Lo metieron al programa Nuestra Gente, casi de emergencia. Nadie sabe quién es. En menos de 12 meses, todo México lo conoce. Recuerda ese nombre, Francisco Jorge Stanle Baitero. Porque el día que lo asesinaron, ese nombre completo apareció en un acta de defunción. El otro nombre, el que tú conocías, el de Paco, fue el que toda la industria se encargó de limpiar.
Paco viene de la colonia Roma, mismo barrio donde nacieron varios de los grandes nombres de la radio mexicana de los años 50. Su familia es de clase media baja, el papá trabajador, la mamá ama de casa, varios hermanos y el dinero alcanza apenas. Lo que Paco tiene desde niño es una voz, una voz cálida, profunda, con cadencia, capaz de leer un poema y hacerte llorar y de leer un anuncio de detergente y hacerte reír.
Esa voz lo lleva primero a la Asociación Nacional de Locutores, después a Exx Radio, después a Radio 13, donde estrena un programa nocturno llamado Un poco de paco. El éxito en la radio le abre la puerta de la televisión y cuando entra a Televisa en 1974 entra al lugar más poderoso de la cultura mexicana de aquella época.
Si tú tienes más de 60 años y creciste en México, no necesito explicarte lo que era Televisa en los años 70. Tú lo viviste. Televisa no era una televisora, era el oxígeno de la cultura mexicana. Si algo no pasaba en Televisa, no pasaba. punto. Emilio Azcárraga Milmo, el dueño, tenía una frase que se hizo famosa.
Decía que él hacía televisión para los jodidos y la hacía porque entendió antes que nadie que la televisión mexicana era el espejo donde la gente se quería ver y se la dio. Telenovelas en la noche, deportes el fin de semana, programas de chistes en la mañana, noticieros con tono dramático en la noche, toda una nación pegada a la pantalla.
Todos los días adentro de Televisa había una jerarquía absoluta. Arriba estaban los señores, los productores eternos, los conductores de toda la vida. Abajo estaban los aspirantes que firmaban contratos de exclusividad de 5, 8, 10 años, donde la empresa decidía cuánto cobrabas, qué tiempo descansabas, qué papel hacías, con quién te casabas en pantalla y si te ibas a otro lado, perdías hasta el nombre artístico.
El sistema se llamaba exclusividad. En la práctica era otra cosa, era una jaula con cojines de seda. Paco entra abajo, pero sube rápido. Primero conduce alegrías de mediodía, después divertidísimo, después la mujer. Ahora, después el club del hogar. En todos ellos hace lo mismo. Cuenta chistes con voz de gente seria.
Saluda al ama de casa que está planchando, al señor que llega del trabajo, al niño que regresa de la escuela. Hace que cada televidente sienta que él, Paco le está hablando solamente a él como si fueran amigos viejos. Tú lo recuerdas. Tú encendías la televisión a las 12 del día mientras ponías la comida y ahí estaba él saludándote como si hubiera estado esperándote toda la mañana.
En 1986 llega el momento que lo cambia todo. Le dan la conducción de la carabina de Ambrosio, el programa de comedia más visto de toda la televisión hispana de aquel momento. César Costa, María Victoria, Ricardo Rocha, todos pasaron por ahí, pero cuando Paco se sienta en esa silla, el programa explota. Después le dan en pantalla.
Después, la sección de espectáculos del noticiero Eco. Después, en 1991, le entregan la conducción de Ándale junto a Arlet García, Benito Castro y una jovencita debutante que se llamaba Verónica Macías. El programa se vuelve un fenómeno. Para 1995, Paco Stanley es uno de los tres conductores más importantes de la televisión mexicana.
Le dan su propio programa Pacatelas y ahí junto a un patiño llamado Mario Bezares inventan algo que se llama el gallinazo, un baile, un movimiento, un personaje. ¿Tú te acuerdas del gallinazo? Lo bailaban tus hijos, lo bailabas tú, lo bailaba el país entero. Pacatelas era un programa familiar. Eso decían.
Programación de horario 12 a 1 de la tarde, justo cuando los niños regresaban de la escuela y las amas de casa se sentaban a comer. El humor era blanco, los chistes eran sencillos, los invitados eran cantantes, actores, deportistas. Paco bromeaba con su patiño, presentaba las Edecanes, leía cartas del público. Una fórmula tan exitosa que Mario Bezares, su compañero, llegó a decir que era el mejor trabajo de su vida.
Pero detrás de la pantalla había otro Paco y la primera persona que lo vio fue su esposa, la que tú nunca conociste, la que casi no aparecía en revistas, una mujer que se llamaba Patricia Pedroza. Patricia Pedroza fue la segunda esposa de Paco Stanley. Antes de ella estuvo casado con María Solís, con quien tuvo a su primer hijo llamado también Francisco, un muchacho que falleció en 1993 en un accidente de auto a los 18 años y de quien casi nadie habla porque la familia decidió no hacerlo público.
Patricia llegó después. Se casaron a finales de los años 70. Tuvieron dos hijos, Francisco Stanley Pedroza, abogado formado en una universidad de Inglaterra y Leslie Stanley Pedroza, de quien casi no hay fotos porque Paco le pidió a la prensa que la dejaran en paz desde niña. recuerda el nombre de Patricia Pedroza, porque ella fue la primera que lo vio cambiar y fue también la primera que decidió callarse.
Patricia se quedaba en casa. Crió a sus dos hijos en una casa grande del sur de la Ciudad de México. Casi nunca daba entrevistas, nunca posó en revistas de chismes. Cuando Paco hablaba de ella en sus programas, lo hacía con respeto, mencionándola con cariño, evitando los detalles. En una entrevista de 1992, un periodista le preguntó a Paco por qué su esposa no aparecía nunca en pantalla.
Paco respondió con una frase que en aquel momento sonaba romántica. Dijo que Patricia era su parte privada, que él ya estaba demasiado expuesto en la televisión y que la familia merecía un espacio donde nadie los mirara. Hoy, después de todo lo que sabemos, esa frase suena distinto. Porque la persona que primero supo que algo no estaba bien con Paco no era reportero, ni colega de la televisora, ni nadie de la prensa.
era una mujer que dormía con él todas las noches y que veía cómo cambiaban sus pupilas, cómo le aparecían marcas en la nariz, cómo regresaba a casa de madrugada con olor a perfume que no era de ella, cómo se encerraba a hablar por teléfono en su despacho durante horas. Patricia Pedroza nunca dijo una sola palabra en público, ni cuando lo asesinaron, ni en el funeral, ni 25 años después, cuando Amazon estrenó una serie completa sobre el caso, se quedó en casa como siempre y se llevó a la tumba todo lo que vio.
Nota ese silencio, porque el silencio de la esposa de Paco es una de las piezas que explican por este caso nunca se resolvió. Un silencio que se aprende, que se hereda, que se instala en una familia como un mueble del que nadie quiere hablar. Pero lo que Patricia vio en su casa es solo la primera capa, la doméstica, la íntima.
Lo que vio el resto del mundo y el resto del mundo decidió no contarte es algo mucho más grande, algo que va a cambiar todo lo que tú creíste saber sobre el conductor más querido de la televisión mexicana. y empieza dentro de una oficina en pleno centro de la Ciudad de México, donde un hombre vestido de traje gris, con los lentes de sol puestos, aunque adentro estaba oscuro, se sentaba con frecuencia a tomar café con Paco Stanley.
