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“EL MINI LIC” CONFIESA TODO: Ayudé a El Chapo a Escapar 2 Veces del Altiplano, Costó $200M

Fue por uno de esos teléfonos que le metimos. Me dijo, “Mi hijo, necesito que me saques de aquí. No importa cuánto cueste, no importa lo que tengas que hacer, tú y tu papá son los únicos en los que confío para esto. Esas palabras me pesaron durante mucho tiempo. Era una responsabilidad enorme. La planificación de la primera fuga tomó casi 2 años.

No fue algo que hicimos de un día para otro. Primero teníamos que entender perfectamente la estructura del penal. Conseguimos planos, no los oficiales, sino los reales. Los oficiales son una cosa, pero las prisiones se modifican constantemente, se agregan cosas, se quitan otras. Necesitábamos saber exactamente cómo estaba construido el lugar en ese momento específico.

Para conseguir esa información tuvimos que comprar a gente del Seen, que era como se llamaba la agencia de inteligencia en ese entonces. Ellos tenían acceso a todo. Un contacto que teníamos ahí nos vendió información detallada sobre los sistemas de seguridad del altiplano, cámaras, sensores de movimiento, protocolos de vigilancia, horarios de cambio de guardia, todo eso nos costó, como 20 millones de pesos, solo esa información y valió cada peso.

Una vez que teníamos los planos y la información de seguridad, empezamos a analizar las opciones. Hubo varias ideas sobre la mesa. Algunos proponían un ataque frontal, meter un comando armado y sacarlo a la fuerza, pero eso era suicida. El altiplano está diseñado para resistir ese tipo de ataques. Tiene perímetros múltiples, torres de vigilancia, respuesta rápida del ejército.

No había manera de que funcionara. Otra opción era sacarlo disfrazado, como se había hecho en otras prisiones, pero el altiplano tenía controles biométricos. huellas digitales, reconocimiento facial, todo eso. No podía simplemente ponerle un uniforme de custodio y caminar hacia afuera. La opción del túnel surgió después de analizar todas las demás.

Era la más compleja logísticamente, pero también la más segura si se hacía bien. El problema era que el altiplano estaba construido sobre roca sólida. No era como cabar en tierra normal. Necesitábamos equipo especializado, ingenieros que supieran lo que hacían y un lugar desde donde empezar a acabar. Compramos un terreno a como kilómetro y medio del penal.

Lo hicimos a través de prestanombres. Obviamente nadie podía saber que estábamos adquiriendo propiedades cerca de la prisión. El terreno tenía una construcción encima, una bodega vieja que usamos como fachada. Ahí instalamos todo el equipo. Los ingenieros que contratamos eran profesionales de verdad.

Algunos habían trabajado en minas, otros en construcción de metro. Les pagamos fortunas para que guardaran silencio y para que hicieran el trabajo bien. Ninguno sabía exactamente para qué era el túnel, o al menos eso decían. Pero no eran tontos, seguro se imaginaban. El túnel tomó meses en construirse. Era una obra de ingeniería impresionante, la verdad.

Tenía ventilación, iluminación, rieles para sacar la tierra en vagonetas, todo profesional. La tierra que sacábamos la llevábamos de noche en camiones, la dispersábamos en diferentes lugares para que nadie notara acumulaciones sospechosas. Lo más difícil fue calcular exactamente dónde tenía que terminar el túnel. Necesitábamos que saliera justo debajo de la celda de Joaquín o al menos de un lugar donde él pudiera llegar sin que lo vieran.

Para eso tuvimos que conseguir información muy precisa sobre la ubicación de su celda. Compramos esa información a personal del penal, gente que tenía acceso a los registros de asignación de celdas. Hubo un momento como a los 8 meses de estar cabando, donde pensamos que todo se iba a ir al [ __ ] Las autoridades empezaron a hacer auditoría sorpresa en el penal, revisaron protocolos, cambiaron personal.

Creímos que alguien había hablado, que nos habían descubierto. Paramos todo por casi tres semanas. Mi padre estaba nervioso, yo también, pero resultó que era solo una revisión rutinaria, nada que ver con nosotros. Cuando nos aseguramos de que no había peligro, retomamos el trabajo. El costo total de esa primera operación fue de aproximadamente 80 millones de dólares.

Incluía todo. la compra del terreno, la construcción del túnel, los sobornos a funcionarios del penal, los pagos a personal de inteligencia, los ingenieros, el equipo, la logística para la huida, después 80 millones de dólares. Y cada peso estaba justificado porque el negocio que Joaquín generaba era mucho más que eso.

La noche de la fuga fue tensa. Yo no estuve en el túnel directamente. Mi trabajo era coordinar lo que pasaba afuera. tenía gente apostada en diferentes puntos, listos para moverse apenas Joaquín saliera. También teníamos comprados a elementos de la policía estatal y municipal para que no intervinieran si veían movimiento sospechoso.

Hasta tenías helicópteros listos por si había que hacer una extracción de emergencia. Cuando recibí la llamada de que Joaquín estaba fuera, sentí un alivio que no puedo describir. Habíamos trabajado casi 2 años en eso. Habíamos invertido una fortuna y había funcionado. Lo movimos rápido a una casa de seguridad, luego a otra y eventualmente a la sierra, donde estaba más protegido.

Después de esa fuga, la fama de Joaquín creció todavía más. Los medios lo convirtieron en una especie de leyenda. El tipo que se escapó de la prisión más segura de México a través de un túnel. Pero lo que nadie contaba era todo lo que había detrás, los millones de dólares, las decenas de personas compradas, los años de planificación.

Eso no es romántico, eso no vende periódicos, pero es la realidad. Pasaron unos años y Joaquín volvió a caer. Esta vez la situación era más complicada. El gobierno estaba bajo mucha presión internacional, especialmente de Estados Unidos, para que no se repitiera lo del túnel. Reforzaron la seguridad del altiplano, cambiaron protocolos, pusieron más vigilancia.

Cuando mi padre y yo empezamos a planificar la segunda fuga, sabíamos que iba a ser mucho más difícil. Pero difícil no significa imposible. Lo que mucha gente no entiende es que la corrupción en México no tiene límites cuando hay suficiente dinero de por medio. Puedes reforzar todo lo que quieras, puedes poner las cámaras más modernas, los sensores más sensibles, pero si el tipo que los opera está en tu nómina, no sirve de nada.

Para la segunda fuga, invertimos más en corrupción directa y menos en infraestructura. Ya teníamos la experiencia de la primera vez, sabíamos qué funcionaba y qué no. Esta vez compramos gente a niveles más altos, no solo custodios y personal administrativo, sino directivos del penal, gente de la Secretaría de Gobernación, elementos de seguridad nacional.

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