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Prince Philip, Duke of Edinburgh: El Precio de Vivir Detrás de Ella

La princesa Alicia, madre de Felipe, comenzó a comportarse de manera errática, afirmando escuchar voces divinas y mantener conversaciones con figuras religiosas. Los médicos diagnosticaron esquizofrenia paranoide y recomendaron un tratamiento agresivo en un sanatorio suizo. Felipe, con apenas 9 años regresó un día de sus juegos infantiles para encontrar que su madre había desaparecido, llevada a la fuerza y en contra de su voluntad, sin siquiera tener la oportunidad de despedirse de su hijo menor.

Fue un trauma silencioso del que rara vez se habló en la familia, pero que dejó un vacío inmenso en la vida del niño. La tragedia de la enfermedad mental de Alicia fue solo el catalizador para la dispersión total del núcleo familiar. Su padre, el príncipe Andrés, reaccionó ante la crisis de su esposa, no con apoyo, sino con huida.

Cerró la casa de París, se deshizo de las pertenencias familiares y se retiró a la riviera francesa para vivir una vida de ocio y amantes a bordo de yates prestados, desentendiéndose casi por completo de la crianza de su único hijo varón. En el lapso de 18 meses, las cuatro hermanas mayores de Felipe, Margarita, Teodora, Cecilia y Sofía, se casaron apresuradamente con aristócratas alemanes y se mudaron al país que pronto caería bajo el hechizo de Adolf Hitler.

De golpe, Felipe se quedó sin hogar, sin padres y sin hermanas. Pasó de ser un príncipe exiliado a ser un nómada que dependía de la caridad de sus parientes lejanos en Gran Bretaña para tener un techo bajo el que dormir y alguien que firmara sus boletines escolares. Fue enviado a Inglaterra para vivir bajo la tutela de sus tíos maternos, la familia Monten, quienes decidieron que el niño necesitaba disciplina para contrarrestar el caos de sus primeros años.

Primero asistió a la escuela Chim y luego fue enviado a una institución recién fundada en Escocia llamada Gordonstown, dirigida por el excéntrico educador judío Kurt Han, quien había huído de la persecución nazi en Alemania. Gordonstown no era una escuela común para la realeza, era un lugar brutal diseñado para forjar el carácter a través del sufrimiento físico y mental.

Los estudiantes comenzaban el día con una carrera matutina, sin importar el clima helado, seguida de una ducha de agua fría. No había lujos, ni privilegios ni piedad. En este entorno espartano, Felipe prosperó. Encontró en la dureza de Gordonsown y en la filosofía de Han el padre y la estructura que nunca tuvo en casa. Aprendió a navegar, a construir, a liderar y, sobre todo, a no quejarse.

Sin embargo, el destino aún le guardaba golpes terribles. En 1937, cuando Felipe tenía 16 años, su hermana favorita, Cecilia, murió en un accidente aéreo junto con su esposo, sus dos hijos pequeños y su suegra. Cecilia estaba embarazada de 8 meses en el momento del impacto y se dice que el bebé fue hallado entre los restos del fuselaje.

Felipe tuvo que viajar a Alemania para el funeral, un evento sombrío en Darmstad, donde caminó detrás de los ataúdes, rodeado de hombres uniformados con esbásticas y haciendo el saludo nazi, una imagen escalofriante que presagiaba la guerra que estaba por venir. Allí, en medio del dolor y la política, se reencontró brevemente con su madre, a quien apenas reconoció tras años de encierro, y con su padre, convertido ya en un extraño.

Al regresar a Escocia, Felipe estaba más solo que nunca, con la certeza absoluta de que en este mundo solo podía contar consigo mismo. Esa independencia feroz y esa coraza emocional serían sus mejores armas, pero también sus mayores obstáculos cuando el destino finalmente lo pusiera frente a una tímida princesa de 13 años que cambiaría su vida para siempre.

El verano de 1939, mientras Europa contenía el aliento ante la inminente guerra, un joven cadete rubio de 18 años caminaba por los jardines del Britania Royal Naval College en Dartmouth, cuando su vida tomó un giro que él mismo no pudo prever. Ese día, una niña de 13 años, con ojos azules y vestido celeste no podía dejar de mirarlo desde la distancia.

Fascinada por su porte atlético y su arrogancia juvenil. Bienvenidos una vez más a esta travesía por la vida del hombre que lo sacrificó todo por amor y deber. Díganme en los comentarios si creen en el amor a primera vista o si piensan que las grandes historias de amor se construyen con el tiempo.

Felipe había terminado Gordonstone como uno de los mejores estudiantes de su generación y había seguido los pasos de su abuelo materno, el almirante Leis Mount Batten, ingresando en el Dartmouth Naval College para convertirse en oficial de la Marina Real Británica. Era un joven sin fortuna, sin nacionalidad definida y con un apellido griego que nadie en Inglaterra podía pronunciar correctamente, pero poseía algo invaluable en ese momento histórico.

Era un príncipe europeo que había elegido voluntariamente servir a Gran Bretaña. Cuando el rey Jorge VI visitó Dartmouth con su esposa y sus dos hijas, Isabel y Margarita, el tío de Felipe, Lord Luis Mount Batten, quien era primo del rey, orquestó sutilmente un encuentro que parecía casual, pero que había sido cuidadosamente planeado.

Felipe fue asignado para entretener a las jóvenes princesas mientras los adultos realizaban su inspección oficial. jugó tenis con ellas, alardeó saltando sobre las redes del campo y, según testigos, la pequeña Isabel no apartó sus ojos de él en ningún momento. Para ella fue un despertar, el primer destello de un sentimiento que apenas comprendía, pero que marcaría el resto de su existencia.

Para Felipe, en cambio, fue solo una tarde más, entreteniendo a unas niñas que pertenecían a un mundo completamente diferente al suyo. Él era un príncipe sin reino. Ella era la heredera del imperio más grande del mundo. Era una diferencia abismal que en ese momento parecía insalvable. Apenas dos meses después de ese encuentro, Alemania invadió Polonia y el mundo se sumergió en la Segunda Guerra Mundial.

Felipe, ahora un guardiamarina británico, fue enviado al mar para luchar contra las fuerzas del eje, mientras sus cuñados alemanes servían en el bando contrario. Era una situación surrealista y dolorosa. Los esposos de sus hermanas estaban aliados con el régimen nazi mientras él arriesgaba su vida defendiendo a Gran Bretaña.

Esta lealtad dividida era una fuente constante de sospecha para muchos en el establishment británico, quienes veían en Felipe a un extranjero potencialmente peligroso. Sin embargo, él estaba decidido a demostrar su valía a través de la acción, no de las palabras. Durante los 6 años de guerra, Felipe sirvió con distinción en varios frentes.

Participó en la crucial batalla del Cabo Matapán en 1941. donde la flota británica destruyó a la marina italiana en el Mediterráneo. Su papel fue destacado, operando los reflectores del acorazado HMS Valiant. Iluminó los buques enemigos en la oscuridad de la noche, permitiendo a los cañones británicos disparar con precisión devastadora.

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