Ese hombre era el narcotraficante más buscado del continente americano. Para entender lo que viene, primero necesitas entender cómo funcionaba la televisión mexicana en los años 80 y 90 y cómo funcionaba específicamente el negocio dentro de Televisa. Si tú trabajabas para Televisa en aquella época, firmabas un papel, no un contrato común y corriente de los que tú firmas en una empresa de hoy.
Algo distinto, algo que la gente del medio llamaba la cadena. El contrato decía que tú no podías trabajar para nadie más, ni en radio, ni en cine, ni en otra televisora, ni siquiera podías hacer comerciales sin pedir permiso. Si te ibas, perdías el nombre artístico, perdías los derechos sobre los programas que habías hecho, perdías el acceso a los archivos donde estaba grabada tu carrera entera.
Para entrar al sistema firmabas, para crecer dentro del sistema obedecías. Ahora, aquí está lo extraño. Mientras la mayoría de los conductores de Televisa firmaban contratos de exclusividad y vivían del sueldo que la empresa les ponía, Paco Stanley hizo algo que casi nadie podía hacer en aquella época. tenía su propia empresa, se llamaba ST Producciones.
Las iniciales eran de Stanley. Estaba registrada como una productora de televisión y radio, supuestamente dedicada a generar contenidos de entretenimiento. Las oficinas estaban en una zona céntrica de la Ciudad de México. Tenía socios, tenía empleados, tenía contadores. Anota ese nombre, ST Producciones, porque la oficina que llevaba esas iniciales es una de las piezas más importantes que el periodismo mexicano.
Tardó 25 años en empezar a investigar en serio. ¿Cómo es que un conductor que tenía contrato de exclusividad con Televisa podía tener al mismo tiempo su propia empresa? La respuesta es la primera grieta del sistema. Paco había logrado lo que casi nadie, ser empresario y conductor a la vez. Eso le daba algo que casi ningún otro conductor de aquella época tenía, algo más peligroso que la fama.
Le daba acceso a manejar grandes cantidades de dinero. Y no estamos hablando de los sueldos que pagaba la televisora, que ya eran altos. Estamos hablando de pagos que llegaban a la empresa por servicios que nadie podía rastrear bien, producciones que no salían al aire en ningún canal conocido, compañías de cubierta, inversiones cruzadas.
Todo eso es algo que el periodismo de espectáculos de aquella época no investigaba. Nadie lo veía, nadie preguntaba. Y aquí viene lo primero que te prometí. Quizá tú conoces lo que es trabajar al lado de alguien durante años, verlo todos los días, sentirlo casi como familia y darte cuenta un día de que esa persona tenía una vida secreta de la que tú no sabías nada.
Quizá tú has vivido eso con una hermana, con un hermano, con un compañero de trabajo, con un esposo. Lo que México vivió con Paco Stanley es exactamente eso, pero al cuadrado, porque no fue una persona a la que se sintió traicionada, fueron millones. Lo que vino después de su asesinato lo escribió un periodista.
Se llama Jorge Fernández Menéndez. es uno de los periodistas mexicanos con más trayectoria investigando temas de seguridad y crimen organizado, ha escrito en Milenio en Excelsior en La Razón. En 1999, justo cuando Paco fue asesinado, Fernández Menéndez se metió a fondo en el caso. Y lo que el documento en sus columnas y en entrevistas posteriores contradice por completo la imagen que tú tenías del conductor familiar.
Lo que Fernández Menéndez encontró fue lo siguiente. Paco Stanley era distribuidor de cocaína para gente del medio del espectáculo, del teatro y de la cultura. vendía droga a actores, cantantes, productores. Lo hacía desde hacía años y lo hacía con conocimiento de varias personas adentro del medio que lo encubrían porque también consumían.
El periodista lo dijo con todas sus letras. La información le llegó por dos vías. Una, las propias investigaciones de la antigua Procuraduría General de la República, donde funcionarios filtraron documentos en los meses posteriores al asesinato, y dos declaraciones de testigos protegidos que cooperaban con autoridades estadounidenses.
Pero distribuir cocaína en el medio del espectáculo era apenas el negocio chico de Paco. El negocio grande tenía otro nombre. Ese otro nombre lo decía todo México en voz baja en los años 90, pero si lo decías en voz alta, a lo mejor aparecías muerto. Amado Carrillo Fuentes, el señor de los cielos, jefe del cártel de Juárez, el narcotraficante más poderoso del continente americano en aquella década.
Amado Carrillo manejaba la mitad del trasiego de cocaína que entraba a Estados Unidos por la frontera norte. Tenía aviones, pistas clandestinas en Sinaloa y Chihuahua, contactos en Colombia, contactos en el ejército mexicano, contactos en la procuraduría. Su sobrenombre venía de su flota de aeronaves, más de 20 aviones registrados a nombres falsos.
Tenía tanto dinero que cuando se quería hacer cirugía plástica para cambiarse el rostro, contrató a tres médicos de los mejores de México. Murió en julio de 1997 durante esa misma cirugía. Dos de los médicos aparecieron asesinados meses después, metidos en tambos de cemento. Y este hombre, este narcotraficante con flota privada, con sicarios propios, con cuentas en bancos suizos y empresas en cuatro continentes, este hombre fue visto entrando y saliendo de las oficinas de ST Producciones.
Lo declararon dos personas distintas. La primera declaración la hizo un hombre llamado Pepe Cabello. Pepe era amigo cercano de Paco. Lo conocía desde hacía más de 15 años. Había trabajado con él en distintos programas. Cuando se estrenó el documental El Show, crónica de un asesinato, en el año 2022, Pepe Cabello apareció frente a las cámaras y declaró que él con sus propios ojos había visto a Amado Carrillo entrar a las oficinas de ST Producciones en una ocasión a principios de los años 90.
Estaban Paco y otros socios, lo recibieron con respeto, pasaron a una sala privada. La reunión duró horas. Pepe Cabello tuvo que salirse. La segunda declaración la hizo un hombre llamado Jaime Olvera Olvera. Jaime era guardaespaldas personal de Amado Carrillo Fuentes. Después de la muerte del capo, en 1997, Jaime Olvera entró al programa de testigos protegidos de la Procuraduría General de la República y en sus declaraciones bajo juramento, Jaime Olvera dijo que la organización de Carrillo le suministraba droga
directamente a Paco Stanley. Lo dijo con detalles, cantidades, frecuencia, lugares de entrega. Si tú estás escuchando esto y sientes que no puede ser verdad, no estás sola. Todo México sintió lo mismo cuando estas declaraciones se hicieron públicas por primera vez, porque nadie quiere pensar que el hombre que le hacía reír durante la comida tenía trato personal con el narcotraficante más peligroso del continente.
Pero los datos están ahí, hay más. Según documentos filtrados de la Procuraduría capitalina, Paco visitó a Amado Carrillo, al menos en dos ocasiones, en un rancho del propio capo ubicado en Nabolato, Sinaloa. Las visitas eran de carácter personal. estaban supuestamente discutiendo un negocio que aparece descrito en los expedientes como un megaproyecto para una fábrica de discos compactos, es decir, una empresa que en papel sería legítima, dedicada a producir discos de música, pero que en la práctica funcionaría como estructura para mover
dinero. Eso se llama alabado. Y aquí lo importante. Cuando Amado Carrillo murió en 1997, los socios y herederos del cártel exigieron que Paco les entregara la parte del negocio que tenía con el capo. La transición no fue limpia, hubo desacuerdos, hubo tensiones. Y tú vas a entender en un rato más, por qu detalle es importante para reconstruir lo que sucedió afuera del charco de las ranas dos años después.
