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Miguel Ángel Treviño Morales “Z40”: Así es como la Prisión está Destruyendo al Líder de Los Zetas

Imagínate despertarte en una mansión con guardaespaldas en cada puerta, cocineros listos para lo que se te antoje, cinco camionetas blindadas esperándote en el patio y varios teléfonos sobre la mesita de noche, porque en cualquier momento puede llegar una orden que tienes que dar o una que tienes que recibir.

Imagínate que en un estado entero del norte de México tu nombre no se dice en voz alta porque la gente sabe que cuando se pronuncia ese nombre alguien está en problemas serios. Imagínate ser el hombre más temido del crimen organizado mexicano, el que decide quién vive y quién muere, el que compra conciencias y destruye vidas, con la misma frialdad con la que cualquier persona normal paga una factura.

 Eso fue Miguel Ángel Treviño Morales, alias el Z40, el líder supremo de los ZTAs, la organización criminal más violenta y militarizada que ha existido en la historia de México. Un hombre que construyó ese poder desde absolutamente nada, que empezó lavando autos y podando jardines en las casas de familias ricas y que terminó controlando el narco en varios estados, dando órdenes de masacres y siendo el individuo más buscado del país y que hoy está en una celda de una cárcel en Virginia, Estados Unidos, siendo destruido. En este video vamos a ver

cómo es la vida del Z40 hoy dentro de esa prisión. ¿Qué come? ¿Cómo lo mueven dentro del penal? ¿Qué régimen le aplican? ¿Qué ha pasado con su cuerpo y con su mente? Y vamos a guardar para la parte final lo más impactante de todo este caso, algo que muy pocos medios han contado con este nivel de detalle y que tiene que ver con las condiciones exactas en las que vive y el daño que le están causando.

 Pero para entender todo eso, primero tienes que saber quién fue este hombre, de dónde salió y cómo llegó hasta esa celda. Suscríbete al canal si te gusta conocer la vida de los criminales más peligrosos del mundo una vez que caen y terminan entre rejas. Aquí contamos las historias que otros no se atreven a contar con todos los detalles y sin filtros.

 Miguel Ángel Treviño Morales nació el 18 de noviembre de 1970 en Nuevo Laredo, Tamaulipas, una ciudad fronteriza pegada al río Bravo, justo frente a Laredo, Texas. Creció en una familia numerosa con 11 hermanos, en un entorno donde la línea entre el mundo legal y el mundo del crimen siempre fue delgada. Nuevo Laredo es un punto estratégico del narcotráfico.

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 Por ahí pasa una de las rutas de droga más lucrativas del continente. Crecer ahí en los años 80 era crecer escuchando ese mundo de fondo todos los días. Parte de su adolescencia la vivió en Dallas, Texas, donde tuvo dos trabajos completamente ordinarios. Lavaba autos y podaba jardines en casas de clase alta.

 Ahí aprendió inglés con fluidez, algo que después le serviría dentro del mundo criminal. Pero también fue ahí donde empezó a codearse con pandillas locales. Se integró a los Texas, un grupo de narcomenudeo y robo de autos. Fue su primera escuela del crimen, pequeña y sin glamour, pero suficiente para aprender las reglas básicas, lealtad, silencio y que la violencia es una herramienta de trabajo.

Su salto al crimen organizado de alto nivel llegó a finales de los años 90 cuando fue recomendado con Oiel Cárdenas Guillen, el jefe del cártel del Golfo. Cárdenas Guillén en ese momento construía algo sin precedentes en México, un brazo armado de élite formado por desertores militares y exfuerzas especiales.

 Ese brazo se llamaría Los Setas. Treviño Morales fue reclutado inicialmente como mensajero e intermediario, aprovechando su inglés para manejar contactos en el lado americano, pero tenía algo más que el idioma, una capacidad para la violencia que incluso en ese mundo resultaba extrema. Y lo que viene ahora sobre cómo el Z40 usaba esa violencia para controlar a su propia gente es algo que te va a dejar sin palabras.

 Dentro de los setas, Treviño Morales ascendió rápido. Tenía algo que lo diferenciaba de los demás. No era solo brutal, era metódico. Usaba la violencia como herramienta calculada, no como reacción impulsiva. Y eso, en el mundo del crimen organizado vale mucho más que la fuerza bruta. En 2005 fue nombrado jefe de plaza en Nuevo Laredo con una misión concreta.

Defender ese territorio del cártel de Sinaloa, que intentaba arrebatárselo al cártel del Golfo. La guerra que se desató convirtió a Nuevo Laredo en uno de los lugares más peligrosos del mundo durante esos años. Uno de los rituales que lo hizo famoso dentro y fuera del mundo criminal era su forma de reclutar y probar a los nuevos sicarios.

 Le ponía una pistola cargada en la mano al aspirante, le ordenaba disparar a una persona y mientras gritaba la orden, ponía su propia mano sobre el pecho del aspirante para sentir qué tan rápido le latía el corazón. Si dudaba, si temblaba demasiado, si no disparaba, la consecuencia podía ser la muerte o una paliza brutal.

 Era un filtro de lealtad y frialdad al mismo tiempo. Solo pasaban los que eran capaces de matar. sin que el corazón se les disparara. Pero el método por el que el Z40 se volvió tristemente célebre en todo México fue el llamado Guiso. Las víctimas eran introducidas en tambos metálicos de 200 L, eh bañadas en gasolina o aceite y quemadas vivas.

 El objetivo no era solo matar, era borrar cualquier evidencia del cuerpo y mandar un mensaje de terror absoluto a rivales y traidores. Este método fue documentado por periodistas, investigadores y fiscalías de varios estados. El Guizo era una excepción en la manera de operar de los setas bajo su liderazgo. Era una práctica sistemática.

En 2010, los setas se separaron del cártel del Golfo en una ruptura violenta que generó una guerra de proporciones enormes en el noreste de México. Con esa separación, Treviño Morales emergió como uno de los hombres más poderosos de la nueva organización independiente. Y en 2012, cuando el jefe supremo de los setas, Heriberto Lazcano, alias Elasca, fue abatido por marinos mexicanos, el Z40, asumió el liderazgo total.

era ya el número uno, el hombre más buscado de México. Bajo su mando, los setas fueron señalados como responsables de algunas de las masacres más devastadoras que ha vivido el país. La masacre de Allende en Coahuila ocurrida en 2011, donde se estima que murieron hasta 300 personas, incluyendo mujeres, niños y personas que no tenían ninguna relación con el crimen.

 La masacre de 72 migrantes centroamericanos en San Fernando, Tamaulipas, que conmocionó al mundo entero el incendio del Casino Royal en Monterrey, donde murieron 52 personas. Crímenes que siguen siendo investigados y que hoy forman parte de los cargos que enfrenta en los tribunales de Estados Unidos. El poder que llegó a acumular el Z40 durante esos años no era solo criminal, era político y territorial.

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