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Emma Coronel: metió un reloj GPS en la comida…y sacó al Chapo de la prisión más vigilada del mundo

fue el pionero del tráfico de metanfetaminas para la organización, mucho antes de que las metanfetaminas se convirtieran en el negocio que son hoy. Murió en julio del 2010, abatido por el ejército mexicano en un operativo en Zapopan,  Jalisco. Para que te hagas una idea de quién era Nacho Coronel, te lo cuento así.

Cuando el ejército lo mató, encontraron en su casa armas de oro macizo,  ametralladoras chapadas en diamantes y una colección de relojes de lujo valorada en millones de dólares. Ese era el tío de Ema y todavía había más. El hermano mayor de Ema,  Inés Omar Coronel Aispuro, también trabajaba para el cártel.

El hermano menor Edgar  también. Toda la familia, sin excepción vivía del mismo negocio. Los coronel llevaban dos generaciones viviendo del cártel. La sangre de Emma ya valía oro antes de que ella supiera leer. ¿Qué pasa cuando una niña crece en un sitio así? Lo más probable es que nunca lo entienda hasta que ya es demasiado tarde.

Porque para Ema, lo que tú y yo llamamos el narcotráfico, no era una noticia que veía en la televisión. Era el oficio del papá, eran las visitas que llegaban en avionetas al rancho, eran los hombres armados que dormían en la sala cuando había problemas. Era el silencio en la mesa cuando alguien preguntaba demasiado.

Cuando Emma tenía 11 años,  sus padres tomaron una decisión que parece contradictoria, pero que tiene una lógica brutal. La mandaron de vuelta a Estados Unidos a vivir un tiempo con familiares en California. La razón oficial para que aprendiera inglés. La razón verdadera, según le contaron a la periodista Anabel Hernández fuentes cercanas a la familia era  otra.

El padre y la madre querían que su hija tuviera salidas, que pudiera moverse por los dos lados de la  frontera, que tuviera una vida fuera del rancho si las cosas se ponían feas. Es decir, los padres de Emma ya sabían que las cosas se iban a poner feas algún día. Solo era cuestión de tiempo. Emma estuvo unos años en California.

aprendió inglés, vio cómo era una vida normal y después regresó a Durango, a la Angostura,  a las visitas del Primo Nacho, al rancho del padre, a los hombres armados y empezó a crecer. Cuando cumplió 16 años, Emma Coronel ya era una de las jóvenes más comentadas de la región. alta, morena, ojos claros, pelo largo.

Se inscribió en certámenes de belleza locales. Le iba bien. Su nombre empezó a sonar en pueblos donde antes no lo conocía nadie. Pero en esa zona del país, ser una joven hermosa con una familia conectada  al cártel más poderoso de México es un blanco, no siempre del tipo que te gustaría. Y un  día, en una pista de baile, en una fiesta de pueblo, en el año 2006, un hombre cualquiera se acercó  a Emma. Tenía 17 años recién cumplidos.

Estaba bailando con su novio y le dijo cinco palabras que iban a cambiarlo todo. El Señor  quiere bailar contigo. El baile que valió 12,000 millones. Para entender lo que pasó esa noche en la pista de baile, primero tienes que saber dos cosas sobre el hombre que pidió  bailar con ella. A principios del 2006, Joaquín el Chapo Guzmán tenía 49 años.

Llevaba 6 años fugado de la justicia mexicana. 6 años. En enero del 2001 se había escapado del penal de  Puente Grande en Jalisco, escondido en un carrito de lavandería, según la versión oficial, versión que, por cierto, casi nadie en México se cree, pero esa es otra historia.  Lo importante es que desde aquel día el Chapo era el hombre más buscado del  continente.

La DEA tenía una recompensa de 5 millones por su captura.  El gobierno mexicano, otra de 3 millones. Su cara estaba en carteles de Se busca  desde Tijuana hasta Tapachula. Y aún así, el Chapo se movía con tranquilidad por la sierra de Durango y Sinaloa, porque ahí,  en ese territorio mandaba él. El segundo dato es este.

El Chapo  Guzmán ya había estado casado dos veces. Tenía hijos de varias mujeres, se calcula que entre 12 y 13 en total, y se había casado por primera vez a los 20 años. Cuando aquella noche del 2006 entró en una fiesta de pueblo en Canelas,  Durango, no era un soltero buscando pareja.

Era un hombre poderoso que veía a una jovencita en la pista y daba una orden. Esa orden la recibió Emma Coronel mientras bailaba con su novio. El Señor quiere bailar contigo.  Aquí hay que detenerse un segundo y mirar bien la escena. Emma tenía 17 años recién cumplidos. Su novio estaba a su lado y al fondo del  salón, en una mesa rodeada de hombres, estaba sentado un señor bajito al que ella había visto entrar y salir del rancho de su padre desde  que era niña, pero al que nunca había prestado especial atención. Tampoco

entendía bien quién era. En las pocas entrevistas que Emma ha dado a lo largo de su vida, siempre ha repetido la misma versión. Ella creció escuchando el nombre de Joaquín  Guzmán lo era, pero nunca supo realmente lo que significaba ese nombre. Vamos a dejar esa versión apuntada y seguimos. Emma dijo que sí.

Aceptó el baile,  dejó a su novio en la pista y empezó a bailar con el hombre más buscado  del continente. Lo que pasó esa noche y en los meses siguientes está documentado en varios libros y reportajes. El más detallado es el del periodista Julio Sher Proceso número 1609. Cuento solo  los hechos.

El Chapo se obsesionó con Emma desde el primer momento. En las semanas siguientes empezó  a aparecer regularmente por la angostura. Llegaba con caravanas de camionetas. Llegaba  con bandas de tambora completas que tocaban toda la noche para ella. Le regalaba joyas, ropa, perfumes. La cortejaba al estilo de los grandes capos con dinero,  con espectáculo, con la presencia abrumadora de su poder.

Y aquí entra un detalle que casi nadie cuenta bien. Ese mismo año, en 2007, en el pueblo se celebraba el certamen de la reina de la feria  del café y la guayaba. Emma se presentó y ganó. Pero hay quien dice dentro del propio pueblo que aquel certamen no fue del todo limpio, que cuando el Chapo Guzmán pone los ojos en una mujer, las cosas alrededor de esa mujer empiezan a moverse de cierta manera.

La corona en cualquier caso, llegó a manos de Ema  y la noche de la coronación, Joaquín Guzmán Lo era, apareció en el pueblo con tres bandas de música distintas tocando al mismo tiempo para celebrar a la nueva reina. Para que te hagas una idea de lo que es eso. Tres bandas en un pueblo de unas pocas  decenas de casas tocando simultáneamente a 49 años de edad de un hombre para una chica de 17.

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