Si tú te acuerdas de lo que te acabo de contar, mándame un comentario abajo y ponme la palabra Nabolato, solo esa. Así yo sé quién de ustedes está siguiendo esta historia al detalle. Me importa saberlo. Hm. Porque lo que falta de esta historia es todavía más duro que lo que te acabo de contar. Y antes de seguir, necesito decirte algo.
Si esta historia te está pareciendo importante, si sientes que es algo que tu hermana, tu comadre, tu hija deberían escuchar, suscríbete al canal con el botón rojo que está debajo del vídeo. Eso me ayuda a que historias como esta lleguen a más mujeres como tú, mujeres que crecieron viendo a estas figuras en su televisión y que merecen saber la verdad completa, no la versión de revista de chismes que les vendieron durante décadas.
Activa la campanita para que te avise cuando suba un nuevo vídeo. Ahora sigamos. Porque hay un dato más que cierra esta primera pieza del rompecabezas. Cuando los peritos hicieron la autopsia del cuerpo de Paco aquel 7 de junio de 1999, encontraron algo más en el análisis toxicológico. Cocaína en la sangre, cantidades altas, cantidades que indicaban consumo habitual de varias semanas seguidas.
Y dos días después, cuando Mario Bezares fue sometido al mismo análisis, salió positivo también. Mario Bezares lo había negado en cámara en pleno programa en cadena nacional semanas antes del asesinato. Después tuvo que admitirlo. Dijo que era consumo ocasional, que no era todos los días, que no era una adicción, pero la prueba estaba ahí.
Los dos hombres que te hacían reír durante la comida frente a ti en el programa de horario familiar de la televisión mexicana estaban bajo los efectos de la cocaína mientras grababan. Y nadie en la producción dijo nada, ni en Televisa, donde llevaban juntos varios años antes de pasar a la otra televisora, ni en TV Azteca, donde firmaron en 1998 para arrancar una tras otra.
ni los productores, ni los directores de cámaras, ni los maquillistas que veían las pupilas de cerca, ni los compañeros de pantalla. Hubo un momento, un solo momento en que casi todo se cayó al aire. Fue durante una emisión en vivo de Pacatelas en Televisa en 1997. Mario Bezares estaba bailando, haciendo el gallinazo.
Se tiró al piso para hacer una pirueta y del bolsillo se le cayó una bolsita transparente con polvo blanco. Frente a las cámaras, en vivo, en el horario de la comida. Mario la levantó, se la dio a Paco como si fuera parte de la rutina. Paco la recibió con una sonrisa nerviosa. La cámara se movió. Cortaron a comerciales. Cuando regresaron al aire no hicieron ningún comentario.
Tú a lo mejor estabas en tu casa cuando eso pasó. A lo mejor lo viste y pensaste que era parte del show. A lo mejor te diste cuenta y no quisiste decirlo en voz alta porque no querías creerlo. La industria entera lo vio y la industria entera eligió no decir nada. Esta complicidad estructural, esta forma silenciosa en que un sistema entero se hace de la vista gorda con tal de que el espectáculo siga, es la siguiente pieza de esta historia.
Y aquí es donde aparecen las dos televisoras más grandes de México. Televisa, donde Paco vivió 24 años, y TV Azteca, donde firmó apenas 6 meses antes de morir. Lo que estas dos empresas sabían sobre Paco, lo que decidieron callar y la manera en que se repartieron el silencio, es algo que ningún periodista de espectáculos te ha contado completo.
hasta hoy. Para entender lo que las televisoras sabían y callaron, primero necesitas saber lo que ocurrió la mañana del lunes 7 de junio de 1999. Paso a paso, paso a paso, con los detalles que muy pocos te han contado completos. Esa mañana Paco se levantó temprano en su casa del sur de la Ciudad de México. Patricia Pedroza estaba en casa.
Los hijos también. Paco salió de la casa alrededor de las 7:30 de la mañana. Su chóer, un hombre llamado Jorge García Escandón, ya lo estaba esperando con la camioneta Lincoln Navigator color negro, modelo del 97. Recuerda ese nombre, Jorge García Escandón, porque este hombre, el chóer, es uno de los personajes que la investigación oficial destrozó y que 25 años después sigue buscando la forma de limpiar su nombre.
Paco llegó a las instalaciones de TV Azteca, ubicadas sobre anillo periférico sur alrededor de las 8 de la mañana. Saludó al personal de seguridad, se metió a maquillaje, repasó el guion del día. El programa que iban a grabar se llamaba Una tras otra. Era el programa más nuevo de la cartelera de la televisora que había empezado a transmitirse el 15 de diciembre del año anterior.
Lo conducía Paco con dos compañeros, Mario Bezares, su patiño de toda la vida, y Jorge Gill, un periodista de espectáculos. Esa mañana, cuando Mario Bezares llegó al estudio, llegó cojeando. Tenía una férula en el pie izquierdo. Decía que se había lastimado el día anterior jugando con sus hijos, que la lesión no era seria, pero que el doctor le había puesto férula como medida preventiva.
Paco lo miró. Hizo un comentario al aire durante el programa sobre la férula, le preguntó por qué la traía. le bromeó diciendo que parecía un soldado herido. Le señaló al público el pie vendado. Es un detalle pequeño, pero es uno de los detalles que 25 años después seguiría siendo discutido por investigadores, periodistas, cronistas.
¿Por qué precisamente ese día, el día en que Paco fue asesinado, su patiño llegó al estudio con una férula que reducía su movilidad? El programa se grabó con normalidad. Paco terminó la transmisión alrededor de las 11:15 de la mañana. Se quitó el maquillaje, se cambió de ropa y entonces propuso lo que iba a ser su última decisión.
Vamos a desayunar juntos al charco de las ranas. El restaurante quedaba a menos de 5 minutos de las instalaciones de la televisora, justo del otro lado del periférico. Paco lo había escogido muchas veces. Era un lugar amplio con malet parking, con buena cocina mexicana, donde lo conocían y lo trataban bien. Salieron varios, Paco, Mario Bezares, Jorge Gil, el chóer Jorge García Escandón, dos escoltas personales de Paco y la Edecán del programa, una mujer joven uruguaya de nacimiento que se llamaba Paola Durante.
recuerda también ese nombre, Paola Durante, porque ella como el chóer es otra de las personas a las que el sistema de justicia mexicano usó como cortina de humo. Con ella vamos a regresar en un momento. El grupo llegó al charco de las ranas alrededor de las 11:30. Se sentaron a una mesa. Pidieron platos típicos, camarones.
Chilaquiles, Café, conversaron. Paola Durante. Después declararía que la conversación durante el desayuno fue casual, sin tensiones, sin discusiones. A media comida, Mario Bezares recibió una llamada al teléfono celular. Se levantó de la mesa, se alejó unos metros para contestar. La llamada duró poco. Cuando regresó, Mario dijo que sentía malestar estomacal, que la comida le había caído mal, que necesitaba ir al baño. Se levantó otra vez.
Esta vez, en lugar de regresar rápido, tardó. Paco esperó unos minutos, después dijo que mejor se iba adelantando. Pidió la cuenta, le dio el dinero a Jorge Gil para que pagara y le esperara a Mario. Paco se levantó, salió del restaurante. Lo siguiente lo declaró Jorge García Escandón, el chóer, en sus testimonios posteriores.
Cuando Paco llegó a la puerta del restaurante, García Escandón ya había ido por la camioneta. Estaba estacionada al pie de las escaleras. Las ventanillas iban abiertas. Paco subió del lado del copiloto. Atrás de él subió Jorge Gill, que decidió esperar adentro de la camioneta a que Mario saliera del baño.
