Lo que vas a descubrir en los próximos minutos es que la historia oficial te ha mentido. Uno de los hijos de Pablo Escobar lleva 25 años escondido y no es quien tú crees. Otro vende camisetas con la huella dactilar de su padre y cobra $,000 por conferencia. Y hay un tercero en una finca de Mallorca que asegura tener un código secreto que llevaría al último tesoro escondido del capo.
Tres vidas, tres versiones, un solo apellido. Vamos por partes, porque cada uno tiene su propio infierno. Juan Sebastián Marroquín, el hijo que eligió su propio nombre, nació un 24 de febrero de 1977 en Medellín y durante los primeros 16 años de su vida se llamó Juan Pablo Escobar Enao.
El nombre que aparece hoy en su pasaporte argentino Juan Sebastián Marroquín Santos, lo eligió en menos de 10 minutos con un funcionario apurado al lado ojeando una guía telefónica de Bogotá. Marroquín porque sonaba neutro, Sebastián porque le gustaba. Santos porque su madre eligió ese apellido. La autoridad colombiana autorizó el cambio en 1994, oficialmente por motivos de seguridad.
Lo que el mundo no sabía es que el primer pasaporte falso lo eligieron viendo una telenovela. Sí, una telenovela. Café con aroma de mujer estaba al aire en aquel momento y la familia decidió usar esa historia como fachada, como si fueran cafeteros tranquilos del eje colombiano que llegaban a Argentina a empezar de cero.
Pero antes de Argentina hubo un infierno breve y bestial. Después de que su padre muriera, 17 países les negaron asilo uno tras otro. Alemania los devolvió en menos de 48 horas. Mozambique los recibió un par de días y los echó porque acababan de salir de una guerra civil y no había ni comida.
Llegaron al hotel Ben Suite [música] de Buenos Aires el 24 de diciembre de 1994 a las 3 de la madrugada con una visa de turista, lo único que les daba un país en el planeta entero. Argentina les pidió 3 meses de papeles sin más y en ese silencio diplomático construyeron una vida nueva. 5 años de tranquilidad, hasta que en noviembre de 1999 el comisario Jorge Elfino Palacios y 15 agentes derribaron la puerta del piso 17 del edificio de la calle Jaramillo 2010 en el barrio Núñez.
Marroquín tenía 22 años. Acabó preso 15 meses tras las rejas. Su madre 17. Los acusaron de falsificación de documentos y de mover dinero del cartel. Se rumoreó que tenían 500 millones de dólares por blanquear, pero la causa se cayó porque los acusadores terminaron tras las rejas antes que ellos. Y ahora viene lo que pocos cuentan.
Marroquín no es un hijo arrepentido cualquiera. Es arquitecto titulado por la Universidad de Palermo. Tiene un estudio propio que se llama Vox Arquitectura Latinoamericana con un lema que ya lo dice todo. Sin fronteras no hay enfrentados. Diseñó una mansión de 3,000 m² en Colombia y otra de 1000 en Argentina.
Diseñó un centro de bienestar y terapia con agua, pero atención, durante años no firmaba sus propios proyectos. Lo dijo él mismo en una entrevista a The Architects Newspaper en 2017. Participaba en obras y en las publicaciones aparecía cualquiera menos él. Discriminación profesional pura. Y aquí es donde la historia se pone aún más extraña.
En el mismo departamento donde vive con su esposa María Ángeles Sarmiento, una mexicana criada en Colombia que pinta cuadros, funciona también la marca de ropa Escobar en AO. Estampa documentos auténticos de su padre en camisetas, la cédula, la libreta de ahorros, las tarjetas de crédito, la firma, la huella dactilar. Una declaración notarial de 1973 donde Pablo Escobar figura como sin antecedentes.
Camisetas de 60 a 95 Jeans a 140. 10,000 [música] prendas vendidas en Estados Unidos, México, Guatemala, Ecuador, España y Austria. ¿Sabes dónde nunca se vendió? En Colombia. Por respeto a las víctimas, según él. Tres veces intentó registrar la marca Pablo Escobar en oficinas de patentes y las víctimas lo llevaron a juicio comparándolo con vender camisetas de Hitler. Las tres veces perdió.
