La sombra de la incertidumbre se cierne sobre Colombia ante la proximidad de momentos políticos definitorios. En un escenario donde el populismo parece ganar terreno y las dudas sobre el futuro institucional del país se multiplican, el comandante Luis Quiñonez, una de las figuras más cercanas al expresidente Donald Trump, ha roto su silencio. Sus revelaciones no solo plantean un panorama complejo, sino que subrayan el papel vigilante que Estados Unidos podría desempeñar ante una eventual crisis o estallido social en suelo colombiano.
Desde el inicio de sus declaraciones, Quiñonez ha sido enfático en comparar el rumbo actual de ciertos sectores políticos con el modelo que llevó a la caída de naciones vecinas. Según sus palabras, lo que hoy se denomina socialismo ha mutado en una estructura que él define como “narcoismo”, donde el control del gobierno se convi
erte en el vehículo para legitimar actividades ilícitas y desestabilizar la economía nacional. Para Quiñonez, la lección de Venezuela es clara: la negligencia y la desidia social son el caldo de cultivo para dictaduras que, una vez instaladas, se vuelven casi imposibles de erradicar.
El punto neurálgico de estas advertencias recae sobre la relación entre el poder político y las fuerzas militares. Ante el temor de un nuevo estallido social, el comandante resalta la importancia de la institucionalidad. “Sabemos que hay profesionales dentro del servicio militar que son gente honorable”, asegura Quiñonez, confiando en que las fuerzas armadas colombianas mantendrán su lealtad a la Constitución antes que a intereses ideológicos personales. En este contexto, Estados Unidos ha mantenido un diálogo constante con diversos mandos militares, dejando claro que, en caso de ser necesario, se brindaría apoyo tecnológico, logístico y hasta aéreo para proteger la democracia y mantener el orden frente a quienes tomen las armas de manera ilegal.
La contienda electoral actual, que enfrenta al presidente Gustavo Petro con figuras como Abelardo de la Espriella, se percibe desde el exterior como un punto de inflexión. La postura de Washington no es neutral en términos de valores; el apoyo explícito de Trump a De la Espriella responde, según Quiñonez, a una necesidad estratégica de frenar el avance de agendas extremistas que han demostrado ser perjudiciales para la estabilidad regional. El comandante recalca que, más allá de las simpatías políticas, la preocupación radica en la gestión de los recursos y la administración del Estado, señalando que la falta de calificación técnica en los cargos públicos es una de las principales vías hacia la destrucción económica, tal como ocurrió en el caso de las hidroeléctricas en Venezuela.

Un aspecto que genera especial interés es la respuesta de Estados Unidos ante las denuncias de irregularidades electorales. Quiñonez ha sido contundente: el gobierno estadounidense ya ha iniciado labores de inteligencia, incluyendo la interceptación de comunicaciones, para identificar a quienes intenten corromper el proceso democrático a través de la compra de votos. Las consecuencias para los implicados, de comprobarse estos actos, podrían ser severas: desde la cancelación de visas y la inclusión en la lista Clinton o la lista OFAC, hasta la congelación de activos y cuentas bancarias en el extranjero. El objetivo, según sostiene, es enviar un mensaje claro: la criminalidad política tendrá un costo elevado.
La entrevista también profundiza en el miedo que parece permear los círculos políticos cercanos al actual gobierno. La posible llegada de Abelardo de la Espriella al Palacio de Nariño es vista, según Quiñonez, como una amenaza directa para aquellos políticos involucrados en actos ilícitos que podrían enfrentar la extradición. Esta obsesión por el poder, comenta el comandante, ha llevado a que se saboteen los pasos positivos de la economía colombiana, con el fin de mantener un control absoluto que les permita operar sin rendir cuentas.
Finalmente, el llamado es a la reflexión de la ciudadanía colombiana. Quiñonez exhorta a los electores a no dejarse seducir por las promesas vacías del populismo que solo ofrecen una aparente bonanza a cambio de la sumisión y la pérdida de libertades fundamentales. La invitación es a observar los ejemplos regionales con madurez y rigor, entendiendo que el futuro de Colombia depende de una elección informada y consciente.

Con un tono de advertencia, pero también de esperanza, el comandante subraya que, aunque existen desafíos inmensos y la posibilidad de disturbios iniciales tras los resultados, hay una ruta posible hacia un periodo de prosperidad y paz si se respeta la Constitución y se rechazan los modelos que han fracasado estrepitosamente en otros países . La comunidad internacional, y específicamente Estados Unidos, permanece expectante ante los acontecimientos, preparada para actuar en defensa de lo que consideran los principios básicos de la democracia y la seguridad en el continente. La pregunta que queda en el aire para los ciudadanos es si están dispuestos a proteger el rumbo de su nación antes de que sea demasiado tarde.