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HARFUCH ENCUENTRA el CUADERNO de Diana Laura en Magdalena… Anotó al 2do Tirador 31 Años ANTES

HARFUCH ENCUENTRA el CUADERNO de Diana Laura en Magdalena… Anotó al 2do Tirador 31 Años ANTES

Si me pasa algo, vete a Magdalena. Eso le dijo Luis Donaldo Colosio a su esposa Diana Laura 55 días antes de que lo mataran en lomas taurinas. 31 años después, Omar García Harfuk obedeció esa orden. Tres camionetas. 4:40 de la madrugada. Una casa cerrada con llave desde 1996. La llave estuvo guardada 30 años en una caja de seguridad de un banco de Hermosillo.

 Solo dos personas en el mundo sabían dónde estaba esa llave. Una de ellas murió de cáncer hace dos años. La otra es el hijo de Diana Laura. Y el hijo es quien le acaba de entregar la llave a Harfook esta noche. Magdalena de Quino, Sonora, 80 km al sur de la frontera con Arizona. Es octubre y el desierto está a tres grados.

 El aire huele a polvo seco, a mezquite quemado por el sol del día anterior, a frío que se mete entre la ropa. Tres camionetas suben por la calle Adolfo López Mateos sin prender las luces. Bajan despacio. El primero en pisar la grava es Omar García Harfuch. Detrás de él dos peritos con maletines duros, un fotógrafo forense, una notaria pública con cuaderno y pluma fuente y un cerrajero que ya conoce ese tipo de cerradura porque lleva 30 años abriendo casas viejas del norte de Sonora. Nadie habla.

Magdalena duerme. Es un pueblo de 23,000 personas que sabe la diferencia entre el viento que mueve las hojas y un motor de camioneta extraña. Pero a esa hora ni siquiera los perros ladran. La casa está al final de la cuadra. Dos plantas, adobe encalado con el blanco amarillado por 30 años de sol del desierto.

 Las ventanas tienen marcos verdes que se descascararon hace tiempo. Hay una bugambilia seca trepando por la pared del lado este, las ramas grises ya sin flor. La puerta principal es de madera de mezquite, gruesa con un picaporte de hierro forjado que alguien lustró por última vez en 1996. Sobre el muro, una placa pequeña de bronce.

 No dice nada importante, solo el número de la casa y el año en que se construyó. 1941. Esa placa la mandó poner Luis Tonaldo Colosio Murrieta cuando heredó la propiedad a los 21 años después de la muerte de su padre. A 200 m de esa puerta, en el panteón municipal de San Martín, los dos cuerpos están durmiendo, él y ella.

 En un mausoleo de cantera con una estatua de bronce arriba donde los esculpieron tomados de la mano, la estatua mira hacia la casa. Harf una seña con la cabeza. El cerrajero saca una lima delgada y trabaja la cerradura sin forzarla. Tarda 4 minutos. La puerta cede con un sonido seco, como si la madera llevara mucho tiempo aguantando algo.

 Lo primero que sale es el olor a encierro, a madera vieja, a papel guardado en un cajón cerrado durante décadas y debajo otro olor más débil, más íntimo, a perfume de mujer que se fue evaporando despacio en una recámara cerrada con llave. Harf entra primero. La linterna recorre la sala. Los muebles están cubiertos con sábanas blancas que ya son grises.

 En la pared del fondo, un piano vertical, Bosendorfer. Encima del piano, una fotografía enmarcada en plata. Ella y él, el día de su boda, en 1984. Los dos sonriendo. Ella sin saber que le quedaban 10 años de vida, él sin saber que le quedaban 10 años para mantener esa sonrisa. Al lado de la foto, sobre el mismo piano, hay una taza de café.

 La taza tiene un círculo de café seco en el fondo. 30 años de café seco. Alguien dejó esa taza y una mañana de noviembre de 1994 y nadie volvió a moverla. El fotógrafo levanta la cámara y registra el plano. Harf sigue caminando. La sala da un pasillo. En las paredes hay fotografías de Magdalena en los años 50, de Luis Donaldo Niño en una bicicleta y al final del pasillo una puerta cerrada con llave.

 Arfuch se detiene frente a esa puerta. Mira a la notaria. La notaria asiente y escribe la hora exacta en su cuaderno. 4:52. El cerrajero abre la segunda puerta. Adentro está la recámara que usaba Diana Laura Riojas cuando volvía a Magdalena con los niños. Una cama matrimonial con un cobertor tejido a mano doblado a los pies.

 Un buró con un libro encima, La Paz de los sepulcros de Jorge Bolpi. Páginas marcadas con tiras de papel, una lámpara apagada. un vaso con restos secos de agua y una fotografía pequeña en marco de madera de los dos niños. Luis Donaldo Junior con 8 años y Mariana con uno y poco más, sentada en las piernas de su hermano. Al fondo de la recámara, El closet, puertas de madera con tirador de bronce. Harfux lo abre.

Hay ropa colgada, vestidos sobrios, una gabardina azul marino, tres pares de zapatos en el piso y en el rincón derecho, sobre la repisa de arriba, una caja de zapatos, cartón blanco, atada con cordón de cocina blanco, anudado con un nudo doble. En la tapa, una etiqueta escrita a mano con pluma fuente azul para mis hijos cuando entiendan.

 Harfuch la baja con las dos manos, pesa más de lo que parece, la pone sobre la cama. La notaria se acerca con su cuaderno. El fotógrafo dispara tres veces y todos los que están en esa recámara saben que adentro de esa caja está la razón por la que esa casa lleva 30 años cerrada. Harf deshace el nudo.

 Despacio, la tapa cede con el ruido de un sello que se rompe. Adentro hay tres cosas. Un sobrelacrado con cera roja, un cuaderno de pasta verde marca Escribe y un fajo de papeles atados como un listón negro de luto. Empieza por el listón negro, lo desata. Lo primero que sale es un recorte de prensa amarillento. Excelor, primera plana. Jueves 24 de marzo de 1994.

El titular: Asesinan a Coloso. Debajo de la fecha alguien escribió a lápiz con letra pequeña, 12 horas. Y en otra anotación, la del consultorio. Diana Laura Riojas estaba en el consultorio de su médico cuando le avisaron que habían matado a su esposo. No estaba en Tijuana. La versión oficial dice que sí. La versión oficial miente.

 Lo dice un papel que ella guardó durante 8 meses en una caja de zapatos en su recámara de Magdalena. 12 horas le costó volver a Tijuana y cuando llegó todo ya había sido decidido sin ella. 5 millones de personas vieron el video del asesinato en televisión esa semana. Dos disparos, uno en el estómago, otro en la cabeza.

4000 personas en la colonia Lomas Taurinas, un solo detenido en el acto y la versión que el procurador firmó 4 días después. Asesino solitario. Diana Laura Riojas tenía 36 años cuando enterró a su esposo, 32 cuando le diagnosticaron cáncer de pánas, 35 cuando dio a luz a su hija sin aceptar quimioterapia y 36 cuando se murió.

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