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Gustavo Díaz Ordaz: El Secreto Oscuro tras la Noche de Terror de 1969… El Presidente MX más BRUTAL

 

Eran exactamente las 6:15 de la tarde cuando todo se partió en dos. El 2 de octubre de 1968, ] en una plaza rodeada de edificios de vivienda en el norte de la Ciudad de México, miles de estudiantes ] se habían reunido para lo que se suponía que sería una manifestación más, un mitín de protesta.

] Voces jóvenes que cantaban consignas, que alzaban el puño, que exigían lo que en teoría tenían derecho a exigir: ] diálogo, libertad, justicia. Había familias ] enteras en las gradas, madres con carritos de bebé, niños sentados sobre los hombros de sus padres, profesores universitarios, obreros, chicas de 20 años que habían ido con sus novios porque ese era el plan para esa tarde de otoño.

 Había un fotógrafo de la agencia Associated Press que tenía hambre y ] estaba pensando en que después del meting iba a ir a cenar. Había un periodista ] de un periódico de provincia que estaba en la ciudad por otras razones y había ido a cubrir el evento casi por casualidad. Había una mujer de 35 ] años que había ido a buscar a su hijo estudiante porque llevaba dos días sin noticias de él y estaba preocupada.

 Lo que vino después no ] tiene nombre limpio en ningún idioma. En cuestión de minutos, esa plaza, la plaza de las tres culturas ] en Tlatelolco, se convirtió en una trampa de precisión militar. El ejército la había rodeado sin que nadie lo viera llegar. Desde las ventanas de los edificios aledaños, francotiradores con guantes blancos en la mano izquierda abrieron fuego desde las alturas.

 Las bengalas verdes iluminaron el cielo como una señal de ejecución. Y lo que siguió fue una masacre que el gobierno de México pasaría los siguientes 30 años intentando borrar de la historia con la misma frialdad metódica con que había sido planeada. La cifra oficial de muertos que el gobierno publicó esa noche fue 27.

 ] Y si eso ya te parece una mentira, espera a que te diga lo que los documentos desclasificados revelaron décadas después. Espera a que te cuente lo que pasó con los cadáveres en los hospitales ] militares. Espera a que te diga lo que las familias encontraron cuando fueron ] a buscar a sus hijos y se encontraron con silencio, con paredes, con funcionarios que les ] decían que no había ningún registro de su nombre en ningún hospital, en ninguna ] cárcel, en ningún lugar. El hombre detrás de todo

eso tenía 57 años en ese momento. Usaba lentes de pasta negra, hablaba despacio con una adicción perfecta de abogado y en cada aparición pública sonreía con la serenidad de alguien que está completamente seguro ] de que la historia le va a dar la razón. Se llamaba Gustavo Díaz Ordaz. era el presidente de México ] y lo que vas a escuchar hoy sobre él va a hacerte entender por qué algunos países no solo producen ] presidentes, sino también monstruos con traje y credencial oficial. Monstruos que ] comen

besan a sus hijos antes de dormirse, que leen derecho y filosofía, que se persignan en la iglesia. Monstruos funcionales, ] que son los más peligrosos de todos porque nunca parecen monstruos hasta ] que ya es demasiado tarde. Porque hoy no solo te voy a contar lo de Tlatelolco, eso ya lo sabes de manera superficial.

 Hoy te voy a revelar cuatro cosas ] que la versión oficial lleva décadas ocultando con una meticulosidad que en sí misma constituye otro crimen. La primera, ¿quién dio exactamente la orden de matar ] esa noche? ¿Cómo se transmitió esa orden a través de las capas del aparato militar y policial ] mexicano? ¿Y qué dicen los propios documentos internos del gobierno? ] Los que estuvieron clasificados durante 30 años sobre el nivel de planificación previa que tuvo la ] Masacre.

 Porque esto no fue una reacción improvisada de un general desbocado. Fue una operación con nombre en código, con unidades previamente asignadas, con tiradores en posición horas antes de que llegara el primer estudiante. ] Fue una trampa. La segunda, lo que Estados Unidos sabía ] antes de que cayera el primer disparo, porque la CIA y el Departamento de Estado de Washington tenían ] información sobre lo que iba a pasar en esa plaza.

Tenían nombres, tenían estructura de la operación, tenían informantes dentro del aparato de seguridad mexicano y tomaron una decisión muy específica ] sobre qué hacer con esa información. Una decisión que cuando la conozcas vas a tener que tomarte un momento para procesar.

El destino del hombre que quiso asesinar al presidente Gustavo Díaz Ordaz -  Yahoo Noticias

 La tercera, ] el número real de muertos. 97. No. 35. El horror verdadero que se escondió durante décadas. ] Los cadáveres que desaparecieron en hospitales militares sin dejar registro, los nombres ] que nunca llegaron a ninguna lista oficial, las familias que durante años fueron a buscar a sus hijos y se encontraron con un muro de silencio institucional que fue en sí mismo ] otra forma de violencia.

Y la cuarta, la que te voy a guardar para el final, porque es la más perturbadora de todas. Lo que el propio Díaz Sordaz dijo sobre Tlatelolco ] en 1975, 7 años después de la masacre. Una declaración que hizo con la misma frialdad clínica con que un cirujano describe una operación exitosa. Porque no fue un arrepentimiento, no fue una disculpa, ] no fue el gesto del hombre que carga con el peso de lo que hizo, fue algo mucho, mucho peor.

 Y cuando lo escuches, ] vas a entender exactamente qué tipo de hombre llegó a la presidencia de México en ] 1964. Quédate porque si te vas antes del final, te pierdes la parte donde todo lo que creías saber sobre México, sobre el ] poder y sobre cómo se construye la impunidad desde adentro te explota en la cara.

 Para entender a Gustavo Díaz Oordaz, ] tienes que ir a un lugar que muy poca gente fuera de Puebla conoce, un pueblo del estado de Puebla llamado San Andrés ] Chalchico Mula. Hoy ese lugar se llama Ciudad Cerdán. en honor a los hermanos Cerdán, ] los primeros mártires de la Revolución Mexicana, los que se atrincheraron en su casa el 18 de noviembre de 1910 ] y resistieron al Ejército Federal hasta que los masacraron.

 Ese dato geográfico tiene una ironía que no es pequeña. Díaz Oordaz nació en el municipio que lleva el nombre de personas que murieron resistiendo al poder del estado ] y décadas después se convertiría en el hombre que usó ese mismo estado para matar a quienes ] se atrevían a resistir. En ese pueblo nació Gustavo Díaz Ordaz el 12 de marzo de 1911.

Era plena revolución mexicana. El país estaba ] en llamas. Madero acababa de derrocar a Porfirio Díaz. Las tropas ] zapatistas controlaban amplias zonas del sur. Villa sembraba el caos en el ] norte y en Puebla, que era un estado profundamente marcado por las tensiones entre el clero católico, la burguesía local y ] los sectores agraristas que querían la tierra que los ascendados tenían concentrada.

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