Sus botas de prisión golpean el piso del patio en ritmo regular mientras camina, mientras atraviesa el espacio abierto donde todos los otros reclusos lo observan, pero no lo ven. Su mente trabaja a velocidades imposibles. Calcula, planifica, evalúa. Porque Joaquín Guzmán no es alguien que simplemente acepte una orden como esa, sin razón, sin contexto, sin entender las capas de significado que están debajo.
Algo está sucediendo. Palma está haciendo un movimiento. Pero, ¿cuál es exactamente? Es una demostración de poder antes de un cambio de administración que ambos pueden sentir acercándose, ¿es una amenaza encubierta de que las cosas van a cambiar? ¿Es una prueba de lealtad disfrazada de humillación? ¿Es un acto de desesperación de un hombre que siente que está perdiendo control? El Chapo ha vivido lo suficiente, ha sido lo suficientemente inteligente para saber que en el mundo criminal mexicano cada acción tiene
múltiples capas, múltiples significados, múltiples propósitos ocultos. En el interior de la prisión, en los pasillos de cemento gris, donde los fluorescentes zumban constantemente como si fueran insectos electrónicos atrapados en cajas de acrílico, el Chapo se dirige a su celda. Su compañero de celda es un narco menor, un distribuidor de la plaza de Monterrey que apenas lo mira cuando entra.
El hombre sabe mejor que hablar cuando el Chapo está en un estado así, cuando su mente está procesando información que otros no pueden percibir, cuando sus ojos tienen ese brillo particular que sugiere que está calculando múltiples escenarios simultáneamente, el Chapo se sienta en su catre, en ese catre que ha sido su cama durante años, que ha sido más su hogar que muchos de los hogares que ha tenido en su vida.
y comienza a pensar en Palma. Palma, quien hace 3 años hizo que asesinaran a un rival del Chapo dentro de la misma prisión, eliminando un problema. Palma, quien ha sido beneficiario de millones en sobornos que han transformado su vida. Palma, quien le debe favores al Chapo más de lo que el Chapo le debe a él, aunque el dinero y los favores siempre complican estas ecuaciones matemáticas.
Entonces, ¿por qué esta orden de repente? ¿Por qué ahora en enero de 2014 específicamente? ¿Por qué precisamente esta noche del jueves 19 de enero el Chapo recuerda cada conversación con palma, cada transacción económica, cada momento donde se han mirado directamente a los ojos con comprensión mutua? Recuerda cuando los federales hicieron ese último intento fallido de capturarlo hace unos meses.
Recuerda vívidamente que Palma fue informado con anticipación de la operación planeada y lo protegió de manera extraordinaria. Lo escondió en una celda falsa, lo mantuvo a salvo, salvaguardó su libertad condicionada. Recuerda que el Chapo ha sido el recluso más rentable, más lucrativo que Palma ha tenido jamás en sus 30 años de encarcelamiento en varias prisiones, que sus millones de pesos en sobornos han convertido al altiplano en la prisión más lujosa para los criminales ricos, más cómoda en muchos aspectos que muchos hoteles de cinco estrellas en
Cancún o en Playa del Carmen. Pero tal vez eso es precisamente el problema fundamental. Tal vez Palma sintiendo en sus huesos, en su intuición criminal, que sus días de poder absoluto están terminando, que algo en el aire político ha cambiado, que los políticos que lo protegían en México están retirándose de sus compromisos.
Quiere dejar constancia pública de su superioridad. Quiere recordarle al Chapo de manera clara e innegable. Quiere recordarle a sí mismo, reflejar en los zapatos relucientes que aunque el Chapo sea el narcotraficante más poderoso de México, aunque tenga millones de dólares, aunque controle un imperio criminal en altiplano dentro de estas paredes de cemento, palma es Dios, palma es la ley.
Son las 9:45 de la noche cuando el Chapo camina hacia la celda de Palma. En el módulo de máxima seguridad. Los pasillos están silenciosos a esta hora, mortalmente silenciosos. Solo se escucha el zumbido de los fluorescentes y el sonido distante de los guardias haciendo su ronda cada 20 minutos. En patrullas predecibles hay ventanas de oportunidad, ventanas donde el Chapo podría hacer lo que quisiera, donde podría desaparecer una persona, donde los crímenes pasan sin ser registrados.
Pero no viene a hacer eso esta noche. Lleva consigo un paño limpio que ha conseguido de la lavandería, cera de zapatos que algunos reos usan para cuidar el calzado que han robado o que les han regalado. Todo lo necesario para hacer brillar el cuero como espejo, para convertir el trabajo en un acto de maestría.
