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Reina Sofía: Sabía la Verdad Desde Su Boda… y Aun Así Se Casó

ellos. Durante los siguientes 6 años, entre 1941 y 1946, la familia real griega vivió en exilio, primero en Egipto, después en Sudáfrica, después en Inglaterra. Y durante esos años de exilio, la pequeña Sofi conoció una pobreza que casi ninguna princesa europea había conocido en el siglo XX. Hay un detalle que pocas biografías cuentan sobre los años de exilio de Sofía en Sudáfrica entre 1942 y 1944.

La familia real griega vivía en una pequeña cabaña en las afueras de Johannesburg, prestada por un primo lejano de los Hanover. La cabaña tenía solamente tres habitaciones. Había ratas en el techo, no había agua corriente. Y según los testimonios filtrados décadas después, la familia se alimentaba principalmente de las hierbas silvestres que crecían en los caminos rurales que rodeaban la propiedad.

La pequeña Sofi, con 4 años aprendió durante esos meses de Sudáfrica a buscar comida en los campos, a lavarse en un río, a dormir en colchones de paja y, sobre todo, a no quejarse nunca. Su madre Federica, según contaría décadas después en sus memorias, le repetía cada noche a sus hijos una frase que iba a marcar el resto de su vida.

Somos príncipes por dentro, aunque por fuera estemos vestidos como mendigos. Hay una escena particular de los años egipcios de Sofía, entre 1941 y 1942, que la propia reina contaría décadas después en una entrevista a la revista Hola publicada en 1998. La familia real griega vivía en El Cairo, en un departamento prestado por la corte egipcia.

Cada mañana, durante esos meses, la pequeña Sofi acompañaba a su niñera griega Anastasia al mercado popular del barrio para comprar pan y verduras. Una mañana, según el testimonio de la propia Sofía, décadas después, mientras caminaba con Anastasia por el mercado, vio a una niña egipcia de su edad, descalsa. vestida con arapos, comiendo restos de pan que había recogido del piso.

La pequeña Sofi, con cuatro años se detuvo. Miró a la niña durante varios minutos en silencio y después le dio a la niña egipcia su propio pedazo de pan que su niñera Anastasia acababa de comprar. Su madre Federica, cuando la niñera le contó la historia esa noche en el departamento, no felicitó a la pequeña Sofi, al contrario, le habría dicho con la severidad germánica que la caracterizaba, Sofi, no se puede dar pan a cada niño pobre que veas en el mundo.

Si lo haces, te quedarás tú también sin pan. La caridad es bella, pero la supervivencia es primero. Esa lección de Federica de Hannover a su hija de 4 años dada en un departamento egipcio durante la Segunda Guerra Mundial iba a marcar profundamente la psicología adulta de la futura reina Sofía.

Le enseñó que el deber familiar siempre prima sobre el corazón individual. una lección que 60 años después le iba a permitir aguantar las infidelidades de su esposo, el rey, con la dignidad silenciosa que el mundo entero conocería. Esa lección de Federica a sus tres hijos pequeños dada en una cabaña sudafricana en plena guerra mundial iba a definir para siempre la personalidad pública de Sofía, una mujer que aprendió desde los 3 años a esconder sus emociones, a mantener la dignidad en cualquier circunstancia, a no quejarse, no llorar,

no protestar nunca. una habilidad que 60 años después iba a permitirle sobrevivir al matrimonio más humillante de la realeza europea contemporánea. En 1946, después de 6 años de exilio, la familia real griega pudo regresar a Atenas. Sofi tenía 8 años y volvió a un palacio que ya no era el palacio que había abandonado a los 2 años.

El palacio de Tatoy, residencia oficial de los reyes griegos, había sido parcialmente saqueado durante la ocupación alemana. La mayor parte de los muebles habían sido robados, las joyas familiares habían desaparecido y lo que era todavía más doloroso para la familia, los retratos de los antepasados reales habían sido quemados o destrozados por los soldados.

Pero Sofi, según las memorias de su madre Federica, no lloró al ver el palacio destruido. Solo miró a su madre y le dijo en griego una frase que la madre nunca olvidaría. Mamá, vamos a reconstruirlo todo. Es nuestro deber. A los 8 años, Sofie ya hablaba como una mujer adulta, una pequeña adulta forjada por 6 años de guerra, exilio y pobreza.

una niña que había aprendido contra todos los pronósticos que la dignidad real no consistía en tener cosas hermosas, consistía en mantener la sonrisa cuando todo se derrumbaba alrededor. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Durante los siguientes 10 años, entre 1946 y 1956, Sofía creció en el palacio de Tatoe de Atenas. Recibió una educación rigurosa.

Estudió en escuelas privadas en Grecia y en Alemania. Aprendió a hablar perfectamente griego, alemán, inglés, francés e incluso un poco de español. Estudió piano clásico durante 10 años. Estudió arqueología en la Universidad de Atenas. estudió enfermería para servir a su país y sobre todo fue educada según la tradición germánica más estricta de su madre Federica, basada en el deber, el silencio y la disciplina absoluta.

Hay una anécdota de la adolescencia de Sofía, que pocas biografías cuentan. A los 15 años, en 1953, Sofía estaba en una escuela privada en Salom, Alemania. junto a su prima Mariana de Grecia. Una tarde, según contaría décadas después una compañera de clase suya, en una entrevista publicada en 1990, las dos primas griegas estaban caminando por el parque del colegio cuando otro grupo de niñas alemanas se acercó.

Las niñas alemanas, sin saber que las dos griegas eran princesas reales, empezaron a burlarse de ellas por su acento extranjero al hablar alemán. Una de las niñas alemanas, según el testimonio de la compañera, le dijo a Sofía, “Tú hablas el alemán como una sirvienta.” Sofía, con 15 años no contestó nada al principio, solo miró a la niña en silencio durante varios segundos y después le habría contestado con una sonrisa amable. “Quizás tienes razón.

Probablemente fue mi niñera griega quien me enseñó el alemán mejor que mi madre alemana. Y sin embargo, mi madre alemana es princesa y tu madre, según supe, es la peluquera del pueblo. La niña alemana, según la compañera, se quedó congelada y nunca más se atrevió a hablarle a Sofía durante los siguientes 3 años que pasaron juntas en el mismo colegio.

Anécdota dicha por una compañera de clase suya décadas después captura mejor que cualquier biografía la personalidad real de Sofía. Una mujer aparentemente dulce, silenciosa, sumisa, pero en realidad una mujer con una inteligencia afilada, una memoria implacable y una capacidad de devolver los golpes verbales con una precisión quirúrgica cuando ella decidía hacerlo.

Inc. La adolescencia de Sofía fue, sin embargo, marcada también por una tragedia profunda. En marzo de 1964, su padre, el rey Pablo de Grecia, después de un cáncer fulminante, murió. Sofía tenía 25 años. Estaba ya casada con Juan Carlos de Borbón y según los testimonios cercanos, esa muerte fue el primer gran dolor adulto de su vida.

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