Posted in

Panadero de 55 daba pan gratis cada viernes—Cantinflas supo cómo sobrevivía y LLORÓ

¿Puede contarme? Rodrigo miró hacia la fila de personas esperando después de vuelta a Mario. Durante la guerra, Segunda Guerra Mundial. Yo era niño. Tenía 8 años cuando empezó, 12 cuando terminó. Mi padre había muerto. Mi madre trabajaba lavando ropa, pero ganaba muy poco. Hubo años 1943,1944, cuando prácticamente no teníamos comida, había escasez.

Precios subieron y nosotros, mi madre, mis dos hermanas y yo, pasábamos días enteros sin comer más que tortillas y sal. Recuerdo sensación de hambre constante, ir a dormir con estómago vacío, despertar pensando solo en comida, ir a escuela tan débil que no podía concentrarme. Pero lo peor no era el hambre física, era la vergüenza.

Vergüenza de no tener lo que otros niños tenían. Vergüenza de cuando mi estómago hacía ruidos en clase. Vergüenza de cuando maestros ofrecían comida y yo tenía que aceptar porque no había comido en dos días. Un día, tenía 11 años, iba caminando a casa de la escuela. Pasé panadería. El olor era tortura.

Me detuve frente a ventana mirando pan, solo mirando. No podía comprarlo. No tenía dinero, pero no podía dejar de mirarlo. El panadero me vio. Salió. Pensé que me iba a decir que me fuera, pero en lugar de eso me dio bolillo, solo uno, pero para mí fue como recibir tesoro. Me dijo, “Niño, veo que tienes hambre.

Toma esto y si vuelves mañana, te daré otro.” Durante siguiente año, un año completo, ese panadero me dio pan cada día que pasaba por allí. A veces bolillo, a veces pedazo de pan dulce. Nunca cobró, nunca me hizo sentir mal. Solo me dio comida cuando la necesitaba. Ese panadero murió en 1946. Nunca pude agradecerle apropiadamente, pero hice promesa frente a su tumba.

Prometí que si algún día tenía panadería propia, haría lo que él hizo por mí, ayudaría a personas hambrientas. Entonces, cuando finalmente abrí esta panadería en 1963, después de trabajar 20 años ahorrando para comprarla, cumplí esa promesa. Cada viernes, regalo el pan del día anterior a cualquiera que lo necesite.

Mario sintió lágrimas formándose. Ese panadero tenía familia. ¿Saben lo que hizo por usted? tenía hijo. El hijo ahora tiene la panadería, la misma panadería donde su padre me dio pan hace casi 30 años. Fui a visitarlo hace unos años. Le conté lo que su padre hizo por mí. Lloró. Me dijo que su padre había muerto sin dinero, que la panadería apenas sobrevivió después de su muerte.

Le pregunté si su padre siempre había regalado pan. me dijo que sí, que su padre alimentaba a docenas de niños hambrientos durante la guerra, que fue razón por la cual casi perdieron la panadería. Daban demasiado gratis. Pero también me dijo algo más. Me dijo, “Mi padre murió pobre en dinero, pero murió rico en bondad.

Ah, y cada persona que ayudó como usted es testimonio de que su vida tuvo significado. Durante siguientes meses, Mario estudió operación de Rodrigo cuidadosamente. Calculó que Rodrigo gastaba aproximadamente 12,000 pes al año en pan regalado. Eso era casi 20% de sus ganancias potenciales. ¿Cómo mantiene la panadería viable? Mario preguntó.

Trabajo más horas que otros panaderos. Rodrigo explicó. Empiezo a las 3 de la mañana, termino a las 9 de la noche, excepto viernes cuando termino más tarde. Hago todo yo mismo. Hornear, vender, limpiar. No puedo permitirme empleados. ¿Y su familia? No tengo familia, nunca me casé. La panadería es mi familia. No se siente solo a veces.

Pero cada viernes cuando veo caras de madres que están agradecidas porque tendrán pan para alimentar a sus hijos en esos momentos, ah, no me siento solo, me siento conectado, me siento parte de algo más grande. Mario decidió hacer más que observar. Estableció programa Pan compartido, iniciativa que apoyaba a panaderos que querían compartir pan no vendido con comunidades necesitadas.

El programa funcionaba así. Panaderos participantes apartaban del día anterior para familias necesitadas. Mario reembolsaba costo de ingredientes, no precio de venta, solo costo de harina, levadura, sal, agua. Esto hacía que regalar pan fuera sostenible. Rodrigo fue primer panadero oficial, pero Mario reclutó a otros 10 panaderos inicialmente en diferentes colonias de Ciudad de México.

Para 1974, 3 años después de conocer a Rodrigo, programa operaba con 28 panaderos. Juntos regalaban aproximadamente 5,000 piezas de pan por semana a familias necesitadas. Los resultados fueron profundos. Familias que habían pasado fines de semana sin comida suficiente, ahora tenían pan. Niños que habían ido a escuela lunes con hambre, ahora estaban alimentados.

trabajador social reportó, “Hemos visto mejora en asistencia escolar los lunes. Niños que antes faltaban porque estaban débiles de hambre, ahora vienen. El pan del fin de semana hace diferencia, pero algo más estaba pasando. Comunidades comenzaban a organizarse alrededor de panaderías, participantes. Vecinos se ofrecían como voluntarios para ayudar a distribuir pan.

Personas que recibían pan comenzaban a ayudar a otros. compartiendo con vecinos que también necesitaban. Lo que Rodrigo nos enseñó, líder comunitario, explicó es que hambre no es problema individual, es problema comunitario. A mí cuando panaderos, miembros respetados de comunidad toman liderazgo en combatirla, inspiran a otros a hacer lo mismo.

Rodrigo continuó operando su panadería hasta 1988, cuando tenía 72 años. Para entonces había alimentado a miles de familias durante 25 años. ¿Cuál fue el momento más significativo para usted? Mario preguntó cuando Rodrigo finalmente vendió la panadería. Rodrigo no vaciló. Fue hace 10 años. Mujer joven, tenía tal vez 25 años.

Vino el viernes por la noche por pan. Traía tres niños pequeños. Todos estaban flacos. Claramente no habían comido bien en mucho tiempo. Le di bolsa extra grande de pan. Ella comenzó a llorar. Me agradeció. Se fue. Dos semanas después volvió. Pero esta vez no vino por pan, vino a traerme algo, tamales, cinco tamales que ella había hecho.

Me dijo, “Ton Rodrigo, no tengo dinero para pagarle por el pan que nos ha dado, pero tengo maíz y chiles. Hice estos tamales para usted. Es todo lo que puedo dar.” Intenté rechazarlos. Le dije que no era necesario, pero ella insistió. dijo, “Si usted puede dar cuando tiene poco, yo también puedo dar cuando tengo poco.

Read More