Es casi cómico la absurdidad de la situación si alguien de afuera la comprendiera. el hombre más buscado de México, un narcotraficante que ha construido un imperio criminal que valía miles de millones de dólares, que ha ordenado la muerte de cientos de personas, que ha movido toneladas de cocaína a través de México hacia Estados Unidos, están a punto de arrodillarse y limpiar zapatos por orden de un jefe de penitenciaria.
Es como si alguien hubiera escrito el guion de una película que nadie creería. Cuando el Chapo llega a la celda de Palma a las 9:59 de la noche, Palma está esperando descalzo con los zapatos que quiere limpiados descansando sobre la mesa pequeña de hierro de su celda. Son botas de cuero negro, italianas probablemente con la suela de goma cara, robadas de algún oficial penitenciario de nivel alto o compradas con dinero ilícito que circula constantemente por los pasillos de altiplano.
El Chapo entra en la celda sin tocar, sin pedir permiso. Cierra la puerta detrás de él con un sonido suave. No hay testigos. Esto es privado. Esto es entre dos hombres solos en una celda de máxima seguridad. No importa de dónde vienen los zapatos exactamente, lo que importa, lo que realmente importa en este momento es lo que está a punto de ocurrir.
El Chapo se arrodilla sin que se lo ordenen explícitamente, como si su cuerpo supiera exactamente qué hacer. Es un gesto que causa algo parecido al dolor, no física, sino emocional, espiritual, existencial. Causa dolor porque representa algo más que simplemente arrodillarse en el piso de cemento de una celda. Aquí está Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el Chapo, de rodillas en una celda de una prisión mexicana limpiando los zapatos de otro hombre.

La escena es casi bíblica, casi religiosa, como si estuvieran en una iglesia en lugar de en una prisión, como si fuera un ritual de penitencia que ambos hombres comprendieran sin necesidad de palabras. Palma lo observa desde su catre con esa sonrisa que no llega a sus ojos, esa sonrisa que es pura satisfacción animal.
El Chapo comienza a trabajar sus movimientos precisos, meticulosos, cada gesto calculado. Sus manos, manos que han ordenado muertes con un simple movimiento de dedos, que han firmado sentencias de ejecutivos, ministros de gobierno, generales del ejército. Ahora se ocupan de pulir cuero negro hasta que brille bajo la luz pobre de la celda, bajo la bombilla de 60 W, que Palma tiene cuidadosamente ajustada para que ilumine exactamente lo que él quiere que brille.
Es una fotografía de la caída de alguien, una imagen de lo que significa el poder cuando no es infinito, cuando definitivamente hay alguien más arriba en la cadena, cuando alguien que creías que estaba completamente bajo tu control de repente te recuerda exactamente dónde estás en la verdadera jerarquía, cuáles son los límites reales y no negociables de tu autoridad.
Mientras trabaja, mientras sus dedos frotan la tela de algodón contra el cuero negro en movimientos circulares precisos y deliberados, el Chapo habla no porque quiera hablar, sino porque algo en su mente necesita hacerlo urgentemente. Necesita comprender las motivaciones profundas de Palma. Necesita saber qué es lo que realmente está ocurriendo en esta celda a las 10 de la noche en enero de 2014.
Necesita descubrir la verdad detrás de este acto. Cuéntame, jefe, ¿por qué esto exactamente? ¿Por qué ahora en este momento? ¿Por qué precisamente hoy? ¿Por qué precisamente esta noche decides que necesitas que ocurra esta humillación específica? Palma se recuesta contra la pared de cemento de su celda, sus ojos oscuros como pozos observando cuidadosamente el trabajo que el Chapo está realizando, observándolo como quien observa ama a un artesano altamente entrenado en su oficio, como quien está viendo algo confirmado, algo que valida una teoría que ya había
desarrollado. Porque puedo, Chapo. responde palma con una calma que es más efectiva que cualquier agresión, que cualquier grito. Porque durante 13 años te has comportado como si fueras el dueño de esta prisión, como si fueras el rey de altiplano, como si yo fuera tu empleado, tu gerente, tu subordinado que existe simplemente para facilitarte la vida cómoda.
He visto cómo funcionan las cosas cuando llegan órdenes de arriba. Desde la ciudad de México, desde Palacio Nacional, he visto como los políticos que te protegían comienzan a retirarse, a tomar distancia cuidadosamente, a negar que alguna vez te conocieron, a fingir que nunca recibieron dinero de ti.