El chóer subió al volante. Paco le dijo al chófer que cerrara las ventanillas, que iba a prender el aire acondicionado porque hacía calor. Mientras García Escandón cerraba las ventanas eléctricas, Paco se inclinó para alcanzar los controles del aire en el tablero. Y en ese momento, exactamente en ese segundo, García Escandón vio por la ventanilla del conductor el reflejo de un arma.
Gritó, “¡Cuidado, empezaron los disparos! Más de 20 tiros en menos de 15 segundos. Calibres distintos, varias armas, fuego coordinado. Una de las armas era de uso exclusivo del ejército mexicano, calibre40. Eran al menos dos atacantes. Habían cruzado el puente peatonal del periférico minutos antes.
Iban con el rostro cubierto. Cuatro balas le entraron a Paco directamente en la cabeza. Una en la mejilla derecha, otra en la frente, otra justo encima del ojo izquierdo, otra en la coronilla. Murió en el acto sin alcanzar a hablar, sin alcanzar a defenderse. Jorge Gill, que iba en el asiento trasero, recibió dos disparos en una pierna. Quedó herido, pero con vida.
El chóer no recibió ni un solo disparo porque Paco había hecho su movimiento hacia el tablero del aire justo antes de que empezara la balacera y el cuerpo de Paco le cubrió a García Escandón la línea de fuego. Anota esto. La posición del cuerpo de Paco le salvó la vida al chóer. Ese detalle años después iba a ser usado como prueba en su contra.
Le iban a decir que no recibió disparos porque él estaba en el complot, cuando la realidad es que Paco lo protegió por accidente. Afuera del restaurante también murió un agente de seguros. Un hombre de 30 años llamado Juan Manuel de Jesús Núñez salía del lugar con su esposa. Una bala perdida le entró por la espalda.
Su esposa quedó gravemente herida. Sobrevivió. Y otro hombre joven de 18 años, un acomodador de autos llamado Pablo Hernández, recibió heridas graves de las que tardó meses en recuperarse. 5 minutos después llegaron las patrullas, después los peritos, después los médicos forenses, después los reporteros y entonces empezó la cobertura mediática que iba a paralizar al país durante semanas.
Pero antes de hablar de cómo cubrieron las dos televisoras este asesinato, necesito que entiendas algo. Aquí viene lo segundo que te prometí. Lo que las dos televisoras sabían sobre Paco Stanley antes de que lo mataran y lo que eligieron callar durante años para no arruinar el producto que les estaba generando millones.
Quizá tú trabajaste alguna vez en una empresa donde un compañero hacía algo que no estaba bien. Quizá tú lo viste, quizá los demás también lo vieron y nadie dijo nada porque ese compañero generaba dinero o tenía contactos o estaba protegido por alguien arriba. Quizá tú misma decidiste no decir nada por miedo a perder tu propio trabajo.
Lo que las televisoras hicieron con Paco fue exactamente eso, pero a escala industrial. Empecemos por Televisa. Paco trabajó en Televisa desde 1974 hasta 1998. 24 años más tiempo que muchos matrimonios. Durante esos 24 años generó para la empresa millones y millones de pesos en publicidad, en venta de discos, en derechos de programa.
Era una mina de oro y como toda mina de oro había gente alrededor que se beneficiaba. productores, directores, vicepresidentes. ¿Qué sabía Televisa sobre las actividades de Paco fuera de pantalla? Mucho. Lo sabía la seguridad interna que detectaba movimientos extraños. Lo sabía el departamento de relaciones públicas que limpiaba escándalos antes de que llegaran a la prensa.
Lo sabía la unidad jurídica que había procesado más de un asunto delicado y lo sabía especialmente el círculo cercano a Emilio Azcárraga Milmo, primero y a su hijo Emilio Azcarragayin después. Pero la decisión en términos prácticos era una sola. Mientras Paco no se metiera en problemas que salieran a luz, mientras siguiera generando rating, mientras no escupiera el plato, lo dejaban ser.
Esa era la regla del sistema. En ese momento, mientras tú veías a Paco en tu televisión a las 12 del día, arriba en las oficinas de Televisa, había gente que sabía exactamente lo que él hacía por las noches y no iban a decir nada mientras la empresa estuviera ganando dinero. Eso se llama complicidad estructural y es peor que la complicidad individual porque nadie se siente responsable.
Cuando Paco decidió en 1998 irse a TV Azteca, Televisa, lo dejó ir. Hubo cierto malestar. Hubo declaraciones públicas medidas, pero no le hicieron juicio. No le bloquearon contratos, no usaron las herramientas que tenían para retenerlo. ¿Por qué? Porque también era un alivio. Si Paco se iba a otro lado, el problema se iba a otro lado.
TV Azteca lo recibió como héroe. La televisora, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, llevaba años intentando arrebatarle estrellas a Televisa. Era la batalla de los 90. Cuando Paco firmó con TV Azteca, lo presentaron en cadena nacional como un fichaje histórico. Le dieron un programa nuevo una tras otra. Le dieron un programa nocturno.
Sí, ahí bien. Le dieron horario premium. TV Azteca sabía lo que Televisa había sabido durante 24 años. Tenían la información. En el medio del espectáculo mexicano de aquella época, los rumores corrían rápido. Los productores cambiaban de empresa cada 2 años. Los chismes pasaban de bar en bar, de restaurante en restaurante, de set en set.
Si tú trabajabas en televisión en 1997, tú sabías lo que Paco hacía, no con detalles, pero lo sabías. Y la empresa que lo contrató sabía que lo sabía. Lo contrató igual. Esto es lo que el periodismo de aquella época, salvo contadas excepciones, no le contó a la gente. No te lo dijeron porque la mayoría de los periodistas de espectáculos vivían de la buena relación con las dos televisoras.
Si publicaban algo malo de Paco, perdían acceso. Si perdían acceso, perdían trabajo. Era un sistema cerrado. Si tú has sentido alguna vez que los medios no te cuentan la verdad completa sobre algo, es porque hay una razón. Y esa razón en México y en muchos países se llama dependencia económica. El periodista depende de la televisora, la televisora depende del anunciante.
El anunciante depende del rating. El rating depende del conductor. Cuando el conductor es un problema, el sistema entero protege al conductor hasta que ya no se puede proteger más. Lo que pasó con Paco en 1999 es exactamente eso. Llegó a un punto en el que ya no se le podía proteger y en lugar de protegerlo, alguien decidió silenciarlo.
A esta altura, antes de seguir con el siguiente capítulo de esta historia, quiero pedirte algo. Las historias como esta, las verdades que la industria del espectáculo prefirió enterrar durante décadas, no se mantienen vivas solas. necesitan que tú decidas qué importan. Si has llegado hasta aquí, si esta historia te está doliendo como me duele a mí mientras te la cuento, déjame un comentario abajo con una sola palabra, la que sea, la que tú sientas.
Cuéntame de dónde estás escuchando. De Guadalajara, de Monterrey, de la Ciudad de México, de Los Ángeles, de Houston, de Chicago, de Madrid, de Buenos Aires. Yo leo cada uno y dale me gusta al vídeo porque eso le ayuda al algoritmo a llevarle esta historia a otras mujeres como tú, mujeres que crecieron viendo esto en su sala y que merecen saber la verdad.
Ahora seguimos porque lo que viene es la pieza más oscura de toda esta historia, el momento en que la verdad sobre el asesinato de Paco Stanley estuvo a punto de salir a la luz y la manera en que el sistema de justicia mexicano hizo todo lo posible para que no saliera. Hay un nombre que tú no conoces y que necesitas conocer.
