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1 ENTREVISTA SIN FILTRO y el CAOS POLÍTICO — ABELARDO ENFRENTA a IVÁN CEPEDA EN VIVO

1 ENTREVISTA SIN FILTRO y el CAOS POLÍTICO — ABELARDO ENFRENTA a IVÁN CEPEDA EN VIVO

Abelardo de la Espriella lleva 23 años siendo abogado. Defendió a gente inocente, defendió a gente culpable, ganó casos, perdió casos. Pero el 27 de enero de 2026 en los estudios de Caracol TV no está defendiendo a un cliente, se está defendiendo a sí mismo. Los periodistas le van a preguntar cosas que ningún candidato quiere responder.

 ¿Vas a bombardear campamentos aunque mueran niños? ¿Vas a perseguir periodistas que te critiquen? ¿De dónde vas a sacar 10 billones de pesos para salvarla? Salud. Son preguntas que pueden hundir una campaña. Abelardo sabe que si duda, si se pone nervioso, si dice algo equivocado, todo se acaba, pero él no es de los que se quedan callados.

 Durante 60 minutos va a responder todo sin filtro, sin miedo, sin asesores que le digan qué decir. Esta es la historia de un hombre que decidió hablar con la verdad, aunque le costara la presidencia. La pregunta es, ¿cbia está lista para un presidente así? Bienvenidos a Historia oculta. Antes de comenzar, dale me gusta a este vídeo y suscríbete al canal y cuéntanos desde qué parte del mundo nos ves.

 Para entender qué pasó ese día 27 de enero en los estudios de Caracol TV. Para entender por qué esa entrevista se convirtió en noticia nacional. Para entender por qué medio país aplaudió y la otra mitad se asustó. Primero hay que entender quién es Abelardo de la Espriella, de dónde viene, que lo llevó hasta ese estudio de televisión y por qué sus palabras dividen tanto a Colombia.

 Abelardo nació hace 47 años en Barranquilla, en la costa Caribe de Colombia. En una familia de clase media, su papá era comerciante, su mamá ama de casa. Creció viendo como sus padres trabajaban duro para sacar adelante a la familia, para pagar el colegio, para poner comida en la mesa. Aprendió desde niño que en la vida hay que luchar, que nada es regalado.

 Cuando terminó el colegio decidió estudiar derecho. Quería ser abogado. Siempre le gustó hablar, defender ideas, discutir. Entró a la Universidad del Norte en Barranquilla. Se graduó en el año 2003. Tenía 24 años. Era un muchacho flaco con muchas ganas de comerse el mundo. Empezó a trabajar en un bufete de abogados pequeño defendiendo casos de todo tipo.

 Durante los siguientes 23 años, Abelardo se convirtió en uno de los abogados más conocidos de la costa. defendió gente acusada de corrupción, gente acusada de narcotráfico, gente acusada de asesinato. También defendió gente inocente que había sido acusada injustamente. Ganó casos que parecían imposibles.

 Perdió casos que pensaba que iba a ganar, pero siempre fue un abogado que no se quedaba callado. Su estilo era agresivo, directo, sin filtros. Cuando creía que un juez estaba equivocado, lo decía. Cuando pensaba que un fiscal estaba mintiendo, lo denunciaba. Eso le ganó muchos enemigos, pero también muchos admiradores. La gente que lo conocía decía que Abelardo era un hombre de carácter, que no se dejaba mangonear de nadie, que decía lo que pensaba sin importarle las consecuencias.

 Pero Abelardo no solo era abogado, también le gustaba la política. Desde joven era de derecha. Creía que Colombia necesitaba mano dura contra el crimen, que los criminales merecían castigo severo, que el Estado tenía que usar la fuerza para defender a los ciudadanos honestos. Esas ideas lo llevaron a acercarse a políticos como Álvaro Uribe y otros líderes de la derecha colombiana.

 En el 2022, cuando Gustavo Petro ganó las elecciones presidenciales, Abelardo quedó devastado. No podía creer que Colombia hubiera elegido a un presidente de izquierda, a alguien que en su juventud había sido guerrillero del M19, a alguien que hablaba de paz con los grupos armados. Para Abelardo, eso era una traición a las víctimas del terrorismo.

 Desde ese momento, decidió que él también iba a lanzarse a la política, que no podía quedarse de brazos cruzados viendo como la izquierda gobernaba Colombia, que tenía que hacer algo. Entonces empezó a prepararse, empezó a hacer vídeos en redes sociales criticando al gobierno de Petro. Empezó a construir una imagen de líder fuerte, de hombre que no se callaba nada.

 Sus vídeos se volvieron virales. Millones de personas lo veían criticando a Petro con un lenguaje directo, sin rodeos, llamándolo corrupto, inútil, peligroso. La gente de derecha lo amaba, la gente de izquierda lo odiaba, pero todos lo conocían. En dos años, Abelardo se convirtió en una figura nacional sin haber ocupado nunca un cargo público.

Para finales del 2025 empezaron los rumores de que Abelardo iba a lanzarse como candidato presidencial para las elecciones del 2026. Algunos pensaban que era una locura, que un abogado sin experiencia política no tenía ninguna posibilidad, que la gente no iba a votar por alguien tan radical. Pero otros creían que justamente eso era lo que Colombia necesitaba, alguien sin ataduras políticas.

 El 15 de diciembre de 2025, Abelardo hizo oficial su candidatura en un acto masivo en Barranquilla. Frente a 30,000 personas, gritó que iba a salvar a Colombia del gobierno de Petro, que iba a acabar con el narcotráfico, con la corrupción, con la inseguridad, que iba a devolver la dignidad al país. La multitud lo ovacionó.

 Era claro que tenía seguidores, muchos seguidores, pero también era claro que sus propuestas eran polémicas, muy polémicas. Abelardo decía cosas que otros candidatos no se atrevían a decir. Hablaba de bombardear campamentos guerrilleros sin importar si había niños adentro, de fumigar todas las plantaciones de coca de Colombia, de despedir a 700,000 empleados públicos para reducir el tamaño del Estado, de dar mano dura contra los criminales.

Esas propuestas emocionaban a sus seguidores, pero aterraban a sus críticos. Organizaciones de derechos humanos lo acusaban de promover la violencia. Periodistas lo llamaban peligroso. Políticos de otros partidos decían que sus ideas eran irrealizables, pero Abelardo no retrocedía. Al contrario, cada vez que lo criticaban, él respondía más fuerte.

Durante enero de 2026, las encuestas empezaron a mostrar algo sorprendente. Abelardo estaba creciendo. Había pasado del 8% en diciembre al 18% a finales de enero. Todavía no era el favorito, pero ya era un candidato serio. Los medios de comunicación ya no podían ignorarlo. Tenían que entrevistarlo, tenían que preguntarle sobre sus propuestas.

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