Escuchado rumores, no especulación, sino información concreta de que el gobierno quiere quitarte de aquí, trasladarte a otra prisión o incluso peor entregarte a los americanos, a la DEA, a Homeland Security. El Chapo continúa limpiando, pero sus manos se tensan imperceptiblemente. Sus dedos se presionan más fuertemente contra el cuero negro.
El estrés físico se manifiesta en los dedos, en la presión que aplica contra el material. Eso no es verdad, jefe. Esos son solo rumores que los enemigos propagan, que tus rivales quieren que creas para desmoralizarte. Palma sonríe con una expresión que no tiene nada de alegría en ella. ¿Verdad o no? Ya no importa demasiado, responde Palma con una voz que es casi compasiva.
Y hay algo en su tono que sugiere que habla con conocimiento de hechos que el Chapo aún desconoce completamente. Lo que importa es que alguien necesita recordarte cuál es tu lugar real, dónde estás realmente en la cadena de poder. aquí adentro. No dentro de estas paredes donde tu dinero tiene poder absoluto.
No aquí donde los guardias están comprados con tus millones. No aquí donde tus órdenes se cumplen sin cuestionamiento. Donde tu palabra es ley. Tu lugar real es siendo un prisionero. Un prisionero muy especial. Sí. Un prisionero con privilegios que otros no tienen, pero un prisionero al fin y al cabo. Eres un hombre sin país, chapo.
Un hombre cuya fortuna, tan grande como es, no puede comprar su libertad. Un hombre cuyo poder tiene límites que ni siquiera puedes ver desde donde estás ahora. El Chapo termina de pulir los zapatos y se los presenta a palma. El jefe se los coloca lentamente, toma su tiempo, quiere disfrutar este momento.
Se levanta y camina hacia el espejo diminuto que tiene en su celda. Apenas lo suficientemente grande para ver la cara, pero lo suficiente para ver también los pies. Los zapatos brillan, reflejan la luz de la lámpara de quereroseno que alumbra la celda. Lucen casi nuevos. Lucen mejor ahora que cuando Palma los adquirió. El trabajo del Chapo ha sido impecable, ha sido de artista.
Palma se observa en el espejo durante varios minutos, estudiando su propio reflejo en el cuero que el Chapo acaba de pulir, leyendo la historia de su propio poder reflejada en ese brillo. “Perfecto”, dice finalmente Palma, girándose completamente para mirar directamente al Chapo que permanece de rodillas en el piso de la celda.
Eres muy bueno en esto, chapo. Realmente muy bueno. Tal vez si las cosas no hubieran salido como salieron en tu vida, si hubieras tomado decisiones diferentes hace 30 años, podrías haber sido zapatero, un maestro zapatero incluso. Podrías haber tenido un pequeño negocio en Culiacán reparando zapatos para la gente del pueblo, viviendo una vida normal, viviendo una vida donde durmierás tranquilo.
Podría haber sido muchas cosas. Contesta el Chapo con voz que mantiene su dignidad a pesar de la posición física que ocupa. Exactamente. Dice Palma con una sonrisa que ahora sí tiene algo de genuino. Siempre el Chapo, siempre pensando en lo que podrías haber sido en lugar de aceptar lo que eres. Es ese tu problema. ¿Sabes que crees que todavía tienes opciones? que crees que todavía hay tiempo para cambiar de camino, pero la verdad es que ya hace mucho que perdiste la oportunidad de ser algo diferente.
El Chapo se levanta lentamente de sus rodillas. El dolor se manifiesta en sus movimientos, sus músculos protestando después de estar doblado durante tanto tiempo sobre el piso de cemento frío de la celda. Se dirige hacia la puerta de la celda con pasos. que son más lentos que cuando entró, cuando está a punto de salir, cuando su mano ya está agarrando la manija metálica de la puerta.
Palma dice algo más que hace que el Chapo se detenga completamente. Su cuerpo se paraliza como si hubiera sido golpeado por algo invisible. Chapo, una cosa, una última cosa que necesito decirte antes de que te vayas. El Chapo se voltea completamente hacia Palma, sus ojos penetrantes buscando información en la cara del hombre.
Esa orden que te acabo de dar, la de limpiar mis zapatos. Esa es la última orden que voy a darte en tu vida. Créeme cuando te lo digo. Es la última. El Chapo estudia a Palma cuidadosamente, analizando cada expresión, cada gesto. ¿Por qué, jefe? ¿Qué quieres decir exactamente con eso? ¿Por qué sería la última? Porque después de hoy, después de esta noche, ya no voy a estar en posición de ordenarte nada.