Tiene un hijo. Se llama Juan Emilio Escobar. Es el único nieto reconocido del capo. En diciembre de 2023, Marroquín subió a Instagram una carta manuscrita en tinta azul que su padre le había dejado un día de San Valentín cuando él era pequeño. Para mi hijo Juan decía. Los problemas son un reto y la ausencia fortalece nuestra amistad y nuestro cariño.
Marroquín contó que ahora le dice exactamente esas mismas palabras a su propio hijo. Sí, está educando a un nieto del capo más buscado de la historia con las cartas que su padre le escribía mientras se escondía en una caleta. Lee eso de nuevo. Despacio. Hablemos de su producción intelectual. Tres libros publicados.
Pablo Escobar, mi padre. En 2014, Pablo Escobar infraganti, lo que mi padre nunca me contó en 2016, donde sostiene una tesis que sacudió a Colombia entera, que su padre se quitó la vida con su propia mano en aquel tejado de Medellín, no fue eliminado por la policía. Y un tercer libro recopilatorio han sido traducidos a 15 idiomas.
La edición en inglés salió por una editorial de Nueva York. En 2009 protagonizó el documental Pecados de mi padre, dirigido por el argentino Nicolás Entel. Costó 750,000. A Marroquín le tomó 6 meses dejarse convencer. Puso dos condiciones para participar. que el título no llevara el nombre Pablo Escobar y que su hermana no apareciera en pantalla bajo ningún concepto.
El documental ganó premios en Sundance, en Miami, en Berlín y se proyectó en la sede de la ONU en el Día Internacional de La Paz. ¿Por qué fue tan importante? Porque ahí por primera vez en 30 años el hijo del verdugo se sentó a hablar con los hijos de las víctimas, con Rodrigo Lara Restrepo, hijo del ministro de justicia ejecutado por orden de Pablo el 30 de abril de 1984 con Carlos Fernando, Claudio y Juan Manuel Galán, hijos del candidato presidencial al que le quitaron la vida el 18 de agosto de 1989 en una plaza pública. Marroquín les
escribió una carta el 22 de febrero de 2008. La cumbre con los galán se hizo el 28 de octubre de ese año en un hotel del norte de Bogotá. Y aquí va el dato que casi nadie conoce. Cuando vivía en Suiza, Rodrigo Lara hijo descubrió a los 12 años [música] que un compañero del internado se llamaba Escobar y planeó eliminarlo durante la noche.
El plan no se ejecutó. 30 años después se reconciliaron en cámara con el Papa Francisco como testigo en Cartagena en 2017. Y aquí viene otro giro, porque mientras al mundo le vende la imagen del hijo redimido, en Argentina lo investigan. En 2017 y 2018, el juez federal Néstor Barral lo procesó por presunto blanqueo de capitales junto a su madre en una operación inmobiliaria en la zona de Pilar.
Hablan de 10 a 15 millones de dólares movidos en 2008. una comisión del 4,5% y un embargo de $,200,000. La ministra Patricia Bullrich lo confirmó en conferencia de prensa. Allanaron incluso un bar emblemático que la familia usaba como punto de reunión frente al Congreso argentino llamado Los Angelitos.
La causa hoy está en [música] suspenso. No hay condena, pero tampoco hay absolución. Y eso en su mundo no es un detalle menor. Sus redes sociales son otro capítulo. Su Instagram principal lo bloquearon en octubre de 2021 por publicar fotos de su padre. Inarcos sí tiene su perfil debidamente verificado, denunció él mismo indignado. Hoy mantiene una cuenta secundaria con apenas 600 seguidores.
En cambio, en Twitter sigue activo bajo el nombre Sebastián Marroquín con 45000 seguidores y una etiqueta que dice embajador de paz de la Organización Mundial por la Paz. Marroquín da conferencias hace más de 25 años. Llegó a juntar 6200 jóvenes en una sola charla. Su charla insignia se llama Una historia para no repetir.
Ha estado en México, Chile, Serbia, Madrid y esporádicamente en Colombia. Cobra entre 10 y 5,000 por evento. Pero quédate con esta cifra porque ahora viene el dato que más duele. Marroquín ha vuelto a Colombia solo dos veces desde que huyó. Dos. La primera fue en 2008 para ese encuentro con los Galán. La segunda en 2017 para Cartagena con el Papa.
