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ALEJANDRO ZENDEJAS ROMPIO el SILENCIO y CONFESO lo que NADIE IMAGINABA

La decisión que cambió su vida. Chivas de Guadalajara llegó a la historia de Alejandro Cendejas en el año 2016 y con Chivas llegó también la primera gran decisión de su vida adulta como futbolista. Una decisión que en ese momento parecía clara, que tenía una lógica emotiva y deportiva que era difícil discutir y que con el tiempo se fue complicando de maneras que nadie había anticipado del todo.

Matías Almeida era el técnico del rebaño sagrado, el argentino que había llegado a Guadalajara y había construido algo que en el fútbol mexicano se veía con una mezcla de admiración y de incredulidad, un equipo con identidad, con carácter, con una manera de jugar que hacía que los jugadores corrieran más y pensaran menos sin que eso se tradujera en caos, sino en intensidad organizada.

Almeida le transmitía confianza a sus jugadores, les hacía sentir que creía en ellos y esa confianza, para un chico de 19 años que venía del fútbol de Estados Unidos con todo por demostrar en el fútbol mexicano, valía mucho. [música] Cendejas llegó a Chivas con esa promesa implícita, la de que iba a tener un lugar, oportunidades, [música] el contexto correcto para desarrollarse y al mismo tiempo que llegaba al club más popular de México, estaba dejando atrás, aunque sin firmarlo todavía en ningún papel, la posibilidad de seguir siendo opción para la selección de

Estados Unidos. Porque en el mundo del fútbol internacional, la doble nacionalidad tiene un límite. Llega el momento en que hay que elegir y acercarse a México, aunque sea para jugar en la Liga, enviaba una señal que el sistema americano interpretaba a su manera. Lo que encontró en Chivas no fue exactamente lo que esperaba.

El rebaño sagrado era un club donde competir por un lugar en el 11 titular no es una figura retórica, sino una realidad cotidiana que aplasta a los que no están preparados para sostenerla. La plantilla tenía calidad. Tenía jugadores establecidos en cada posición. Tenía la presión específica que genera jugar con el escudo más exigente de México y Sendejas, que venía con talento, pero sin minutos en primera división, tuvo que enfrentarse a algo que ningún talento resuelve solo, [música] la espera. Los minutos no llegaron con la

frecuencia que él necesitaba. Los partidos pasaban, las jornadas se acumulaban y el extremo que en la Academia de Dallas había sido figura, seguía esperando en la banca de un club que le había prometido un lugar, pero que en la práctica no siempre podía dárselo porque el 11 de Almeida tenía nombres que no era fácil mover.

Llegó el préstamo Zacatepec, un club de la segunda división mexicana al que muchos jugadores van a buscar los minutos que en primera no encuentran y donde algunos encuentran el ritmo que necesitan para volver con argumentos. Pero ir de Chivas a Zacatepec tiene un costo que el fútbol mexicano cobra de manera implacable.

El mercado te empieza a leer diferente. Tu valor, [música] que en el papel debería construirse con minutos y con nivel, empieza a bajar simplemente porque el contexto en que apareces es uno que no genera titulares. La frustración era real y era legítima porque Sendejas no era un jugador sin nivel, era un jugador sin contexto.

Hay una diferencia enorme entre las dos cosas, aunque desde afuera se vean igual. Y la diferencia no la estaba resolviendo nadie en ese momento. Necaxa lo rescató. Necaxa apareció en el momento en que la historia de Alejandro Sendejas necesitaba que algo cambiara y lo que ese club le dio no fue solo un contrato ni un número en la camiseta, le dio algo que en el fútbol tiene más valor que cualquier cifra en un papel.

Le dio continuidad. Continuidad es la palabra que los que saben de fútbol usan cuando quieren explicar por qué un jugador que en un club no mostraba nada de repente explota en otro. No es que el jugador haya cambiado, es que finalmente tuvo partidos seguidos donde demostrar lo que siempre estuvo ahí.

Y cuando los partidos llegan seguidos, cuando el técnico confía en ti semana a semana, en lugar de darte 10 minutos aquí y 20 allá, sin que nadie sepa bien cuál es tu rol dentro del equipo, algo se destapa que la banca había mantenido cerrado. En Necaxa, Sendejas empezó a mostrar lo que en las academias de Dallas habían detectado y lo que en Chivas no había podido expresarse del todo.

La velocidad en el uno contra uno, la capacidad de romper líneas con el balón en los pies, el remate con ambas piernas que hace que los defensas no puedan apostarse a un solo lado, la inteligencia para moverse entre los espacios en lugar de esperar que el espacio llegue solo. El fútbol le respondió.

Los números empezaron a construirse y con los números llegó algo que en el mundo del fútbol tiene un peso específico que no siempre aparece en los marcadores, pero que todos los que trabajan dentro de los clubes [carraspeo] sienten. La conversación. La gente empezó a hablar de cendejas, a mencionarlo cuando se hablaba de los mejores extremos de la liga, a incluirlo en las discusiones que antes tenían otros nombres y que ahora empezaban a tener el suyo.

Jaime Lozano estaba mirando. El técnico que en ese momento conducía la selección olímpica de México, el mismo que años después iba a sentarse en el banco del trimayor. Tenía los ojos puestos en los jugadores de la liga que mostraban el nivel que él necesitaba para construir un equipo competitivo en la categoría sub-23. Y Sendejas entraba en esa conversación.

Estaba cerca, era opción real para el triolímpico. Ese detalle no es menor porque significa que en el sistema de la Federación Mexicana de Fútbol, en algún momento, el nombre de Alejandro Cendejas estaba siendo considerado como parte del futuro de la selección. Alguien lo veía, alguien creía que ahí había algo para México.

El problema es lo que ocurrió después. Y lo que ocurrió después fue exactamente el tipo de historia que en el fútbol mexicano se repite cada cierta generación. La historia de un jugador que tiene el nivel, que tiene el deseo, que da las señales correctas y que termina yendo a otro lado, no porque haya decidido traicionar a nadie, sino porque las instituciones que debían haberlo retenido no hicieron lo que tenían que hacer en el momento en que tenían que hacerlo.

América lo fichó y con el América llegó el escenario donde la historia se iba a complicar de verdad, cuando México fue por él. Este es el capítulo que más duele, el que en la historia de Alejandro Sendejas nadie puede contar de manera limpia porque tiene demasiadas capas, demasiados actores, demasiadas versiones que no terminan de coincidir, pero que hay que contar de todas formas porque es el capítulo que define todo lo que vino después.

El Tata Martino dirigía a la selección mexicana y el Tata, que en ese momento estaba construyendo el equipo que iba a llegar al Mundial de Qatar, tenía la mirada puesta en todos los jugadores de la liga que pudieran elevar el nivel del tri. Sendejas había llegado al América y estaba mostrando exactamente el tipo de fútbol que una selección necesita de un extremo.

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