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LA MADRE QUE ORDENÓ MATAR A SU PROPIA HIJA | El caso de Jaswinder Kaur

¿Podrías imaginar que tu propia madre puede ordenar que te hagan daño por una creencia cultural? Eso le pasó a una joven que solo quiso amar al hombre que había elegido, pero terminó convertida en el blanco de su propia familia, mientras su tío habría organizado amenazas, persecución y hostigamiento contra su esposo para obligarlos a separarse.

La acusación más estremecedora señala que su madre escuchó sus ruegos de auxilio y aún así dio la orden final para que la mataran. Una historia de amor prohibido terminó sepultada bajo una idea retorcida de honor, donde la sangre familiar no significó protección, sino sentencia. El caso de Jasinder Kaur Sidu.Las huellas, los rastros, los indicios y las evidencias ayudan a los investigadores a resolver los crímenes. El pasado de la víctima y del victimario nos ayudan a comprender su comportamiento. Todo esto forma parte del expediente del caso y aquí te lo presento. Soy Ángel y te doy la bienvenida a este canal.

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Sin nada más que agregar, acompáñame a conocer todos los detalles de este expediente criminal. La noche del 8 de junio del año 2000, una joven pareja recorría en Motoneta un camino poco transitado de Punjab, India. Mientras avanzaban por la carretera, ambos comenzaron a sospechar que alguien lo seguía. Instantes después, al salir de una curva, se encontraron frente a frente con un automóvil que bloqueó su paso.

Antes de que pudieran reaccionar, varios hombres armados con palos y espadas se abalanzaron sobre ellos. Durante el ataque, uno de los golpes dirigidos al conductor impactó contra la joven pasajera, provocando que cayera de la motoneta. Su esposo corrió inmediatamente para auxiliarla. Pero los agresores concentraron toda su violencia sobre él.

La golpiza fue tan brutal que terminó inconsciente sobre el suelo. Convencidos de que había muerto, los atacantes lo abandonaron allí. Sin embargo, no hicieron lo mismo con la joven. Los hombres la obligaron a subir con ellos y la trasladaron hasta una casa ubicada en una granja donde continuaron golpeándola sin piedad. desesperada, suplicó por su vida una y otra vez.

En algún momento, uno de los atacantes decidió llamar por teléfono a quienes habían ordenado el ataque para informarles que la muchacha estaba implorando clemencia y luego de una corta conversación le dieron muerte. Al día siguiente, el cuerpo de la mujer fue encontrado en un campo cercano a un canal de riego situado a unos 45 km de Caonque. Tenía apenas 25 años.

Había sido golpeada salvajemente y presentaba una profunda herida en la garganta. Los responsables del ataque habían cumplido su misión respecto a ella, pero no respecto a su esposo. Aunque lo habían dejado inconsciente creyéndolo muerto, aún seguía con vida. Fue trasladado a un centro médico donde los doctores lograron salvarlo.

Las heridas eran tan graves que durante un tiempo sufrió constantes episodios de inconsciencia. Su estado era tan delicado que sus familiares decidieron ocultarle la verdad. Durante tres meses evitaron contarle que su esposa había sido privada de la existencia. Solo cuando los médicos consideraron que se encontraba suficientemente recuperado, le comunicaron la noticia que cambiaría su vida para siempre.

Para entender cómo aquella joven terminó convirtiéndose en el centro de una tragedia que conmocionó a dos países. Primero hay que conocer quién era Yassi. Jasinder Kaursidu, conocida por todos como Yasi, nació el 4 de agosto de 1975 en Maple Ridge, una comunidad ubicada al este de Vancouver, en la provincia canadiense de Columbia Británica.

Allí creció junto a sus padres Bachor Sing y Malkiat Kaursidu, además de su hermano Sarban Sing. Su familia formaba parte de la numerosa comunidad de inmigrantes originarios de Punjab que se estableció en esa región de Canadá antes de su nacimiento. En 1970, sus familiares habían emigrado desde la India y logrado construir una vida próspera gracias a una exitosa explotación agrícola dedicada al cultivo de arándanos.

Cuando ya era todavía una niña, su padre fue diagnosticado con esquizofrenia. A partir de entonces, gran parte de las decisiones importantes del hogar quedaron bajo la influencia de Surgit Sing Badesha, hermano de su madre. Con el paso de los años, él se convirtió en una figura de enorme autoridad dentro de la familia.

La casa donde vivían reunía a varias generaciones bajo estrictas tradiciones culturales y religiosas. Los sidu mantenían una fuerte conexión con sus raíces punyavías y practicaban el sillismo de manera conservadora. Surgit, además ocupaba una posición respetada dentro de la comunidad SIG de Columbia Británica y llegó a desempeñar funciones directivas en un templo ubicado en Richmond.

Y así apreciaba profundamente su herencia cultural, disfrutaba de la música tradicional y de la vestimenta típica de su comunidad. Conforme fue creciendo, comenzó a sentirse incómoda con las limitaciones que le imponían sus familiares. Quienes la conocían la describían como una joven atractiva, inteligente, alegre y con un notable sentido del humor.

Sin embargo, las normas dentro de su entorno eran rígidas. No tenía permitido salir sola con amistades y estaba sometida a una constante supervisión. A pesar de ello, tras graduarse de la escuela secundaria en 1993, logró convencer a su familia para estudiar estética, una decisión que amplió considerablemente su visión del mundo.

Durante esa etapa hizo amistades muy importantes. Una de ellas fue Débora Devos, directora del instituto donde estudiaba. Con ella compartió las dificultades que enfrentaba dentro de su propio hogar y le confesó que sentía que siempre había alguien vigilándola. Aquella sensación no era imaginaria. Compañeros de estudio, amigos y colegas que trabajaban junto a ella en un salón de belleza observaron repetidamente como miembros de su familia la seguían.

En numerosas ocasiones, su madre, su hermano o alguno de sus tíos permanecían dentro o fuera del establecimiento donde trabajaba, únicamente para observar cada uno de sus movimientos. En diciembre de 1994, cuando tenía 19 años, Yasi viajó a Acaonque en India, el lugar donde había nacido su madre. Sin saberlo sería el viaje que cambiaría el rumbo de su vida.

Allí conoció a Sugvinder Sidu, más conocido como Mitu. El joven había nacido en 1977 y había enfrentado circunstancias extremadamente difíciles desde muy temprana edad. Durante su adolescencia, Caonke se convirtió en un importante foco de actividad militante SIG. En medio de ese contexto de tensión, Mitu fue detenido cuando tenía apenas 16 años.

Aunque era inocente, la policía lo consideró sospechoso de colaborar con grupos insurgentes. Durante aproximadamente una semana permaneció bajo custodia. Según su relato, fue sometido a brutales interrogatorios y torturas con descargas eléctricas que le hicieron perder el conocimiento en varias ocasiones. Finalmente, recuperó la libertad gracias a la intervención de un político local.

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