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¡ATENCIÓN MÉXICO! Alito Acorralado: Harfuch y EE.UU. Encienden la Bomba 

¡ATENCIÓN MÉXICO! Alito Acorralado: Harfuch y EE.UU. Encienden la Bomba 

Alejandro Alito Moreno, dirigente nacional del PRI y una de las figuras más controvertidas  de la oposición mexicana, acaba de hacer algo que tiene a todos hablando. Volvió a colocarses en el centro de una ofensiva política donde se mezclan acusaciones contra Morena, presión desde Estados Unidos y el nombre de Omar García Harfuch como pieza clave de seguridad nacional.

Pero no solo eso, lo más delicado es que mientras Alito dice defender a México de un supuesto abuso de poder, su discurso parece caminar  peligrosamente cerca de intereses externos que quieren usar el tema del narcotráfico. Sinaloat y las acusaciones contra funcionarios mexicanos para golpear al gobierno de Claudia Shane Boom rumbo al 2027 revela realmente estas  supuestas negociación.

 política con el entorno del embajador Ronald Johnson. Suscríbete si quieres que esto siga saliendo a la luz, porque esta historia no se trata solamente de Alito, ni solamente de Harf, ni solamente de Morena. Se trata de quién está moviendo los hilos cuando  México entra en una nueva etapa de presión, miedo, elecciones y poder.

 Tienes que entender  algo desde el principio. Esta no es una polémica aislada. No es simplemente otro pleito  entre Alito Moreno y Morena. No es otra conferencia más donde la oposición acusa al gobierno de autoritario, ni otro video donde se señalan viejos escándalos del PRI. Lo que está pasando  es más profundo porque coincide con un momento donde México  está parado sobre tres tensiones al mismo tiempo.

 La presión de Estados Unidos yos por temas de seguridad, la disputa interna por el rumbo de la 4T y la preparación anticipada de la elección intermedia  2027. Y cuando esas tres cosas se cruzan, nada ocurre por casualidad, nada. De un lado está el Alejandro Moreno Cárdenas, conocido como Alit, presidente nacional del PRI, exgobernador de Campeche, senador, sobreviviente político y uno de los personajes más golpeados por la opinión pública en los últimos años.

Para sus seguidores es uno de los pocos opositores que se atreve a enfrentar a Morena de frente. Para sus críticos es el símbolo de un viejo régimen que se niega a morir. Un político que habla de corrupción mientras arrastra  sus propios señalamientos, sus propios audios, sus propias mansiones, sus propios conflictos internos y su propio partido reducido a una fracción de lo que alguna vez fue.

Del otro lado está el gobierno de Claudia Shainb que llegó con una promesa clara, continuidad con cambio, solidar el proyecto iniciado por López Obrador, pero también demostrar que puede gobernar con su propio sello. Y ahí aparece una figura central, Omar García Harfuch, secretario de seguridad. El hombre que muchos ven como el brazo operativo del gobierno en la lucha contra el  crimen organizado, Harf. No es cualquier funcionario.

 Tiene una imagen  de eficacia, de disciplina, de operación directa. Pero justamente por eso, cada vez que explota un caso de alto impacto,  las miradas van hacia él. ¿Va a actuar? ¿Va a detener, va a investigar? ¿Va a resistir la presión? ¿O va a quedar atrapado a entre lo que pide Estados Unidos, lo que exige la opinión pública y lo permite la política mexicana? Y en medio de todo aparece Sinaloa, aparece Rubén Rochamoya, aparecen señalamientos desde Estados Unidos, aparecen nombres de funcionarios y exfuncionarios

mencionados en reportes, en publicaciones, en declaraciones de exintegrantes de agencias estadounidenses. Aparece el viejo fantasma de siempre, la relación entre política, crimen organizado y poder territorial. Pero fíjate bien, cada vez que ese fantasma aparece, la oposición intenta convertirlo en arma electoral y cada vez que la oposición lo usa, Orena responde diciendo que se trata de una campaña para desestabilizar.