Nunca jamás ha logrado entrar en Hacienda Nápoles los 7,700,000 m² que su padre construyó como reino. Lo intentó dos veces, las dos veces se lo impidieron. Hoy es un parque público administrado por el municipio de Puerto Triunfo y el hijo del dueño no puede entrar. En mayo de 2025 dio una entrevista demoledora a un podcast llamado El lado B del crimen con Melo Montoya.
Atacó la serie El patrón del mal y atacó Narcos. Dijo textual que no se sabe si estás viendo El patrón del mal o Betty la fea. Pero ahí mismo confesó algo que llevaba 20 años sosteniendo y que ya no podía sostener más. La famosa historia de los 2 millones de dólares quemados. esa noche legendaria en una casa de las montañas de Medellín, en la que su padre supuestamente prendió fuego a fajos de billetes para que Manuela no muriera de frío.
La historia que él mismo contó a la revista Don Juan. La historia que repitió Popelle, la historia que hizo carrera durante 20 años en libros, podcasts y documentales. Pues bien, en mayo de 2025 dijo, “No fue cierto. Es una fórmula para glorificar la actividad de las organizaciones criminales.” Y en ese mismo podcast tumbó otra leyenda gigante, que su padre tuviera caletas escondidas.
No era de hacer caletas, gastaba mucho más de lo que entraba. Y ahora un dato que pone los pelos de punta. Cuando tenía apenas 15 años, los servicios de inteligencia colombianos ya tenían una carpeta abierta contra Juan Pablo, un sumario en regla con su nombre como sospechoso por el supuesto robo de un Ferrari Testarosa a los hermanos Galeano y atención como cómplice del homicidio del capitán Fernando Posada.
15 años. La inteligencia del estado ya lo veía como un peligro potencial. ¿Por qué? porque era hijo de Pablo, por nada más. Y eso explica algo que él contó después. A los 15 años llevaba un chaleco antibalas debajo del uniforme del colegio. Iba a clase con escoltas armados y recibía amenazas de eliminación cada semana y todavía sacaba notas para entrar a la universidad.
Y aquí va otro bloque clave, la huida real. Porque la versión que conoces es la versión hollywoodense. La verdadera fue así. El 27 de noviembre de 1993, 5 días antes de que su padre fuera ejecutado, abordan un vuelo de luftanza rumbo a Frankfurt. Iban con destino final a Maguncia, donde una comunidad religiosa había aceptado recibirlos.
Pero al aterrizar, el gobierno alemán de Helmut Col los rechazó sin discusión. 48 horas después estaban de vuelta en Bogotá, encerrados en las residencias de Kendama, un hotel del ejército, vigilados las 24 horas. Y aquí ocurre algo que la historia todavía discute. Las llamadas que Pablo hacía desde su escondite a su familia en Tequendama, según los técnicos de la operación, sirvieron para triangular su ubicación.
La voz de un hijo, la voz de una esposa y un equipo de rastreo escuchando del otro lado. El 2 de diciembre de 1993, un día después de que Pablo cumpliera 44 años, lo abatieron. Pero antes, según los datos forenses, Marroquín recibió esa última llamada, esa última conversación en la que su padre le dijo, “Según él, yo solo los voy a llamar a ustedes desde el cielo.
” Y minutos después, Marroquín dijo en cadena nacional al periodista Yami Damat: “Quiero personalmente dejar muy en claro que no voy a vengar la muerte de mi padre, porque ahora lo único que me preocupa es el futuro de mi sufrida familia.” La frase quedó grabada para la historia, pero la frase real, la que dijo 2 minutos antes en privado, fue otra.
Lo confesó el mismo años después. Lo primero que se le salió fue, “Yo solo voy a acabar con todos esos hijos de puta.” Su madre, según ella misma cuenta en su libro, le tapó la boca y le susurró, “Si dices eso, mañana tu hermana está muerta.” Y entonces dijo la otra frase, la pública.

Esa fue la frontera entre el chico de 16 años que casi se convierte en lo que el mundo esperaba de él y el hombre de 49 que hoy da conferencias contra la narcoultura. En junio de 2025, en un congreso en Madrid, lanzó la frase que retumbó, “Lo correcto sería declararle la paz a las sustancias.” Habló de regulación, educación y prevención.