Se llama Luis Gabriel Valencia y en 1999 este hombre dijo una verdad. Al año siguiente confesó en cadena nacional frente a las cámaras que esa verdad se le habían arrancado a golpes. Y cuando esa confesión salió al aire, el caso entero se cayó y todos los acusados quedaron libres. A las 12:15 minutos del lunes 7 de junio de 1999, exactamente 7 minutos después del asesinato, la noticia ya estaba corriendo en las redacciones de las dos televisoras más grandes de México.
Para las 12:40, las dos habían interrumpido su programación regular y estaban transmitiendo en vivo desde el lugar de los hechos. Lo que pasó en esas siguientes 6 horas en pantalla fue una de las coberturas más extraordinarias de la historia de la televisión mexicana y también una de las más reveladoras. Televisa, donde Paco había trabajado durante 24 años, mandó a sus principales reporteros al charco de las ranas.
Patti Chapoy, conductora de Ventaneando, llegó al lugar del crimen, subió en vivo y entre lágrimas dijo que era la cobertura más difícil de su carrera, que sentía que estaba transmitiendo desde un funeral, que estaba trabajando con los sentimientos de la gente. TV Azteca, donde Paco trabajaba al momento de morir, dedicó 5 horas continuas a la cobertura.
El conductor del noticiero principal, Javier a la Torre, narró lo que sucedía en directo. En un momento, la cámara captó el cuerpo de Paco antes de que lo cubrieran con la sábana blanca. La imagen quedó al aire por varios segundos, después la cortaron, pero ya había circulado. Aquella misma noche, Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, salió en cadena con un mensaje que iba a quedar grabado en la memoria de muchos mexicanos.
vestido de traje oscuro, con el rostro tenso, dijo en cámara que aquel día le había tocado a Paco, pero que mañana le podría tocar a usted o a mí o a cualquiera. Habló de impunidad, habló de ineptitud de las autoridades, habló de indiferencia ciudadana. Ese mensaje en cadena nacional fue lo que el país recordó durante años.
un presidente de televisora indignado, exigiendo justicia, pero hay algo que tú nunca te contaron. En ese discurso, Ricardo Salinas Pliego habló de todo menos de una cosa. No mencionó jamás lo que su propia televisora sabía sobre las actividades de Paco antes de que lo mataran. ni una sola palabra sobre la cocaína, ni una sola palabra sobre los nexos, ni una sola palabra sobre la razones por las que podrían haberlo querido muerto.
Lo mismo hizo Televisa. En la cobertura, los conductores hablaron de la pérdida de un grande, de un comediante irrepetible, de un hombre amado por todos. Mostraron vídeos de archivo de sus mejores momentos en la carabina de Ambrosio, en Pacatelas, en Ándale. Lo presentaron como víctima inocente de la violencia capitalina.
Esa narrativa se instaló en los siguientes días. Los principales periódicos del país, El Universal, La Jornada, Reforma, El Financiero, dieron portadas dolientes. Hablaron del Paco Familiar, del Paco poeta, del Paco que había grabado un disco con poemas que se llamaba Paco Stanley, Los mejores poemas, y que paradójicamente había salido a la venta el mismo día de su muerte.
El disco vendió más de 100,000 copias en los meses siguientes. Alcanzó certificación de oro en el año 2001. La narrativa pública era simple. Paco era un buen hombre. Lo mataron por la violencia que había en México. La capital era una ciudad insegura. El charco de las ranas era una zona peligrosa. Hay que rezar por su familia.
Bajo esa narrativa cómoda, la verdadera investigación nunca avanzó. El que dirigía la investigación oficial era un hombre llamado Samuel del Villar, procurador general de justicia del Distrito Federal en aquella época. Del Villar tenía fama de duro. Tenía fama de ser un funcionario incorruptible. tenía fama de ser el hombre que iba a limpiar a la capital del país.
Su gobierno, encabezado por Cuautemoc Cárdenas Solózano, jefe de gobierno del Distrito Federal en aquel entonces, le había dado libertad amplia para llevar el caso. Y aquí empieza la parte más oscura. Samuel del Villar tenía dos líneas de investigación posibles. La primera, la grande, la importante, era la conexión de Paco con Amado Carrillo Fuentes y el cártel de Juárez.
Esa era la pista que apuntaba al norte, la que requería trabajo serio, recursos, tiempo, valentía política. La segunda, la pequeña, la fácil, era una pista que llegó casi de regalo desde un reclusorio. Apuntaba a otro cártel mucho menos poderoso, el llamado Cártel de Colima, liderado por los hermanos Amezcua Contreras.
Samuel del Villar eligió la segunda. ¿Por qué la respuesta? Según el periodista Jorge Fernández Menéndez, Samuel del Villar se la llevó a la tumba. Lo que sí quedó claro es que la pista hacia los hermanos Amezcua llegó por un camino sospechoso y que esa pista en cuestión de semanas iba a derrumbarse de la peor manera posible.
Aquí viene lo tercero que te prometí. Quizá tú sabes lo que es ser víctima de una mentira que se repite tantas veces que se vuelve verdad. Quizá tú sabes lo que es ver a una persona inocente acusada delante de medios millones y quedarse callada porque no tienes los medios para defenderla. Quizá tú sabes lo que es ver como una autoridad construye una versión a la medida porque es más fácil que investigar de verdad.
Lo que pasó en este caso es eso, escalado a nivel nacional. El nombre que necesitas anotar es Luis Gabriel Valencia. Apodo. El cocinero. Era cocinero personal. Hace falta entender el oficio literal de los hermanos Amezcua, capos del cártel de Colima. Cuando Paco fue asesinado, Luis Gabriel Valencia ya estaba en prisión por otros delitos.
Estaba en el reclusorio oriente de la Ciudad de México. Pocos días después del crimen de Paco, Luis Gabriel Valencia llamó por teléfono desde la cárcel a la Procuraduría capitalina. dijo tener información clave. Cuando lo entrevistaron, Valencia declaró lo siguiente. Los hermanos ACA, desde su propia prisión habían ordenado el asesinato de Paco Stanley por una deuda.
Paco les debía dinero por droga. Para coordinar el asesinato, los amezco habrían contactado un tal Erasmo Pérez Garnica, alias el Cholo, presunto sicario, para que ejecutara el ataque. Y como contactos internos en el medio del espectáculo habrían usado a la edecan Paola Durante, quien supuestamente coordinaría con Mario Bezares la fecha y el lugar del crimen.
Esa declaración fue suficiente para que Samuel del Villar abriera el expediente. El 22 de junio de 1999, Mario Bezares fue detenido y arraigado en el hotel San Juan de la Ciudad de México. El 19 de agosto, Paola Durante fue arrestada en el hotel Miguel Ángel del entonces Distrito Federal. Una semana después, ambos fueron trasladados a reclusorios.
Junto a ellos fueron detenidos también Erasmo Pérez Garnica, el Cholo, presunto autor material, José Luis Rosendo Martínez, asistente de Mario Bezares, y Jorge García Escandón, el chófer. Cinco personas. El 2 de septiembre de 1999 se les dictó auto de formal prisión a las 5. Los expedientes describían a cada uno con un papel preciso en el supuesto plan.
Pero algo no cuadraba. Las pruebas materiales eran prácticamente inexistentes. No había llamadas interceptadas, no había mensajes escritos, no había transferencias de dinero rastreables, no había testigos presenciales que corroboraran el dicho de Luis Gabriel Valencia. El expediente entero descansaba sobre la palabra de un hombre encarcelado por otros delitos.
