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¡HARFUCH ARRASA CON 6 HOMBRES RESPONSABLES DEL SECUESTRO DE ROXANA GUZMÁN EN NANCHITAL!

Harfuch arrasó sin ruido, sin avisos, sin darles tiempo a reaccionar. Una tarde de fin de semana en un fraccionamiento de Nanchital, Veracruz, mientras los seis hombres, señalados como los rateros que se llevaron a la periodista Roxana Guzmán, hacían su vida como si nada, el aparato de seguridad federal de Omar García Harfuch, coordinado con Veracruz, les cayó encima de golpe.

Así cayeron uno tras otro, sin oportunidad de huir, sin tiempo de esconderse, seis detenidos y presentados ante el juez, y en el centro de todo, una mujer. Roxana, arrancada de su propia casa a golpes de mazo el pasado 2 de junio, en un caso que indignó al país entero y que casi una semana después todavía no aparece.

Llevo días revisando el video del secuestro fotograma a fotograma, cruzando la cronología de una decena de medios y los partes de la fiscalía y hay un dato detrás de esta caída relámpago, la trampa que se armó en silencio, que ningún noticiero ha contado completo y que es justo lo que convierte este golpe en algo que ya nadie pudo frenar.

Si tú también llevas días con este caso atravesado en la garganta, pendiente de cada noticia sobre Roxana, esperando contra todo que aparezca, este canal es para ti. Suscríbete y quédate conmigo hasta el final porque esta historia la vamos a seguir hasta donde haga falta. Vamos a empezar justo por ahí, por la escena de esa tarde porque lo dice todo.

Mientras unos disfrutaban de un convivio familiar sin imaginar lo que se les venía encima. Afuera el cerco ya estaba cerrado. La detención de cuatro de los seis ocurrió ahí mismo, en ese fraccionamiento de Nanchital, en una operación coordinada que no les dejó el más mínimo margen de maniobra.

Y esa rapidez no es casualidad ni suerte. Cuando un operativo cae así limpio y por sorpresa casi siempre es porque atrás hubo días de trabajo callado que nadie vio venir. Esa tarde fue solo la punta del iceberg de algo mucho más grande. Y cuando uno mira quiénes son los que cayeron, el caso se vuelve todavía más perturbador. Según lo que han publicado medios como Milenio, entre los detenidos habría dos trabajadores de Pemex, un empleado de un colegio de bachilleres de la zona y de acuerdo con la información que circula también un abogado. Caras comunes, vidas

en apariencia normales, mezcladas, dice la fiscalía, en uno de los crímenes que más ha conmocionado a Veracruz en lo que va del año. Sus familias salieron a defenderlos y sostienen que son inocentes, que los están ligando sin pruebas claras. Por eso hay que decirlo con todas sus letras. Por ahora son presuntos y será el juez quien lo determine.

¿Y sabes qué fue lo que esa gente supuestamente común estaba dispuesta a hacer aquella mañana del 2 de junio? Para entenderlo, hay que volver al momento exacto en que todo empezó. Porque para medir el tamaño de esto, hay que regresar a esa mañana en la colonia Primero de Mayo. Roxana estaba en su casa cuando un grupo de hombres armados llegó por ella.

No tocaron, no negociaron, no avisaron. Reventaron la puerta a maazos, entraron y se la llevaron por la fuerza delante de los suyos. Y lo más estremecedor es que parte de ese horror quedó grabado. Un familiar alcanzó a registrarlo y según se ha reportado, la propia Roxana habría grabado los momentos previos con su celular.

Ese video se viralizó en cuestión de horas y encendió una indignación que no ha parado desde entonces. Quédate porque en un momento vas a conocer a la mujer que estaba detrás de esa puerta y vas a entender por qué su historia duele de una manera distinta. Si te parte el alma imaginar a una mujer trabajadora arrancada de su hogar de esa forma, sacada a rastras mientras su familia lo veía todo, suscríbete.

Aquí no vamos a permitir que esta historia se apague ni que se vuelva una cifra más. Y déjame contarte quién es Roxana, porque eso lo cambia todo. No es una figura de la televisión ni una corresponsal de un gran medio que la respalde. Es la directora de Pulso Informativo del Sureste, un portal local que cubría lo de su tierra.

seguridad, política, los abusos del día a día en su municipio. Una mujer que según se ha reportado, ya había tenido que dejar Veracruz una vez por la violencia y que aún así decidió volver a su región a seguir informando, sabiendo el riesgo que corría. Y precisamente por eso este caso no se quedó callado.

El video del secuestro hizo que el país entero volteara a ver, que la gente compartiera, se indignara y exigiera respuestas en lugar de mirar para otro lado. Organizaciones como Artículo 19 y SIMAC alzaron la voz. La condena cruzó fronteras y esa presión, la de la gente común, no la de los grandes consorcios, fue empujando para que el caso no se enfriara.

Cuando una sociedad se niega a olvidar las cosas que antes se enterraban en silencio, de pronto ya no se pueden enterrar tan fácil. ¿Y qué hizo la autoridad con toda esa presión encima? Ahí es donde la historia da un giro que conviene seguir de cerca. Del lado del estado, el caso se movió con un peso poco común. La Fiscalía de Veracruz encabezada por Lisbeth Jiménez Aguirre al frente de la investigación, la gobernadora Rocío Onale confirmando avances por varias líneas, la presidenta Claudia Shainbaum dejando claro que las autoridades federales trabajan

coordinadas con el Estado y todo el aparato de seguridad federal de Harfood sumándose al rastreo. No fue un municipio chico lidiando solo con su tragedia, fue una maquinaria completa enfocada en un mismo objetivo. Y esa fuerza conjunta es la que explica en parte lo que pasó ese fin de semana. Porque ahora sí lleguemos al meollo de por qué no les dio tiempo a reaccionar.

Todo apunta a que el primer hilo no fue un soplo ni una casualidad, fue el propio video del secuestro. El análisis de esas imágenes revisadas con lupa habría permitido identificar el vehículo en el que se movieron los captores aquella mañana y a partir de ese vehículo se empezó a tejer en silencio el rastreo que terminó en el operativo del fin de semana.

Mientras los presuntos hacían su vida normal, la autoridad iba siguiéndoles los pasos sin que ellos lo notaran. No te despegues porque ahora vas a ver hasta dónde llegó ese rastreo silencioso y por qué tuvo que abrirse a tres municipios distintos al mismo tiempo. Y ese rastro no se quedó en un solo punto.

Según informó la propia fiscalía, la búsqueda no se limitó a Nanchital, se extendió también a Moloacán y a Cuichapa en coordinación con la policía ministerial, la Guardia Nacional, la Sedena, la Marina y la seguridad estatal. Tres municipios bajo rastreo al mismo tiempo. No es cualquier cosa. Es la señal de que lo que encontraron en el video y en la geolocalización de los dispositivos los obligó a moverse en varios frentes a la vez.

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