En la mañana del 2 de junio de 2026, el municipio de Nanchital, en el estado de Veracruz, México, fue testigo de un acto que no solo fracturó la tranquilidad de una familia, sino que sacudió los cimientos del ejercicio periodístico en una de las regiones más peligrosas para informar en el país. Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del portal digital “Pulso Informativo del Sureste”, fue sustraída de su propia casa por un comando armado en una operación que quedó grabada en un video de apenas 34 segundos, un material que hoy se ha convertido en la pieza central de una investigación envuelta en miedo, incertidumbre y una desesperante falta de respuestas.
Las imágenes, grabadas por la propia Roxana minutos antes de su desaparición, son testimonio de una violencia cruda y deliberada. En el video se observa a dos sujetos con los rostros cubiertos por pasamontañas, equipados con chalecos antibalas y portando armas largas, aparentemente fusiles tipo AK-47 o AR-15. La irrupción no fue improvisada; los agresores llegaron preparados con herramientas
para derribar la cerradura de la vivienda, golpeando con una porra metálica con un ritmo metódico y aterrador, ignorando por completo las súplicas de quienes estaban al interior.
En medio del pánico, se escucha la voz desesperada de un hombre, presumiblemente el padre de la periodista, tratando de interponerse y pidiendo piedad, recordando a los atacantes que había un niño dentro de la propiedad. La respuesta de los sujetos fue la intimidación armada y la violencia persistente. Cuando los hombres logran finalmente forzar la entrada, uno de ellos apunta directamente hacia la mujer que sostenía el teléfono, percatándose de que estaba grabando, momento en el cual el video se corta abruptamente. Desde aquel instante, nadie ha vuelto a ver a Roxana.
¿Quién era Roxana Berenice?
Roxana no era una periodista ajena a la realidad de Veracruz. Apenas unos meses antes de su secuestro, había decidido retomar su vocación informativa en una zona marcada por la complejidad social y la inseguridad. A través de “Pulso Informativo del Sureste”, la periodista se dedicaba a cubrir denuncias ciudadanas, reportes de seguridad, desapariciones y problemáticas sociales que, muchas veces, eran ignoradas por otros medios de comunicación locales.
Su proyecto había logrado consolidar una audiencia significativa en redes sociales, convirtiéndose en un espacio donde la comunidad sentía que podía ser escuchada. Sin embargo, su historia personal estaba ya marcada por la tragedia. En 2017, su esposo, Carlos Fernando Escalante, fue asesinado en el mismo municipio de Nanchital. Aquel golpe emocional la obligó a abandonar Veracruz durante años, intentando reconstruir su vida lejos de la violencia que acecha a los líderes sociales y periodistas. Su regreso a principios de 2026 estaba impulsado por un deseo genuino de servir a su comunidad, una labor que, paradójicamente, terminó colocándola en la mira de aquellos a quienes las denuncias de “Pulso Informativo” incomodaban.

El silencio tras el rapto
A medida que pasan los días, la angustia se multiplica debido a un factor atípico en este tipo de delitos: la ausencia de comunicación. Hasta el momento, las autoridades no han reportado ninguna exigencia económica, ni ha existido contacto alguno por parte de quienes se llevaron a Roxana. Esta falta de una petición de rescate ha llevado a los investigadores y a la familia a explorar diversas hipótesis, ninguna de ellas clara hasta la fecha.
La desesperación de sus seres queridos es desgarradora. “Que la regresen con vida, no les ha hecho nada”, clama su madre, reflejando el sentir de un gremio que se siente desprotegido ante la constante amenaza. Mientras tanto, las redes sociales se han llenado de información contradictoria; a las pocas horas del secuestro, circularon rumores falsos que aseguraban que la periodista había sido localizada, lo que generó una falsa esperanza rápidamente desmentida por la alcaldesa de Nanchital, quien pidió evitar la difusión de datos no confirmados mientras continuaban las labores de búsqueda.
Un gremio en pie de lucha
La desaparición de Roxana Berenice Guzmán ha encendido las alarmas a nivel nacional. Veracruz ha sido documentado durante años por organizaciones internacionales como uno de los estados más letales para los comunicadores en México. El gremio, harto de la impunidad, ha comenzado a organizar plantones y manifestaciones en frente de instituciones públicas y organismos de justicia.
Los periodistas exigen avances concretos. Para muchos, este caso no es un hecho aislado, sino un síntoma más de un sistema que parece normalizar la agresión contra quienes informan. Las pancartas con el rostro de Roxana son el símbolo de una exigencia mayor: seguridad para ejercer la libertad de prensa y un freno a la violencia estructural que intenta callar la voz del pueblo. Las críticas hacia la administración estatal han sido severas, acusando a las autoridades de indiferencia y de no priorizar la protección de los periodistas, citando el alarmante historial de comunicadores asesinados en la región durante los últimos meses.
La búsqueda continúa

Mientras el caso de Roxana se convierte en un referente mediático, las autoridades de la Fiscalía General del Estado, junto con fuerzas federales y locales, aseguran estar trabajando en la localización de la periodista. La gobernadora del estado ha manifestado que se están siguiendo diversas líneas de investigación, aunque la cautela impera en el discurso oficial.
Lo que queda en la memoria colectiva, más allá de las cifras y los reportes oficiales, son esos 34 segundos de video. Un testimonio crudo de miedo que representa no solo el último rastro de una mujer comprometida con su oficio, sino también el peligro constante que enfrentan aquellos que se atreven a señalar la verdad en contextos donde el silencio parece ser la única forma de sobrevivir. A día de hoy, la pregunta sigue sin respuesta: ¿dónde está Roxana Berenice Guzmán y por qué un grupo armado decidió arrebatarle su libertad? La sociedad, la familia y el gremio periodístico aguardan, con esperanza pero con la sombra del miedo, el retorno de quien, antes de desaparecer, tuvo la valentía de grabar la realidad que muchos prefieren ocultar.