Los abogados de los acusados empezaron a moverse. Pidieron que se ampliaran las pruebas, pidieron que se cuestionara la credibilidad de Luis Gabriel Valencia, pidieron acceso a los expedientes completos. Y en marzo del año 2000, 8 meses después de que se iniciaran las acusaciones, todo se vino abajo. El 1 de abril del año 2000, Luis Gabriel Valencia hizo algo que cambió el caso por completo.
Concedió una entrevista telefónica desde el penal de Perote en Veracruz, donde había sido trasladado meses antes. La entrevista fue transmitida en cadena nacional por Televisa y por TV Azteca. Las dos televisoras la reprodujeron. Y en esa entrevista, Luis Gabriel Valencia confesó que sus declaraciones de 1999, las que habían enviado a cinco personas a la cárcel, eran falsas.
Le habían arrancado esas declaraciones bajo tortura. Específicamente, según Valencia, la tortura había sido ordenada por tres personas. El propio Samuel del Villar, procurador, Fernando Castro Fernández, fiscal especial del caso, y Mauricio Tornero, director de la policía judicial de la capital.
Lo habían golpeado durante días para que dijera lo que ellos querían que dijera. Le habían dictado los nombres, le habían dictado los detalles, le habían entregado un guion completo. Escucha esto con calma. Un hombre en prisión, en un penal de máxima seguridad, arriesgó su vida en cadena nacional para decir que el caso entero había sido fabricado por la propia procuraduría.
Cinco personas llevaban meses en la cárcel por una mentira que le habían sacado a golpes. Los que lo torturaron eran los mismos que supuestamente estaban buscando justicia para Paco Stanley. La confesión de Luis Gabriel Valencia se respaldó después con un vídeo grabado el 8 de diciembre de 1999 en el penal de Perote. En el vídeo, Valencia mostraba las marcas de los golpes. El 27 de abril del año 2000.
Esa misma Procuraduría capitalina, ahora dirigida por otra persona, hizo público el vídeo. Otro testimonio se sumó. José Luis Martínez Delgado, el asistente personal de Mario Bezares, también declaró bajo juramento que había sido presionado por el fiscal Fernando Castro Fernández para inculpar a su jefe de la muerte de Paco.
El caso entero se desplumó. El 25 de enero del año 2001, el juez penal del caso notificó a los inculpados que las pruebas presentadas en su contra no acreditaban su participación en el asesinato de Paco Stanley. Los cinco acusados fueron declarados inocentes por falta de pruebas. Mario Bezares, Paola Durante, Erasmo Pérez Garnica, José Luis Rosendo Martínez, Jorge García Escandón.
Todos salieron libres después de pasar entre 16 y 18 meses encarcelados, pero ya estaban marcados. A esta altura, antes de seguir, necesito decirte algo. Si esta historia te está enseñando algo que tú no sabías, si sientes que el sistema de justicia mexicano falló con todas estas personas, dale me gusta al vídeo y comparte esto con alguien que también creció viendo a Paco en su televisión.
Hazlo por la memoria de cinco personas que pasaron año y medio en prisión por un crimen que nunca cometieron y por la memoria de un sexto, Paco mismo, cuyo asesino verdadero hasta la fecha nadie ha pagado. Porque aquí está el problema más grande de todo este caso. Cuando Luis Gabriel Valencia confesó la tortura, cuando los cinco acusados quedaron libres, cuando el expediente se cayó por falta de pruebas, lo que tendría que haber pasado era que la investigación volviera a empezar desde cero, que se retomara la línea que había
sido descartada, la del cártel de Juárez, la de Amado Carrillo, la de los socios verdaderos de Paco. Eso no pasó. La investigación se cerró. Hubo un par de movimientos posteriores casi simbólicos. En febrero de 2002 fue detenido un hombre llamado Luis Alberto Salazar Vega, alias Elbolas, jefe de sicarios del cártel de Tijuana, que tenía un parecido físico con Erasmo Pérez Garnica.
Las autoridades lo señalaron como autor material. En el 2004 se fugó. En el 2011 fue recapturado y negó rotundamente cualquier participación. Nunca fue procesado por el caso Stanley. Hasta el día de hoy, 26 años después, no hay ni un solo culpable formalmente sentenciado por el asesinato de Paco Stanley.
Ningún autor material, ningún autor intelectual, ningún cómplice. El caso oficialmente está abierto, archivado, esperando pruebas que probablemente nunca van a llegar. La persona que te hacía reír durante la comida durante 15 años fue asesinada en plena calle a la 1 de la tarde frente a 50 testigos con calibres de uso militar y nadie pagó y nadie va a pagar porque el caso se ha cerrado para siempre.
Y mientras todo esto pasaba, mientras los acusados salían libres, mientras la verdadera investigación se enterraba, la cripta donde lo enterraron a él en el panteón español del norte de la ciudad de México, en un lugar llamado Cuartel 21, empezaba a llenarse de polvo. Esa cripta Paco la había comprado 7 meses antes de morir.
La había comprado para sus padres. Pensaba mover los restos de su mamá y su papá. Quería que la familia descansara junta, pero no le dio tiempo. Él fue el primero en estrenarla. A los 20 años de su muerte, en 1999, perdón, en 2019, una agencia de noticias mandó a un reportero a documentar cómo estaba la cripta.
Lo que encontró fue desolador. El día del aniversario, el 7 de junio del 2019, no llegó nadie, ni fans, ni periodistas, ni la propia familia. Solo un sepulturero del panteón que abrió la cripta barrió el piso de mármol, sacudió el polvo del altar donde está colocado un portarretratos del conductor, encendió una vela, puso un arreglo de crisantemos blancos y se fue.
En la pared central de la cripta hay grabada una carta. La escribió el propio Paco antes de morir. Habla con su esposa y sus hijos. Les dice que los espera en el cielo. Les pide que nos entristezcan. Que no derramen muchas lágrimas, que vivan su vida con valentía y con sonrisa, que en su memoria y en su nombre hagan las cosas igual que antes.
Es un mensaje hermoso, pero al lado de todo lo que sabemos también es un mensaje incómodo. Porque el hombre que escribió esa carta, el hombre que pedía a sus hijos que vivieran con sonrisa, era el mismo que tenía 5 g de cocaína en el pantalón cuando lo asesinaron. El mismo que recibía Amado Carrillo Fuentes en sus oficinas.
El mismo que dejó atrás a una esposa, Patricia Pedroza, que se quedaría en silencio absoluto durante el resto de su vida. Y eso nos lleva a la última pieza de toda esta historia. La pieza que nadie esperaba, la que llegó 25 años después, cuando muchos creían que el caso ya se había cerrado para siempre. 25 años después de aquel mediodía afuera del charco de las ranas, las personas que habían pasado año y medio en la cárcel acusadas falsamente del asesinato de Paco Stanley, regresaron a la pantalla, no de la mano de un noticiero serio, no de un documental periodístico.
Regresaron por la puerta más improbable de todas, la de un reality show. Aquí viene lo cuarto que te prometí. En el verano del año 2024, la productora en Demol Shine, en alianza con Televisa Univisión lanzó la segunda temporada de un programa llamado La Casa de los famosos México. Es uno de esos formatos donde meten a 15 celebridades a vivir juntas durante semanas con cámaras grabándolas las 24 horas sin contacto con el exterior, mientras el público desde su casa decide cuál se va y cuál se queda.
Para esa segunda temporada, los productores eligieron como una de las primeras celebridades confirmadas a Mario Bezares. Mario llevaba 25 años cargando el peso de la condena social. Había tratado de regresar a la televisión muchas veces. Le dieron programas pequeños en horarios marginales, en canales secundarios.
