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El CASO que CAMBIÓ la HISTORIA de MÉXICO… | Historia Completa de Genaro García Luna

 

En este Jet viaja uno de los hombres más temidos y poderosos de México. Después de dos fugas y una carrera de más de dos décadas, su final llegaría, una figura reconocida mundialmente. Pero su ascenso jamás habría sido posible sin esta persona. Genaro García Luna, un funcionario que en su tiempo llegó a ser más influyente que cualquier organización criminal.

 Pues verás, es el tipo de persona con la que jamás quisieras tener un problema. O terminarás como aquel legendario capo que creyó que era muy buena idea privar de la libertad a Genaro, un experto en técnicas de espionaje y manipulación, formado por agencias como el FBI, la CIA e incluso el Mossad, para muchos tenía más poder que incluso el mismísimo presidente.

 Sin él, el ascenso de Joaquín jamás habría sido posible. Él fue el arquitecto detrás de la expansión de Sinaloa en el mundo entero y aún así su historia sigue siendo poco conocida. Una historia increíble, no solo porque se convirtió en el mayor caso comprobable de corrupción en México, sino porque incluso cuando todo parecía perdido, desde una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos, estuvo muy cerca de eliminar a testigos clave para cambiar su destino.

[Música] En la Casa Blanca, el presidente Richard Nixon se prepara para hablar frente a las cámaras. Lo que está a punto de anunciar cambiará la vida de millones de personas, incluso la de un niño de apenas 3 años en la Ciudad de México, Genaro García Luna, que sin que él lo supiera, su destino comenzaba a ser escrito por un presidente norteamericano.

Estados Unidos detectaba una amenaza, el consumo de sustancias nocivas dentro de su propia población, una emergencia nacional. Y como cualquier potencia, miró hacia afuera para encontrar la raíz del problema. Centroamérica y en especial México. Al menos en teoría sonaba lógico, pero entonces algo salió terriblemente mal.

El caso Camarena, un agente estadounidense en Guadalajara. Un hecho tan impactante que no solo estremeció a Washington, sino que también reveló una verdad incómoda. Las instituciones mexicanas estaban profundamente comprometidas. Para Estados Unidos, aquello fue la señal definitiva de que ya no podía confiar en las corporaciones locales y al mismo tiempo la excusa perfecta para ampliar su presencia e influencia en los asuntos de seguridad de México como nunca antes.

 Y fue en medio de este escenario marcado por la desconfianza y la intervención extranjera, donde la historia de Genaro García Luna comenzó a tomar forma. Y así, presionado por Washington, el gobierno mexicano comenzó a reestructurar sus instituciones de seguridad. La Procuraduría General de la República recibe nuevos recursos.

 La Dirección Federal de Seguridad, la famosa DFS, se disuelve señalada por prácticas cuestionables y de sus cenizas nace un organismo, el CISEN, el centro de investigación y seguridad nacional, algo muy cercano a la CIA. Una nueva apuesta para controlar la información, vigilar y de paso calmar a Estados Unidos.

 Pelota ahí para Juan Antonio Luna. El toque para Aguirre. Aguirre. ¡Gol! [Música] Han pasado 14 años. El pequeño Genaro ya no es tan pequeño. Es un adolescente de 17 años. Vive en la colonia Romero Rubio. Es de clase baja, muy baja, a decir verdad, pero a él solo le importa una cosa, el fútbol. Según muchos, sería en esta etapa de su vida cuando Genaro ya daba indicios de la persona que podría llegar a convertirse.

 Su sueño era, claro, vestir la camiseta del América y lo buscó con disciplina. Defensa central era fuerte, era potente, aparte que no era muy alto, cabeceaba bien, era de carácter fuerte, técnicamente no era excelente, pues tampoco era nada malo. Parece que era un buen deportista, no era sobresaliente, pero era buen muy buen deportista.

 Y te digo, el fútbol lo jugó bien, no un crack, pero lo jugó bien. Sus compañeros lo recuerdan como defensa central, trabajador, disciplinado, tranquilo, incluso tímido. No era la estrella del equipo, pero tampoco un problema. Un muchacho aplicado que no se metía en líos y que jugaba con entrega. Pero pronto ese sueño se truncó.

Ya no lo dejaron este acudir por la escuela. tuvo que salir del América y me lo llevé a jugar al América Gam y él jugó ahí como hasta los 18 años, 19. Él ya cuando se salió de América que ya su papá lo obligó a que estudiara, eran muy pobres, o sea, la situación era muy difícil, pues el papá era muy enérgico, todos seguí estudiando porque todos las hermanas y todos tienen carrera este profesionista.

 Apenas un año después de dejar el fútbol, su vida tomó un nuevo rumbo. 1985, el año del temblor. Doy la más cordial bienvenida a los equipos participantes en este campeonato mundial de fútbol. Como su padre quería. En 1986 inscribió en la carrera de ingeniería mecánica en la Universidad Autónoma Metropolitana en Azcapotzalco. Pero Genaro no era un estudiante cualquiera, pues incluso antes de terminar sus estudios entró a trabajar en el recién creado Centro de Inteligencia Mexicano.

El Sisen. El propio Genaro contó en un libro que llegó allí como un ciudadano sin privilegios. sin influencias ni recomendaciones, que presentó exámenes, pasó pruebas de confianza y entró como analista en cuanto terminó su carrera. Él mismo lo describía de una forma curiosa. Como en las películas decía, “Las agencias de inteligencia van a las universidades a buscar jóvenes para reclutarlos.” Eso me pasó a mí.

 Añadía que todo había sido, como en The Recruit, una de sus películas favoritas. Yo recuerdo un hombre muy serio, muy discreto, se subordina su mando y tiene escogidas reducciones de amistad. Él trataba siempre de protagonizar y empezó a a engañar. Engañó a todos porque montó todo un show, un teatro. Su talento era convencer a presidentes.

Pues ahora sí era una que no más iba a aprovechar el ahora sí el puesto que tenía. Genaro empezó desde abajo, pero siempre supo que ese no sería su destino. Tenía la certeza de que lo esperaba algo más grande, aunque al inicio entendía muy bien su papel. Era el joven que se ofrecía a abrir la puerta a sus jefes, a cargar los maletines.

Un detalle que parece menor, pero que dice mucho. Sabía que para subir había que empezar desde lo más bajo. Tenía además un obstáculo personal, un problema de tartamudez que trabajó constantemente para superar. Respecto al número de secuestros, se carpeta, con todo gusto lo lo vuelvo a referir. Por eso en esos primeros años prefería no hablar demasiado.

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