Ya no tendré autoridad sobre ti o sobre alguien más. Dentro de 3 días, dentro de 72 horas exactas, los abogados de mis víctimas ganaron finalmente la batalla que llevaban años, años litigando en los tribunales. He sido procesado, condenado y ahora voy a ser extraditado a Estados Unidos. Voy a ser entregado a los federales americanos.
He pasado 35 años de cárcel aquí en México. Trabajé para Los Arellano Félix cuando eran los reyes del cártel. Trabajé bajo el Chapo antes de que fueras tú. He visto el imperio del narcotráfico evolucionar, transformarse, mutar. Y ahora todo se acaba para mí. Ahora todo termina. Mañana a esta hora estaré en un helicóptero militar siendo trasladado.
La semana que viene estaré en una prisión americana en Supermax probablemente, donde no tendré contacto con nadie, donde mis órdenes no significarán absolutamente nada. Palma hace una pausa. El Chapo permanece en silencio absoluto. La revelación es como un tsunami silencioso que reordena todo en la mente del Chapo. Palma se va. La dinámica de poder que han mantenido durante años desaparece como humo bajo el sol del mediodía.
El Chapo se queda en silencio completo, sus ojos oscuros analizando lo que acaba de escuchar, procesando cuidadosamente las implicaciones profundas de cada palabra que Palma pronunció. Su cerebro criminal, el cerebro de alguien que ha pasado décadas calculando variables en una ecuación de poder. Calcula, reorganiza, recalcula.
Analiza como esto cambiará todo. Analiza como la ausencia de Palma lo libera y lo encarcela botáneamente al mismo tiempo. Palma se va. El equilibrio que han mantenido durante años desaparece como humo que se disuelve en el aire. Significa que el nuevo jefe de penitenciaria no será alguien que ha hecho un trato con el Chapo, alguien que entiende cómo funcionan realmente las cosas en una prisión como altiplano.
Significa caos potencial, significa riesgos que no ha tenido que calcular antes de esta noche. Significa que su permanencia en altiplano se vuelve cuestionable, que sus años de relativa comodidad dentro de la prisión podrían terminar abruptamente. Pero más que eso, infinitamente más que eso, significa que Palma, sabiendo que sus días de poder están terminando, sabiendo que en 72 horas será trasladado a Estados Unidos, decidió pasar su última noche de autoridad absoluta dentro de Altiplano, humillando al único
hombre en la penitenciaria que podría haberlo desafiado directamente. No era por dinero, no era por venganza personal. Era por poder puro, era por el lujo exquisito de ejercer autoridad sobre el tipo de persona que nunca antes había tenido que reconocer subordinación. El Chapo sale de la celda y camina por los pasillos de altiplano con una velocidad diferente de la que tenía cuando entró, con una determinación diferente que refleja a alguien que acaba de comprender algo fundamental.
va directamente a hablar con sus abogados, usando los teléfonos que tiene acceso mediante soborno, rompiendo los códigos britten de la prisión que normalmente respeta. va a comenzar a mover piezas en el tablero de ajedrez extraordinariamente complejo, que es su imperio. Porque si Palma se va mañana, si el equilibrio de poder desaparece, la dinámica de altiplano cambia completamente y el Chapo necesita estar preparado, necesita anticiparse a lo que viene, necesita reorganizar completamente su imperio carcelario antes de que el nuevo
director, alguien desconocido, alguien que no tiene un trato con él, llegue. En los meses siguientes, después de aquella noche en altiplano, después de que el Chapo haya procesado lo que Palma le reveló, Héctor Palma Cervantes es efectivamente extraditado. Nadie lo saca en medio de la noche, nadie lo traslada en secreto.
La extradición es tan pública como puede serlo una extradición en México. escoltado fuera de altiplano en una operación militar encubierta que probablemente fue coordinada con meses de anticipación por autoridades en Washington y en la capital mexicana. El Chapo ve como lo sacan desde los cristales blindados de su celda.
Observa cómo es conducido por guardias federales. Ve como lo suben a un helicóptero militar Black Hawk. ve como desaparece hacia el norte, hacia Estados Unidos, hacia un encarcelamiento diferente, más frío, más duro, donde sus órdenes no significarán absolutamente nada. El Chapo permanece en altiplano en su celda de máxima seguridad, observando como el nuevo director toma posesión de la prisión, observando como la dinámica de poder se reorganiza sin su influencia directa, observando todo con la paciencia de quien sabe que estos
momentos de cambio son apenas temporales, que todo puede cambiar nuevamente.