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El caso que horrorizó a México:Niña desaparece durante 63 días—Volvió con vida, pero su relato heló.

El caso que horrorizó a México:Niña desaparece durante 63 días—Volvió con vida, pero su relato heló.

Las cámaras de seguridad de la calle Reforma en Puebla, México, capturaron a Rulia Méndez por última vez el 15 de marzo de 2024 a las 3:47 de la tarde. La niña de 11 años caminaba sola bajo un sol implacable, su mochila rosa rebotando contra su espalda con cada paso. En el minuto 348 algo llamó su atención. Rulia se detuvo en seco, giró la cabeza hacia atrás.

 y observó fijamente durante 7 segundos exactos. Sus ojos reflejaban algo que los investigadores jamás lograrían identificar. Reconocimiento, miedo, curiosidad. Luego simplemente continuó caminando y desapareció del encuadre. Después de eso, Rulia Méndez se esfumó como si la tierra se la hubiera tragado. Y antes, si eres una persona de buen corazón y te gusta hacer el bien, ayúdanos a alcanzar nuestra meta de 7000 suscriptores.

Suscríbete al canal y dinos comentarios desde qué ciudad o país nos estás viendo. Madre de Rulia, Socorro Méndez, notó la ausencia de su hija apenas dos horas después. Rulia siempre llegaba a casa a las 4:30, justo después de sus clases de piano en el conservatorio municipal. Cuando el reloj marcó las 5:00, Socorro comenzó a llamar a los teléfonos de las madres de las amigas de Rulia. Nadie la había visto.

 A las 5:30, Socorro corrió al conservatorio. La profesora de piano, la señora Dávila, confirmó que Rulia había asistido a su clase y salió exactamente a las 3:40 de la tarde, como siempre. A las 6:15, Socorro presentó la denuncia formal en la delegación de policía de Puebla. Los primeros días de búsqueda fueron frenéticos.

 Vecinos, familiares y voluntarios peinaron cada rincón de Puebla. Distribuyeron miles de volantes con la foto de Rulia, una niña de rostro ovalado, cabello negro hasta los hombros, ojos cafés enormes y una pequeña cicatriz en la ceja izquierda producto de una caída en bicicleta. Años atrás, los medios de comunicación locales comenzaron a transmitir el caso.

Las imágenes de la Cámara de Seguridad se convirtieron en el único testimonio visual de los últimos momentos conocidos de Rulia en Libertad. La policía identificó la ubicación exacta donde Rulia fue captada por última vez, la esquina de Reforma con 16 de septiembre a solo ocho cuadras del conservatorio y 12 cuadras de su casa.

 Era una ruta que Rulia conocía perfectamente, que había recorrido cientos de veces. Los investigadores entrevistaron a cada comerciante, cada residente, cada persona que pudiera haber estado en esa zona aquel 15 de marzo. 23 personas afirmaron haber estado en las cercanías entre las 3:0 y las 4:00 de la tarde. Ninguna recordaba haber visto a una niña con mochila rosa.

 El caso tomó dimensión nacional en la primera semana. Las redes sociales se inundaron con el hashtag, ¿dónde está Rulia? Celebridades mexicanas compartieron la foto de la niña. El gobierno de Puebla activó la alerta Amber. Se estableció una línea telefónica exclusiva para recibir pistas. En los primeros 10 días llegaron más de 400 llamadas.

 Cada una fue investigada meticulosamente. Todas resultaron ser avistamientos erróneos. información imprecisa o, en algunos casos lamentables, intentos de extorsión por parte de personas sin escrúpulos que buscaban aprovecharse del dolor de una familia destrozada. Socorro Méndez apareció en todos los noticieros nacionales con los ojos hinchados de tanto llorar y la voz quebrada por la desesperación suplicaba por el regreso de su hija.

 El padre de Rulia, Ernesto Méndez, un mecánico de profesión, dejó de trabajar para dedicarse exclusivamente a la búsqueda. Juntos recorrieron hospitales, albergues, estaciones de autobuses. Mostraron la foto de Rulia a miles de personas. La respuesta siempre era la misma. Una mirada compasiva, una negación con la cabeza, palabras de aliento que sonaban cada vez más huecas.

Los investigadores solicitaron acceso a todas las cámaras de seguridad en un radio de 2 km alrededor del último punto conocido de Rulia. Revisaron más de 120 horas de grabaciones de 37 cámaras diferentes. Buscaban cualquier rastro de la niña de mochila rosa. No encontraron nada. Era como si Rulia hubiera simplemente dejado de existir después de salir del encuadre de aquella cámara en la esquina de Reforma con 16 de septiembre.

 La segunda semana trajo una pista prometedora. Una mujer llamada Gabriela Torres contactó a la policía afirmando que había visto a una niña que coincidía con la descripción de Rulia en una terminal de autobuses en Tlaxcala, un estado vecino, 4 días después de la desaparición. Gabriela describió a la niña con detalles precisos, la mochila rosa, la cicatriz en la ceja.

 Incluso mencionó que la niña parecía confundida y asustada. Un equipo de investigadores viajó inmediatamente a Tlaxcala. Revisaron las cámaras de seguridad de la terminal. Efectivamente, apareció una niña que guardaba similitud con Rulia. El corazón de socorro dio un vuelco cuando vio las imágenes, pero al hacer una ampliación digital del rostro quedó claro que no era su hija.

 La cicatriz estaba en la ceja equivocada. La esperanza se desvaneció una vez más. Conforme pasaban los días, la cobertura mediática comenzó a disminuir. Otros casos, otras tragedias, otros titulares ocuparon el espacio que Rulia había tenido en los noticieros. Para la familia Méndez, cada día era una eternidad de incertidumbre y dolor.

Socorro dejó de dormir. Ernesto desarrolló tics nerviosos. Los hermanos menores de Rulia, de 9 y 6 años, dejaron de jugar. La casa, que antes estaba llena de risas, ahora era un mausoleo de silencio y lágrimas. En la cuarta semana surgió una teoría perturbadora entre los investigadores.

 El agente a cargo del caso, el detective Ramiro Castillo, un hombre de 52 años con 25 años de experiencia en la policía, comenzó a sospechar que Rulia no había sido secuestrada por un extraño. Las estadísticas mostraban que en la mayoría de los casos de desaparición de menores, el responsable era alguien conocido por la víctima.

 Castillo ordenó investigaciones de fondo sobre todos los familiares, amigos de la familia, maestros y conocidos de Rulia. interrogó nuevamente a cada persona cercana a la niña. Solicitó registros telefónicos, movimientos bancarios, historiales de navegación en internet. No encontró nada sospechoso. Todos tenían coartadas sólidas.

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