Y unos días antes, cuando un joven de 15 años atentó contra el senador Miguel Uribe Turbay en Bogotá, Marroquín subió un mensaje pidiendo justicia y no venganza, recordando que el cartel de su padre había secuestrado a Diana Turbai, la madre del senador, en 1990. Y aquí cierro su parte con un dato que pone los pelos de punta.
En abril de 2026 se estrenó una miniserie llamada Dear Killer Nanis, criado por sicarios, donde [música] Marroquín pone la voz en off. Cuenta su huida a Mozambique, cuenta las negociaciones con el cartel de Cali, cuenta cómo la familia construyó su identidad inspirándose en una telenovela y cuenta algo que hasta entonces había callado.
Una de sus tías se quedó con dinero que su padre les había dejado, pero Marroquín al menos da la cara. Su hermana hizo algo mucho más extremo, algo que ningún hijo de capo había hecho antes. Y lo que viene ahora explica por qué la familia tiene una regla de oro que nadie ha logrado romper. Manuela Escobar Enao, la princesa que decidió desaparecer.
Su nombre legal hoy es Juana Manuela Marroquín Santos y todo lo que está documentado sobre su vida cabe en menos de dos páginas. Empezamos por el principio. Manuela nació el 25 de mayo de 1984 en el hospital Paitilla de Ciudad de Panamá a las 12:45 del mediodía. Su madre estaba allí escondida bajo la protección personal de Manuel Antonio Noriega, el dictador panameño.
Era apenas un mes después de que su padre ordenara que el ministro de justicia, Lara Bonilla, fuera ejecutado en plena calle. tiene cédula panameña activa número 8775131, lo que jurídicamente le permitiría incluso pedir la nacionalidad panameña hoy mismo, pero nunca lo ha hecho porque Manuela no quiere existir.
Cuando tenía 3 años, en enero de 1988, los miembros del cartel de Cali atentaron contra la Torre Mónaco, donde vivían una primera carbomba en la guerra entre carteles. Manuela quedó con un problema de audición permanente en uno de sus oídos. Esa fue la primera marca. La segunda llegó 5 años después, cuando un escuadrón llamado Los Pepes voló con 200 kg de dinamita la finca que su padre había bautizado en su honor, La Manuela, en el embalse Peñol Guatapé.
Era el 20 de marzo de 1993. Manuela tenía 8 años y vio por televisión como el lugar donde había aprendido a montar a caballo se convertía en escombros. Y aquí va el primer dato contrainttuitivo que tienes que escuchar dos veces. La leyenda dice que su padre le hizo poner un cuerno postizo a un caballo para regalarle un unicornio en su quinto cumpleaños y que el animal murió por infección.
La historia la propagó Popelle en entrevistas y la repitió Marroquín en aquella entrevista de don Juan. Pero su madre lo desmintió en su libro de 2018 con foto incluida. La foto muestra a Manuela montada sobre una yegua común en Hacienda Nápoles en su cumpleaños número 5 de 1989. La yegua y un potrillo negro, sin cuernos, sin unicornios, sin animales muertos.
La historia entera una invención. Y ahora ven cuál fue el verdadero infierno de Manuela. Cuando llegaron a Argentina con identidades falsas, ella tenía 10 años. Hizo amigas, aprendió a tomar el bus al colegio. Empezó a cantar. El entonces secretario de cultura de Buenos Aires, el cantautor Piero, la quiso integrar a un coro infantil porque le sorprendió su voz.
Imagínatelo, la hija del capo más buscado de la historia, a punto de cantar en un coro de niños bonaerenses sin que nadie supiera quién era. Pero todo se rompió en noviembre de 1999. La policía allanó la casa. Detuvieron a su madre, detuvieron a su hermano y Manuela con 15 años quedó sola. Le tocó dejar el colegio, dejar de salir, dejar de cantar, dejar de existir.
Desde entonces no ha dado nunca una entrevista, nunca. Su madre lo confesó a un diario español. Mi hija Juana aún vive paralizada. No ha podido salir del asombro del dolor que le dejó la guerra a esta familia, pues el horror la acompañó desde que estaba en mi vientre. Lamentablemente hasta hoy siente que no cabe en este mundo.
