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Luis Miguel Impidió que una Niña de 9 años Vendiera la Guitarra de su Padre — Lo Que él Descubrió…

” El dueño tomó la guitarra rápidamente y se la entregó con manos temblorosas, claramente nervioso  de tener a Luis Miguel en su tienda. La niña miraba confundida, sin entender quién era ese señor que vestía elegante y parecía importante.  Luis Miguel tomó la guitarra con cuidado y la volteó examinando la madera gastada por años de uso.

 En la parte trasera del cuerpo, grabado a mano con letras irregulares, estaba un nombre, Juan Contreras. Sus manos comenzaron a temblar, al leer ese nombre y tuvo que sentarse en una silla cercana porque sintió que las piernas no lo sostendrían.  ¿De dónde sacaste esta guitarra?, le preguntó Luis Miguel a la niña con voz que salió más quebrada de lo que pretendía.

 La niña lo miraba asustada sin saber si había hecho algo malo. “Era de mi papá”, respondió en voz baja. Él falleció hace un año y mi mamá dice que tenemos que vender cosas porque no hay dinero para comida.  Luis Miguel apretó la guitarra contra su pecho, sintiendo que el corazón se le aceleraba.

  “¿Cómo se llamaba tu papá?”, preguntó, aunque ya sabía la respuesta. Juan Contreras,  dijo la niña. Era maestro en la escuela de oficios. Enseñaba carpintería a los niños que no tenían familia.  Luis Miguel cerró los ojos por un momento y cuando los abrió tenía lágrimas corriendo por su rostro.  Esa guitarra había pertenecido al hombre que cambió su vida cuando era un niño asustado de 8 años que cantaba escondido en los pasillos de esa misma escuela de oficios.

 Juan Contreras había sido el primer adulto que lo escuchó cantar y, en lugar de callarlo, le dijo que siguiera,  que su voz era especial. La niña miraba preocupada a Luis Miguel sin entender por qué ese señor lloraba al sostener la guitarra de su papá. El dueño de la tienda observaba la escena en silencio, sin atreverse a interrumpir.

 Luis Miguel se limpió las lágrimas y miró a la niña con una mezcla de tristeza y ternura. ¿Cuántos años tienes?, le  preguntó. Nueve, respondió ella. ¿Y tu mamá está enferma? La niña asintió.  Tiene tos muy fea desde hace meses y no puede trabajar. Por eso necesitamos el dinero.  Luis Miguel volteó hacia el dueño y habló con voz firme.

Esta guitarra vale mucho más que 150 pesos.  Yo te voy a dar 5000 pesos por ella. El dueño abrió la boca sorprendido y la niña dejó escapar un grito ahogado. Porque 5,000 pesos era más dinero del que había visto en toda su vida.  Luis Miguel sacó su cartera y contó los billetes sobre el mostrador.

 Tomó la guitarra y le hizo una seña a la niña para que lo siguiera fuera. Salieron de la tienda y Luis Miguel buscó con la mirada un lugar donde sentarse. Vio una banca de metal bajo la sombra de un árbol a media cuadra y caminó hacia allá con la niña, siguiéndolo confundida. Se sentaron juntos y Luis Miguel puso la guitarra sobre sus piernas acariciando la madera con cuidado.

 ¿Sabes quién soy?  Le preguntó a la niña. Ella negó con la cabeza. Me llamo Luis Miguel, soy  cantante. La niña abrió los ojos sorprendida, porque incluso a sus 9 años había escuchado ese nombre en la radio. “Yo conocí a tu papá cuando era niño como tú”, comenzó a decir Luis Miguel mirándola a los ojos. Él trabajaba en la escuela de oficios donde yo viví por muchos años.

 Yo no tenía familia,  no tenía nadie que creyera en mí. Hizo pausa para controlar la emoción. Un día tu papá me escuchó cantar en un pasillo.  Yo cantaba escondido porque tenía miedo de que alguien me dijera que me callara, pero tu papá no me cayó. Se sentó a escucharme. Cuando terminé me dijo, “Tienes algo especial.

 No dejes de cantar nunca.  Esas palabras me salvaron la vida.” La niña miraba a Luis Miguel con los ojos muy abiertos, procesando lo que acababa de escuchar. “¿Mi papá hizo eso?”, preguntó con voz temblorosa. Luis Miguel asintió limpiándose otra lágrima que se escapó. Tu papá fue el primer adulto en mi vida que me dijo que yo valía algo.

 En esa escuela todos los niños éramos invisibles. Nadie esperaba nada de nosotros,  excepto que aprendiéramos un oficio y nos fuéramos. Pero tu papá era diferente. Acarició la guitarra nuevamente. Él me dejaba cantar en su taller de carpintería después de clases. Tocaba esta guitarra a veces, no muy bien porque era solo un hobby para él, pero me acompañaba.

 Me hacía sentir que mi voz importaba. La niña comenzó a llorar y Luis Miguel la abrazó sintiendo el cuerpito pequeño temblar contra su pecho. “Tu papá era un hombre de buen corazón”, le susurró.  Él me salvó sin siquiera saberlo. “¿Sabías que Ami me dice el sol por tu papá?”, le dijo Luis Miguel cuando la niña dejó de llorar. Ella lo miró confundida.

 “Me llaman el sol.” El sol es por lo que tu papá decía cuando me escuchó cantar. Decía que mi voz podía iluminar un lugar oscuro, aunque yo no tuviera nada. Cada vez que alguien me llama el sol, estoy honrando a tu papá. La niña se limpió las lágrimas con la manga de su uniforme.  De verdad, Luis Miguel sonríó.

 De verdad, cuando empecé a cantar en serio y la gente comenzó a llamarme así,  lo primero que pensé fue en tu papá. Sin él, yo no estaría aquí, no sería quién soy. Todo lo que he logrado en mi vida comenzó el día que tu papá me escuchó cantar y me dijo que siguiera.  Tomó la guitarra y la puso en las manos de la niña.

 Por eso esta guitarra no puede ser vendida. Esta guitarra perteneció al hombre más importante de mi vida.  Debe quedarse contigo. La niña miraba la guitarra en sus manos sin poder creer lo que estaba escuchando. Pero ya le pagó al señor de la tienda. Dijo,  “Yo la compré para devolvértela”, explicó Luis. Miguel, el dinero que le di es para ti y tu mamá pueden usarlo para comer y medicinas, pero la guitarra se queda contigo porque es parte de tu papá. Es su legado.

 La niña abrazó la guitarra contra su pecho llorando otra vez. No sé tocar, dijo entre soyozos.  No importa, respondió Luis Miguel. Lo importante es que la guardes, que la cuides, que cuando seas mayor le cuentes a tus hijos sobre tu papá y sobre cómo le ayudó un niño que no tenía nada. Esa es la verdadera herencia que tu papá dejó.

 No la guitarra en sí,  sino la bondad que vivía en su corazón. Se quedaron sentados en esa banca durante varios minutos en silencio mientras los autosaban por la calle y la gente caminaba sin saber quién era ese hombre elegante sentado con una niña.  Luis Miguel sacó una tarjeta de su cartera y escribió un número de teléfono en el reverso.

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