Corría el año 2017 cuando Unai Emery lo vivió primero que todos. En el 2018 Tomás Tuchel lo documentó, luego Mauricio Pochetino lo sufrió. Galtier llegó y encontró el mismo monstruo. Luis Enrique lo gritó al mundo entero y nadie le hizo caso. Ancelotti lo intentó gestionar y falló.
Xavi Alonso pagó el precio y Arbeloa ya no lo pudo controlar. Ocho entrenadores, ocho hombres que vieron la misma verdad que Mbappé no construye equipos, los destruye desde adentro con su ego, con su necesidad de controlarlo todo, con su incapacidad de subordinarse a cualquier idea que no gire alrededor de él. Y el mundo los ignoró a todos.
Eligió creer en los goles, en los titulares, en la imagen de portada. Mientras el PSG acumulaba fracasos europeos con él y el Real Madrid se hundía en dos temporadas de nadaplete consecutivo con el dictador en el vestuario. Hoy vamos a escuchar a todos los que nadie quiso escuchar porque tenían razón.
Todos y cada uno de ellos nos lo advirtieron. Hoy repasamos el colapso y el incendio que todos intentaron apagar. Sin piedad, sin filtro y sin censura. Unai Emery llegó al PSG en 2016 con la misión más difícil del fútbol europeo, transformar a un club millonario lleno de egos en un equipo capaz de competir por la Champions League, un reto descomunal para cualquier entrenador.
Y Emery lo sabía. Lo que quizás no calculó del todo era la dimensión del problema que tenía en el vestuario con un Mbappé que llegó en 2017 con 18 años recién cumplidos. procedente del Mónaco donde había sido la sensación de Europa. Un chico joven, brillante, desequilibrante, pero con una mentalidad que desde el primer día dejó claro que no había llegado al PSG a aprender, había llegado a mandar.
Emy intentó integrarlo en un sistema. Intentó que entendiera que junto a Neymar, junto a Cavani, dentro de un vestuario con figuras de primer nivel, debía encontrar su lugar sin pisarle el espacio a nadie. Las conversaciones existieron, las advertencias también, pero Mbappé tenía el respaldo de la directiva desde el primer día.
Los jeques lo habían traído como el proyecto, como el futuro, como la apesta más cara de la historia del club. Y cuando un jugador sabe que la institución está de su lado, independientemente de lo que diga el entrenador, la autoridad técnica se convierte en papel mojado. Emery duró dos temporadas. salió con el título de liga francesa en el bolsillo, pero sin haber conseguido lo único que importaba en París, la Champions, y con la sensación de que había intentado construir un equipo donde el proyecto de Mbappé siempre fue más importante que
cualquier idea colectiva. Fue el primero en verlo, no fue el último en pagarlo. Thomas Tuchel llegó al PSG en 2018 convencido de que podía construir algo real. Venía del Dortmund, donde había demostrado que sabía trabajar con talentos jóvenes y moldearlos dentro de un sistema colectivo sin aplastar su creatividad.
Tenía ideas claras sobre la jerarquía, la disciplina y el trabajo en equipo. Y desde el primer día chocó con una realidad que nadie en la directiva quería reconocer. Mbappé con 19 años y una Copa del Mundo recién ganada se comportaba como el dueño del equipo. No del equipo que era en ese momento, sino del equipo que él quería que fuera.
daba indicaciones a compañeros sin que nadie se lo pidiera. Exigía el balón en cada jugada, cuestionaba decisiones tácticas que no lo favorecían directamente y llegaba tarde a los entrenamientos como si las normas del grupo no aplicaran para él. Tuchel respondió como responde cualquier entrenador serio, con disciplina.

Cuando Mbappé llegó tarde a un entrenamiento en la previa de un partido ante el Marsella, Tuchel lo dejó en el banquillo. No jugó. Era una advertencia clara. Aquí las reglas aplican para todos sin importar el apellido ni el precio del traspaso. La reacción fue inmediata y brutal. La afición, los ultras, los medios locales atacaron a Tugel por atreverse a sentar a la estrella más importante del club por una falta de disciplina.
El contexto resultaba obsceno. Un entrenador, siendo criticado por exigir puntualidad a un jugador de 20 años, pero así era el PSG de Mbappé. La realidad dentro del club se medía con parámetros completamente distintos al resto del mundo. Mbappé volvió a llegar tarde. Esta vez fue Gianluigi Buffón, la leyenda italiana que ese año jugaba en el PSG, quien intervino.
El vídeo de Buffón dándole una lección de disciplina a Mbappé mientras Tuch observaba desde atrás se hizo viral. decía todo lo que había que decir sobre cómo había llegado la situación a ese punto. Que el mensaje de disciplina tuviera que venir de un compañero de 40 años y no pudiera simplemente imponerlo, el entrenador era la señal más clara del problema real.
El momento que definió la relación llegó el primero de febrero de 2020. El PSG goleaba 5-0 al Montpelier. Tuchel decidió sustituir a Mbappé al minuto 68 para darle minutos a Cavani e Icardi, dos jugadores que llevaban semanas relegados y que lo merecían. La respuesta de Mbappé fue ignorar a su entrenador y caminar directo al banquillo sin ni siquiera mirarlo.
Tugel lo detuvo físicamente, lo agarró del brazo y le explicó durante 15 segundos las razones del cambio. Las cámaras captaron todo. Al día siguiente, Tuchel tuvo que salir a una rueda de prensa a recordar públicamente que él era el entrenador y que las decisiones las tomaba él, no Mbappé. les sortir contre contre Nant et maintenant euh très tard mais c’était 3 31 3 pour nous et c’était le match était c’était très tard et j’ai décidé et c’est c’est c’est oublié maintenant parce que on doit admiter que que Tupo doit faire le respect pour Chupo. Il a
mérité de jouer. C’est c’est les décisions de de moi et il accepte mais il n’est pas heureux mais pas de grandchose. Un entrenador de primer nivel conal de Champions en el currículum de esa misma temporada, obligado a defender su autoridad ante los medios porque un jugador de 21 años no aceptaba ser sustituido.
Esa final de Champions llegó en agosto de 2020 en Lisboa. El PSG alcanzó la final por primera vez en su historia. Cayeron ante el Bayern de Hansy Flick por 1 a0. Fue la mejor temporada del PSG en Europa hasta ese momento. Itchel fue despedido meses después con el equipo en lo más alto de la liga francesa en una decisión que nadie supo explicar con argumentos deportivos.
La explicación real todos la conocían. Mbappé quería irse al Real Madrid. Los jeques necesitaban mantenerlo contento y el entrenador que más había exigido de él terminó siendo el sacrificado en ese altar. Thomas Tugel se fue al Chelsea y ganó la Champions League en su primera temporada. El PSG siguió buscando quien aguantara lo que él no quiso tolerar.