El escritor José Alejandro Castaño escribió un libro titulado Cierra los ojos, princesa, donde reveló que Manuela ha tenido intentos de quitarse la vida. Vive presuntamente con su hermano y su cuñada en Buenos Aires bajo cuidado constante. No tiene Instagram, no tiene Twitter, no tiene Facebook y existe una regla de oro en la familia que ningún periodista ha logrado romper en 25 años.
No se pregunta por Manuela. Marroquín lo dejó claro en Instagram. Mi hermana no es una persona pública. Disfruta de su privacidad y de tener el privilegio de llevar una vida normal. No le debe nada a nadie y vive tranquilamente alrededor nuestro y de los que la queremos. Pero espera, porque Manuela no se libró del peso económico del apellido.
En diciembre de 2023, el Consejo de Estado de Colombia le negó un recurso contra la dirección de impuestos. La habían multado con 103,681,000 pesos colombianos por no declarar bienes que su padre había puesto a su nombre cuando ella tenía 3 años. Sus abogados argumentaron que esos bienes ya habían sido objeto de extinción de dominio.
La justicia colombiana respondió textual: “Recurso infundado. Y por si faltaba algo, en noviembre de 2025 las autoridades colombianas subastaron lo que quedaba de la finca La Manuela, esa que tenía su nombre, por 7700 millones de pesos. El comprador no se reveló. Otra herencia que se evapora. [música] El padre Pablo le decía, “Mi pequeña bailarina.
” Llevaba siempre encima una caja musical con una bailarina dentro. Se lo confesó su tía Luz María Escobar en un podcast. Le hacía creer a Manuela que el ratón Pérez le dejaba maletines con dólares por cada diente de leche que perdía. Le repetía esta frase cuando había que escapar de un allanamiento.
Somos los ratoncitos, ya vienen los gatos. Y la hija, que él llamaba bailarina y princesa, lleva hoy 25 años sin dejarse ver. Algunas fuentes hablan de un negocio de productos para mascotas, otras de un hotel rural llamado El nido del cóndor, pero nada de eso está confirmado por medios serios. Lo que sí está confirmado es lo más triste, que sigue viva, que sigue en silencio y que prefiere no ser vista.
Pero hay un episodio del que prácticamente nadie habla y que define toda su vida, porque Manuela técnicamente fue la única que escapó de prisión en 1999. Cuando la policía argentina derribó la puerta del piso 17 aquella noche de noviembre, ella tenía 15 años. Detuvieron a su madre, detuvieron a su hermano.
A ella la dejaron afuera por ser menor de edad, 15 años, sola, en un país que acababa de descubrir quién era. Pasó esos meses en casas de amigos sin entender qué pasaba con su madre, sin entender qué pasaba con su hermano, sin entender por qué un policía la había mirado a los ojos y le había dicho, según una entrevista posterior de su tía, “Vivita, ¿vos lo sabías todo?” No lo sabía todo.
Una niña de 15 años con una identidad falsa, con un nombre falso, con un padre que le habían dicho que era empresario cafetero. Y de un día para otro todo el mundo en Buenos Aires sabía que era hija de Pablo Escobar. ¿Sabes cómo respondió Manuela? Dejando de comer. El psicólogo José Alejandro Castaño documentó que desarrolló trastornos alimentarios graves, episodios depresivos profundos y [música] al menos dos intentos serios de quitarse la vida entre los 16 y los 22 años.
Su hermano lo confirmó en Off the Record a varios periodistas. La regla familiar de no hablar nunca de ella nació justamente ahí. No por privacidad, por supervivencia. Cualquier mención pública de Manuela disparaba un episodio. Cualquier titular con su nombre la mandaba a la cama durante [música] días. Cualquier entrevista en la que apareciera de fondo terminaba con consultas psiquiátricas de urgencia.
Y por eso, cuando Marroquín firmó el contrato del documental Pecados de mi padre en 2008, exigió por escrito que su hermana no apareciera ni un solo segundo, ni una foto, ni una mención, ni un eco. Y se cumplió. En 92 minutos de película, Manuela no existe. Es un fantasma y eso es exactamente lo que ella quería hacer desde 1999.
