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EL CASO QUE OCURRIÓ EN 2023 Y HORRORIZÓ A VENEZUELA: TRAICIÓN OCULTA QUE TERMINÓ EN DESAPARICIÓN

EL CASO QUE OCURRIÓ EN 2023 Y HORRORIZÓ A VENEZUELA: TRAICIÓN OCULTA QUE TERMINÓ EN DESAPARICIÓN

El caso que ocurrió en 2023 y horrorizó a Venezuela la traición oculta que terminó en una desaparición trágica. Es martes, es el 14 de febrero de 2023, es San Valentín, son las 5:45 de la mañana en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela. El calor ya está ahí, pegajoso y antiguo, como siempre lo está en esa ciudad que nunca duerme del todo.

Las calles del centro histórico huelen a aceite de freidora, a gasolina barata y a pan recién horneado. Las primeras motos ya circulan, los primeros vendedores ya gritan y un hombre camina por la calle 72 con una caja de chocolates bajo el brazo. Llevaba 21 días casado. 21 días. Su nombre es Joares Novais.

Tiene su panadería El horno de oro, que lleva 11 años funcionando en ese mismo rincón del centro, sin letrero grande, sin publicidad, solo el olor del pan que habla por sí solo. Guarés llegó más temprano esa mañana porque el proveedor de harina canceló el pedido de último momento y quería reorganizar el trabajo antes de que llegara el resto del personal.

Llegó con chocolates porque amaba a su esposa. Llegó con esperanza porque era un hombre que todavía creía en el amor, pero la puerta del local estaba sin llave. Y adentro, sobre la barra de trabajo, había dos tazas de café a medias. Dos tazas, no una, dos. Lo que Juárez encontró en el cuartito del fondo de esa panadería ese día de San Valentín desencadenó uno de los casos más impactantes, más dolorosos y más comentados de Venezuela en el año 2023.

Un caso que no solo habló de crimen, sino de traición, de engaño sostenido durante 18 meses, de un matrimonio que duró menos de un mes y de un hombre que enseñó con paciencia de maestro a quien lo estaba destruyendo por dentro. Esta es la historia completa desde el principio hasta el final. Antes de comenzar, necesito pedirte algo muy importante.

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Hay que entender quién era Juarez Novais antes de ese martes. Hay que entender de dónde venía ese hombre, qué había construido con sus manos y por qué lo que descubrió esa mañana lo destruyó de una manera que ninguna palabra termina de describir del todo. Juárez Novis nació en 1981 en un pequeño municipio del estado Zulia, hijo de un panadero.

Desde niño, el olor a masa fermentada fue su primer recuerdo del hogar. Su padre, don Ernesto Novais, se levantaba todos los días a las 4 de la mañana sin alarma por instinto de oficio, y el pequeño Juárez lo observaba desde la puerta de la cocina, descalzo, con los ojos todavía llenos de sueño, viendo como las manos de su padre transformaban ingredientes simples, harina, agua, levadura, sal, en algo que alimentaba a un barrio entero.

Ese era el milagro diario que Juarez aprendió a respetar antes de aprender a leer. A los 16 años ya amasaba solo. A los 20 trabajaba en una panadería industrial en el oeste de Maracaibo. A los 31, con los ahorros de una década de madrugadas, alquiló un local pequeño en la calle 72 del centro histórico.

Pintó las paredes de amarillo. instaló un horno de segunda mano que su padre revisó tornillo por tornillo y abrió el horno de oro. No era un lugar elegante. El letrero nunca fue grande. No tenían página en redes sociales ni repartían volantes. El negocio creció solo, como crece lo honesto, de boca en boca, de vecino en vecino, de cliente que vuelve porque el pan de allí sabe diferente.

En 11 años, el local se convirtió en una referencia del barrio. La gente de la zona decía que si el horno de Juárez no estaba encendido, el día no había comenzado bien. Juárez era conocido en la cuadra como un hombre serio, trabajador, de pocas palabras, pero de trato justo. No se metía en problemas, no debía favores, pagaba a tiempo, cumplía su palabra y trataba a sus empleados con respeto.

era exactamente el tipo de hombre que en Venezuela, con toda la crisis encima todavía conseguía sostenerse con dignidad, no por suerte, sino por disciplina y terquedad. Karine Salazar entró en su vida 3 años antes de esa mañana de San Valentín. Se conocieron en una feria gastronómica organizada por la alcaldía del municipio.

Karine tenía 24 años entonces. Era delgada, de cabello oscuro, con una sonrisa que Juárez describió años después en el juicio, como la sonrisa que me convenció de que todavía valía la pena creer en algo. Ella trabajaba como asistente de cocina en un restaurante del sector y tenía ambiciones claras. Quería aprender, quería crecer, quería tener su propio negocio algún día.

Al menos eso era lo que decía. El noviazgo fue tranquilo. Karine comenzó a aparecer en la panadería los fines de semana, ayudando con la caja, aprendiendo los tiempos de fermentación, conociendo a los clientes por nombre. Joar la veía como una compañera de vida, no solo sentimental, sino también en el oficio. Era el tipo de relación que él había imaginado siempre.

Una pareja que construye algo juntos, que comparte el peso del trabajo y también el orgullo del resultado. Se casaron el 24 de enero de 2023 en una ceremonia civil sencilla con la familia cercana, una torta que hizo el propio Juarez y la promesa de seguir creciendo juntos. 21 días después era San Valentín. Pero antes de llegar al 14 de febrero, hay un personaje que necesita presentación.

Porque esta historia no es solo una historia de amor roto, es también la historia de una traición que se construyó ladrillo por ladrillo durante 18 meses. Adalberto Sales tenía 23 años cuando llegó a el horno de oro. Era alto, de complexión delgada, con manos que no sabían de harina ni de horno. Llegó en julio de 2021, recomendado por Karine.

Ella lo presentó como un muchacho de buena familia de San Francisco, una ciudad cercana a Maracaibo, que necesitaba trabajo y tenía disposición para aprender. Juárez lo aceptó sin dudar. Confiaba en el criterio de su novia, confiaba en la recomendación directa y además siempre había creído que cualquier hombre dispuesto a madrugar y aprender merecía una oportunidad.

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