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EDUARDO CAPETILLO: Biby Calló 31 Años, Pero Soltó 6 Palabras Que Nadie Olvidó

En esa época, Televisa funcionaba como una fábrica. Una fábrica que producía rostros, voces, parejas, bodas, matrimonios, divorcios y telenovelas con la misma eficiencia con la que una panadería produce pan. Los artistas firmaban contratos de exclusividad que los ataban durante años. Las mujeres jóvenes que entraban a esa fábrica salían convertidas en estrellas, sí, pero salían también sin la posibilidad de decir no a nada que la empresa les exigiera, ni a un papel asignado, ni a una entrevista pactada, ni siquiera

a un matrimonio que la empresa decidiera convertir en producto. Y dentro de esa fábrica vivía una agrupación que tú conoces de memoria, Timbriche, el semillero de las grandes estrellas mexicanas de los 80 y los 90. Por ahí pasaron Paulina Rubio, Talia, Sasha Socol, Diego Shoening, Eric Rubin, Edith Márquez, Benny Ibarra.

 Y entre ellos dos chicos que iban a marcar el resto de esta historia. El primero se llamaba Eduardo Capetillo, nacido en Ciudad de México el 13 de abril de 1970. Hijo de buena familia. Aspecto de Galán antes de saber que iba a serlo. Entró a Timbiriche en noviembre de 1985 con apenas 15 años, reemplazando nada menos que a Benny Ibarra.

Para ese momento, Eduardo era guapo, alto, educado, con esa sonrisa de niño bien que las cámaras adoraban y la fábrica lo vio venir. Lo prepararon para ser galán de telenovela, lo prepararon para ser el rostro que iba a sacar a media generación de jovencitas suspirando frente al televisor. Y la fábrica acertó.

 En los años siguientes, Eduardo Capetillo se convirtió en uno de los galanes más reconocidos de Televisa. Marimar lo coronó. Alcanzar una estrella lo consagró. Soy tu dueña, le dio peso. Para inicios de los 90, en cualquier hogar mexicano, decir Eduardo Capetillo era decir el galán [música] perfecto, el que las mamás aprobaban, el que las hijas querían, el que los esposos no veían como amenaza porque parecía un buen muchacho.

La segunda persona de esta historia es la que importa de verdad y es la mujer en cuya voz cabe todo el peso de este vídeo. Se llama Silvia Gaitán Barragán, pero el mundo entero la conoce como Vivi. Vivi Gaitán nació en 1971 [música] en Tapachula, Chiapas, una ciudad a más de 1000 km de la capital mexicana. Tapachula es selva, calor, frontera con Guatemala.

y queda lejísimos del lugar de donde una niña [música] podría salir predestinada a ser estrella de Televisa. Pero la familia de Vivi tenía algo que [resoplido] le iba a cambiar el destino. Su mamá, Silvia Barragán, era maestra de ballet clásico. Su papá, Daniel Gaitán, era arquitecto y sus hermanos, todos sin excepción, terminaron metidos en el mundo del arte y la música.

A Bibi la criaron en Villa Hermosa, Tabasco, otra ciudad lejos del centro del poder mediático mexicano. Pero la niña bailaba, cantaba, tenía esa belleza que paraba el tráfico antes de que ella entendiera [música] por qué los hombres se le quedaban mirando. En diciembre de 1988, con apenas 17 años, Vivi viajó a la Ciudad de México y se presentó a una audición.

Una audición que iba a cambiar su vida y la vida de su familia para siempre. La audición para entrar a Timbiriche. En febrero de 1989, Vivi Gaitán entró oficialmente al grupo. Reemplazó a Alex Bauer y desde el primer día algo quedó claro para todo el que pasaba por los pasillos de Televisa. Esa muchacha era distinta.

 Era preciosa hasta el dolor. Bailaba mejor que nadie en el grupo porque traía años de ballet clásico desde la cuna. Y cuando subía al escenario, la luz parecía buscarla a ella sola. Recuerda ese año, 1989. Lo vas a necesitar. En 1991, Vivi debutó como actriz en alcanzar una estrella segundo bajo la producción de Luis de Llano.

 En 1992 hizo el filme Más que alcanzar una estrella en el que conoció a un joven galán recién consagrado llamado Eduardo Capetillo. Meses después protagonizaron juntos la telenovela Baila conmigo, donde compartieron créditos con Paulina Rubio y Rafael Rojas. Y entre los foros de grabación de esa telenovela, lo que era pareja ficticia se convirtió en pareja real.

Pero antes de Eduardo, tienes que saber esto. Es un [música] detalle que casi nadie cuenta y que cambia el sentido de todo lo que viene. Antes de Eduardo Capetillo, Vivi Gaitán había tenido dos relaciones serias. La primera fue con Diego Sconing, su compañero de Timbiriche, entre 1990 y 1991. Una relación que terminó por una infidelidad de él, la primera traición de la vida sentimental de Vivi.

La segunda fue con Bertin Osborn, el cantante español, varios años mayor que ella. Vivieron juntos en su etapa de soltera. Vivi estuvo muy enamorada de él. Cuando Eduardo Capetillo apareció en su vida, Vivi ya había aprendido que los hombres del espectáculo te traicionan, que los galanes son galanes con buchas, que enamorarse de alguien que vive frente a las cámaras es enamorarse de alguien que tiene 1 tentaciones a la vuelta de la esquina.

Pero también había aprendido algo más doloroso, que en esa industria una mujer que se atreve a dejar a un hombre poderoso paga. Una mujer que habla paga. Una mujer que se queja paga. Recuerda eso que acabo de decir, porque lo vas a necesitar para entender por qué esta mujer, la dueña de la voz más hermosa de Timbiriche, terminó apagándose.

Para 1993, Vivi Gaitán era una de las mujeres más buscadas de México. Protagonizó dos mujeres, un camino al lado de Eric Estrada y Laura León. La telenovela fue un fenómeno absoluto en México, en Estados [música] Unidos, en toda Latinoamérica. Las cifras de audiencia se rompieron solas. En 1994 lanzó su disco Manzana Verde.

 Sus calendarios en traje de baño se vendían como pan caliente. Las revistas la pusieron en portada cada mes. A los 23 años, Vivi Gaitán era el rostro femenino más importante de Televisa después de Verónica Castro. Y entonces, [música] el 25 de junio de 1994, ocurrió algo que la fábrica no había hecho nunca. La televisión mexicana transmitió en vivo la boda de dos de sus estrellas por primera vez en la historia en cadena nacional por el canal de las estrellas.

Tú probablemente la viste, mi gente. Si no la viste, te la contaron. o la visten repeticiones después. La boda fue en la hacienda de Chiconquak en el estado de Morelos, una hacienda del siglo X construida por Martín Cortés, hijo de Hernán Cortés y de la Malinche. 600 invitados, espectáculos especiales, conducción a cargo de Guido Baldasari y Gloria Calzada.

Mira los detalles porque cada uno cuenta. Vivi tenía 23 años. Estaba embarazada de su primer hijo que iba a nacer dos meses después, el 17 de agosto de ese mismo año. Eduardo tenía 24. Era el galán del momento y Televisa hizo de esa boda un evento nacional. tenía guion, tenía spots publicitarios, tenía rating, tenía hasta cortes a comerciales pactados con anunciantes.

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