15 horas de vuelo. Siempre van a llegar en la tarde, al anochecer o muy temprano, porque en Japón después de las 10 de la noche hasta las 6 de la mañana del día siguiente sobre los cielos de Japón no vuela un solo avión.

Porque no con el ruidero de los motores del Jumbo Jet o del motores del avión van a levantar a los ancianos, a los enfermos o a los bebitos que duermen en los pueblos o en las ciudades del Japón. Siempre es el respeto a las mayorías. Por lo tanto, van a llegar en la tarde, a la anochecera, échense un buen baño, una buena cena y descansen, descansen, por favor, estas largas, largas 15 horas de vuelo.

Pero a la mañana siguiente yo quisiera que hicieran la siguiente prueba. Por favor, saquen su camisa o su blusa a lavar. Pero antes de sacarla a lavar, pónganle un billetote de $100. Métanlo ustedes en la meten métanlo ustedes en la bolsa de la lavandería, váyanse de compras. Váyanse de turistas, váyanse a trabajar o estudiar a lo que hayan ido al Japón y cuando regresen en la noche van a encontrar una camisa perfectamente lavada y planchada y al lado de los $100.

Read More