Hay un detalle adicional que se conoce poco. En el atentado del Mónaco de 1988, Manuela tenía apenas 3 años. La explosión la lanzó contra una pared. Su problema auditivo no es solo en un oído. Según el libro de Castaño, también arrastra desde entonces episodios de pánico ante ruidos fuertes, truenos, petardos de fin de año, sirenas de ambulancia.
Cualquiera de esos sonidos la hace temblar como si tuviera 3 años otra vez. Imagínate vivir en Buenos Aires, una ciudad ruidosa con esa fobia. Imagínate tu cumpleaños siendo el 25 de mayo, justo en pleno feriado nacional argentino, con desfiles, fuegos artificiales y todo el barrio celebrando. Imagínate cumplir años escondida en un cuarto con auriculares puestos. Esa es Manuela.
Esa es, hasta donde el mundo sabe, la rutina silenciosa de la hija más invisible del capo más visible de la historia. Sus tres únicas fotos públicas verificables como adultas son robadas. Una en una playa de Mar del Plata en 2014, tomada por un paparazzi argentino que el equipo legal de la familia logró bajar de internet en cuestión de horas.
Otra en la salida de un local de Palermo en 2017, también borrada del registro digital y una tercera viral en TikTok en 2024 que circuló durante apenas 48 horas antes de que se silenciara con un reclamo de derecho a la imagen. Tres fotos en 25 años, cero entrevistas, cero declaraciones, cero redes sociales. La hija del hombre que generó 40,000 titulares al año durante una década no existe en internet y eso en 2026 es casi tan difícil como haber sido el rey del cartel. Y ahora prepárate.
Hay un tercer hijo. Un hijo que la familia Escobar niega. vive en Mallorca y jura tener un código secreto que su padre dejó antes de morir. Un código que llevaría al último tesoro del capo. Philip Whitcom, el tercer hijo que nadie quiere reconocer. Y ahora viene el personaje que rompe todo el relato oficial. Porque la familia Escobar eno siempre ha jurado que Pablo solo tuvo dos hijos.
Pero hay un inglés hoy de unos 60 años que pinta cuadros hiperrealistas en una finca de Mallorca en el municipio de Santanjí y asegura ser el primer hijo, el primogénito secreto. Su nombre actual es Philip Whitom. Su nombre original, según él, era Roberto Sendoya Escobar. Su versión es esta. Pablo, con 16 años embarazó a una chica de 14 llamada María Luisa Sendoya.
Ella murió en un tiroteo durante una operación encubierta en 1965. A él lo rescataron de la cuna. Lo adoptó Patrick Whtcom, un agente del MI6 británico que en Colombia se hacía pasar por ejecutivo de una empresa que imprimía billetes. [música] Patrick lo crió en Bogotá entre chóeres, escoltas y regalos del presidente colombiano.
Lo llevaba cada año nuevo a hoteles de Medellín a conocer a Pablo en visitas que se justificaban como amistad. A los 9 años lo enviaron a un internado en Inglaterra. En 1989, ya con 24 años, su padre adoptivo le contó la verdad, le mostró la partida de bautismo, el certificado de adopción, documentos donde figuraban los nombres Roberto Sendoya Escobar, María Luisa Sendoya y Pablo Emilio Escobar Gaviria.
Le pidió que se afeitara el bigote por seguridad. 4 años después, en 1993, murieron los dos. Patrick por enfermedad de la motoneurona en enero, Pablo en diciembre y antes de morir, Patrick le entregó un papel con un código. Un código que, según Philip, lleva a oro, joyas, propiedades y lingotes que Pablo había escondido en cuatro o cinco lugares del planeta.
Un código con, asegura él, con notaciones masónicas. Pero hay más. En agosto de 2020, Philip concedió una entrevista a la BBC contando un detalle que nadie había escuchado antes. Dijo que cuando tenía 7 años en una de aquellas visitas de Año Nuevo en Medellín, Pablo lo abrazó y le susurró al oído algo en español que él no entendió en el momento.
