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¿Está Vivo Junior Roldán? El Narco Enterrado en Colombia que Nadie sabe dónde está

Un hombre cruza la frontera colombiana bajo la noche. Dejó atrás su reino criminal, sus sicarios, su imperio de terror. Llegó a Fredonia pensando que aquí estaría a salvo. Dos meses después, su cuerpo apareció con un balazo en la cabeza. Pero esa no fue la parte más extraña. Lo extraño vino después. Lo extraño fue que su cadáver desapareció y que en su tierra natal comenzó a sonar un narcocorrido sobre el regreso de la firma.

Esto es la historia de Junior Roldan, el hombre que retóer y luego se desvaneció sin dejar rastro. El 6 de mayo de 2023, la policía colombiana recibió un reporte en el municipio de Fredonia. Antioquia, un cuerpo en zona rural. Vereda el mango, un hombre con las manos amarradas a la espalda y un impacto de bala en la cabeza.

 Las huellas dactilares confirmaron lo impensable. El cadáver pertenecía a Junior Alexander Roldán Paredes, 38 años,  ecuatoriano, alias Jr. Segundo al mando de los choneros, líder fundador de las águilas, uno de los criminales más buscados de Ecuador, un hombre que había sobrevivido a atentados con fusiles, a emboscadas de bandas rivales, a operativos militares.

Pero en Colombia, según la versión oficial, lo mató una sola bala. La noticia llegó a Quito dos días después. El ministro del Interior confirmó la identidad mediante cotejamiento de huellas. Ecuador no envió investigadores. Ecuador no exigió el traslado del cuerpo. Ecuador confió en las pericias colombianas y cerró el caso.

 Junior Roldán fue sepultado en el cementerio central de Envigado el 18 de mayo. Nadie asistió a su entierro. La bóveda 30 del pabellón 18 quedó sellada. Un narco muerto en tierra extranjera, un enemigo menos para los lobos. un vacío de poder para los choneros.  Todo estaba resuelto, o eso parecía. La madrugada del 13 de  septiembre, 4 meses después del sepelio, un empleado del cementerio notó que algo estaba mal.

 La entrada de la bóveda 30 había  sido forzada. Llamó al sacerdote encargado. Entraron juntos. El ataúd estaba vacío. El cuerpo de Junior Roldan había desaparecido. Testigos reportaron movimiento extraño la noche anterior.  Vehículos entrando y saliendo, hombres cargando algo pesado. Las autoridades colombianas iniciaron una investigación.

 Se descubrió que días antes supuestos familiares habían intentado exhumar el cadáver presentando documentos  de la fiscalía, documentos que luego se comprobaron falsificados. El cura  del cementerio rechazó el pedido. Entonces volvieron por la fuerza, se llevaron el cuerpo y lo incineraron. Un acto ilegal tratándose de muerte violenta.

 El exsecretario de seguridad de Envigado reveló que las cenizas llegaron a Ecuador, pero la policía ecuatoriana comenzó a detectar señales inquietantes. En el triunfo cantón natal de Junior Roldán empezó a sonar un narco corrido, una canción sobre el regreso de la firma y las águilas,  el brazo armado que él fundó, nunca nombraron un sucesor.

Nunca hubo funeral en Ecuador, nunca hubo luto público.  La organización siguió operando como si su líder estuviera vivo, como si la muerte de Fredonia nunca hubiera ocurrido. Entonces surgió la pregunta que nadie se atrevía a formular abiertamente. ¿Y si Junior Roldan no murió en Colombia? ¿Y si toda la escena fue un montaje? ¿Y si el cadáver en Fredonia era de otra persona? ¿Y si el robo del cuerpo y la cremación fueron para eliminar evidencias?  La Fiscalía Colombiana mantiene activas las pericias en el despacho fiscal

seccional 76  de Fredonia. Bajo reserva. sin conclusiones públicas. Y la pregunta sigue abierta, porque para entender este enigma, primero hay que entender quién fue realmente Junior Roldá y qué lo llevó a convertirse en el hombre más peligroso que los choneros hayan producido jamás. Junior Alexander Roldán.

Paredes nació el 25 de septiembre de 1984 en el Triunfo, un cantón de  la provincia del Guayas. Su infancia transcurrió entre calles de tierra, pobreza estructural y la violencia cotidiana de una región donde el estado llegaba poco y tarde. Desde muy joven, Roldán entendió que el poder en su territorio no provenía de las instituciones,  provenía de las armas y del dinero rápido.

Antes de los 20 años ya lideraba un pequeño grupo  delictivo local. Nada espectacular, robos, extorsiones menores, microtráfico. Pero Junior Roldán tenía algo que otros no tenían, ambición sin límites y ningún reparo en usar la violencia para conseguir lo que quería. Su primer arresto llegó en 2009 por delitos relacionados con homicidios y delincuencia organizada.

Entró al sistema penitenciario ecuatoriano en un momento crucial. Las cárceles del país ya no eran centros de rehabilitación, eran fortines del crimen organizado, territorios  disputados por bandas rivales que convertían cada motín en una masacre. Y en ese infierno, Junior Roldán conoció al hombre que cambiaría su destino.

Jorge Luis Zambrano González, alias Rasquiña, el líder indiscutido de los choneros, la organización criminal más poderosa de Ecuador. Los choneros habían nacido a finales de los años  90 en el cantón Chona, provincia de Manabí. Su fundador, Jorge Bismarck Bellis, España, alias Teniente España, identificó en el tráfico de drogas una oportunidad que el país comenzaba apenas a dimensionar.

Ecuador se encontraba estratégicamente ubicado entre  Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo y los océanos que conectaban con mercados internacionales. Sus puertos eran débiles en controles, sus fronteras porosas, sus instituciones corruptas, el escenario perfecto para el narcotráfico.

 Teniente España fue asesinado  en 2007 y Rasquiña heredó el liderazgo. Bajo su mando, los choneros evolucionaron de pandilla local a estructura transnacional. Rasquiña vio en Junior Roldan lo mismo que otros  veían. Un criminal violento, impulsivo, capaz de ordenar ejecuciones sin parpadear. Pero también vio algo más.

 Vio lealtad, vio inteligencia operativa, vio a alguien dispuesto a hacer  el trabajo sucio que mantenía el poder. Los dos forjaron un vínculo dentro de las paredes de la prisión. Rasquiña lo convirtió en su lugar  teniente. Le enseñó cómo funcionaba realmente la red, cómo se movía la droga desde la frontera colombiana hasta los  puertos de Manta, Guayaquil y Esmeraldas.

Cómo se corrompía a funcionarios. cómo se eliminaba a los enemigos. Junior Roldan absorbió cada lección como si su vida dependiera de ello, porque así era. Para 2015, cuando llevaba 6 años en prisión, Junior  Roldán ya no era un recluso más, era un operador criminal de alto nivel. El ministro del  Interior, José Serrano, lo señaló públicamente como responsable de  ordenar múltiples asesinatos.

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