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EMPRESARIO M4TA A MESERA EN CDMX — EL FISCAL DIJO QUE FUE ACCIDENTE PERO LA CÁMARA LO GRABÓ TODO  tc

EMPRESARIO M4TA A MESERA EN CDMX — EL FISCAL DIJO QUE FUE ACCIDENTE PERO LA CÁMARA LO GRABÓ TODO  tc

El girasol estaba ahí todavía en la maceta chica que Ariadna había puesto junto a la ventana de su cuarto en ese departamento de Jardín Valbuena que compartía con su amiga. El girasol con el tallo un poco chueco porque no le daba el sol directo, pero ella lo había dejado ahí de todas formas porque era su flor favorita.

 Eso lo sabía cualquiera que la conociera. sus amigos, su amiga Sara, su mamá, cuyo nombre ella cargaba tatuado en el hombro izquierdo. El girasol seguía ahí el martes 1 de noviembre cuando nadie pudo comunicarse con ella y el miércoles también. Y para ese jueves, cuando un grupo de ciclistas que viajaba de la ciudad de México rumbo a Tepozán paró en la carretera La Peracuautla a tomar agua, ya no importaba cuántos mensajes sin respuesta se habían acumulado en el teléfono de Ariadna.

 Porque a 1 km de la caseta, en el acotamiento de la autopista, uno de los ciclistas vio algo que no debía estar ahí. Quédate hasta el final de esta historia porque hay un detalle, un video de cámara de seguridad que el gobierno de la Ciudad de México tuvo que mostrar en conferencia de prensa para que el país entendiera lo que un fiscal de Estado había intentado ocultar.

 Un video que cambió todo, que lo cambió todo. La colonia Jardín Valbuena está en la alcaldía Venustiano Carranza, al oriente de la Ciudad de México. No es una colonia de lujo ni de miseria. Es de esas colonias donde la gente trabaja de lunes a lunes, donde hay papelerías con reja de metal que suenan al abrirse, donde los domingos huelen a carnitas desde temprano y los vecinos saben los nombres de los perros de enfrente.

Ariadna Fernanda López Díaz vivía ahí desde hacía un par de años, 27 años, cabello oscuro, largo, tatuajes que ella misma podría describir de memoria. El dinosaurio en el hombro derecho que se había hecho en una fiesta con esa espontaneidad que la definía. El nombre de su mamá en el hombro izquierdo, una cara de Joker en el brazo y el girasol.

Siempre el girasol porque era su flor favorita. Mesera, trabajaba en el 60 Bar en la colonia Condesa, alcaldía Cuautemoc. El tipo de trabajo donde te paras 8 horas, sonríes aunque los pies te ardan y llegas a casa con los tenis desgastados y la cuenta del gasto resuelta. Un trabajo honesto, un trabajo que conocía bien.

 Tenía un hijo de 7 años. Eso es lo primero que hay que saber de Ariatna, que tenía un hijo de 7 años al que cada noche cuando llegaba del turno le daba de cenar y que ese domingo 30 de octubre de 2022 salió a convivir con unos amigos y nunca volvió. Rautel Astudillo García tenía 34 años. empresario se presentaba empresario de logística y aduanas con negocios en Morelos y en Acapulco, Guerrero.

 De esos hombres que tienen escolta, que llevan camioneta negra, que en los restaurantes piden sin ver la carta. Moreno, complexión robusta, cara ancha, cliente frecuente del Sixies Bar en la Condesa. Ahí conoció a Ariatna, ahí conoció también a Vanessa, que después se convirtió en su novia. Vanessa tenía 20 años.

 También trabajaba en el Sixies Bar como mesera. Era amiga de Ariatna. De esas amistades que se forman en el trabajo, en los turnos largos, entre mesas y comandas y el ruido de la cocina. Se mandaban mensajes, se veían fuera del trabajo. Ariadna subía fotos con ella a sus redes sociales. Eran amigas, eso es importante, que eran amigas. El domingo 30 de octubre de 2022 amaneció fresco en la ciudad de México.

Octubre ya despedía el año con ese aire limpio que llega después de las lluvias, temperatura de unos 16 ºC por la mañana. Fielo que en los barrios del oriente se veía más despejado que en el centro. Ariadna tenía libre ese domingo. Vanessa le mandó un mensaje o le dio like a una historia que Ariadna había subido preguntando dónde estaban y la invitó.

iban a estar en el Fishers, en la colonia Roma Norte, calle Durango, un restaurante bar de esos con terraza y carta de mariscos y mezcal en copas anchas, un lugar para gente con dinero o con ganas de gastarlo en domingo. Ariadna dijo que sí. Antes de salir de su departamento en Jardín Valbuena, le activó la ubicación en tiempo real a su amiga Sara Inés Martínez Rico.

 Una costumbre de mujeres en esta ciudad compartir el GPS con alguien de confianza cuando sales de noche, por si acaso. Por si acaso siempre. Sara tenía 21 años. La conocía desde hacía seis, desde cuando las dos trabajaban como hostés en distintos restaurantes de la calle Génova en la zona rosa. 6 años de amistad en una ciudad donde la gente se va y se viene y los lazos se pierden rápido.

 A Sara no se le perdió Ariatna y por eso esa noche desde su teléfono, Sara vio en tiempo real a dónde se movía su amiga. El Fishers de la Roma cierla los domingos alrededor de las 8 de la noche. En la tarde Ariadna llegó al lugar. Estaban Rautel, Vanessa, los escoltas de Rautel y algunos amigos más. Fotos que Ariadna subió a sus historias ese día muestran el ambiente.

 Mesas con copas, gente sonriendo, luz de tarde que entra por los ventanales, ella con el cabello suelto, ella con esa sonrisa que según todos los que la conocían era lo primero que notabas. Pero lo que Sara vio en tiempo real fue otra cosa. Ariatna nunca se fue del Fishers en taxi hacia su casa, como después dirían los sospechosos.

 Desde la aplicación, Sara Inés vio que su amiga se movía hacia otro punto, hacia el departamento de Rautel, en la calle Campeche, colonia Condesa, a unos minutos del restaurante. Todo el grupo se trasladó ahí. Fue algo normal, una reunión que se extiende, que migra de un lugar a otro como pasa en esas noches de domingo.

 Pero lo que pasó después del Fishers, lo que pasó adentro de ese departamento de la Condesa, Ariadna nunca lo pudo contar. Las cámaras de seguridad del condominio de la calle Campeche captaron los movimientos de esa noche. Se puede ver al grupo llegar, se puede ver a los invitados. Según la investigación posterior, alrededor de las 19:44 horas, los demás invitados salieron del departamento. Quedaron solos.

 Rautel, Vanessa y Ariadna. Las cámaras no registraron más movimientos esa noche. Ninguno, Ariadna no salió. Los que seguían la ubicación en tiempo real tampoco vieron que se moviera hacia Jardín Valbuena. Su teléfono dejó de emitir señal desde ahí, desde ese departamento en la colonia Condesa. El lunes 31 de octubre ya no contestaba.

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