Philip no hablaba español. 30 años después hizo traducir la frase, decía, “Tú eres mío, aunque nunca puedas decirlo.” Philip aquel abrazo le dejó marcas físicas, hematomas en los brazos. Era un abrazo demasiado fuerte para un niño y un abrazo demasiado largo para una visita de cortesía. Su padre adoptivo, Patrick, vio la escena desde el otro extremo del salón sin intervenir.
Después le dijo en el coche de vuelta, “Recuerda este día.” Philip lo recordó y lo escribió en su libro. Su vida actual es la negación absoluta del legado de su supuesto padre. Vive en una finca en Santí al sur de Mallorca, con su segunda esposa, Julie. Pinta cuadros hiperrealistas que se venden por miles de libras esterlinas.
Se autodefine como descendiente artístico de la familia Reynolds, fundadores de la Royal Academy of Arts Británica. No bebe, no fuma, no frecuenta fiestas. Su rutina es cuadro por la mañana, paseo por el campo al mediodía, lectura por la tarde. La antítesis exacta del hombre que dice ser su padre biológico.
Y aún así, todas sus mañanas las empieza mirando un cuadro que él mismo pintó, un retrato hiperrealista de Pablo Escobar en blanco y negro colgado en su estudio. Un retrato que ningún hijo reconocido del capo se atrevería a colgar en su propia casa. publicó un libro en agosto de 2020 titulado Hijo de Escobar, el primogénito.
Concedió entrevistas a la BBC, al Sunday Post, al Irish News. Anunció una segunda parte que llamará El secreto de los millones perdidos. Pero atención, no hay prueba de ADN, solo documentos de adopción, solo una partida de bautismo. Y la respuesta de Marroquín fue lapidaria. Hay decenas de personas que afirman ser hijos de Pablo Escobar, lo cual no es cierto. Es un farsante.
Solo tiene una historia de rumores que contar. Totalmente alejado de la realidad. Marroquín añadió haber escuchado a su padre confesar que había forzado el aborto de una de sus amantes para que no hubiera hijos fuera del matrimonio. Y Philip dice que él no piensa volver jamás a Colombia. Es muy peligroso y allí no hay nada para mí.
Me han convertido en un inglés y aquí llega lo más perturbador de todo, que después de 33 años de buscar la respuesta, después de 15 idiomas, 200 conferencias, miles de páginas escritas, seguimos sin saber lo más básico de cuánto era la fortuna real. Forbes calcula 30,000 millones de dólares.
La banda criminal facturaba 22,000 millones al año, pero al final, según Popelle, le quedaron en efectivo apenas 20 millones. Marroquín lo dijo en 2025 con una frase demoledora. No cambias la Constitución de un país, ni casi que te llevas por delante a toda la policía por 2 pesos. Eso vale un montón de dinero. Todos cobraban y muy duro.
Toda la fortuna se evaporó en sobornos, en abogados, en la guerra contra el Estado, en la guerra contra el cartel de Cali. 4000 víctimas oficiales atribuidas al cartel de Medellín. La toma del Palacio de Justicia, el vuelo de Avianca con 110 personas a bordo eliminadas en pleno aire. El secuestro de Diana Turbay, el homicidio de Lara Bonilla, el homicidio de Galán, el homicidio de Bernardo Jaramillo, el homicidio de Carlos Pizarro y al final dos hijos, tres, si crees a Philip, cargando un apellido que ninguno eligió. Marroquín lo resumió en
una entrevista de línea directa. El mundo esperaba que fuera Pablo Escobar 2.0. No lo fue. Quizá esa sea la mayor venganza posible o quizá no. Porque hay algo que ninguno de ellos puede [música] esconder. Quédate con este último dato. En mayo de 2026, las autoridades argentinas siguen investigándolo. La causa de blanqueo no se ha cerrado.
La marca Escobar Enao sigue produciendo. La hermana sigue invisible. El hijo sigue diciendo en Twitter que es embajador de paz y en Mallorca, un señor pinta cuadros y asegura tener un código secreto que llevaría a un tesoro escondido. Tres vidas, tres versiones y un solo apellido, pesando 33 años después como si fuera el primer día.
¿Tú a cuál de los tres le crees? Si te quedaste hasta aquí, suscríbete al canal y déjamelo en los comentarios. Hay más historias del cartel de Medellín que nadie cuenta y que vas a querer escuchar.