Entonces, ¿dónde termina la exigencia legítima  de justicia y dónde empieza la operación política? Eso es lo que vuelve este caso tan importante hoy. Hace un año la discusión era otra. La 4T venía de consolidar poder. Shane Baum estaba armando su gobierno. La oposición estaba tratando de entender cómo sobrevivir después de una derrota histórica y Alito estaba más ocupado en mantener el control interno del PRI que en presentarse como líder nacional de una ofensiva.

 Pero ahora el escenario  cambió. El 2027 empieza a asomarse. Posición necesita una narrativa. Morena necesita defender su legitimidad. Estados Unidos necesita mostrar fuerza en la región. Y los casos de seguridad se convierten en el terreno perfecto para todos. Porque en México  cuando se habla de seguridad no se habla solo de policías y delincuentes, se habla de soberanía, se habla de ejército, se habla de fiscalías, se habla de gobernadores, se habla de elecciones, se habla de jueces, se habla de medios, se habla de dinero y sobre

todo se habla de quién tiene la autoridad moral para señalar a quién. ¿Puede el PRI acusar de corrupción sin que le recuerden su historia? ¿Puede pedir pruebas sin que le exijan resultados? ¿Puede Estados Unidos hablar de justicia sin que México pregunte por sus propios intereses? ¿Puede Alito presentarse como defensor de la democracia cuando su propio liderazgo dentro del PRI ha sido cuestionado durante años? La atmósfera está  cargada, hay tensión acumulada.

 Hay señales que muchos prefirieron ignorar. posición lleva meses intentando instalar la idea de que Morena concentra demasiado poder. Morena responde que esa acusación viene de quienes durante décadas controlaron prácticamente todo. Los medios se dividen, las redes se incendian, los canales políticos toman posición y mientras tanto, el ciudadano común ve una pelea donde todos dicen defender a México, pero muy pocos explican qué intereses están realmente en juego.

 Aquí viene la pregunta que abre toda la historia. Si Alito Moreno sabe que carga con una imagen tan desgastada, si sabe que el PRI está en uno de sus momentos más débiles, si sabe que muchos mexicanos lo asocian con el viejo régimen, ¿por qué decide colocarse justo ahora  al frente de una ofensiva que mezcla a Estados Unidos, Harf, Sinaloa y Shainb? Para  entender eso, primero hay que mirar de dónde viene Alito y por qué su carrera política  siempre ha estado marcada por la misma palabra.

Alito Moreno no nació políticamente como un rebelde contra el sistema. Nació dentro del sistema, creció dentro del PRI, aprendió sus reglas, sus códigos, sus silencios y sus lealtades. Su carrera  se formó en una estructura donde el poder se construía desde abajo, pero no necesariamente desde la ciudadanía, sino desde los grupos internos, las alianzas locales, los favores, los acuerdos y las cuotas.

En ese viejo PRI nadie subía solo, nadie llegaba por accidente. Para avanzar había que deberle algo a alguien y esa es una clave que no puedes perder de vista. Alito fue gobernador de Campeche, después se convirtió en dirigente nacional del PRI y en otro momento de la historia mexicana  ese cargo habría sido sinónimo de poder absoluto.

Pero no le tocó presidir el PRI dominante, le tocó presidir  el PRI de la caída, el PRI de las derrotas, el PRI de las fugas, el PRI de las alianzas incómodas, el PRI que pasó de gobernar buena parte del país a pelear por no desaparecer. Ese dato es fundamental porque cuando un partido pierde poder, sus dirigentes tienen dos opciones: renovarse o se endurecerse.

Alito eligió endurecerse. Recordemos que durante años el PRI fue acusado de representar lo que muchos mexicanos querían dejar atrás. corrupción, clientelismo, autoritarismo, pactos cupulares, gobernadores intocables, enriquecimientos inexplicables y estructuras electorales que parecían  maquinaria de estado.

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