Conducir si hay y bien después de la muerte de Paco. Conducir un programa similar durante 15 años en distintas televisoras. Pero el público nunca lo volvió a recibir como antes. Cada vez que aparecía en pantalla le caían comentarios en redes sociales. Asesino, traidor, mataste a tu mejor amigo.
Eres lo peor de la televisión mexicana. Su esposa, Brenda Yamile Jiménez, conocida en el medio como Brenda Bezares, recibía los mismos ataques. Sus dos hijos, Alejandro y Alan, crecieron leyendo en internet que su padre era un asesino. Si tú has vivido la experiencia de que toda una ciudad, toda una comunidad, toda una familia te señale como culpable de algo que no hiciste, entonces te vas a poder imaginar lo que fueron esos 25 años para Mario Bezares y su familia.
No es posible compensar el daño. Un juez te da la libertad, pero no te devuelve el tiempo, no te devuelve el nombre, no te devuelve a los amigos que dejaron de llamarte. Mario entró al reality el 21 de julio de 2024. Tenía 65 años. Llegó como uno de los participantes más viejos de la temporada.
Al principio lo miraban con distancia. Los compañeros más jóvenes, influencers, actores de veinitantos años, no sabían bien quién era. Algunos solo conocían el rumor de que algo había pasado con un conductor llamado Paco hace mucho tiempo. Pero Mario hizo algo que nadie esperaba. Se ganó al público. Bailaba en la cocina. Hacía bromas autocríticas.
Hablaba de su vida con humor, cantaba canciones a su esposa cuando ella aparecía en visitas familiares. Se reconcilió en cámara con compañeros con los que tenía conflictos. Apoyó a participantes más jóvenes que sufrían en el encierro. Y poco a poco, a lo largo de las 10 semanas de competencia, el público mexicano fue cambiando de opinión.
Las redes sociales explotaron. Mario, que antes de entrar al reality tenía 227,000 seguidores en Instagram, alcanzó 2,100,000 seguidores. Las marcas que años antes no querían tocarlo empezaron a buscarlo para colaboraciones. Programas de televisión que jamás lo habrían recibido empezaron a invitarlo. Y entonces, faltando muy pocos días para la final, ocurrió el momento más impactante de todo el reality.
Era el 25 de septiembre de 2024. En la dinámica del reality, los cinco finalistas estaban sentados a la mesa. La voz, que en el programa llaman La jefa, anunció el juego de los congelados. Los participantes se quedaron inmóviles y por la puerta principal entró un hombre que nadie esperaba. Era Paul Stanley, el hijo menor de Paco.
Paul tenía 38 años en aquel momento. Es el único de los cuatro hijos de Paco que siguió los pasos del padre. Trabaja como conductor en el programa matutino Hoy de Televisa. Es un hombre que durante sus primeros años de vida no fue reconocido por su padre, hijo extramarital de Paco con una mujer llamada Mónica Durruti, mientras Paco aún estaba casado con Patricia Pedroza.
Paul creció con su madre en una casa modesta. Paco lo visitaba esporádicamente, le pagaba una mensualidad pequeña. Cuando Paco fue asesinado, Paul tenía 14 años y de pronto se encontró ante un velorio donde había hijos legítimos a los que casi no conocía y un mundo de luto público al que no sabía cómo entrar.
Durante 25 años, Paul nunca había visto a Mario Bezares cara a cara. Aquella noche del 25 de septiembre en plena cadena nacional lo hizo. Paul caminó lentamente por la sala. Saludó a los demás participantes con palabras de ánimo. Karime, Brigit, Gala, Araz, bromeó con cada uno. Dejó a Mario para el final. Cuando se paró frente a él, Paul tenía los ojos llenos de lágrimas.
La voz le temblaba. Mario no podía moverse por las reglas del juego, pero las lágrimas le rodaban por las mejillas. Paul le dijo lo siguiente. Le dijo que estaba ahí porque él lo había decidido, que había pasado mucho tiempo, que había sido todo muy difícil para todos, que solo quería decirle que estaba en paz con él, que él ya había soltado porque tenía la cosa más hermosa de su vida.
su hija pequeña, recién nacida, llamada Victoria, que quería una nueva vida. Dejar todo atrás, le deseó lo mejor a él y a toda su familia, le dio su bendición. Mario lloró sin poder hablar. Las lágrimas le caían en silencio, como si llevara 25 años aguantando para ese momento. Cuando Paul terminó de hablar, salió de la casa.
Mario todavía en el juego de los congelados no pudo abrazarlo, solo pudo mirarlo como se iba. Ese momento lo vio México entero y buena parte de Latinoamérica. Un hombre que llevaba un cuarto de siglo bajo la sombra de una acusación. Un hijo que llevaba un cuarto de siglo sin padre se encontraron en medio de un reality show y se liberaron uno al otro de un peso que nunca debieron haber cargado.
4 días después, el 29 de septiembre de 2024, Mario Bezares fue declarado ganador absoluto de la Casa de los famosos México. Segunda temporada el público votó. Más de 39 millones de votos en una sola noche. Mario apagó las luces de la casa. Según la tradición del reality, recibió el premio de 4,600,000es. Le entregó el maletín a su esposa Brenda en su aniversario de bodas 33.
En la entrevista posterior dijo una sola frase: “Esto es como un ave fénix que sale de las cenizas.” Pero el reality que coronó a Mario fue también el que devolvió a Paola durante a la pantalla. Paola, después de su salida de prisión en enero del 2001, había tenido una vida difícil. Intentó volver al medio del espectáculo, modelo, actriz, conductora, cantante, pero ninguna puerta se le abría del todo.
Donde quiera que llegaba, la sombra del caso Stanley estaba con ella. La gente la reconocía en la calle. Algunos le gritaban cosas, algunos le pedían fotos, casi nadie la trataba como una mujer normal. Posó para Playboy en versión latinoamericana, intentando reposicionarse. Fue invitada a la mansión del fundador de la revista en Los Ángeles en una serie de televisión que se grabó por aquella época.
Fue prima reconocida de la actriz Bárbara Mori, lo cual le abría algunas puertas, pero también la condicionaba. Tuvo cirugías estéticas. La nariz le cambió, los pómulos, los labios. La mujer que entró a la prisión a los 24 años no era la misma que salió. Y la mujer que volvió al medio 23 años después, ya con 49, era casi imposible de reconocer.
Cuando Paola entró a la casa de los famosos Méxicos segunda temporada, lo hizo con todo el peso de su historia encima. No ganó, pero recuperó algo más importante. Le devolvieron el derecho a ser tratada como una mujer normal y entonces aparecieron también despacio otras voces. Jorge García Escandón, el chóer, dio entrevistas en distintos programas.
Contó que en la prisión llegó a pensar en quitarse la vida, que su familia fue lo único que lo sostuvo, que su esposa actualmente padece cáncer. En agosto del 2025, García Escandón explotó públicamente contra Jorge Gill, el periodista que iba con Paco aquel 7 de junio, porque Gil había publicado un libro llamado Mi verdad, donde supuestamente sembraba dudas sobre el papel del chóer en aquel ataque.
García Escandón dijo en cámara con la voz quebrada que esas dudas habían sido la razón por la que él había ido a la cárcel, que Gill pudo haber visto al verdadero asesino que 26 años después seguía cargando con un peso injusto. Brenda Bezares, esposa de Mario, también rompió silencios. publicó en sus redes sociales en junio del 2023, antes de que Mario entrara al reality, una prueba de paternidad notariada que demostraba lo que durante décadas habían puesto en duda, que su hijo menor, Alan Bezares, era hijo biológico de Mario.
