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Sasha Sokol: Tenía 14 Años y Nadie la PROTEGIÓ del Hombre que lo Decidía Todo

No lo es. Hoy vas a  descubrir cuatro cosas que casi nadie te explicó bien. Primero,  cómo una niña de 14 años podía quedar completamente en manos de un solo hombre dentro de la maquinaria  de Televisa y por qué ni siquiera sus propios padres lograron sacarla  de ahí. Segundo, las palabras exactas que ese hombre dijo frente  a una cámara en 2022, sin imaginar que se estaba condenando solo.

Tercero, lo que le costó a Sasha que durante años la trataran de  exagerada, de mentirosa, de mujer dolida que inventa, mientras él calificaba su denuncia de imaginaria. Y cuarto, ¿por qué después de ganar en la máxima instancia  de justicia que existe en México, ese hombre todavía hoy, en este mismo  año se niega a pedirle perdón? Te voy a avisar  cuando llegue cada una.

Pero para entender cómo fue posible que esto ocurriera delante de todo un país y nadie hiciera nada, necesitas conocer el mundo que construyó a esa niña. Porque esta historia no empieza  el día que ella habló, empieza mucho antes y empieza con algo que tú probablemente  viste en tu propia sala.

Vamos a 1982. En esos años la televisión en México era una sola  cosa y esa cosa se llamaba Televisa. No  había competencia real, no había internet, no había manera de que una  voz pequeña le ganara a la voz grande. Lo que  Televisa decidía que era una estrella, era una estrella.

Lo que Televisa decidía borrar desaparecía y dentro  de Televisa había una escuela, un lugar donde llevaban a los niños  con talento para convertirlos en lo que el negocio necesitara. Se llamaba  el centro de educación artística, el CEA. Ahí  entró Sasha cuando tenía apenas 10 años.

Imagínate a esa niña, una niña de 10 años que estudia baled, que canta, que tiene  una luz distinta. Sus papás, Magdalena y Miguel, la llevan a clases pensando  que es una actividad bonita para una niña con energía. Nadie  en esa familia imagina lo que viene, porque en ese momento dentro de  Televisa, un productor estaba buscando algo muy específico.

En España triunfaba  un grupo de niños que cantaba y bailaba, un grupo llamado Parchís, que vendía  discos por millones. Y un hombre de la televisión mexicana pensó, “Yo puedo hacer eso aquí. Yo puedo armar a los niños cantores de México. Ese hombre  se llamaba Luis de Llano Macedo. Recuerda ese nombre.

Va a estar en  cada minuto de esta historia. Luis  de Llano no era un hombre cualquiera dentro de ese mundo.  Venía de la realeza de la televisión mexicana. Su madre era Rita Macedo, una de las actrices más  hermosas y respetadas de la época de oro del cine. Su padre, Luis de Llano  Palmer, había sido un pionero, uno de los hombres que literalmente construyó la televisión  en este país.

Él creció entre foros, entre cámaras,  entre estrellas. sabía cómo funcionaba la máquina por dentro porque su familia la había ayudado a construir. Cuando él  decía algo en Televisa se hacía. Cuando él elegía a alguien esa persona subía y cuando él dejaba de elegirte, te apagabas. Con ese poder de Ya no hizo audiciones en el CEA.

Buscaba niños que cantaran,  que bailaran, que tuvieran carisma frente a la cámara. Y entre todos esos niños eligió a Sied Benny Ibarra, Diego Sconing,  Alex Bauer, Paulina Rubio, Mariana Garza y a esa niña de pelo castaño  y sonrisa enorme. Sasha. Así  nació Timbiriche y tú lo viviste.

Tú te sabías las canciones. La vida es mejor cantando. Corro, vuelo, me acelero. Tus hijos las cantaban o tú las  cantabas o las dos cosas. Para el país entero,  Timbirich era el grupo así, sin más. El fenómeno infantil y juvenil más grande que había  tenido México hasta ese momento.

 Discos oro, discos de platino,  estadios llenos, gritos de niños y de adolescentes que veían en esos siete chamacos un espejo de sí mismos. Y para que  dimensiones el tamaño de su sombra, piensa en todo lo que ese hombre construyó  además de Timbiriche. A lo largo de su carrera armó y desarmó proyectos como quien acomoda fichas  en un tablero.

Estuvo detrás de Garibaldi, ese grupo  que medio país bailó años después. estuvo metido en programas, en  festivales, en producciones que marcaron generaciones. Tiempo  atrás había tenido que ver hasta con Abándaro, aquel festival de rock que en su momento  sacudió a México entero.

para el medio  era un visionario, un creador con un ojo mágico para encontrar estrellas. Y a un hombre así en aquel mundo se le perdonaba prácticamente todo. Había  en su sangre, además lazos con lo más alto de la cultura del país.  Una de sus medias hermanas era hija de su madre y de Carlos Fuentes, una de las plumas  más grandes que ha dado México.

Este hombre no llegó a la cima por su esfuerzo.  nació arriba. Creció sabiendo que las puertas se le abrían solas,  que los foros eran su casa, que el espectáculo le pertenecía  un poco por herencia. Cuando alguien con todo ese peso pone su atención en una niña que trabaja dentro de su propia producción, ya no existe equilibrio posible.

Lo que  ella diga no vale lo mismo que lo que diga él. Nunca. Él es el adulto, el jefe, el dueño del sueño, el apellido, la institución entera. Ella es  una niña con una mochila y unas ganas enormes de cantar. Ahora regresa conmigo a tu sala porque quiero que recuerdes lo otro,  lo que sí te dejaron ver.

Timbiriche fue para millones de familias mexicanas  la banda sonora de toda una época.  Eran los años en que la familia se sentaba junta frente al televisor porque no había 1000 pantallas,  había una sola y era de todos. Y ahí estaban esos  siete chamacos cantándole a la escuela, a los amigos, a los primeros amores de cuaderno.

Llenaban auditorios con miles de niños gritando, con  mamás acompañando a sus hijas, con esa emoción limpia que solo da el primer artista  que amas en la vida. Montaron Vaselina, la versión mexicana de aquella historia  de Greece, y la gente hacía fila para ver a Sasha de protagonista, una  niña sosteniendo un musical entero sobre los hombros.

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