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Parecía una mujer común… hasta que descubrieron la aterradora verdad sobre Carjen Oviedo.

La madrugada del 7 de febrero de 2022, una ambulancia se detuvo frente a una casa en Manato, Mendoza. Adentro, Rolando Angelino, de 35 años, yacía en el suelo de la sala. Había vomitado repetidamente hasta colapsar. La empleada doméstica había hecho la llamada de auxilio. La esposa de Rolando, Karen No llegó minutos después, según declararía más tarde, procedente del gimnasio y del salón de belleza.

Cuando los médicos de la clínica Santa María recibieron a Rolando, su estado ya era crítico. Un hombre deportista, físicamente activo, jugador de fútbol en el equipo local, de repente moría el 9 de febrero sin que nadie pudiera hacer nada. La causa oficial, intoxicación severa.

 Pero lo que llamó la atención del personal médico no fue solo la gravedad del cuadro, sino la explicación que ofreció Karen. Ella aseguró que su esposo estaba tomando un medicamento para eliminar manchas oscuras en la piel. una reacción alérgica, sugirió. Los análisis de sangre, sin embargo, mostraron algo muy distinto, una cantidad anormalmente alta de cristales de oxalato de calcio.

 Los médicos lo reconocieron de inmediato. Esa era la firma química del envenenamiento por etilenglicol, el componente principal del anticongelante para automóviles. La fiscalía no tardó en actuar. Los investigadores comenzaron a recorrer el barrio donde la pareja vivía y regentaba su propio almacén, instalado en la misma casa que habitaban.

 Los vecinos aportaron información inquietante. Varias personas afirmaron haber visto a Karen administrar a su marido medicamentos cuyo origen no podían identificar. Algunos incluso señalaron que ella utilizaba esas sustancias para salir de fiesta mientras Rolando quedaba en casa aparentemente sedado. Al principio, los fiscales consideraron la posibilidad de que Karen solo hubiera querido adormecer temporalmente a su pareja sin intención de acabar con su vida, pero los peritos de la unidad de delitos tecnológicos cerraron esa vía.

No había margen para la duda. La dosis y el método apuntaban a algo mucho más letal. El interrogatorio a Karen reveló las primeras contradicciones graves. Cuando los investigadores le pidieron que identificara la sustancia que le había suministrado a su esposo, ella insistió en que era un simple remedio para las manchas de la piel aplicado mediante vía intravenosa.

 Al solicitarle el frasco para analizarlo, Karen respondió que la empleada doméstica ya lo había tirado a la basura. Esa versión se derrumbó cuando Claudia Cortés, la trabajadora del hogar, declaró bajo juramento que nunca había desechado ningún medicamento. Además, Cortés reveló un detalle aún más perturbador. Días antes de la hospitalización, había escuchado una conversación entre los cónyuges en la que Rolando se quejaba abiertamente de la medicación que estaba recibiendo.

 El teléfono móvil de Karen fue incautado y analizado. El resultado fue demoledor. En el historial de búsquedas aparecían consultas sobre los venenos más mortíferos y llamativamente sobre cómo borrar el rastro de esas indagaciones. Pero eso no fue todo. Los investigadores encontraron registros de dos pedidos de etilenglicol realizados desde una tienda en línea.

 La primera compra tenía fecha del 2 de julio de 2019. Esa fecha, pensaron los fiscales, no era casual. Fue entonces cuando la investigación dio un giro aún más oscuro. Los agentes empezaron a revisar el historial médico de la familia y dieron con la muerte de Elías, el hijo de 9 años de Rolando, fallecido el 12 de julio de 2019.

 El niño había llegado a casa de su padre en perfectas condiciones. A la mañana siguiente, Rolando notó que no se sentía bien. Lo llevó al hospital, donde los médicos comprobaron con estupor que su estado era crítico. Fallo multiorgánico, trombosis cerebral profunda. A pesar de todos los esfuerzos, Elías murió esa misma tarde.

 El parte forense lo calificó como intoxicación de tercer grado. Los médicos recomendaron una autopsia complementaria, pero la madre del niño, Soledad, y la abuela se negaron. aún conmocionadas por la pérdida. Karen, en cambio, propuso algo que ahora los investigadores consideraron muy sospechoso, incinerar el cuerpo de inmediato.

 La madre biológica se opuso rotundamente y optó por un entierro en un cementerio privado para poder llevar flores a la tumba. Con la compra de etilenglicol del 2 de julio de 2019 como prueba, la fiscal Claudia Ríos presentó el 4 de marzo una nueva acusación contra Karen por el homicidio calificado de Elías.

 10 días después, un juez decretó prisión preventiva. Karen intentó apelar, pero el rechazo fue contundente. Permanecería tras las rejas hasta el juicio. Mientras tanto, las pesquisas seguían su curso y comenzaron a desvelarnos antecedentes de una historia que muy pocos conocían realmente. Rolando Angelino había nacido en Bolivia en 1987.

Llegó a Argentina en una fecha que nadie supo precisar con exactitud. El mayor de siete hermanos aprendió desde niño el valor del esfuerzo y los vínculos familiares. Soñaba con una casa llena de hijos y risas. Tuvo dos relaciones anteriores con Carolina Chávez, madre de su primer hijo, y con Soledad Guardio, con quien tuvo a Elías.

 Aunque ninguna de esas parejas prosperó, Rolando siempre mantuvo una relación cordial con ambas mujeres y se ocupó de sus hijos con devoción. Quienes lo conocían lo describían como un hombre amable, trabajador incansable y amante del deporte. Karenovo, por su parte, había nacido el 30 de marzo de 1990 en Manato, en la misma casa donde años después montaría el almacén con Rolando.

 Los vecinos la recordaban como una mujer abierta y sociable con un sueño recurrente, formar una familia feliz junto a un hombre que la amara y la cuidara. Antes de conocer a Rolando, ya había intentado construir esa ideal. Se casó con Rul Oa en 2013, padre de una de sus dos hijas, pero el matrimonio se desmoronó por problemas económicos.

Según relató el propio Rul, un día salió de casa con el pretexto de comprar algo y nunca regresó. Tomó varios autobuses, cruzó fronteras y desapareció para no ser encontrado. La relación entre Karen y Rolando comenzó en 2016. Ambos compartían intereses, ambiciones y un espíritu emprendedor. Abrieron el almacén en la planta baja de la vivienda de ella y Karen misma pintó un cartel en la ventana para atender a los clientes.

El pueblo los admiraba. Sin embargo, la armonía se rompió cuando Rolando sorprendió a Karen dentro de un coche con otro hombre. Su reacción fue violenta. Destrozó el interior del vehículo, pero luego decidió perdonarla. Para los demás, seguían siendo la pareja perfecta. 16 meses después de la muerte de Elías y con el dolor aún fresco, pero atenuado por el apoyo incondicional que Karen le brindaba, Rolando le pidió matrimonio.

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