El rumor había nacido años atrás de una broma cruel que Paco hizo en pleno programa mientras saludaba a la familia Bezares en cámara. Paco señaló al bebé Alan que tendría apenas un año y dijo al público, “Mire, ahí está mi hijo. Chequen ustedes a quién se parece.” Aquella broma quedó archivada en miles de hogares y 25 años después, Alan Bezares, ya adulto, contó en un documental que durante toda su vida había crecido leyendo en internet que su padre verdadero era un hombre asesinado y que todos los días había cargado con
esa pregunta. Esa broma. Aquel día, empácatelas, no le costó nada a Paco. Le costó un niño pequeño que tardó 25 años en probar que su padre era su padre. Así era la industria del espectáculo mexicano de aquella época. Un hombre poderoso podía hacer un chiste en horario familiar y destruir la vida de un bebé que ni siquiera sabía hablar.
A esta altura, mi gente, déjame decirte algo. Si esta historia ha logrado que veas con otros ojos a personas que durante décadas fueron señaladas injustamente. Si después de escuchar todo esto sientes que Paola Durante, Mario Bezares, Jorge García Escandón merecen el respeto que por 25 años se les negó.
Déjame un comentario abajo con sus nombres. Mándales desde donde tú estés escuchando, desde Guadalajara, desde Monterrey, desde Tijuana, desde Houston, desde Nueva York, desde Madrid, mándales un mensaje, yo se los voy a hacer llegar de alguna forma. Y comparte este video con tus hermanas, con tus amigas, con tus comadres, con tus hijas, porque la verdad solo se mantiene viva si nosotros decidimos que importa.
Ahora vamos al cierre. ¿Qué fue de Patricia Pedroza, la primera víctima de toda esta historia, la esposa que nunca habló? Hasta el día de hoy ella sigue en silencio. Vive en el sur de la Ciudad de México. Sus hijos, Francisco Stanley Pedroza y Leslie Stanley Pedroza también prefieren mantener una vida privada.
Francisco, el hijo abogado, después del asesinato dio algunas declaraciones a medios. defendió a su padre, cuestionó el manejo del caso, después se alejó de los reflectores y se dedicó a la producción televisiva lejos de la pantalla. Les nunca dio una sola entrevista, no hay fotos suyas en redes sociales. Se desconoce a qué se dedica.
Patricia eligió hace 26 años llevarse todo lo que vio a la tumba. Esa decisión sigue siendo suya. ¿Qué fue del primer hijo de Paco? Francisco Stanley Solí ya estaba muerto cuando lo asesinaron. Murió en 1993 en un accidente de auto. A los 18 años Paco rara vez hablaba de él. Su muerte fue un dolor que la familia se guardó.
¿Qué fue de Mario Bezares? Después de ganar el reality, regresó al medio del espectáculo con fuerza. conduce programas, hace giras de comedia, lo invitan a podcasts, colaboraciones de marca. Su esposa Brenda lo acompaña a todas partes, públicamente, sin esconderse. En entrevistas recientes ha dicho que el momento del reencuentro con Paul Stanley fue el más importante de toda su vida, que pudo dormir tranquilo por primera vez en 25 años.
¿Qué fue de Paul Stanley? sigue conduciendo el programa hoy. Tuvo a su hija Victoria. Su vida pública es estable. Cuando le preguntan por su padre, habla con cariño. Cuando le preguntan por las acusaciones, prefiere no entrar en detalles. Una vez dijo en entrevista con Jordi Rosado que durante años se había metido a internet a investigar quién era realmente su padre y que en algún momento dejó de hacerlo porque se dio cuenta de que la verdad iba a ser más dolorosa de lo que él podría manejar. Ese niño de 14 años que
perdió a su papá en 1999 tiene hoy una hija pequeña y cuando Victoria sea grande, la que tendrá que decidir si le cuenta o no le cuenta quién era realmente su abuelo, es su propia madre. El silencio que empezó con Patricia Pedroza en 1999 puede que siga por dos generaciones más. Y la cripta del panteón español en el cuartel 21 sigue ahí, a casi 30 años de la muerte, limpia, cuidada por el personal del panteón, pero casi nunca visitada.
En el altar interior está el portarretratos con la sonrisa de Paco. Detrás, en la pared central, su carta a la familia. Los espero en el cielo. Una frase que escribió cuando todavía pensaba que iba a morir tranquilo en cama, rodeado de los suyos. No fue así. murió afuera de un restaurante a las 12 con8 minutos en una camioneta negra con 5 g de cocaína en el pantalón, un molino para triturar droga en la guantera y una credencial de la Secretaría de Gobernación que lo autorizaba a aportar armas.
murió siendo el hombre que entraba a tu casa todas las mañanas por la televisión y siendo al mismo tiempo alguien que tú nunca conociste. El hombre que entraba a tu casa todas las mañanas no era el hombre que tú creíste que era. Pero eso no le quita tu cariño. Eso no borra el recuerdo de tu mamá. riéndose con sus chistes.
Eso no borra el día que lo viste bailar el gallinazo. Y tú te reíste tanto que te dolió el estómago. Lo que pasa es que la verdad completa tiene dos caras y mereces conocer las dos. Aquí hay algo que la industria del espectáculo mexicano no aprendió de este caso. 26 años después, las dos televisoras siguen operando con la misma lógica.
Productores que protegen a estrellas problemáticas, periodistas que dependen del acceso, anunciantes que deciden qué se cuenta y qué no se cuenta, acusaciones que se construyen rápido y se desbaratan después de que las víctimas inocentes ya pagaron. El sistema sigue, solo cambian los nombres. Si quieres saber por qué historias como esta tienen que seguir contándose, suscríbete a este canal.
Aquí vamos a seguir desentrañando los grandes casos del espectáculo mexicano y latinoamericano. Las traiciones que la industria silenció, las víctimas que la prensa olvidó, los secretos que se enterraron con la gente y que ahora, con el paso del tiempo empiezan a salir a la luz. Esta familia que estamos formando aquí en este canal es la que se ocupa de que no se olvide.
A ti, mi gente, en México, en Estados Unidos, en Colombia, en Argentina, en Perú, en Chile, en España, a ti, donde quiera que estés escuchando esto, donde quiera que estés sentada con tu cafecito en este momento, gracias por llegar hasta aquí, por aguantar la historia completa, por no apagar el vídeo cuando empezó a doler.
Estas mujeres que crecieron viendo a Paco en su sala, mujeres como tú, mujeres como mi propia mamá, merecen la verdad, aunque la verdad sea más complicada que la versión bonita que les vendieron en su momento. Cuéntame en los comentarios cuál fue tu primer recuerdo de Paco Stanley? ¿En qué programa lo viste por primera vez? ¿Qué canción suya recuerdas? ¿Te acuerdas donde estabas el 7 de junio de 1999 cuando supiste que lo habían matado? Yo voy a leer cada uno y antes de cerrar te voy a contar algo.
Hay una persona en esta historia, una mujer de la que casi no hablamos hoy. Una mujer que estuvo en prisión año y medio, acusada injustamente, que perdió su carrera, que perdió su nombre, que perdió la mejor década de su vida. Una mujer que el día del asesinato tenía solo 24 años y que pagó con todo el peso del sistema un crimen que jamás cometió.
Su historia es tan dura, tan injusta, tan reveladora que merece su propio video. Si quieres conocerla completa, dímelo en los comentarios. Si suficientes de ustedes me lo piden, lo hago. Por hoy esto fue todo. El hombre que entraba a tu casa todas las mañanas tenía una vida que tú nunca viste. Hoy ya la conoces.
Y eso, mi gente, eso ya nadie te lo puede quitar. Cuídate. Te quiero.
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